Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.
Beta: Isa
~*~Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza~*~
Por: Lissa Bryan
Bella bajó al vestíbulo y declaró que había perdido su llave. Le hicieron una nueva y prometieron que no harían otra sin informarle primero. Hicieron la nota a su cuenta, pero Bella dudaba que fuera de ayuda; después de todo le hicieron la llave nueva sin revisar su cuenta en la computadora primero.
Regresó a su habitación y tocó en la puerta que las conectaba. Esme respondió y Dave saltó hacia Bella. Se paró en sus patas traseras y saltó agitando su colita hasta que ella lo cargó. Él lamió cada pedazo de piel que podía alcanzar y se removió con emoción. Era lo mejor acerca de tener un perro, pensó Bella. Siempre estaban felices de verte e incluso si solo estuviste ausente por una hora, un perro te recibía como si no te hubiera visto en años.
Jane había estado jugando a jalar el trapo con él mientras veía novelas. Bella arrugó la nariz.
—Esos programas te pudrirán el cerebro.
—Lo siento, no tenemos NOVA —dijo Jane—. Para ser un hotel tan lindo su sistema de cable apesta. ¿Dónde está Edward? Usualmente ustedes están pegados de las caderas.
—Salió a una misión espía —respondió Bella—, aunque regresará antes de que anochezca.
Pero no fue así. Bella miró cómo el sol se metía desde el balcón de la habitación. Sus ojos buscaron en el cielo hasta que estuvo demasiado oscuro para ver.
—¿Bella? —dijo Jane.
—¿Hmm?
—¿Por qué no entras a comer?
—¿Comer? —repitió Bella, como si nunca hubiera escuchado la palabra.
—Sí, yo… Um… Decidí ordenar comida ya que no parecía que quisieras salir o cocinar algo. Espero que esté bien.
—Está bien. —Bella no había alejado la vista del cielo—. Ve a comer. Yo no tengo hambre.
Hubo un golpe en la puerta y Bella casi tiró a Jane al correr para abrir, pero solo era Collin. La cara de ella decayó.
—Pues, Dios, no había visto a alguien tan triste de verme desde que estaba haciendo colecciones para la pandilla —dijo Collin—. ¿Estás bien, Bella?
—Sí. Solo esperaba que fueras Edward.
—¿Todavía no regresa?
—No. —Sintió un nudo frío en la boca de estómago. Seguía recordándose que Edward era inmortal. Pero, ¿por qué no regresaba?
—¿Necesitas algo? —preguntó sin mucho interés.
—Estoy aquí para sacar a pasear al perrito —dijo—. Edward no quería que Jane saliera a hacerlo sola, así que nosotros nos estamos turnando.
—Sí, bien —asintió y luego regresó al balcón para esperar. Se sentó en el piso del balcón con la espalda apoyada en la pared y esperó mirando hacia la noche. En cierto momento Jane salió para desearle una buena noche y Bella debió haber respondido porque la abrazó antes de volver a entrar. A pesar de lo entumecida que se sentía, notó que era la primera vez que Jane la abrazaba. Las estrellas comenzaron a rotar lentamente en el cielo.
Jasper salió a sentarse con ella. Pasó el brazo sobre sus hombros y simplemente se sentaron en silencio. Era una de las mejores características de Jasper: era extremadamente perceptivo y sensible a los cambios de humor que había a su alrededor. Sabía que Bella no quería hablar, aunque ella sí recibía un poco de consuelo al recostar la cabeza en su hombro.
Llegó el alba y el sol se deslizó sobre el horizonte. Jasper besó su cabeza y entró para almorzar. Bella saltaba ante cada punto que veía en el horizonte, pero eran siempre un ave o un avión. Jane le trajo una taza de café y se sentó junto a ella con su propia taza.
—Edward te diría que bebieras jugo —dijo Bella.
—Sí, pues si quiere detenerme, es mejor que traiga su trasero de vuelta y lo haga él mismo —bufó Jane y le dio un trago.
Bella no pudo discutir eso. Bebió su café y vio cómo el sol iba subiendo. En cierto momento Esme cambió lugares con Jane, trayendo consigo un tazón de sopa de tomate que le ordenó a Bella comer. Ella lo hizo solo para detener sus regaños. Alice remplazó a Jane en el momento en que el cielo comenzaba a oscurecerse de nuevo.
—¿Bella?
Levantó la vista y vio a Amun en el marco de la puerta. De repente, la rabia surgió a través de ella con la rapidez y la fuerza de un tornado y lo golpeó con su poder. Ella sintió que intentaba defenderse, pero su ira le daba combustible para reforzar su fuego. Ella lo azotó contra la pared y lo sostuvo ahí, atrapado como una mariposa en el álbum de un coleccionista.
—¿Qué hiciste? —demandó ella.
—¿Bella? ¿A qué te refieres? ¡Suéltame, maldición!
Ella lo golpeó en la cara con su poder y salió sangre de su nariz.
—Qué. Hiciste. —Su voz era baja y tosca, e incluso la asustó un poco a ella.
—Bella, te juro por Dios que no hice nada. No sé qué fue lo que le pasó a Edward mejor que tú.
—Tú, mentiroso hijo de perra —siseó Bella—. Debería despedazarte. —Lo golpeó de nuevo y la sangre saltó de su boca hacia la pared.
—Bella —dijo Alice.
—Aléjate —espetó Bella.
Alice alzó las manos y retrocedió.
—Me dices ahora lo que le hiciste o vamos a descubrir de manera lenta y dolorosa si en realidad eres inmortal o no.
—Bella, te lo juro. No hice nada.
—¿Por qué debería creer lo que me dices? —escupió. Apretó una mano invisible alrededor del cuello de él.
—Puedo ayudarte a encontrarlo —jadeó Amun. Ella lo sintió surgir contra su poder, intentando empujarla para que lo libreara, pero era como dispararle a una roca con un arma de aire comprimido. Ella recordaba sentirse así durante su fiebre, tan poderosa que podría partir el planeta a la mitad si así quisiera. Tenía a Amun en la palma de su mano, como una hormiga a la que podría aplastar cuando deseara. Y parte de ella estaba tentada a hacerlo.
¿Era porque su ángel, que representaba su lado bueno, estaba perdido? ¿Había perdido su conexión con él, y con ello, la Luz dentro de sí? Soltó a Amun que cayó en la alfombra jadeando.
Esme salió de la cocina con agua jabonosa en una cubeta y una esponja en mano. Arrastró el sofá para acercarlo a la pared, se subió en él y comenzó a limpiar la sangre de Amun de la pared.
—Utiliza todos los recursos que tengas —le dijo Bella a Amun—. Porque si no lo tengo de regreso en veinticuatro horas, te destruiré, te despedazaré y enterraré los pedazos en concreto distribuyéndolos en los cuatro puntos cardinales del planeta.
Amun se veía atemorizado.
—Creo que te amo.
—Veinticuatro horas —dijo ella. Miró la puerta y la abrió de golpe. Levantó a Amun y lo lanzó al pasillo, cerrando la puerta de golpe tras él.
Regresó al balcón y se sentó.
—¿Bella?
Levantó la vista. Podía distinguir a Jenks en la luz previa al amanecer.
—¿Sí?
—¿Tienes algo que pueda contener el ADN de Edward?
—¿Los ángeles tienen ADN?
—No sé. Encontramos algo. —Él abrió la mano para mostrarle una jeringa.
—¿Dónde? —preguntó ella.
—En la casa de la hermana de la novia. El lugar está limpio. Encontramos esto en los arbustos que están junto a los escalones de entrada, y tengo un camarada en St. Paul que trabaja en un laboratorio. Puede hacernos un análisis de ADN en unas horas.
—¿Crees que alguien usó esa jeringa en Edward?
Jenks se veía sombrío.
—No es un barrio de drogadictos, así supongo que sí, que alguien usó esa jeringa en él.
—¿Qué es?
—No es como si pudiera saberlo con solo mirarlo —dijo Jenks con un poco de impaciencia—, pero hay sangre en la jeringa y me gustaría descubrir si es de Edward. Entonces, ¿tienes algo o no?
—Cepillo de dientes —dijo, regresando la vista al cielo. Edward disfrutaba lavarse los dientes, y lo hacía múltiples veces al día. Sin embargo, no le interesaba el uso del hilo dental, y ella tenía que sermonearlo para que…
Rompió a llorar. Un cuerpo pequeño se acomodó alrededor de ella, era Jane, que la abrazó con fuerza.
—Lo encontraremos, Bella, lo prometo —dijo Jane—. Dios no permitirá que nada malo le pase.
Bella deseaba poder creer eso.
Llegó la noche.
Jenks salió al balcón y se sentó junto a Bella. Encendió un cigarrillo y le ofreció la cajetilla. Bella tomó uno. Jenks encendió el suyo y luego movió el encendedor hacia el de ella, acunando la mano para proteger la llama. Bella inhaló y tosió.
—¿Nunca antes habías fumado? —preguntó Jenks.
—No —logró decir Bella entre toses.
—Pues la buena noticias es que te vas a animar un poco por la nicotina y la tos. La mala noticia es la tos. —Jenks recargó la cabeza en la pared y sopló una voluta de humo. Bella inhaló un poco más y se esforzó por no toser, emitió varios gruñidos al retenerla, y el humo se escapó por su boca.
—Ugh. Sabe horrible —dijo.
—Síp —Jenks estuvo de acuerdo.
—¿Descubriste algo más?
—La jeringa y el cepillo de dientes coincidieron.
Bella se congeló en incluso la tos cesó.
—El chico del laboratorio se volvió loco con las pruebas. Al parecer tu chico tiene un ADN malditamente interesante. Dijo algo de que tenía muchos croma-cosas…
—¿Cromosomas? —preguntó Bella débilmente y apagó el cigarrillo en el piso.
—Sí, esas cosas. La jeringa en sí contenía un poderoso sedante.
Bella soltó un tembloroso sollozo.
—Oh, oye, cariño, no llores —dijo Jenks y pasó un brazo por sus hombros—. Shh, está bien. Lo encontraremos, lo prometo.
Bella lloró con más fuerza y Jenks la jaló a sus brazos. Él la meció con gentileza mientras le decía cosas tranquilizadoras, haciéndole promesas. Dejó un beso en el tope de su cabeza.
—Shh, niña. Sabes que a Edward no le gustaría que lloraras así.
—N-no pu-puedo evi-evitarlo —hipó Bella—. N-no pu-puedo ha-hacer esto sin é-él.
—No será así —juró él. Tomó la orilla de su camiseta y le limpió los ojos—. Ahora, vamos, necesitamos a la Bella mala y patea traseros de anoche.
—Jenks, ¿le crees a Amun cuando dice que no tuvo nada que ver en esto?
Jenks lo pensó por un momento.
—Sí, eso creo. Él no arriesgaría la misión deshaciéndose de uno de nuestros integrantes más valiosos antes de proceder. Si fuera a hacerle algo a Edward, probablemente hubiera esperado hasta después.
—¿Quién entonces? ¿La misteriosa novia?
—Eso es lo que parece. La jodida casa estaba completamente vacía con mierdas esparcidas sobre las alfombras como si se hubieran ido de prisa.
—No entiendo cómo —dijo Bella.
—Una vez me dijiste que era visible con lentes infrarrojos.
—Sí, pero ¿quién tiene guardaespaldas cerca con un par de lentes a la mano?
—Alguien que sabe acerca de un hombre invisible —dijo Jenks—. Jacob sabía sobre él, sabía que estaba contigo, y tenemos que asumir que reportó este inusual ser a sus superiores.
—¿Así que lo desmayaron? No puedo creer que eso funcione en un ángel.
Jenks se encogió de hombros.
—Yo lo emborraché. ¿Por qué piensas que los sedantes no funcionarían?
Él tenía razón. Bella se abrazó a sí misma. Seguía mirando el horizonte, esperando ver a Edward, esperando que esta pesadilla terminara y pudiera estar de regreso en sus brazos de nuevo. Sentía como si le hubieran arrancado la mitad de su ser, dejando una enorme herida abierta.
Jenks debió verlo en su rostro porque la jaló a sus brazos de nuevo.
—No estás sola, niña. Recuérdalo. Todos estamos aquí para ti.
—Yo también —dijo Amun desde el marco de la puerta.
Bella sintió esa ira caliente derramarse de nuevo en ella y tuvo que luchar contra la tentación de lanzarlo por el balcón.
—Por favor, Bella —comenzó.
—No te mataré —dijo Bella—, por el momento.
Él asintió.
—Tenemos que irnos, Bella. Necesitamos entrar a ese servidor. Es el único lugar en el que podremos encontrar información sobre a dónde se lo llevaron.
—¿Hay otro centro de investigación? —preguntó Bella.
—Es eso lo que vamos a investigar —respondió Amun.
El avión que tomaron hacia Nevada era más pequeño que el Jet de Amun. Él no dijo si era suyo, o si era prestado, o si lo había robado, y Bella no se molestó en preguntar.
Jane y Lauren fueron las únicas que no los acompañaron. Jane había hecho algo que solo se podía describir como una rabieta cuando Bella le dijo que no podía ir.
—¡No soy una niñita! —gritó Jane—. ¡Puedo cuidarme yo sola! ¡Puedo pelear! También quiero a Edward y deberían dejarme ayudarlos a rescatarlo.
Fue Jenks quien encontró la solución:
—¿Y quién va a cuidar a Lauren y Dave mientras no estamos, huh? Lauren no tienen ningún poder. No puede protegerse si el Proyecto Theta descubre donde nos hemos estado quedando. Necesito que alguien de mi confianza esté con ella.
Jane se apaciguo con eso, pero seguía enojada por no poder ir con el resto del equipo.
La parte más difícil fue despedirse de Rose. Ni siquiera tenía la fuerza para hacerse visible, así que Bella no pudo darle el regalo de tocar a su humana como lo había hecho con Emmett. Sabía, sin duda alguna, que Rose ya se habría ido para cuando ella regresara, y le perturbaba enormemente saber que estaría sola cuando eso pasara, sin siquiera el consuelo de un amigo a su lado.
—Gracias, por todo —le dijo a Rose—. Desearía… —Se detuvo y miró el piso. Dave, a sus pies, lloriqueó suavemente. Trotó para ver algo que Bella no podía ver y luego la miró con ansiedad. Él acarició el aire.
—Rose, ¿Dave puede verte?
—Creo que sí —respondió Rose. Su voz era tan suave como la nieve que caía.
Entonces no estaría completamente sola, incluso si su única compañía era un desaliñado canino.
Aterrizaron en un aeropuerto privado a las afueras de Las Vegas y Amun tenía un carro esperándolos para llevarlos al hotel.
—No había escuchado antes de este lugar —dijo Bella, mirando la parte delantera curveada del alto edificio—. El Wynn. ¿Es nuevo?
—Sí, relativamente nuevo —dijo él.
El proceso de registro parecía ser muy diferente entre personas ricas y gente ordinaria. Amun simplemente dijo su nombre y luego aceptó las tarjetas de acceso de un efusivo gerente. Fueron llevados a un elevador especial solo para las suites. Bella supuso que este le ahorraba a la gente rica el ultraje de tener que chocar hombros con la gente normal. Casi se rió de las miradas que le lanzaron a Jenks y su tripulación, pero ninguno de ellos pareció sentirse afectado por eso en lo mínimo. Él repartió las tarjetas en cada piso en que se detenía el elevador, asignando habitaciones a la tripulación de forma aleatoria. Alice y Esme compartían suite en el décimo piso y Jasper se bajó del elevador con ellas en lugar de subir a su propia habitación. Cuando las puertas se cerraron, Bella vio que Alice le sonreía a él y se detuvo afuera de su puerta para platicar.
—Último piso —murmuró Amun. Él y Bella eran los últimos en el elevador. Se bajaron y Amun abrió una puerta. La habitación era enorme, tan grande como un espacioso apartamento, y hermosamente decorado con piezas que eran una mezcla de estilo clásico y moderno. Había ventanas que abarcaban del piso al techo enmarcando una increíble vista de la zona.
—Nuestra suite —dijo Amun.
—¿Nuestra? De ninguna jodida manera —replicó Bella y se giró para dirigirse a la puerta.
—Bella, espera. —Amun la agarró del brazo y Bella le entrecerró los ojos. Él dejo caer la mano y retrocedió, alzando ambas manos como un hombre en un asalto a mano armada—. No es lo que piensas. Esta suite tiene dos habitaciones. Todos están preocupados por ti, Bella. Sin la protección de Edward… Es solo por tu seguridad. Nadie quiere que te quedes sola.
—Me quedaré con Quil —dijo Bella.
—Está en una suite tamaño king. Solo una cama.
—Si es una suite, apuesto a que tiene sofá.
Amun suspiró.
—Dile a Alice o Esme que vengan a quedarse con nosotros si sientes que necesitas un chaperón.
Hubo un golpe en la puerta. Bella la abrió con su poder y Alice entró con una sonrisa en el rostro.
—¡Tuve una visión! —gorjeó—. Ibas a llamarme para que viniera.
—Qué genial, Alice —dijo Bella, intentando reunir un poco de entusiasmo por el regreso de las visiones de Alice, pero todavía se sentía entumecida y vacía. Ella y Alice se fueron a la segunda habitación, dejándole la habitación principal a Amun.
Alice se sentó en la cama y palmeó el espacio junto a ella. Bella se sentó obedientemente.
—¿Estás bien, Bella? —preguntó Alice.
—No, no creo estarlo —respondió Bella—. Me siento… vacía, Alice. Excepto cuando lloro. Entonces siento dolor. De otra forma estoy entumecida. Estoy perdida.
—Vamos a encontrarlo, Bella, lo sé.
—¿Lo has visto?
—No —confesó Alice—. La única cosa que he visto desde que hemos estamos en Chile es la visión de que me llamabas para pedirme que viniera. Creí que quizá significaba que mi habilidad estaba regresando, pero ahora estoy de nuevo en la nada. Me da miedo, Bella. Casi siento que es como si no tuviéramos futuro.
Quizá ella no debería tenerlo, pensó Bella. Si se moría, Edward estaría al instante a su lado de nuevo, por toda la eternidad.
Alice jadeó y sus ojos se desenfocaron. La pupila se expandió hasta que casi no quedó iris visible. Parpadeó rápidamente y se volvió a enfocar.
—¡Bella, no puedes hacer eso! Edward no querría que lo hicieras y lo sabes.
—No puedo soportarlo, Alice. No puedo. —Su constante compañía en el balcón tenía sentido ahora. Casi se rió. Ellos pensaron en eso antes que ella.
—Lo recuperaremos —prometió Alice.
—Estoy enferma de que la gente me diga eso —dijo Bella. Se acercó a las enormes ventanas y miró hacia afuera—. No tenemos ni idea de dónde lo tienen y por todo lo que sabemos, la estúpida cosa de la Montaña Yucca podría ser una trampa.
—Has luchado por salir de las trampas antes.
—Era cuando tenía algo por lo que luchar —dijo Bella y recargó la frente en el frío vidrio.
—Todavía lo tienes. Jane te necesita. Jenks te necesita. Y, que Dios te ayude, creo que Amun también te necesita.
—Lo odio —dijo Bella—. No puedo evitar pensar que él tiene algo que ver con esto.
—No estaría esforzándose tanto por recuperarlo si así fuera. Yo misma lo vi, Bella. Estaba en la computadora, hacía constantes llamadas intentando descubrir si el Proyecto Theta tenía otros centros. No creo que haya dormido más que tú.
—No puedo dormir —dijo Bella—. No sin un ala que me cubra.
Ya que no podía dormir, pasó la noche dando vueltas. Finalmente Alice había sucumbido al cansancio y se acurrucó en su cama tamaño king-size. Bella paseó por la sala. Las luces que provenían de afuera le daban la iluminación suficiente para hacerse camino hacia uno de los sofás. Ya había pasado dos días, ¿o tres? No podía llevar la cuenta.
Escuchó un ruido y levantó la vista para ver a Amun caminar en la cocina. Estaba usando la bata del hotel junto con las pantuflas. Se sirvió un vaso de agua, abrió un bote de pastillas y echó unas en su mano. Se las metió a la boca y las tragó con agua.
Él la vio y se acercó junto al sofá.
—¿Bella? ¿Estás bien?
—De verdad empiezo a detestar esa pregunta —dijo Bella, aunque sin ningún recelo.
—¿Puedo hacer algo para ayudarte? —preguntó. Se recargó contra el brazo acolchado de una de las sillas que tenía cerca y le dio otro trago a su agua.
—Sigo creyendo que tú hiciste eso —le dijo Bella—. Así que no, no pienso pedirte nada.
Él suspiró e hizo a un lado el vaso vacío.
—No hay forma en que pueda probarte nada hasta que lo encontremos. —Se sentó en el sofá junto a ella—. No te haría esto, Bella. No hay forma en que pudiera causarte tanto dolor. No te mentiré, te quiero para mí, pero ésta no es la manera de hacerlo. Ahora eres incluso más hostil conmigo que antes.
Ella nunca antes había escuchado emoción en su voz. Era sorprendente. Si es que era sincero, más bien. Ella tenía sus dudas.
—Nunca lo has entendido, ¿no? Él es mi otra mitad. La mejor mitad de mí, el mejor ángel de mi naturaleza, por así decirlo. No me puedes alejar de eso. Nunca podrías darme lo que él me da.
—Tal vez —dijo él—. Y tal vez podría darte otras cosas.
—¿Estás seguro de que son lo que yo quiero?
—No lo sabrás hasta que no lo intentes —la contraatacó Amun—. Dime algo, Bella. ¿Alguna vez has estado con alguien más aparte de Edward?
Bella debió sonrojarse ante la pregunta. La Bella que había sido una semana atrás lo hubiera hecho, pero esta Bella estaba demasiado cubierta con capas de entumecimiento.
—No.
Él asintió como si ésa fuera la respuesta que estaba esperando.
—Así que no tienes ni idea de cómo es la vida fuera de él. No sabes si otro hombre puede hacerte feliz porque nunca lo has intentado. Te has aislado con esa otra mitad tuya, el equivalente a la masturbación, si me lo preguntas.
—Nadie te preguntó —dijo Bella.
—Oh, Bella, no tienes ni idea de lo que podrías ser, de lo que podrías hacer. Puedo verlo dentro de ti, un enorme potencial, pero prefieres esconderte del mundo.
—Es mi decisión, ¿no?
—Por supuesto que sí, pero te dieron un don, Bella. Y eso tiene una razón, una razón que ni siquiera intentas encontrar.
—¿Tú ya encontraste la tuya? —replicó.
Él se quedó en silencio por un largo momento.
—No, pero al menos la estoy buscando.
Es muy triste lo de Edward, pero Bella no piensa abandonar a su ángel…
El siguiente capítulo ya está listo, solo falta que Isa lo corrija. Espero poder actualizar en un par de días
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