7. Fantasma (1.127 palabras)


Saga estaba de rodillas ante la caja pandora de la armadura de Géminis, meditando, o al menos intentando meditar.

La visita de Atenea unos días antes lo había sorprendido mucho. Las gentiles palabras de la diosa fueron las de alguien que sentía un auténtico dolor, y era una sensación agridulce el darse cuenta de que al menos ella también lamentaba la muerte de Kanon.

Una de las cosas que más contribuyeron a derribarlo al saber de la muerte de su hermano era el convencimiento de que los demás no comprenderían ni apreciarían lo que se había perdido para siempre. Pero Atenea tuvo la oportunidad de tratarlo durante algunos días, el tiempo que transcurrió entre la batalla contra los Shoguns de Poseidón y el que se iniciara la guerra contra Hades, en ese corto lapso ella había llegado a conocerlo lo suficiente como para sentir su pérdida…

Eso, más que todas sus palabras amables, era un extraño consuelo.

Una de las principales diferencias entre los gemelos era que Saga era admirado y respetado a donde quiera que fuese, pero siempre desde alguna distancia. Kanon en cambio, se hacía querer de inmediato.

Y ahora Saga estaba ahí, luchando con todas sus fuerzas para reunir los pedazos rotos de su corazón (no habría forma de dejarlo como al principio, siempre faltaría una pieza… pero de momento bastaría con que pudiera funcionar) para intentar corresponder a la bondad de la diosa volviendo a tomar su lugar en la Orden…

…Cualquier lugar que fuera el que le correspondía ahora.

Esas eran sus intenciones, pero no podía concentrarse, simplemente no podía vaciar su mente de pensamientos y… ¿las sombras a su alrededor estaban moviéndose?

Se puso en pie de un salto y adoptó una posición defensiva, aunque no percibía hostilidad a su alrededor. Entonces vio algo que empezaba a surgir del suelo lentamente. La silueta de un hombre adulto, una sombra… estaba frente a un fantasma.

-¿Qué buscas aquí? ¿Eres un alma perdida que necesita alguien que cumpla los ritos sagrados para poder alcanzar la última morada? –el corazón le dio un vuelco mientras decía las palabras que dictaba la tradición. ¿Sería aquella el alma de Kanon? La silueta frente a él no tenía rasgos discernibles, pero su estatura y complexión eran similares…

-Mi Señor Hades te envía un mensaje, Saga de Géminis. Has de saber que el hermano por el que guardas luto no ha muerto.

-¿Kanon… está vivo? ¡¿Dónde está?!

-Se encuentra a salvo, pero permanecerá prisionero los próximos cincuenta años, dentro de la misma vasija en la que la diosa de los ojos garzos encerró a Poseidón por decreto de Zeus.

-¡Eso no es estar a salvo! –exclamó Saga-. ¡Entre todos los dioses, Poseidón es el que tiene más razones para odiar a mi hermano! –decidido, empezó a caminar hacia la puerta-. ¡Atenea debe saber esto de inmediato, si hay alguna manera de rescatar a Kanon…!

-No será ella quien te ayude -la voz del fantasma hizo que Saga se detuviera en seco.

-¿Por qué dices eso?

-Una orden directa de Zeus es la razón para que la segunda estrella de Géminis fuera enviada a la vasija, con el amo al que traicionó. Pero incluso desde antes que tú y tu hermano nacieran, estaba escrito que esto debía suceder.

-No entiendo.

-Un "intercambio justo", así lo llamaron entonces. En una guerra sagrada de otro tiempo, Poseidón perdió un Shogun que decidió romper sus juramentos y pidió la protección de Atenea. Zeus decretó entonces que si tu Señora deseaba acoger en la Orden a ese traidor, era su deber compensar a Poseidón con uno de sus Caballeros y ella, en presencia de la asamblea de los Olímpicos, juró que el soberano de los mares podía reclamar como suyo a cualquiera de sus servidores, exceptuando al asesino de dioses. Poseidón eligió a tu hermano y por eso Atenea no puede ayudarte a recuperarlo sin romper los juramentos más sagrados entre los inmortales. Eso traería la maldición de Zeus sobre su cabeza.

El fantasma dijo otras cosas, pero Saga solo escuchó a medias.

Trece días y trece noches, el mismo tiempo que había pasado Kanon en el Cabo Sunión. Trece días y trece noches sin alivio alguno y en las que el descanso era algo que debía agradecer por completo a Afrodita, Angello y Shura, los únicos que se atrevían a acercarse a él en sus horas más oscuras.

Durante todo ese tiempo, Atenea sabía.

Y aun así lo visitó para darle el pésame.

-¿Por qué? –exclamó de pronto.

El fantasma se detuvo a mitad de una frase y ladeó un poco la cabeza.

-¿Por qué, qué? –replicó.

-¿Por qué Atenea no me lo dijo? ¿Por qué dejó que cayera hasta el fondo de mi desesperación pudiendo decirme que Kanon sigue con vida?

-Lejos de mí el pretender saber lo que pasa por la cabeza de la diosa… pero quizá pensó que sufrirías menos si no te decía toda la verdad.

-¡Eso es absurdo!

-¿Prefieres suponer que fue por maldad?

-…No.

-Quizá deberías preguntárselo directamente a ella.

Saga apretó los labios.

-No. Si alguna vez la verdad llega a salir a la luz, entonces le preguntaré por qué me lo ocultó.

El fantasma asintió.

-Yo podría plantearte una pregunta ahora, Saga.

-Dime.

-¿Por qué crees más en lo que acaba de decirte un espectro enviado por Hades que en las palabras de la diosa a la que juraste lealtad?

Saga tardó en responder.

-Es una buena pregunta –dijo, finalmente-. Supongo que deseo creer que mi hermano vive. Dime, fantasma, ¿tú lo viste? ¿Puedes probarlo?

-Ni lo uno ni lo otro. Pero ahora que has planteado la pregunta, puedo pedirle permiso a Hades para traerte una prueba.

-Hazlo, por favor.

El fantasma se despidió con una inclinación de cabeza y desapareció. En el lugar donde estuvo la sombra, Saga descubrió con sorpresa una cajita de madera. Dentro había una joya.

¿Un regalo?

Se trataba de un brazalete de oro adornado con un zafiro estrella. Era una piedra bonita… pero era verde.

Entre los zafiros estrella, el verde (aunque no es un color demasiado frecuente) no es el tono más apreciado (se prefiere el azul intenso). Intrigado, Saga repasó mentalmente lo que sabía sobre zafiros. Se trata de la segunda piedra más dura, superada solo por el diamante. Simboliza el triunfo en la búsqueda de la sabiduría. También la alegría y la buena suerte. Es la piedra de Tauro… el toro es uno de los animales emblemáticos de Poseidón… la piedra del brazalete era verde y tenía una estrella… el fantasma había llamado a Kanon "segunda estrella de Géminis"… Kanon y él tenían los ojos verdes…

Con una exclamación horrorizada, Saga soltó la joya.

¡¿Se estaba volviendo loco… o eso era un regalo de cortejo?!