5: Pésame (963 palabras)


Saori decidió vestirse menos formalmente esa mañana. Su vestido veraniego no guardaba semejanza alguna con las túnicas blancas y calculó que, a la distancia que pensaba ir, era poco probable que su báculo sintiera la necesidad de seguirla.

Al llegar al jardín de Piscis encontró al Doceavo Caballero afanándose entre los rosales, con el cabello recogido de cualquier manera y ataviado con ropas viejas y cómodas; una imagen del Caballero más hermoso que seguramente pocos habían visto.

-Buenos días, Caballero de Piscis.

Afrodita levantó la mirada sorprendido. Estaba tan concentrado en sus rosales (y otras preocupaciones) que no la había notado llegar. Ya estaba de rodillas, así que se limitó a inclinar de nuevo la cabeza al tiempo que dejaba a un lado sus instrumentos de jardinería.

-Alteza, sea bienvenida a la Doceava Casa.

-Por favor, levántate. Me gustaría hablar contigo unos minutos.

Afrodita obedeció y se quitó los guantes.

-Usted dirá, Alteza.

-…Estoy preocupada por Saga.

-¿Oh?

-Shion me dice que no se ha reintegrado a sus deberes y… tengo entendido que no ha puesto un pie fuera de la Casa de Piscis desde que regresamos.

-Sus deberes no están claros ahora; cuando esté preparado para ello, él y Shion tendrán que ponerse de acuerdo al respecto, porque Aioros de Sagitario fue reconocido como sucesor del Patriarca hace quince años y muchas de las labores que ha estado realizando Saga (fuera de las que corresponden al Caballero de Géminis) recaen sobre el sucesor designado… Según he podido ver, Aioros no ha asumido todavía ninguna de esas funciones y esto puede terminar en una situación confusa para toda la Orden.

-Cierto…

-En cuanto a lo otro, es demasiado pronto. Saga necesitará más que solo tres días para pasar por el proceso de duelo… ha perdido a alguien muy importante para él. Por lo que he podido averiguar, Kanon fue la razón de su existencia durante muchos años, incluso el verdadero motivo para convertirse en Caballero de Oro y esforzarse tanto por ser digno de suceder al Patriarca.

-¿Cómo está él?

-Duerme, lo que es de esperarse. Pasa dormido la mayor parte del tiempo. Cuando despierta está demasiado cansado para casi cualquier cosa. Pero Angello, Shura y yo estamos cuidando de él. Saldrá adelante… solo que no será cosa de pocos días.

-¿"Angello"?

-El Caballero de Cáncer.

-Entonces, "Máscara Mortal" es un apodo.

-Más bien una broma pesada que solíamos hacerle cuando niño y que le quedó demasiado bien como adulto.

-Y tú, ¿cómo te llamas?

-Afrodita.

-¿No es un apodo también?

-Para nada, es mi nombre –la cara de desconcierto de la diosa hizo que Afrodita suspirara con resignación. Se quitó del cuello una cadenita de la que pendía un relicario, abrió la joya y le mostró a la diosa los dos retratos que tenía dentro. En uno estaba una pareja de adultos, el otro era la imagen de dos niños -. Permita que le explique. Los adultos son mis padres, los pequeños somos mi hermano Eros y yo a los cinco años.

-Te… te pareces muchísimo a tu… -Saori no supo cómo continuar. Si Afrodita no le hubiera dicho que se trataba de sus padres, habría asumido que él era una de las dos personas en la fotografía- …Eh…

-Es mi madre –Afrodita sonrió, de buen humor, comprendiendo de inmediato su predicamento-. Sí, soy muy parecido a mi madre. Incluso me llamo igual que ella.

-Pero… ¿por qué?

-Mis padres eran servidores suyos, Alteza. Él murió en una misión poco antes de que Eros y yo naciéramos, y mamá… según me han contado, el parto fue muy difícil, empezó a desangrarse y los que la atendían se dieron cuenta de que no podrían salvarla. Como ella estaba más o menos consciente todavía, le explicaron lo que sucedía y le preguntaron si tenía alguna última voluntad. La última palabra que pronunció fue "Afrodita" y las personas que estaban con ella supusieron que intentaba decir los nombres que había elegido para nosotros, porque nos tenía en brazos en ese momento. Decidieron ponerle Eros a mi hermano, porque era el más parecido a nuestro padre (él heredó su cabello oscuro y su piel bronceada) …y a mí, que era tan blanco como una rata albina, me pusieron Afrodita. Fue una buena decisión porque, como ya le dije, me parezco tanto a mi madre que en Rodorio todavía hay personas (ancianos, sobre todo) que me confunden con ella de vez en cuando.

-Y tienes un gemelo, como Saga.

-Piscis es un signo doble, al igual que Géminis, no es raro que haya gemelos entre sus Caballeros.

-¿Dónde está ahora tu hermano?

-No sobrevivió al entrenamiento. Murió poco después de nuestro quinto cumpleaños.

-Oh… yo… lo siento.

-Mhm. Es por eso que hablo con autoridad cuando le digo que Saga tardará en recobrarse.

-Quisiera hablar con él. Decirle que lamento que tenga que pasar por esto. ¿Crees que querrá recibirme?

-Quiera o no quiera, un Caballero no puede negarse a atenderla, Alteza. Pero, si me permite un consejo…

-Por favor.

-No le diga "sé lo que sientes", "él está ahora en un lugar mejor", ni "el dolor pasará". Por encima de todo, jamás, jamás le diga "no llores". Nadie es capaz de comprender el sufrimiento del que sobrevive a la muerte de un ser querido, ni siquiera los que han pasado por cosas similares. En este momento, el dolor es tan intenso que nada podrá convencerlo de que llegará a ser tolerable algún día (aunque sea cierto). Saber que quien ha muerto ya no sufre no es ningún consuelo en las primeras etapas del duelo, porque quien vive es quien está sufriendo. Y "no llores" es un insulto imperdonable cuando lo único de lo que se es capaz es de llorar.

-Entiendo… Gracias, Afrodita.

-Para servirle, Alteza.