Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Beta: Isa


~*~Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza~*~

Por: Lissa Bryan

El avión aterrizó en Minnesota en otra pista de aterrizaje privada. Una fila de limosinas los esperaban en la pista, cada una con un conductor en traje negro y con lentes de sol esperando junto a la puerta del pasajero. Todos parecían haber sido hechos con el mismo molde.

Bella, asomándose por la ventana, le preguntó a Edward:

—¿Crees que los compra en paquete?

Amun caminaba por el pasillo, su andar era un poco rígido, pero a excepción de unos cuantos cortes en la cara y el labio partido, no había evidencia alguna de la pelea.

—¿Planeas bajarte del avión? —le preguntó a Bella. La mayoría ya había salido y estaban esperando abajo del avión.

—Iremos atrás del grupo —dijo Bella.

—Pues yo soy el último —replicó Amun—. Vamos.

Bella se puso de pie y siguió a Edward. Ella agarró su mano y entrelazó sus dedos. Él subió la mano de ella para besarla. Bella vio que Amun entrecerraba los ojos, pero no dijo nada. Cuando llegaron a la base de las escaleras él habló para todo el grupo:

—Aquellos que vayan a irse, por favor diríjanse a los carros de atrás. Estos los llevarán a varias localizaciones donde podrán esconderse hasta que se les haya notificado otra cosa.

—¿Todos tienen todavía sus teléfonos? —preguntó Jenks. Todas las cabezas asintieron—. Qué bien.

Cuando se dijeron todas las despedidas y los abrazos fueron dados, los residentes del centro de investigación que quedaron fueron Alice, Esme, Quil y Jane.

—Esme, ¿estás segura de que quieres unirte a nosotros para esto? —preguntó Bella.

—Alguien puede resultar herido —dijo Esme—. Me necesitan.

Bella asintió.

—Gracias. ¿Quil?

—Puede que tenga la oportunidad de incendiar alguna mierda —respondió con tono casual—. No puedo renunciar a esa oportunidad.

—¿Alice?

Alice levantó la barbilla.

—Sé que no soy de mucha utilidad sin mis visiones, pero puede que regresen. —Jasper le palmeó el hombro.

—Regresarán —le aseguró—. Hay una razón por la que se supone que no debes ver el futuro justo ahora. Todavía no sabemos cuál es, pero todo se aclarará en retrospectiva. Estoy seguro.

Alice le sonrió con agradecimiento.

—Le pedí a mi secretaria que nos hiciera reservaciones en un hotel, ahí nos quedaremos unos días hasta que tengamos planeada la estrategia —dijo Amun e hizo un gesto hacia los carros—. ¿Vamos?

Bella, Edward y Jenks se fueron en el carro de Amun. Ella hubiera preferido por mucho viajar en otro vehículo, pero él los llevó con firmeza hacia la primera limosina.

—Hay algunas cosas que necesitamos discutir —dijo. Una vez dentro del carro subió la ventana que estaba entre el conductor y los pasajeros—. He conseguido un mapa del edificio donde están guardados los servidores —dijo—. Me lo enviaron por correo durante el vuelo.

—¿Ya nos vas a decir dónde está? —preguntó Bella.

Amun se encogió de hombros.

—Seguro. No pueden ir sin mí. Me necesitan para eliminar las copias de seguridad de los servidores antes de que puedan ser destruidos.

—Sí, estoy consciente de ello —dijo ella con impaciencia—. ¿Dónde está?

—Hay una instalación gubernamental en Yucca Mountain —dijo.

—¿No es ahí donde se desecha la basura nuclear?

Amun sacudió la cabeza. Estiró la mano para abrir un gabinete pequeño que estaba en el respaldo del asiento y sacó un bote de píldoras. Sacó un puñado y las metió de nuevo.

—Nunca fue puesto en operación.

—¿Así que guardaron servidores ahí?

Amun se encogió de hombros.

—¿Por qué no? Es estable geológicamente, árido y en medio de la nada.

—¿Pero no tienen que tener cables y esas cosas que se conecten ahí?

—Sí, hicieron algunos experimentos y pruebas durante la construcción, para que no fuera difícil actualizar la infraestructura de acuerdo a las necesidades del Proyecto Theta. Incluso ya tenían paneles solares instalados para el equipo de intercomunicación.

Bella entrecerró los ojos.

—¿Cómo es que sabes eso?

—Encontré un reporte en línea de la oficina general de contaduría que exploraba los posibles usos del centro luego de que el proyecto de desecho nuclear fuera cancelado. Fue de mucha ayuda.

—¿Pero qué actualizaciones ha hecho el Proyecto Theta en este tiempo?

—Asumiré que el mapa del túnel todavía es correcto. Puede que hayan excavado más habitaciones, pero dudo mucho que hayan construido más túneles. Es demasiado difícil y ya hay bastante espacio disponible.

—¿Seguridad?

—Es por eso que necesitamos que alguien explore la localización.

Edward suspiró suavemente. Sería él, por supuesto, el único que podía volar y hacerse invisible.

—Luego de que entremos, ¿cómo vas a destruir los servidores y encargarte de los respaldos?

—Soy bueno con computadoras —dijo Amun—. Creé un virus bastante interesante cuyo propósito es buscar y destruir archivos que contienen ciertos identificadores: palabras clave, números de archivos, ese tipo de cosas. En cuanto el virus ande suelto intentarán contrarrestarlo, por supuesto, pero está diseñado para hacerse más latente en esas situaciones. Creerán que el sistema está limpio, pero se esconde en los subdirectorios hasta que detecta el uso de uno de esos identificadores. Digamos que tienen archivos guardados en memorias flash: cuando el USB es insertado en las computadoras del sistema, el virus volverá a salir y destruirá los archivos. Todo lo que tenemos que hacer es darle tiempo al virus para colectar los identificadores de los archivos en el sistema y expandirlo en los sistemas que estén conectados antes de destruir el servidor.

—Está muy bien pensado —dijo Bella.

Amun se veía contento por su elogio.

—Tengo tiempo con el virus listo, pero nunca antes había estado en una situación como ésta para usarlo.

—Así que no sabes si funcionará —notó Edward.

—Oh, sí funciona, y bien. Lo probé soltándolo en cierta…, organización que me había causado un poco de angustia. Funcionó mejor de lo que hubiera pensado.

—¿Y qué hay de las copias en papel? —preguntó Jenks.

—Dudo que existan fuera del centro que Bella destruyó. El Proyecto Theta mantiene bien guardad su investigación. Tienen miedo de que termine en las manos equivocadas. Es por eso que el centro estaba programado para autodestruirse si eran víctimas de un ataque.

—¿Autodestruirse? ¿Qué? —espetó Bella.

—¿Escuchaste grandes explosiones provenientes del mismo centro?

Bella pensó en ello, pero los recuerdos de esa noche eran confusos. Edward respondió por ella.

—Luego de que te saqué volando de las escaleras. Hubo una explosión masiva y una columna de fuego salió del piso.

Bella siempre había pensado que el Proyecto Theta estaba mal, pero su opinión de él bajó aún más, pasando el límite de su estimación moral para lo "malvado". Si no hubieran sacado a los residentes a tiempo, todos hubieran sido rostizados vivos a costa de proteger que la información del Proyecto Theta no se conociera.

Eso reforzó su decisión. Eran los únicos que podían destruir el Proyecto Theta de una vez por todas y, en su opinión, eso lo convertía en su deber.


Por supuesto, las habitaciones que Amun les había rentado eran hermosas. ¿Esperaba ella algo diferente? Se sentía desaliñada y fuera de lugar caminando a través del elegante vestíbulo. Fueron recibidos por la gerente, que les entregó sus llaves y trató a Amun con el respeto dirigido a un presidente o una vista real. Amun ni siquiera pareció darse cuenta. Se veía ligeramente distraído y agarró su llave con rápido "Gracias", que hizo que la gerente fuera aún más respetuosa por miedo de haber causado alguna ofensa.

Era muy vergonzoso que el botones cargara sus bolsas de plástico con ropa, pero era tan amable que las trató como si fuera equipaje de Prada. Bella sacó cien dólares de la bolsa de lona que Edward iba cargando y el botones le sonrió como si ella fuera una princesa disfrazada de algo más.

Pusieron a Jane en la habitación que conectaba a la de ellos. Parecía que le gustaba de verdad la idea de tener su propia habitación, pero Esme le había rogado a Jane para que la dejara quedarse con ella, diciendo que tenía miedo de estar sola en una habitación de esta gran ciudad. Bella se emocionó al escuchar que Jane estaba de acuerdo. Ya no era la niña hostil, susceptible y egocéntrica que Bella conoció en el centro.

Bella nunca antes se había quedado en una suite. Por supuesto, podía apreciar la espaciosa habitación, pero parecía un poco excesivo tener una sala, cocina y un comedor con mesa para seis.

—Podrías cocinarme espagueti —sugirió Edward.

Ella sonrió.

—O podríamos ordenar la comida más costosa del menú, viendo que Amun va a pagar la cuenta. Nunca he probado el Dom Perignon. O el caviar, aunque los huevos de pescado no suenan muy apetitosos.

—Es una experiencia humana que estoy dispuesto a saltarme —estuvo de acuerdo Edward.

Bella pensó en la enorme bañera de hidromasaje que estaba en el baño.

—Aquí te va otra experiencia humana para ti: ¿qué te parece si ordenamos champán de precio moderado y tomamos un baño de burbujas juntos?

—Me gusta esa id… —Se detuvo a mitad de la palabra; su mirada se veía distante.

—¿Qué pasa? —demandó ella.

—Es Emmett —dijo. Sus ojos se encontraron con los de ella, se veían dolorosamente tristes—. Se está yendo.

Se apuraron por el pasillo hasta la habitación de Alice y golpearon la puerta. Hubo una larga pausa antes de que Alice respondiera. No se veía muy bien.

—Hola chicos, ¿necesitan algo? —preguntó.

Bella levantó la mirada hacia Edward.

—Ella puede sentirlo —le dijo Edward a Bella—. No sabe lo que es, pero puede sentir que se va.

—¿Qué? —preguntó Alice. Se puso más pálida y sus labios estaban de un alarmante color gris—. ¿Qué es? ¿Qué pasa?

—Tu ángel —dijo Bella—. Él…, se va. —Miró a su alrededor buscando alguna señal de Emmett.

—Necesito recostarme —murmuró Alice. Se tambaleó sobre sus pies y agarró en pomo de la puerta en busca de apoyo. Edward la cargó en brazos y la recostó en la cama—. ¿Puedes verlo, Bella? —le preguntó. Su voz se rompió un poco—. ¿Puedes decirle gracias de mi parte?

Bella llevaba días sin ver a Emmett. Edward dijo que estaba renunciando a la representación visual para conservar su energía, la poca y preciada que le quedaba. A pesar de la constante agonía de su inexorable sed, su hambre, su terrible soledad, ni él ni Rose querían irse. Rose al alimentarse de la felicidad de Jane se sentía un poco más fuerte, pero a ella tampoco le quedaba mucho tiempo, según Edward. Su poder, o su fuerza de vivir, cómo sea que quieras llamarla, iba escapando de manera constante, como la arena a través de un reloj de arena. Habían agregado un poco más de arena a la pila con la esperanza que les dio el que Carlisle fuera aceptado de regreso en casa y también al ver a sus personas recuperarse del trauma y desesperación provocado por sus cautiverios, pero no existía algo que detuviera esa lenta erosión hacia la nada.

Emmett apareció junto a ella en la cama, un remolino de niebla, un hilillo de humo.

—Desearía haberla tocado aunque sea una vez… —dijo, en voz tan baja que Bella tuvo que esforzar el oído incluso en el silencio de la habitación.

Y entonces se le ocurrió.

—Emmett, puedes tocarla —dijo Bella. Se concentró en la mano de él, cubriéndola con un escudo tan delgado como un susurro con forma de guante—. Adelante.

La esperanza en los ojos de él era casi demasiado para soportarla. Estiró la mano hacia Alice, su mano se sacudía débilmente, y acunó su mejilla. Sollozó cuando su mano la toco. Llevó su otra mano hacia el rostro de ella y Bella la cubrió rápidamente como había hecho con la otra. Él trazó sus labios, sus mejillas, la curva de sus cejas y luego se inclinó para dejar un beso en sus labios. Con un pequeño brillo, como un espejismo en pleno verano, se desvaneció.

Bella no se dio cuenta de que estaba llorando hasta que Edward limpió sus lágrimas.

—Fue un hermoso regalo el que le diste —dijo.

Era una de las pocas ocasiones en que estaba agradecida por su poder.

—¿Está en casa? —preguntó. Temía un poco la respuesta.

—Está en casa —confirmó Edward. Lágrimas brillaban en sus hermosos ojos verdes, pero aún así le sonrió.

Bella exhaló temblorosamente y Edward la besó, de manera suave y dulce.

—No estés triste por él. Su sufrimiento terminó y está de regreso en casa donde puede hablar a su corazón una vez más. —Miró a Alice, que estaba sentada, y ésta se veía un poco desconcertada por la situación—. Pero tú tienes que escuchar —le dijo a ella.

—¿Rose? —preguntó Bella con la garganta cerrada.

Él lo meditó.

—Mañana. Quizá pasado mañana.

Ella asintió, se sentó en la cama y abrazó a Alice.

—Te sentirás mejor ahora. Descansa un poco.

Alice posó una mano sobre su corazón.

—¿De verdad lo escucharé?

—Si tú quieres —respondió Edward.

—Lo sentí —susurró Alice, presionando la punta de su dedo sobre sus labios—. Bella, ¿ hiciste eso?

Bella asintió. No podía hablar.

—Gracias —dijo Alice—. Gracias por eso, Bella.

—De nada —dijo Bella automáticamente—. Ahora descansa, Alice.

Alice se recostó obedientemente, y mientras Bella cerraba la puerta de la habitación tras de ellos, vio a Alice estirar la mano para tocar el lugar donde Emmett había estado.


Aunque Bella pensaba que la atmosfera para champán y baño de burbujas se había ido, Edward insistió y pronto Bella se encontró sumergida hasta los hombros en burbujas, con un plato de fresas con chocolate y una copa de champán en la parte ancha de la bañera junto a ella. Estaba feliz de que él la hubiera convencido. Necesitaba este tiempo con él. Él jugaba con las burbujas y la hacía reír. Ella intentó recordar si hubiera habido algún momento en su vida en el que obtuviera tanto placer de las cosas más simples. Quizá era algo que él podría enseñarle.

—Abre —le ordenó Edward. Ella lo hizo y él metió la punta de una fresa en su boca. Bella mordió la fría y deliciosa fruta.

—Mmm.

—Te faltó un poco —le dijo él, y se inclinó para limpiarle una gota de jugo de su labio inferior. A ella se le atoró la respiración. Él sonrió y le dio un trago a su copa de champán.

—Me gusta —dijo—. Es burbujeante como la cerveza pero no sabe amargo.

—Te dará un horrible dolor de cabeza si tomas demasiado —le advirtió Bella. Él bajó apresuradamente la copa y Bella se rió—. Una copa está bien, Edward.

Él se acercó a ella.

—¿Quién necesita alcohol cuando se tiene a una mujer tan embriagadora? —La besó y le quitó el cabello de sus mejillas mojadas—. Veo una sombra en tus ojos —dijo él—. Estás triste.

Ella asintió.

—Lo estoy. Tengo miedo de perderte también.

—No es posible —dijo él con firmeza—. Siempre estaré contigo, Bella. Siempre.

Ella lo besó y subió las manos por su nuca para sostenerlo firmemente en su lugar. Mmm, el sabor de fresas, chocolate, champán y Edward. ¿Existiría una combinación mejor que ésa? Sin despegar sus labios de los de él, ella intentó sentarse a horcajadas sobre sus caderas, pero la tina estaba más resbalosa de lo que hubiera esperado y su rodilla se resbaló debajo de ella. Antes de que él pudiera atraparla, cayó de cara indignadamente sobre el agua. Ella salió escupiendo y quitándose el agua de los ojos.

—Mi Bella —dijo Edward, y de verdad sonaba orgulloso de decirlo.


—¿Por qué seguimos aquí? —demandó Bella la mañana siguiente. Todos habían sido invitados a almorzar a la suite de Amun para armar la estrategia.

Amun se limpió la boca con una servilleta.

—Paciencia. Estoy esperando unos… suministros.

Edward miró la mesa con tristeza.

—¿No hay panqueques?

—También necesitamos decidir en qué ciudad pondremos nuestra base —dijo Jenks. —Diría "Las Vegas, nena". A solo noventa millas de distancia y con todas las comodidades que un hombre podría desear.

Lauren le frunció el ceño. Jenks notó su expresión y su enorme sonrisa decayó al instante.

—¿Me están diciendo que no habrá panqueques? —preguntó Edward.

—Las Vegas podría funcionar —dijo Amun, golpeando la mesa con el tenedor—. El problema es cómo vamos a entrar al lugar. Yucca está rodeado por territorio de BLM y DOE*, y Nellis está incómodamente cerca. Hay dos carreteras que llevan a ese sitio, pero probablemente deberíamos evadirlas si nos es posible.

—Podríamos llegar a pie —dijo Jenks—. Acercarnos lo más posible, estacionar y caminar el resto del camino.

Amun se veía divertido.

—¿Alguna vez has caminado a través de un desierto?

—No puedo decir que sí.

Yo sí —dijo Amun—, y es una experiencia que no deseo repetir.

—¿Unas ATV? —sugirió Jenks.

Amun sacudió la cabeza.

—Hacen demasiado ruido.

—¿Caballos?

Amun lo consideró.

—Podría ser. Hay un pequeño pueblo a quince millas de distancia que podríamos usar para repostar.

—No sé montar a caballo —protestó Bella.

Amun se encogió de hombros.

—Puedes montar conmigo.

No va a pasar.

—¿Por qué no contratamos un helicóptero que nos lleve? —sugirió Bella.

—No es zona para volar —dijo Amun.

—Como si algo como eso te hubiera detenido antes.

—Me refiero a que el sonido de la aeronave sería muy notorio —le dijo Amun.

—Creo que tengo una idea —dijo Phoenix. Como el resto de la tripulación se había alejado de la mesa como si la consideraran "territorio para líderes", todos estaban sentados en la sala de la suite. Se veían como una pandilla de motociclistas en un club de pueblo sentados en los elegantes muebles con delicados platitos balanceados en las rodillas.

—¿Cuál?

—¿Puedes darme veinticuatro horas para ver si funciona?

Amun asintió.

—El siguiente paso que debemos cubrir es la vigilancia. —Miró a Edward detenidamente, aunque Edward no le prestaba atención. Miraba hoscamente la mesa como si esperara que mágicamente produjera sus anhelados panqueques.

—¿No crees que deberíamos acercarnos un poco más antes de preocuparnos por eso? —preguntó Bella—. En serio, no creo que esperes que Edward vuele como trescientas millas en un viaje redondo.

—No, la vigilancia en Yucca puede esperar. Estoy pensando en algo diferente.

—Oh, dinos —dijo Bella. ¿Sonó muy sarcástico?

—El general tiene una amiguita —comenzó Amun.

—¿Amiguita? —repitió Bella—. Es un poco arcaica la terminología, ¿no?

—Bien, una amiga para follar, ¿está mejor? —espetó Amun—. Una amante. Lo que sea. Ella tiene una hermana que vive cerca y me dijeron que estaba de visita. Pensé que Edward podría seguirla para ver si descubríamos alguna información útil sobre Aro.

Bella miró a su ángel, que había descubierto la jalea y estaba llenando una tostada por ambos lados, con una gruesa capa de ésta.

—Si crees que debería hacerlo… —dijo él.

Bella miró a Jenks.

—Por mí está bien.

—De acuerdo. Quizá ambos podamos ir.

—¿Tú también te puedes volver invisible? —preguntó Amun.

—Pues no… por cortos periodos de tiempo… ¿Qué importa la invisibilidad con la novia de Aro? Detectives privados siguen gente todo el tiempo y no son invisibles.

Edward agarró más jalea de otros platos hasta que su tostada tenía una pila bien hecha. Intentó morderla, pero la jalea tembló y amenazó con caerse. Puso otra tostada sobre la que ya tenía para mantenerla en su lugar y la mordió. Él miraba su obra de arte culinaria con la misma mirada de placer y orgullo que el hombre Cro-Magnon* debió tener cuando infló el pecho y anunció: "¡Contemplen! ¡He creado fuego!".

—¿Bella? ¿Puedes alejar tu atención de tu novio solo por un momento para discutir esta misión que desafía a la muerte? —preguntó Jenks amablemente.

—La novia tiene guardaespaldas —dijo Amun—, y son algo neuróticos.

—¿Por qué rayos le contrataría Aro guardaespaldas a su novia?

—Por personas como nosotros —respondió Amun.

Edward le ofreció su sándwich de tostadas y jalea a Bella. Ella alzó las manos.

—No, gracias. —Luego le dijo a Amun—: ¿Sabes dónde está ahora?

—Conozco su locación exacta.

—¿Edward?

—Después del almuerzo —dijo, y rascó cuidadosamente el tarro de jalea para agarrar hasta la última molécula.

En su balcón ella lo abrazó, lo besó y lo hizo jurar que regresaría para el anochecer. Odiaba esto. Mentalmente estaba consciente de que él era más fuerte que ella, inmortal de hecho, pero aún así su corazón se retorcía por miedo al tenerlo fuera de vista.

—Te amo —dijo ella, y lo abrazó con fuerza—. Regresa a mí.

—Siempre —juró él. Él la besó de nuevo y se subió a la barandilla. Le sopló un beso y luego saltó, disfrutando de la caída libre antes de agitar las alas para atrapar el aire. Ella lo miró hasta que no fue más que un punto en el horizonte. Se giró lentamente y regresó a la habitación. Cerró la puerta con seguro y gritó.

—¡Jesús, Amun! —Casi moría del susto—. ¿Qué demonios estás haciendo aquí?

—Toqué —dijo Amun—. No respondiste.

—¿Y eso significa "entra"?

—Necesito hablar contigo.

El corazón de ella todavía latía a una milla por minuto. Se sentó en el sofá.

—¿Qué?

Él miró la puerta del balcón y el cielo que estaba más allá por un momento.

—¿Qué tiene él que yo no?

Bella estaba demasiado sorprendida para reír. Era la pregunta más estúpida que había escuchado en su vida.

—¿Quieres una lista? Para empezar, él es lindo. Tú no.

—Podría serlo. —Él la miró desapasionadamente.

—Tendrás que disculparme si soy muy escéptica.

Él se acercó lentamente y se inclinó, apoyando un brazo a cada lado de ella en el sofá.

—Podría ser muy lindo —dijo.

—Detente —dijo ella.

Él se inclinó más.

Ella lo golpeó con su poder, pretendía lanzarlo hacia atrás, pero él movió la mano y nada pasó. Sorprendida arremetió con más fuerza, pero parecía pasar a través de él como el viento a través de una puerta de tela metálica.

—Detente, Bella —le dijo—. No te esfuerces ni te hieras. Lo esquivaré.

Él se enderezó y retrocedió un paso.

—¿Qué eres? —preguntó ella, su voz suavizada por el asombro.

Él se sentó en el otro lado del sofá.

—No sé.

—¿A qué te refieres con que no sabes?

—Exactamente a eso: no sé.

Intentó otra manera de preguntar.

—¿Cómo es posible que no sepas lo que eres? ¿De dónde vienes?

Él sacudió la cabeza.

—Simplemente siempre fui. No tengo recuerdos de ser algo más aparte de lo que soy ahora. Si es que nací, o fui creado, no lo sé.

—Quizá eres un demonio —dijo Bella tentativamente.

La boca de él se curvó.

—¿Sabes cómo es la existencia de un demonio, Bella? ¿Condenado a caminar en la tierra hasta el final de los tiempos, maldecido a nunca, jamás ser amado?

¿Es por eso que la presionaba? ¿Para ver si ella podría amarlo, lo cual respondería a una pregunta mucho más grande en su mente? ¿O no era nada más que uno de sus jueguitos?

—¿Cuánto tiempo ha sido para ti?

—Demasiado —dijo.

—Tiene que haber una razón por la que no sepas —dijo Bella.

—No todo tiene un propósito, Bella.

—¿Amabas a Victoria? —preguntó.

Él se puso de pie y caminó hacia la puerta. Se detuvo frente a ella.

—No, pero era mía. —Y luego se fue.


*BLM (Bureau of Land Management): Oficina de administración de tierras.

DOE (Department Of Energy): Departamento de energía.

*Hombrede Cro-Magnon es el nombre con el cual se suele designar al tipo humano correspondiente a ciertos fósiles de Homo sapiens, en especial los asociados a las cuevas de Europa en las que se encontraron pinturas rupestres. Suele castellanizarse y abreviarse como cromañón.


De momento mi prioridad va a ser esta historia, así que esperen actualizaciones más seguidas que lo normal.

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