4: Pijamada (778 palabras)
-No se dio cuenta de que está llorando –murmuró MM.
-Tal vez no quería que los otros se dieran cuenta de ese detalle –respondió Shura.
El Caballero de Cáncer se encogió de hombros. En realidad no lo convencía esa idea, pero era lo bastante sabio como para no contradecir a Shura. Ambos se acercaron a donde estaban Afrodita y Saga, todavía abrazados. Los sollozos de Saga parecían ya menos fuertes que al principio, lo cual fue un alivio para ambos.
-¿Puedes con esto, Dita? –preguntó MM.
-Claro, tú vete a tu Casa tranquilo, yo me hago cargo.
El sarcasmo en la voz de Afrodita los hizo regresar mentalmente a una ocasión en la que el Caballero de Piscis (entonces un aprendiz) se había quedado atrapado entre sus propios rosales, con el cabello completamente enredado en una maraña de tallos espinosos. Esas habían sido sus palabras entonces y el único modo que encontraron para liberarlo fue recurrir a unas tijeras. La primera y última vez (desde los tres años de edad) que Afrodita tuvo el cabello corto.
No, con esos antecedentes no sonaba como una buena idea el dejarlo a solas con un Saga evidentemente en crisis. Shura y MM no necesitaron mirarse para ponerse de acuerdo, simplemente se dedicaron a esperar junto con Afrodita hasta que Saga finalmente lo soltó y se disculpó (con voz entrecortada) por haber montado esa escena.
Al día siguiente habría muchas cosas que enfrentar, lo más sensato sería que cada quien volviera a su Casa para dormir lo que pudiera, pero los cuatro estaban retrasando la despedida.
Hasta que Afrodita bufó, exasperado.
-Ustedes tres se quedan en mi Casa esta noche, haremos una pijamada –sentenció.
MM y Shura asintieron de inmediato. Saga no dijo ni sí ni no, solamente se dejó guiar.
-¿Cuándo fue que Shaka y Mu empezaron a formar parte de la misma oración? –preguntó MM con el ceño fruncido.
Una rápida visita a la Cuarta Casa para recoger una muda de ropa y algunas cosas (y, de paso, cumplir la misma misión en la Tercera y en la Décima) le había permitido constatar que otros entre los Doce tampoco se sentían de ánimo como para quedarse solos esa noche.
Milo y Kamus no eran sorpresa para nadie (quizá solo para Hyoga… si acaso llegaba a enterarse). No tenía nada de raro que Aioria no hubiera bajado de Sagitario. Dohko y Shion estaban ambos en el palacio…
¿Pero Shaka en la Casa de Aries, con todo y Kiki dando vueltas por ahí como un abejorro hiperactivo?
-Cosas veredes –murmuró Shura.
-Bueno, igual permíteme darte el pésame, sé que el indio rubio te gustaba…
-Sigo sin entender de dónde sacaron todos esa idea absurda –se quejó Shura-. Nunca tuvimos nada que ver. Y, para tu información, él y Mu han estado juntos desde hace más de tres meses.
-Jamás lo hubiera adivinado.
-Suficiente de chismes, ustedes dos –los regañó Afrodita, que acababa de llegar con los brazos cargados de mantas y almohadas-. Acomoden un poco esto para que podamos dormir. ¿Recordaron lavarse los dientes?
-Sí, mamá –respondió MM.
-Muérdete la lengua, Angello.
En aquella habitación (que quizá para un predecesor de Afrodita había cumplido la misión de sala de estar) había una chimenea (que Afrodita no había encendido jamás, no comprendía quién podía querer semejante cosa en el calor de Grecia –calor, desde su punto de vista-) y el suelo estaba cubierto con pieles de animales. Bastaba con añadir unas cuantas almohadas y mantas para que pudieran dormir ahí los cuatro cómodamente.
Con el auxilio (inesperadamente efectivo) de chocolate caliente (preparado por Afrodita) comentarios atinados (por parte de Shura) y comentarios absurdos (cortesía de MM), habían logrado que Saga les contara toda la historia acerca de ese misterioso hermano que ninguno de ellos había escuchado nombrar.
Shura en particular no lograba conciliar el llanto intermitente y las claras muestras de un dolor intenso con el comentario que le había escuchado menos de cuarenta y ocho horas antes ("El hombre que me hizo despertar al mal"), solo pudo sacar como conclusión que Kanon se las había arreglado para redimirse ante los ojos de Saga y que el dolor (que en cualquier caso habría sido una prueba muy dura) resultaba todavía peor porque ahora la reconciliación era imposible.
Una vez listas las camas improvisadas, Saga, completamente exhausto, simplemente se acostó junto a Afrodita, lo abrazó y se quedó dormido en cuestión de segundos.
-Felicitaciones, Dita, te han ascendido a almohada.
-Cállate y duerme, Angello.
MM se acomodó al otro extremo de la sala y le lanzó una mirada de advertencia a Shura.
-Si intentas abrazarme, te mato -sentenció.
-Lo mismo para ti –replicó Shura.
