Hellouu gente buena del FanFiction, bueno, un saludo a las malas también xD

Andaba un poco perdida por estos caminos, pero aquí ando actualizando ando. :)

iCarly NO es mío, tampoco sus personajes, le pertenecen al genio más troll, Dan Schneider e.e.


La Cruda Verdad


Freddie estaba tendido boca abajo con la mitad superior de su cuerpo en el piso y la otra dentro de la bañera. Sam reía escandalosamente, regodeándose en el hecho de que segundos después de haber sido retada por él, lo traspasó haciéndolo caer. El castaño había perdido el conocimiento y permaneció así al menos por cinco minutos. La rubia comenzaba a impacientarse así que luego de esperar largo rato soltó un bufido.

¡Despierta ya!— Gritó acuclillándose frente a un Freddie que comenzaba a despegar la cabeza del piso débilmente.

¿Qué me pasó?— Le preguntó con dificultad reincorporándose torpemente.

No lo sé.— Respondió Sam encogiendo los hombros. —¿Resbalaste?— Prosiguió con una maliciosa sonrisa entretanto se levantaba. Freddie llevó una de sus manos a su frente palpitante y enrojecida, sobandola tratando de aliviar el dolor. —Con respecto a cómo luces desnudo, pues justo ahora luces ridículo.— Expresó la rubia comenzando a reír de nuevo.

¡Sam estás más loca que una cabra!— Espetó Freddie tomando su toalla y enrollándola en su cintura. Sacudió la cabeza.—Quiero decir, estás como siempre, o casi como siempre.— Rectificó. Era igual de loca, igual de salvaje, pero no, no era igual del todo, estaba muerta, casi muerta, ¿o casi viva?

Imbécil, has jugado demasiado con mi paciencia.— Advirtió Sam al momento que Freddie le daba la espalda ignorándola y emprendía la marcha pesadamente hacia la habitación.

Freddie intentaba vestirse, pero Sam lo fulminaba con la mirada, tenía los brazos cruzados y el ceño fruncido, y mantenía la expresión dura en su rostro sentada sobre el sillón purpura. Él se sentía aturdido, aparte de por el fuerte golpe en la cabeza—lo que hizo ser más cauteloso desde ese momento— por la actitud de Sam, se suponía que todo el odio, o al menos casi todo el odio que decían sentir el uno por el otro había desaparecido, y mejor aún, la personalidad hóstil de Sam con el tiempo había disminuido mucho, o al menos ya no era la desmedidamente agresiva Samantha Puckett de trece años que lo torturaba física y emocionalmente.

¿Qué había cambiado en ella?¿Por qué lo trataba tan mal de nuevo? Se cuestionó. Sacudió la cabeza, de por sí su presencia era inexplicable, irracional y carente de lógica, mucho más su actitud. Atravesó el dormitorio y levantó la maleta que estaba justo al frente de Sam, la miró fugazmente antes de darse la vuelta. Alzó la gran maleta azul marino y la abrió sobre la cama regando todo el contenido sobre ella en busca de ropa interior. Se colocó torpemente los bóxer por debajo de la toalla, Sam rodó los ojos soltando un bufido y misteriosamente se desvaneció frente a sus ojos.

Freddie suspiró, una sola palabra definía su situación, increíble. Sam había desaparecido frente a sus ojos, seguía confuso, debía llegar al fondo de todo eso, a como diera lugar y lo más pronto posible. Miró el reloj en su muñeca, tenía menos de veinte minutos para llegar a la sede de Pear Inc de la que a partir de ese día asumiría la presidencia; solo manejar a la velocidad de la luz— o un milagro— le evitarían llegar tarde.

Se colocó calcetines grises y tomó un par de zapatos negros de cuero pulido en sus manos. Se dirigió de nuevo a la sala en busca de la ropa que se había encargado de traer Alexis. Se alistó rápidamente. En unos cinco minutos estaba de punta en blanco. Los trajes que habían sido confeccionados en el taller de Liam Sweet eran exageradamente impecables. Eligió uno de color negro. Para su fortuna, Alexis se había asegurado de colocar en cada bulto una camisa perfectamente planchada y una corbata que hacía juego con cada traje.

Gran maniática y perfeccionista Alexis Tylor.— Murmuró sonriendo profundamente agradecido, le había salvado el pellejo. 8:30 miró en su reloj de pulsera. Salió atropelladamente de su apartamento. Recorrió el estacionamiento del edificio en busca de su 'automóvil'. Activó la alarma a través del control remoto hasta finalmente encontrar una camioneta plateada muy ostentosa que chillaba ensordecedoramente. Se acercó. Desactivó la alarma y la abrió. Introdujo la llave y la encendió, frustrado recargó la cabeza contra el respaldo del asiento del conductor, ¿cómo se suponía que llegaría al centro de Los Ángeles manejando, si no conocía la ciudad? Resopló, y se decició por tomar un autobús y luego el metro.

Llegó una hora tarde, el saco de su traje se había arrugado, lucía algo desaliñado; Freddie distaba mucho de parecerse al presidente de una empresa. Abrió bruscamente la puerta de la sala de juntas. En la mesa rectangular al menos unos diez ejecutivos canosos y regordetes —exceptuando a una bonita mujer de algunos treinta años— lo miraban horrorizados algunos y burlonamente otros. Alexis reía nerviosamente, parada justo al lado de la silla que le correspondía a su jefe, hizo un ademán alentandolo a pasar, Freddie accedió vacilantemente. Al tiempo que se desplazaba hasta su silla aquellos ejecutivos se levantaron, más que por respeto, por obligación. El castaño frunció el ceño. Carraspeó adoptando una actitud de autosuficiencia y tomó asiento.

Me presento. Soy Fredward Benson, pero eso ya lo saben ¿no?— Intentó sonar gracioso. Todos lo miraban expectantes sin entender la extraña presentación de Freddie. Alexis reía, era su único apoyo. —Bien, fui asignado por Stacy Jones para asumir la presidencia de la sede de Pear Inc en Los Ángeles, tengo veinticuatro años y... — Se vió interrumpido por la risa estridente y burlona de un señor parcialmente calvo y barrigón que creyó que el castaño bromeaba. Freddie suspiró, esperó pacientemente a que el viejo imprudente callara para retomar su discurso. Luego de quince minutos entre presentaciones, estrechamiento de manos sudorosas, números y exhorbitantes cifras, su peculiar asistente lo guió a un tour de al menos hora y media por la planta hasta finalmente llevarlo a su enorme y lujosa oficina con una vista panorámica de trescientos sesenta grados. Ella le ayudó a familiarizarse y a él no le costó mucho tiempo adaptarse. Alexis se retiró y Freddie quedó con una pila de archivos y documentos por revisar sobre su escritorio, pero su mente no daba para mucho más que para pensar en Sam, se sorprendió a sí mismo sonriendo tontamente. Miraba con impaciencia la hora, contaba los minutos para salir de allí y verla de nuevo; ahora sí que se había vuelto loco, completa, total y rotundamente loco. El momento de irse llegó, Alexis golpeaba su frente insistentemente, luego del relato de Freddie sobre su accidentado viaje hasta allí.

¡Debí haberme quedado con usted!— Decía la rubia una y otra vez en un tono en el que parecía que la voz se le iría. El castaño rió. Una vez más viajó en metro y luego en autobús, pero al menos contaba con la compañía de su 'asistente' y sus malos chistes.

Alexis vivía a tres cuadras del edificio de Freddie con su hermana y su sobrina. Se quedó allí luego de la insistencia del castaño, quien se negaba a dejar a la persistente rubia, acompañarle calle arriba a las nueve de la noche de aquél pesado día. Curiosamente a mitad del camino comenzó a llover tan fuertemente como aquél día en el que se enteró de que Sam había fallecido. Pero las cosas eran ahora muy distintas, una sensación extraña le invadió y ahora sonreía, porque ella estaría allí. Irracionalmente ella estaría allí y podría verla de nuevo justo esa misma noche. Ensimismado poco le importó que se había empapado por completo. El agua se escurría por su ya no tan impecable ropa. Deseaba un baño de agua tibia y ver a Sam. Tomar una taza de té caliente y ver a Sam. Ver algo de televisión antes de dormir y, para variar, ver a Sam.

Abrió la puerta encontrándose con un desorden tan grande que parecía que un huracán se había desatado dentro del apartamento. Los sillones y sillas estaban volteados, todas las puertas de la alacena se encontraban abiertas, los paquetes de víveres estaban tirados en el suelo, no había ni un ápice del lugar que no fuera un caos. Un mensaje enorme en el suelo escrito con salsa ketchup con las palabras 'vete o muere' hicieron al castaño estremecerse de miedo.

¡Saaaaaam!— Gritó Freddie llevando sus manos a la cabeza, hasta deslizarlas por su cara estirando la piel hacia abajo.

¿Me llamabas?— Preguntó Sam quien segundos atrás apareció justo frente a Freddie, tanto que sus narices casi rozaban. Su rostro se iluminó con una gran sonrisa, lucía muy feliz y, como era de esperarse una fechoría estaba detrás de eso.

¿Qué es todo esto?— Dijo el castaño entre dientes mientras una vena palpitaba en su sien derecha. Estaba tan rojo que parecía que su cabeza estallaría en cualquier momento. A duras penas toleraba un poco de desorden, pero ese apartamento era un insulto al orden y la limpieza, peor aún de como lo había dejado aquella mañana.

Una pequeña sorpresa, ¿te gusta?— Respondió girándose y estirando su pie derecho empujando una silla y haciéndola caer. —Se volteó quedando frente a Freddie de nuevo. La nariz del castaño aleteaba. Aspiró una gran bocanada de aire, soltó un largo suspiro. Intentaba contenerse y no comenzar a gritar como un loco desquiciado que le reclamaba a la nada. Cayó en cuenta de que esa situación era antinatural en todo sentido, Sam era incontenible y fácilmente se enfurecía y, aunque le dolía, ella debía marcharse, debía estar al tanto de lo que le pasaba y más aún debía irse al lugar al que pertenecía.

Sam, escucha esto no puede continuar, esto no está bien.—Masculló. La rubia se rió de él y comenzó a alejarse por el corredor que conducía a la terraza. —¡Escucha! !Escúchame, maldición!— Gritó Freddie yendo tras de ella sorteando lo que parecía una pista de obstáculos. Y no, no estaba bien, nada estaba bien, se sentía eufórico por volverla a ver, una mezcla entre una enorme felicidad y una honda tristeza lo invadía. Era antinatural y de cierto modo cruel lo que le sucedía a Sam. Parecía no guardar algún recuerdo de su trágica muerte, parecía no tener conciencia de que estaba atrapada en un lugar al que ya no pertenecía. Y no, no se trataba tan solo del apartamento, sino el mismo plano dimensional.

Luego de algunos tropiezos que dejaron su pantalón lleno de harina de trigo, Freddie finalmente acudió al encuentro de Sam, quien estaba con los codos apoyados en la barandilla de la terraza, absorta viendo el cielo estrellado. El corazón del castaño se estrujó ante la imagen, quería ayudarla y, a la vez deseaba poderosamente que no se fuera nunca más, así eso implicara un enorme gasto mensual en vajillas y víveres víctimas de su furia. Nunca se había sentido tan contrariado como en ese momento de su vida. Se acercó cautelosamente, la rubia giró la cabeza y rodó los ojos, resopló fastidiada, como si la presencia de Freddie de verdad le molestara.

Sam...— Aclaró la garganta el castaño. —Estás muerta.— Dijo temeroso de volverla a hacer enfurecer, pero ella debía saberlo, debía aceptarlo, y solo así podía ayudarla; aunque no tenía ni la remota idea de cómo iba a hacerlo. Sam frunció el ceño y jadeó negando con la cabeza, notablemente no le creía. —Y deberías ir al lugar donde los muertos van...—Le señaló Freddie como si estuviera hablándole a un pequeño de cinco años. Sam rió lacónicamente. —Ya sabes, el lugar, ese lugar.— Prosiguió Freddie no muy seguro de lo que hablaba. ¿El cielo? ¿El infierno? ¿La quinta dimensión? ¿A dónde se suponía que debía irse? Si ella no lo sabía, mucho menos él.

¿De qué hablas Fredtonto?— Preguntó Sam con el ceño fruncido y los labios tensos, estaba comenzando a impacientarse. Freddie no respondió por al menos unos cinco minutos, para ser honestos ni él sabía de que hablaba. La rubia apretó los puños y comenzó a caminar de un lado a otro de manera amenazante, al no recibir respuesta por largo rato arrojó una maceta de arcilla roja que rozó peligrosamente la cara del castaño.

Oye, ¿por qué tan agresiva? Te comportas como si tuvieras trece años, pero mírate, luces de veinte años, o veintidós, que se supone es la edad en la que moriste.— Le dijo como si era algo obvio, algo obvio que Sam asumía, tenía veintidós años, al menos para ella era así ¿qué habría de raro en las palabras de él? La insistencia de que estaba muerta, esa absurda insistencia y la inexplicable rabia que sentía contra él, apenas lograba controlarla, lo detestaba y no podía recordar por qué. —¡El hecho es que me tratas igual de mal que cuando ibamos a la escuela, se suponía que era una maldita etapa superada!— Espetó el castaño de forma acusadora. Sam se descolocó, arrugó la frente.

Yo... No lo sé...— Musitó algo aturdida. —No lo recuerdo, solo siento que te lo mereces.— Prosiguió mostrándose muy molesta de nuevo.

¿Se lo merecía? ¿Realmente merecía la actitud enloquecida de Sam o lo que sea que fuera lo que estaba frente a sus ojos? ¿Qué le había hecho? Se preguntó dentro de sí el castaño. Soltó un suspiro, se sentía frustrado, confuso, molesto. No sabía como hacerle entender a Sam que había fallecido, que debía seguir la maldita luz de la que se hablaba en las leyendas urbanas. ¿Qué la ataba al plano terrenal? ¿Cómo podría ayudarla? Ofendía a Newton y a Einstein al solo considerar las absurdas posibilidades, pero era un hecho, no lo imaginaba, Sam estaba allí, era real; La misma Alexis era testigo de eso, no podía verla, pero pudo ver todo lo que Sam había causado. Resopló, su cabeza dolía, se dirigió a su dormitorio abandonando la inútil idea de hacerla entrar en razón. Se quitó los zapatos y el saco, desabotonó su camisa y su pantalón despojandose de ellos y se lanzó sobre la cama viendo el techo.

'El noticiero matutino de Los Ángeles transmitirá mañana su toma de posesión oficial en vivo, vendré por usted mañana, de verdad perdone lo de hoy, yo le enseñaré todas las rutas posi...' Recordó las palabras de Alexis antes de despedirse de ella. Eso era, debía demostrárselo con hechos, noticias. Alcanzó su laptop desde la mesita de noche, la colocó sobre sus piernas. Se levantó un poco y sacó una caja de cigarros de su bolsillo izquierdo, la ansiedad y el miedo a lo desconocido comenzaban a hacer estragos en él. Encendió un cigarrillo y le dió una fumada, aspiró hondamente el humo y comenzó su tarea. Colocó el nombre de Sam en la barra del buscador dió a la tecla 'enter'.

Fumar da cáncer.— Masculló Sam con el ceño fruncido apareciendo frente a él. Freddie se sobresaltó, su laptop resbaló, pero por fortuna la atajó en el aire.

¿Podrías dejar de hacer eso?, por poco me matas del susto.— Le exigió el castaño reacomodándose en la cama.

Tus dientes acabaran amarillos, y tus dedos también y tus pulmones van a estar tan negros como mi encantador humor.— Prosiguió la rubia ignorando lo que en un primer momento Freddie le había dicho.

Yo, lo hago desde que...—Vaciló el castaño al responderle, suspiró. —Sam desde que te fuiste.— Completó en un suspiro. El semblante de Sam denotaba confusión. —Sé que está mal, pero me tranquiliza cuando estoy ansioso o preocupado, o estresado...

¡Por Dios Freddie no me he ido a ningún lado!— Bramó Sam colocando sus manos a ambos lados de su cintura.

Solo no lo recuerdas, ¿cierto?— Inquirió el castaño. Luego soltó un bufido, sería más difícil de lo que un principio había creído.

¿Qué no recuerdo?

Sam, tú moriste hace dos años, ibas manejando por no sé donde y un autómovil te arrolló.— Vaciló ante lo costoso que le resultaba decir aquellas palabras. —No sobreviviste.— Suspiró. Sam rió burlonamente.

Aparte de cigarrillos, ¿qué fumas? ¿Marihuana? ¡Es lo más rídiculo que has podido decirme!—Espetó la rubia mandándole una mirada furiosa. El castaño suspiró frustrado y bajó la mirada a la pantalla de su laptop.

Sam, mira esto.— Le dijo suavemente palmeando un lugar a su lado indicándole que tomara asiento. Ella recelosa accedió, frunció el ceño dirigiendo la mirada a la pantalla, en la que podía leerse:

Muerte En La Autopista

Una motociclista que en vida respondía al nombre de Samantha Puckett, falleció la madrugada de ayer miércoles 26 de Marzo en la Autopista Interestatal cuatrocientos cinco a la altura del kilómetro once, en un aparatoso accidente. Las causas del siniestro aún no están claras, se presume exceso de velocidad por parte de la mujer que resultó muerta, el chofer del vehículo contra el cual colisionó se encuentra ileso...

Los ojos de Sam se entornaron en los de Freddie, lucía ahora seriamente aturdida. —!Mira esto también Sam!— le señaló el castaño deslizando su dedo sobre la pantalla táctil de la computadora portátil.

Exceso De Velocidad

El aparatoso accidente que dejó un saldo de una persona muerta el pasado miércoles 26 en la I-405, fue causado por un exceso de velocidad por parte de la fallecida quien en vida respondía al nombre de Samantha Puckett de veintdós años de edad, quien el próximo mes de abril arribaría a su cumpleaños número veintitrés, según las experticias dadas a conocer por...

Sam llevó una mano a su boca ahogando un grito. Freddie se sentía miserable, pero debía seguir, clickeo otro titular.

Se Apaga El Brillo De Una Estrella Adolescente

Samantha puckett perdió la vida la madrugada de ayer en un aparatoso accidente. Muchos la conocían simplemente como 'Sam'. Saltó a la fama cuando comenzó a conducir un webshow de nombre iCarly (por el nombre de la co-conductora, quien era su mejor amiga y la letra 'i' en referencia a la Internet)...

Una vez más el castaño clickeo otro enunciado.

La hoy famosa reportera de CNN, Carlotta Shay, habla del sensible fallecimiento de su mejor amiga, un año después.

'Era mi carnívora mejor amiga, la extraño, desearía regresar el tiempo, y solo tenerla a mi lado abusando de mi comida en casa cuando eramos unas niñas' Expresó la morena de veintitrés años; sus ojos se humedecieron amenazando con llorar incluso antes de comenzar la entrevista...

Freddie suspiró, Sam parecía sumergida en su mente, en su rostro solo se dibujaba una débil y rara media sonrisa. El castaño abrió otro link, la rubia seguía sin inmutarse.

¿Quién era Sam Puckett?

Samantha Puckett Abril 1994-Marzo 2016. Fue una conocida animadora de un webshow con gran fama mundial llamado iCarly. Nació y se crió en Seattle, Washington; Murió a la edad de veintidós años en un accidente de tránsito. Tiene una hermana gemela. A la edad de trece años incursiona en el mundo de la animación junto a su mejor amiga Carlotta Shay, la hoy cotizada y polémica periodista...

Es broma, ¿verdad?— Preguntó la rubia arrugando la frente, saliendo así finalmente de su ensimismamiento.

No sabes cuantas veces deseé que fuera una maldita broma Sam, pero es la verdad, la cruda verdad.— Expresó Freddie en tono lastimoso reacomodándose y recargando la cabeza contra el respaldo de la cama a la vez que llevaba de nuevo el cigarrillo a su boca aspirando hondamente el tóxico humo.


La verdad... Algo tan precioso, como cruel.

¿Sigo? ¿Paro? Házmelo saber con un lindo review *-*

PD: Perdón si el capítulo no es tan bueno, pero era necesario todo lo que pasa aquí. Pronto se vienen situaciones más emocionantes, o al menos espero les resulte así. :3


Respondiendo Reviews:

Guest: ¡Hola quien quiera que seas! Espero estés muy bien :P ¡Gracias miles por leer mi historia! :D

Paper Moon -YiiYii: ¡Me emociona que te emocione! ¡Gracias miles por leer y por tu bonito review! ¡Espero verte por aquí de nuevo! :3

Soganuke: ¡Hola! ¡Me encanta leerte de nuevo por mi historia y me encantaría aún más seguirte viendo por estos lares!

-Probablemente Sam y Freddie se enamoren de nuevo, un amor más maduro y sobrenatural ¿tal vez? Solo yo lo sé, muajajaja.

-¡Acertaste! Sam no comprendía que estaba muerta, quedó —no literalmente— atrapada en el día en el que murió.

-¡Acertaste de nuevo Freddie le hizo entender que murió, veremos la reacción de Sam en el próximo capítulo!

Gracias, me encanta que te parezca increíble mi Fic. ¡Gracias también por las galletas! Hmmmmm.

Ruki-0408: ¡Me encanta que te encante! De nada, gracias miles a ti por leer. n.n Espero verte pronto por aquí también :3.

eva-seddieporsimpre: ¡Hola Eva! Me encanta leerte en mis historias, gracias por seguirlas! :D ¡Me divierte que te parezca divertida! Ciertamente pobre Alexis jajaja, espero verte pronto de nuevo por aquí. ¡Saludos! :D