Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.
Beta: Isa
~*~Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza~*~
Por: Lissa Bryan
Dave se acurrucó junto a la mujer con alas en un cálido espacio con luz solar. Nadie más podía verla, una situación que Dave encontraba confusa. Miró a la nueva cachorra de su camada y a la hembra mayor moverse por el estudio. Hacían esto todos los días, se metía en donde caía agua, disfrazaban su aroma y se ponían diferentes piezas de piel plana. Luego la nueva cachorrita le daba unas palmadas mientras vocalizaba y se iban. Dave pensaba que salían a cazar comida. A veces cuando regresaban olían a comida, pero no traían nada de regreso al estudio, así que quizá eran malas en eso.
La mujer con alas siempre gemían cuando la cachorra se iba. Estaba muy enferma; Dave podía notarlo. (Había intentado traerle un poco de pasto la última vez que la mujer mayor lo sacó, pero se lo quitó de la boca.) Ella nunca se movía de ese lugar en el piso y los otros caminaban a través de ella cuando cruzaban el estudio. Dave intentó lamerla, pero su lengua la atravesó como si estuviera hecha de aire. Quizá así era. Eso explicaría por qué su mente no podía hablar con él. Él creyó que era el mismo tipo de criatura que el hombre con alas, pero ahora ya no estaba tan seguro.
Ella suspiró y Dave supo que no estaba feliz. Recostó la cabeza junto a ella y lloriqueó, era todo lo que podía ofrecerle a modo de consuelo. Últimamente todos parecían estar tristes. El hombre con alas no había regresado y ahora también la hembra se había ido. A él le agradaba la nueva cachorra y ella jugaba con él muy seguido, pero extrañaba al hombre con alas, el único lo suficientemente inteligente que sabía cómo hablar, y extrañaba a la hembra. Ella era la única que podía encontrar ese lugar que siempre le picaba debajo del collar y, en su mente, su aroma ahora significaba "comodidad".
La mujer con alas dijo la palabra de su nombre y Dave agitó la cola. Ella le sonrió suavemente y estiró la mano para acariciarlo, pero lo atravesó. De todas formas Dave le dio el crédito por intentarlo y se acercó a ella para un cariño. No era tan satisfactorio como acurrucarse en un cálido cuerpo de persona, pero ella pareció apreciarlo.
Y luego ella se fue. ¿A dónde se había ido? Dave saltó para ponerse de pie y se dio la vuelta, pero ella no estaba allí. ¿La había perdido de la misma forma en que perdió su pelota? Soltó un triste aullido. Esperaba que el hombre con alas no se enojara con Dave por haberla perdido. Trotó alrededor del estudio, buscándola, asomándose debajo de los muebles e incluso se paró sobre sus patas traseras para asomarse al lugar donde cae el agua. Se sentó y pensó un poco en su problema. El hombre con alas le había ayudado a Dave a encontrar su pelota cuando la perdió, así que quizá también podría ayudarlo a encontrar a la mujer con alas.
Bella se quedó viendo con la boca abierta el vehículo que los esperaba afuera de la pequeña ciudad donde tenían estacionados los carros. Phoenix estaba sentado sobre el vehículo con la boca estirada en una enorme sonrisa de orgullo.
—¿Qué opinan?
—¿Qué carajo es esto? —preguntó Bella.
Parecía que le habían puesto llantas a un tanque, ocho llantas para ser precisos.
—Esto, querida, es un Stryker ICV*, cortesía de la milicia de los Estados Unidos. Puede ir a sesenta millas por hora y tiene un alcance de más de 300 millas. —Phoenix se bajó de un salto y palmeó los costados del vehículo—. Blindado, relativamente silencioso…. Es perfecto para esta misión.
—¿No crees que alguien lo verá? —preguntó Jasper—. Es enorme.
—Esperemos que el amparo de la noche nos proteja y, pues si nos ven, para eso está blindado. Solía tener una ametralladora allá arriba. Es una maldita pena que el ejército le quitara esa mierda antes de venderlo como sobrante.
—¿De dónde lo sacaste? —preguntó Bella.
—Un amigo mío tiene un recinto de supervivencia para conspiradores y paramilitares no muy lejos de aquí. El lugar es toda una maldita fortaleza. Vamos, todos súbanse. La buena noticia es que pusieron un jodido estéreo en este bastardo.
Bajó el portón de la parte trasera y tuvieron que agacharse para entrar. A los lados del vehículo había dos líneas de bancas. Jenks levantó los asientos y metió el arsenal debajo, quedándose solo con las pistolas que cargaba en las fundas a sus costados. Esas pistolas eran los "suministros" que había estado esperando Amun. Habían sido enviados a sus suites en Las Vegas en largas cajas de vestidos, envueltas en un bonito papel lavanda. Las personas que estaban abajo debieron pensar que Bella ordenó todo un guardarropa nuevo, basados en el número de cajas que fueron llevadas a su habitación.
Había agujeros con cables que colgaban de donde habían sido removidos aparatos eléctricos.
—Uh, no toquen nada —dijo Forks desde el asiento del copiloto—. En realidad no estamos seguros de qué hacen algunos de esos botones.
Luego de que todos estuvieron adentro, Phoenix cerró el portón y le dio la vuelta para subirse al asiento del conductor.
—Ponte el cinturón, Effie —dijo y encendió el motor. Arrancaron con una sacudida. Bella fue lanzada fuera de su asiento y cayó sobre Quil con la cara en su regazo. Él se sonrojó y tartamudeó mientras Bella murmuraba una disculpa y se sentaba de nuevo.
—¡Enciende el estéreo! —ordenó Phoenix, y Justin Bieber se escuchó por las bocinas. Alarmado Phoenix golpeó todos los botones hasta que se quedaron en silencio—. Uh, alguien debió, um, dejar un disco aquí o algo así.
—No es disco —dijo Forks. —Es un reproductor MP3. Tu reproductor MP3.
—Cállate, cabrón. No es mío.
Forks le dio la vuelta.
—Tiene tu nombre escrito.
—Jódete. Si no cierras el pico, les diré a todos que te vi formado para el estreno de Crepúsculo.
—Estaba en una cita, idiota.
—Mierdas. No había ninguna chica contigo.
—Si tú no cierras el pico, le diré a todos que lloraste cuando vimos El Rey León.
—¡Amigo, teníamos ocho años!
—Preferiría escuchar la música en lugar de sus dimes y diretes —les dijo Bella.
—Sí, música… Ah, aquí vamos.
Let the bodies hit the floor,
Let the bodies hit the floor…
—Eso está mejor —dijo Jenks.
Bella retrocedió y vio a los hombres tocar las guitarras en el aire y golpear los tambores imaginarios. Esme se veía como si deseara salirse y viajar en la parte de arriba. Alice, por otro lado, se unió animadamente a la banda de rock, bailando en su asiento con Collin sonriéndole de manera aprobadora. Convencida de que estaban ocupados, Bella se dejó hundir en pensamientos sobre Edward.
Se atormentaba con las visiones de lo que podrían estar haciéndole para conseguir que les dijera dónde estaban Bella y el resto de los fugitivos. Diles, Edward, pensó. Diles todo. Lo que sea necesario para que no te lastimen. Ahora tenía sentido por qué Jenks había sido tan sigiloso sobre a dónde se dirigirían los Dotados en cuanto se separaran. No puedes dar información que no tienes.
Las lágrimas se acumularon en sus ojos y se las limpió de prisa antes de que alguien pudiera verla. Levantó la vista y encontró a Amun viéndola. Ella le lanzó dagas con la mirada esperando que apartara la vista y le diera aunque fuera un poco de privacidad. Él se movió de su asiento frente a ella y se sentó en el reducido espacio entre Jenks y Bella. Jenks gruñó indignado al ser aplastado y se deslizó unas cuantas pulgadas.
Él se inclinó hacia ella para no tener que gritar.
—Bella, no puedes ocupar tus pensamientos con esas oscuras imaginaciones —dijo silenciosamente con los labios a solo centímetros de su oído—. En lugar de eso piensa en lo que le harás a quien sea que lo haya lastimado. Tu ira te da más poder.
—El miedo te lleva a la ira. La ira te lleva al odio, y el odio te lleva al Lado Oscuro —citó Bella.
Amun sonrió.
—Quizá, pero no es tu lado dulce y leve el que te va a regresar a tu ángel.
Él tenía razón; no era ese lado. Ella tendría que convertirse de nuevo en la Bella Oscura que flotaba en su bola de luz… Cerró los ojos ante un repentino golpe de nauseas. Todavía no hacía las paces con todo lo que había hecho esa noche y ahora tendría que hacerlo de nuevo.
—Respira profundo —aconsejó Amun.
—¿Estás leyendo mi mente? —le exigió ella.
—No puedo evitarlo —confesó—. Amo escuchar los procesos de tus pensamientos. Son deliciosamente confusos.
¿Edward todavía podría oírla? Se preguntó. Eso esperaba. Esperaba que pudiera sentir lo mucho que lo amaba y que supiera que ella iba por él, que haría cualquier cosa por tenerlo de regreso.
Phoenix estaba usando el volante y el tablero como una batería durante la canción Enter Sandman de Metallica, y en uno de esos can't-believe-it-happened-outside-of-a-movie momentos, en el momento en que James Hetfield cantaba "¡Boom!", ellos se estrellaron en una duna de arena. La música se apagó.
Todos los que estaban atrás ahora estaban en un montón en la parte frontal del piso. Se escucharon gemidos, gritos y maldiciones.
—¡Qué jodidos acaba de pasar! —gritó Jenks desde algún lugar en el fondo del montón.
Phoenix gimió y se frotó la cabeza. Tenía un chichón en la frente, coronado con una cortada que dejaba fluir un hilillo de sangre hasta su ojo.
—Choqué con algo —murmuró.
—Pues no jodas, ni cuenta que chocaste con algo. ¿Con qué chocaste?
Phoenix miró por el parabrisas.
—Es grande, amorfo, y parece estar compuesto de arena. Supongo que es una pila grande de arena, Jefe.
—Aw, carajo —gimió Jenks—. Maldición, Ben, quita tu culo de mi cara.
—Lo siento —murmuró Ben.
Les tomó un poco de tiempo desenredarse. Alice, que afortunadamente había caído sobre todos, gorjeó.
—Es como si un juego de Twister hubiera terminado trágicamente mal.
Amun había caído sobre Bella y estaba usando sus rodillas y codos para mantenerla libre del peso del montón.
—Toda una fantasía encontrarnos así —dijo con una de sus sonrisas maliciosas. Sus ojos viajaron a los labios de ella.
—Inténtalo y te sacaré volando por el techo —le advirtió Bella.
Amun sonrió.
—No puedes culpar a un hombre por lo que piensa.
—¿Todos están bien? ¿Alguien murió? —gritó Jenks.
Quil gruñó cuando lo golpearon accidentalmente con un codo en el estómago.
—¿Esperas que un muerto te responda?
—Jódete, Hombre fuego —replicó Jenks.
—El nacimiento de un nuevo apodo —decretó Collin.
—Quien me diga así terminará ardiendo en llamas. Ya están advertidos.
La parte trasera de la camioneta estaba inclinada, así que fue un poco difícil alcanzar el portón; Jenks y Collin lucharon contra ella y lograron abrirla. Jasper agarró las manos de Bella y la ayudo a levantarse y a salir. Todos salieron y se quedaron viendo el frente del Stryker, el cofre estaba medio enterrado en arena.
—¿Qué carajo, Phoenix? ¿No viste la maldita y enorme montaña de arena frente a ti?
—Creí que podría pasar sobre ella —dijo Phoenix tímidamente.
—Jesucristo —murmuró Jenks. Sacó el dispositivo GPS pirata y revisó su locación—. Estamos a solo una milla de la montaña. Iremos a pie desde aquí. Phoenix, consigue una jodida pala y desentierras la jodida camioneta, ¿entendido?
—¡No traje palas, Jenks!—dijo Phoenix.
Jenks acunó sus manos.
—Mira, palas naturales. —Golpeó a Phoenix en la cabeza—. Idiota. Estoy seguro de que aquí podrás encontrar algo que te sirva como pala. Usa tu maldita imaginación. ¡Jesús!
Saltó de nuevo dentro de la camioneta y reapareció momentos después con los brazos llenos de rifles. Los repartió como si fueran dulces de Halloween y luego volvió por más.
Amun le ofreció una pistola a Bella.
—Querrás esto.
Ella sacudió la cabeza.
—No necesito una pistola.
—Tómala —la urgió—. Solo por si acaso. ¿Qué harás si los bastardos te capturan?
Bella recordó la promesa que le sonsacó a Edward en el restaurante. Le hizo prometer que la mataría antes que permitir que la volvieran a capturar. Obligar al hombre que te ama a jurar eso era algo horrible y feo, pero ella lo había hecho. Y de verdad lo pretendía. Ella prefería morir que estar de nuevo en unos de esos centros. Ella aceptó la pistola en silencio y se la metió en la parte trasera de sus vaqueros, y se la tapó con la orilla de la blusa.
—Quiero que sepas que yo también lo haría por ti —dijo él. Bella no sabía qué decir, pero se sentía agradecida.
Jenks reapareció con grandes cantimploras.
—Sé que esto estará jodidamente pesado, chicos, pero tenemos que llevarlas con nosotros. Si caminamos de regreso a plena luz del día, vamos a necesitar agua, un chingo de agua.
—Por amor a Dios, Jenks, estamos a una jodida milla de distancia —protestó Collin.
—Las famosas últimas palabras —dijo Jenks sombríamente—. No es inteligente caminar por el desierto sin agua. Podríamos perdernos. Podríamos quedarnos estancados. Nunca sabes lo que podría pasar. Así que carga la jodida agua y cállate de una jodida vez, ¿por favor?
Collin gruñó pero agarró una bolsa al igual que todos los demás, a excepción de Bella, Alice y Esme. Por primera vez Bella apreció el sexismo cuando Jenks determinó que las bolsas estaban demasiado pesadas para que las mujeres las cargaran. Él, Collin y Amun tomaron una extra —por las damas—, como dijo Jenks. Se distribuyeron los radios, aunque desafortunadamente no fueron suficientes para todos, Bella supuso que así sería una cosa menos de la que preocuparse en caso de perderla o romperla.
Jenks eligió que parte de la tripulación se quedaría atrás para ayudar en la excavación. Jasper optó por quedarse con ese grupo y Bella entendió su razón. Aunque él quería apoyarla y ayudarla, Jasper no era un asesino. Y Bella tampoco quería obligarlo a cambiar eso.
El resto emprendió el camino hacia la oscuridad. Bella miraba cuidadosamente el suelo que pisaba. Víboras, escorpiones, cactus… Había muchas cosas peligrosas en el desierto y, para una persona torpe, era tan solo un doloroso accidente esperando por ocurrir. Bueno, al menos Amun no rechazaría quitarle las espinas de cactus del trasero. Detrás de ella escuchó como reía él.
Estaba tan oscuro que la cima de la montaña parecía mezclarse con el cielo nublado. Era una pena. Bella había escuchado que en el desierto las estrellas se veían increíbles. Se acercaron más. Comenzó a distinguir las siluetas de los edificios. Ninguno tenía luces por dentro y Bella comenzó a sentir esperanza porque el sitio en la Montaña de Yucca hubiera sido abandonado.
Escucharon voces. Jenks les hizo un gesto rápidamente y apagaron las linternas. Se acercaron lentamente a los edificios. —Huelo a hamburguesas —susurró Collin.
Bella olió. Ella también. Llegaron a una barraca Quonset a la orilla del compuesto y se asomaron. Vieron a dos guardias uniformados de pie junto a parrilla, moviendo la carne que siseaba.
—Billy, de verdad creo que ya están listas —dijo uno.
—La última vez que dijiste eso, las metimos y Carl se encabronó cuando cortó uno y encontró el centro rojo, ¿lo recuerdas?
Incluso con la poca luz Bella podía ver las letras "PT" entrelazadas, el logotipo del Proyecto Theta, en las camisas de sus uniformes.
—Sí, pero prefiero volver a traerlas aquí que duras y secas.
Así que al menos había tres de ellos. Vieron como uno de los hombres ponía las hamburguesas en un plato y cruzaba los terrenos. Un plato grande. De seguro eran más de tres, a menos de que uno tuviera el apetito de un oso. Jenks alzó una mano para que se quedaran quietos, se señaló a sí mismo y luego a sus ojos. Todos asintieron. En posición agachada avanzó para cruzar el terreno hacia la barraca donde se habían metido los guardias. Bella miró el enorme túnel de entrada ante ellos. Un conjunto de rieles se dirigían adentro y una valla de cadena cubría la entrada. Como robar un dulce a un niño, pensó.
La puerta se abrió y Jenks se metió debajo de las escaleras para esconderse. Uno de los guardias bajó por los escalones y se dirigió a la entrada del túnel, llevando un plato de hamburguesas, dos sodas y una bolsa de papas en la otra mano. Dos más por el túnel, entonces. ¿Podrían ser cinco en total?
Abrió el candado de la puerta y entró. Bella le hizo una señal a Jenks, que había salido gateando de las escaleras, y se señaló a sí misma y después a la entrada. Él sacudió la cabeza. Bella lo ignoró. Se movió hacia adelante y Amun la agarró del brazo. Bella le lanzó dagas con la mirada.
—Voy contigo —susurró él.
—No.
—Sí.
Ella rodó los ojos. Bien. Atravesó sigilosamente el terreno hacia la puerta que estaba en la entrada del túnel. Su corazón latía tan ruidosamente que creyó que de seguro haría eco en las paredes de piedra. Siguieron los rastros, pasando de puntillas en los parches de madera para hacer el menor ruido posible. Vieron el movimiento de la linterna del guardia desaparecer en una curva. Lo siguieron lo más cerca que se atrevieron. Voltearon en una esquina y frente a ellos estaba una pared de cristal. Ambos retrocedieron rápidamente antes de ser vistos.
El corazón de Bella se hundió. A través de la entrada vio una oficina, justo como cualquier otra oficina que pudiera ser vista en una corporación. Estaba dividida en cubículos, gente ocupada tecleando, archivando, respondiendo teléfonos bajo las luces florecientes de los paneles… El guardia se detuvo en uno de los escritorios y se sentó en una silla que agarró de uno de los escritorios desocupados. Él y la mujer que estaba sentada ahí comenzaron a compartir las hamburguesas y las papas, sonriéndose entre ellos de cierta forma que les demostraba a los observadores que ellos eran una joven pareja de enamorados.
—¿Por qué carajo tendrían una oficina operando a mitad de la noche? —murmuró Amun.
—No podemos hacerlo —dijo Bella. Sus rodillas temblaron y se dejó caer cuidadosamente al piso. No iba a matar a un montón de secretarias.
—Al carajo con que no podemos —espetó Amun. Se arrodilló junto a ella y agarró su brazo—. ¿Te sentirías igual si fueran las secretarias que teclearon las listas de muertos en los campos de concentración?
—Dios mío, Amun, ¡no es lo mismo! No puedes compararlos.
—¿En serio? Ellos te alejan de tu familia y cuando terminan contigo, te lanzan a la nieve para dispararte. La única jodida diferencia es la escala.
En la mente de Bella apareció la chimenea y en cómo ella creía que ése sería su destino final.
—Lo único que esto nos dice es que es una organización más grande de lo que creímos. Eso significa que más personas de las que imaginamos están sufriendo de la forma en que tú sufriste, de la forma en que mi Victoria sufrió. Y yo, por una vez, voy a decir no.
Él movió el seguro de su rifle, se puso de pie y marchó hacia la puerta de vidrio. Con una patada la destrozó. Bella escuchó gritos y golpes de muebles cuando la gente saltaba de sus escritorios, tiraba sillas…, y luego el tiroteo y más gritos. Bella se tapó los oídos con las manos.
Son del Proyecto Theta. Son malos. Oh, Dios, no lo son, son solo gente con trabajo, hipotecas e hijos. Pero tienen que saberlo. Tienen que saber lo que esos archivos dicen. Tienen que saber lo que pasa dentro de esos centros. ¿Eso los hace tan culpables como Jacob?
—¡Bella¡ ¿Qué carajo estás haciendo? —ladró Jenks.
Ella lo miró a través de las lágrimas y el rostro de él se suavizó.
—Vamos, cariño. —Él le ofreció la mano y ella la tomó. La puso de pie.
—¡Ahí! —gritó alguien. Bella alzó un escudo y fue la única cosa que salvó sus vidas cuando los guardias que corrían bajando las escaleras hacia ellos comenzaron a disparar. Jenks metió a Bella a la pequeña entrada donde antes estaban las paredes de vidrio.
—Baja el escudo —ordenó. Ella lo hizo y el sonido del rifle de él fue ensordecedor en el reducido espacio. Bella presionó las palmas de sus manos contra sus oídos con más fuerza—. Los tengo —anunció Jenks alegremente.
—¡Bella! ¡Bella! —gritaba Alice.
—Aquí —gritó Bella. Se asomó por la orilla y vio al resto del grupo trotando por la pendiente hacia ellos. Alice se lanzó al piso junto a Bella y la abrazó.
—Lo vi —dijo—. En un momento tres guardias van a salir por el pasillo de la oficina junto a la máquina de sodas y Amun les va a disparar.
Ella apenas terminó de decirlo antes de que los disparos sonaran.
—Regresaron —dijo Bella. Era más una declaración que una pregunta.
—Regresaron —confirmó Alice y se puso de pie—. Vamos, Bella. Tenemos que movernos.
Atravesaron la oficina. Bella se negó a mirar abajo y, por supuesto, tropezó con el primero obstáculo en su camino. Cayó de rodillas y manos junto al cuerpo de una mujer que se veía casi de su edad. La parte de arriba de su cabeza ya no estaba. Bella retrocedió a trompicones, se le revolvió el estómago y la palma de su mano cayó sobre el frío brazo de otro cuerpo. Agarró un bote de basura y vomitó. No había comido mucho en los últimos días, así que no había mucho qué desechar, pero parecía que su estómago no creía eso y pujó con entusiasmo para expulsar todo. Una mano apareció frente a ella sosteniendo un cono de agua. La bebió. Su estómago consideró el asunto y decidió permitirlo, así que bebió más.
Amun se acercó a un escritorio y levantó un bolso de mujer del piso. Vació los contenidos y buscó entre ellos, luego abrió un cajón del escritorio. Encontró lo que quería y se lo llevó a Bella. Mentas para el aliento.
—Gracias —dijo ella con tono seco.
—No son para tu aliento, sino para tu estomago —dijo—. La menta ayuda a aliviar las nauseas. —Él miró a Alice—. ¿Qué camino? —preguntó.
Ella señaló el pasillo entre dos máquinas de sodas. Jenks se detuvo y compró una Pepsi, se la ofreció al resto del grupo antes de abrirla y darle un buen trago. Como un maldito comercial, pensó Bella. "Luego de un largo día de asesinatos, nada te refresca mejor que una Pepsi."
Amun se rió entre dientes. Bella le lanzó dagas con la mirada. Estaba acostumbrada a que Edward escuchara sus monólogos internos, pero era desconcertante saber que su mente también era como un libro abierto para Amun. Y estaba bastante segura que él no dejaría de hacerlo aunque se lo pidiera amablemente.
—Lo más seguro es que no. —Estuvo de acuerdo él.
Bella se metió un par de mentas que pertenecían a la mujer muerta a la boca. Él tenía razón, sí ayudaban. Ella se agarró a los brazos de él mientras navegaban el resto del camino entre la habitación para no caerse. En la entrada del pasillo lo soltó y volvió a caminar junto Alice.
—¿Encontraremos a Edward aquí ?—preguntó. La expresión de Alice cambió cuando comenzó a ver lo que fuera que viera en su mente al tener una visión. Luego sacudió la cabeza—. No puedo ver tu futuro o el de él. Nos veo saliendo del centro, pero él no está con nosotros.
Las pequeñas esperanzas de Bella se desvanecieron. Se dijo a sí misma que de todas formas no esperaba encontrarlo aquí, pero aun así una pequeña esperanza había florecido cuando vio que este centro era más grande de lo que habían esperado.
En la base de la pendiente un pasillo se extendía en ambas direcciones.
—Sepárense —dijo Amun. Jenks asintió y se llevó a Quil y Collin. Ellos avanzaron por el pasillo con las armas listas, caminando lentamente a pesar de que ya todo el lugar debería saber que ellos estaban allí. Bella vio una cámara y la explotó con su poder.
Llegaron a una puerta y Amun la pateó, alzando sus pistolas frente a él cuando entró a la oscura habitación. Bella toqueteó la pared buscando el encendedor de la luz y finalmente lo encontró. Alice y Esme la siguieron adentro, aferrándose la una a la otra. Ninguna de ellas pertenecía a ese mundo, pensó Bella. Alice tenía una pistola pero Bella estaba bastante segura de que no la iba a usar.
A primera vista parecía ser un centro médico, quizá una clínica para las personas que trabajan allí, pero examinándolo más de cerca su verdadero propósito se hizo más evidente. La mesa de acero inoxidable tenía gruesas bandas de metal que se colocaban alrededor del "paciente" para mantenerlo quieto y los instrumentos eran cosas que no habían sido usadas por doctores de verdad en más de un siglo. Bella se tapó la boca con la mano y miró con un horror entumecido.
Amun se acercó al pequeño montón de archivos en un mostrador y los revisó rápidamente, lanzando al piso los que no le interesaban. Bella vio cómo volaban los papeles y estos llevaron su atención a una esquina donde algo cegadoramente blanco se asomaba debajo de una ventana. Bella frunció el ceño y se agachó para agarrarlo. Su jadeo captó la atención de Amun. Ella alzó la pluma, una hermosa pluma blanca con un brillo nacarado. Se la acercó a la nariz e imaginó que podía detectar débilmente su esencia.
—¿Es de Edward? —preguntó él.
Ella asintió.
—Estuvo aquí en las últimas veinticuatro horas —dijo ella.
Amun alzó un archivo.
—Creo que esto es de él.
Bella estaba tan ansiosa que sus palabras se atropellaron.
—¿Qué dice? ¿Dice dónde está? ¿Está bien?
La cara de Amun contenía una profunda lástima.
—Tenemos su número serial. Eso es lo importante. Así es más fácil encontrarlo en el servidor.
—¿Qué dice? —insistió Bella—. ¿Qué le están haciendo?
—Nada —dijo Amun.
—Dámelo —ordenó ella.
Amun puso una mano en su hombro y ella casi lo estrella contra la pared, pero se detuvo.
—Bella, hay cosas que no quieres saber, ¿de acuerdo? Lo vamos a recuperar, pero mientras tanto no te beneficias en nada atormentándote. —Él abrió un tobogán que estaba en la pared con una imagen de una llama en él y soltó el archivo dentro—. Ya no está —dijo—, se incineró.
—Debería lanzarte por ese tobogán —siseó ella.
—Probablemente, pero ¿por qué no esperas hasta que tengas de regreso a tu ángel? —Él le sonrió brevemente y la empujó de regreso a la puerta. Él revisó el pasillo antes de sacarlas y llevarlas a la siguiente habitación. Las luces estaban encendidas. Una oficina. Él se acercó a la computadora y sacó un desatornillador del bolsillo—. ¿Podrías desconectar esto?
Bella siguió el cable hasta el enchufe y lo desconectó. Y luego vio algo raro. Los paneles de roble sobre el enchufe no parecían estar al ras con el resto de la pared. Ella lo presionó y éste se abrió revelando una caja fuerte.
—Amun, ¿puedes abrir cajas fuertes? —preguntó Bella.
Él levantó la mirada.
—No lo suficientemente rápido. Arráncale la puerta.
Ella se sentía como una idiota por no haberlo pensado antes. Se concentró en la línea alrededor de la puerta y ésta cayó a sus pies. Adentro había una pila de CD-ROM en estuches y lo que parecía ser un disco duro portátil.
—¡Bingo! —dijo Amun. Agarró las cosas y se los echó a la mochila. Le había quitado la tapa al CPU y le sacó el disco duro para meterlo también a su mochila.
Regresaron al pasillo y se encontraron con Jenks, Collin y Quil.
—Vacío —dijo Jenks.
—Maldición —murmuró Amun—. Esperaba que estuviéramos cerca. Me dijiste mal a dónde ir, Alice.
Ella sacudió la cabeza.
—Vi que veníamos primero por este camino. Y ahora nos iremos por el pasillo hacia la izquierda.
Regresaron al área de la oficina que seguía oliendo a pólvora y sangre. Bella intentó no respirar mientras cruzaban la habitación hacia el siguiente pasillo. Pero esta vez tuvieron suerte. En el fondo encontraron una sala de archivos y los servidores que estaban contra una pared. Amun se puso a trabajar con su desatornillador. Bella agarró un archivo al azar y lo abrió. Lo primero que vio fueron fotos de un hombre joven, de frente y de perfil como un criminal, pero sobre la imagen habían estampado una palabra en tinta roja: FINALIZADO. Y ella estaba bastante segura de que no se referían a que lo habían despedido.
Pasó las páginas. Primero estaban esas formas que el Dr. Snow había llenado sobre sus habilidades durante la interminable fase de las pruebas. El hombre, Embry, era de talento mínino, un vidente, apenas llegaba al 5 en la escala. Había un historial médico sobre él y los miembros de su familia con alcance de dos generaciones antes. Bella se quedó perpleja por un momento, preguntándose por qué querrían esta información. No parecía que estuvieran buscando talento físico, era solo información de salud en general. Y la siguiente página respondió su pregunta: números seriales de muestras de semen. Y una de las muestras había sido usada, con éxito, en otro paciente bajo prueba.
Bella soltó el archivo.
—Bella, ¿qué pasa? —preguntó Esme.
Pasó un largo momento antes de que Bella hablara.
—Es un programa de reproducción.
*El Stryker es un vehículo de transporte blindado de personal de ocho ruedas. El vehículo viene en varias versiones con un motor, transmisión, sistemas hidráulicos, ruedas, llantas, diferenciales y la transferencia comunes.
Están cada vez más cerca de Edward…
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