3: Protocolo (799 palabras)
Cuando Atenea, luego de dirigirles a todos unas palabras que Saga no logró escuchar (o quizá escuchó, pero no logró entender), se dirigió al palacio, los Cinco la siguieron.
-Como que hay una nueva jerarquía –murmuró alguien.
No había resentimiento en esa voz (Angello, era Angello el que acababa de hablar), solo cansancio y resignación.
Uno a uno, el Patriarca y los Doce empezaron a caminar detrás de los Cinco.
Eso era una falta al protocolo.
…¿En qué estaba pensando? Era tomar el protocolo, apedrearlo, prenderle fuego y luego tirarlo a un pozo abandonado. Sin duda Atenea no se daba cuenta del insulto que acababan de recibir tanto el Patriarca como su guardia personal. Y los muchachos… esos niños que portaban armaduras de Bronce eran simplemente demasiado jóvenes como para darse cuenta de lo que acababan de hacer.
Después de todo, era natural: ellos no eran servidores de la diosa, eran sus amigos.
Aunque probablemente Kamus debería haber sido capaz de por lo menos mencionarle el protocolo alguna vez a su discípulo.
Pero, ¿por qué se molestaba en pensar en cosas que no tenían ninguna importancia?
Se había quedado de último en el grupo, lo cual iba también en contra del protocolo, aunque quizá era mejor así, de repente ya no estaba seguro de si realmente le correspondía caminar al lado de Shion, porque seguramente ese lugar era más bien el de Aioros… no, no importaba. Mu había empezado a caminar junto a su Maestro sin reflexionarlo. Y eso estaba bien, era un reencuentro.
No tenía importancia si caminaba de último en la fila.
Y quizá hasta sería mejor, porque no estaba seguro de si podría evitar que se le escaparan las lágrimas antes de estar a solas.
-¿Saga? -Afrodita estaba acercándose a él. Tanta preocupación en aquellos ojos azules…- ¿Te encuentras bien?
Algo se rompió dentro de él en ese instante y aceptó el hecho de que en realidad había dejado de importarle el protocolo (tal vez para siempre). Afrodita estaba ahí.
La presencia constante en los sueños que le permitía Arles cuando lo mantenía encerrado en el laberinto de espejos que era su propia mente. Afrodita, el otro pilar de su universo.
Lo había visto crecer a través de los ojos de Arles y había llegado a tener batallas épicas dentro de su cabeza, luchando por evitar que cayera en las garras de su otro yo, para mantenerlo a salvo y tan libre de la influencia maligna como fuera posible.
Afrodita, el más leal al Patriarca, aunque fuera un Patriarca falso. Afrodita, que podía convertir en un jardín la roca estéril sobre la cual se alzaba el Santuario.
…Afrodita, que dejó escapar una exclamación de sorpresa cuando Saga lo jaló hacia sí (con algo más de fuerza de la estrictamente indispensable) y lo besó como si todo el universo dependiera de ello.
Era una locura, pero ¿qué importancia tenía? Todos estaban dándoles la espalda y Atenea estaba enfrascada en una conversación con sus amigos, ¿no? Además, Afrodita todavía no hacía el menor esfuerzo por rechazarlo y ponerlo en su lugar a golpes (que sería lo más lógico), sino que le permitió continuar e incluso lo rodeó con los brazos, como si él también necesitara aferrarse a algo o a alguien.
Si Saga hubiese tenido tiempo (o voluntad) para calcular lo que estaba haciendo, quizá habría tomado en cuenta el detalle de que ambos vestían sus armaduras, y quizá habría atrapado a Afrodita con un poco menos de fuerza (o tal vez no le habría importado de todos modos), porque el sonido de las dos armaduras al chocar atrajo la atención de Atenea.
La diosa volteó alarmada (¿acaso alguno había caído?) y los demás voltearon con ella. Saga podía sentir los ojos de todos en ellos (especialmente los de la diosa), pero se resistía a soltar a Afrodita. No había comprendido hasta ese momento la clase de vértigo que estaba sintiendo y dejarlo ir sería como ahogarse.
El beso terminó, porque todo debe terminar, pero lo abrazó más estrechamente que al principio, apoyó la mejilla en su cabello y empezó a llorar.
-¿Hace mucho que están juntos? –preguntó Saori en voz baja.
Shura casi dio un respingo al darse cuenta de que la pregunta iba dirigida a él.
No supo qué responder y eso dio pie para que Máscara Mortal respondiera en su lugar.
-Me parece que alrededor de unos dos… hum…
-¿Años?
-…Minutos –fue la respuesta, totalmente burlona-. Alteza –añadió luego de un par de segundos, con absoluto descaro.
Saori intentó esconder una sonrisa y fracasó.
-Son una linda pareja. Dejémoslos tranquilos.
Emprendió de nuevo el camino hacia el palacio y los demás la siguieron, solo que nadie pareció notar que el Caballero de Cáncer y el de Capricornio se quedaron atrás luego de unos pocos pasos.
