Hellouu chicos/as, sé que me deben odiar porque he tardado en actualizar últimamente, y eso es porque comencé a trabajar de nuevo y la verdad se me hace un poco difícil ahora, soy enfermera y de quirófano, quedo muy agotada ¡lo siento! Trataré de actualizar con más frecuencia, esta y mi otra historia en curso que ya esta por finalizar: Sol y Luna. :)
iCarly NO es mío. Cualquier elemento reconocible de la serie tampoco me pertenece, son producto de la imaginación de Dan Schneider y su equipo.
PD: Recuerden, no me odien. Amen al prójimo como a ustedes mismos. :)
Alexis, una caja de sorpresas.
Los ánimos estaban caldeados y el aire de la habitación se percibía denso, pesado como plomo. El silencio reinaba. Sam parecía sumergida en sus pensamientos de nuevo, a veces se sonreía y a veces fruncía el ceño e incluso Freddie podía jurar que en algún momento, sus ojos se habían puesto vidriosos, amenazando—por más irracional que parecía— con llorar. La ansiedad y la impaciencia lo carcomían. Bufó tan fuertemente que Sam reaccionó.
—¿Estoy muerta? — Le preguntó. No era lo que Freddie precisamente esperaba oír, pero asintió en señal de afirmación. —Genial— prosiguió la rubia. Miró las palmas de sus manos y luego sus dorsos. Se tocó la nariz. Se haló el cabello con fuerza. Sacó la lengua y deslizó una de sus manos por ella. Parecía que se inspeccionaba a sí misma, que se redescubría a sí misma.
Freddie la observaba incrédulo y descolocado.
—¿Qué? No, no hablas en serio— Rebatió el castaño cuyos ojos se abrieron tanto que parecía que estaban a punto de salirse de sus cuencas.
—Claro que sí, puedo hacer lo que me venga en gana y no iré a la cárcel por eso. ¿Por qué no tendría que ser genial? ¡Es más que eso!
Sam sonrió abiertamente soltando un largo suspiro luego.
—¿Cómo te sien-tes?—Le preguntó Freddie. Su voz temblaba. No estaba muy seguro de si ella realmente podía sentir cosa alguna. Apagó el cigarrillo casi consumido por completo chocándolo contra el cenicero de su mesita de noche.
—Bien— respondió con simpleza colocando su cabello detrás de sus orejas y sin mirarle a los ojos fijando la vista en el piso de madera oscura. —¿Confundida tal vez?— Continuó. Se giró para encontrar la cara de Freddie con una sonrisa forzada.
—Extraño, ¿no?— Le dijo el castaño escrutando sus orbes verdeazulados, por más tiempo que pasara viendo la misma imagen de una Sam resucitada, o medio resucitada, no lograba creerlo del todo.
La rubia tensó los labios, Luego levantó las cejas.
—Si, algo. Dígamos que nada de lo que me ha pasado ha sido normal nunca. ¿Y Carly? ¿'Polémica' la niña Shay? ¿Es en serio?
Freddie se sorprendió un poco ante el cuestionamiento de Sam, pero era natural que le preguntara por ella, su mejor amiga.
—No es precisamente una niña—contestó. Hizo una pausa y luego carraspeó, tratando de encontrar una manera de describir la situación de Carly sin sonar como si estuviera hablando mal de ella. —Verás es polémica por...
El silencio reinó de nuevo, definitivamente nada de lo que dijera sonaría bien del todo.
—¿Por?— Preguntó Sam arrugando el entrecejo.
—Llevar una vida amorosa muy inestable— suspiró. —Ya sabes, es una figura del medio y ha salido con estrellas de cine y del deporte y...
Una mueca divertida se formó en el rostro de ella. Apenas lograba contener la risa al ver la actitud tan tonta que había adoptado Freddie.
—¿Y? ¿Qué hay de raro en eso?— Preguntó encogiendo los hombros. El castaño se descolocó. Sam soltó una sonora carcajada.
—¿De verdad no recuerdas nada Sam?— Gritó Freddie tratando de elevar su voz por encima de su estridente risa. —¿Qué edad tienes?— continuó entre gritos tratando de apagar el ruido.
—Veintidós, casi veintitrés— respondió la rubia cuya risa comenzaba a apagarse.
Sam, debía tener veinticuatro años, casi veinticinco. No los veintidós, casi veintitres que afirmaba tener.
—¿Qué año es?— replicó el castaño. Sam cabeceó suspirando y ahora sonriendo. Recuperándose de su extraño ataque de risa.
—2016— respondió con simpleza.
Y una vez más Freddie comenzaba a labrar su hipótesis: corría el año 2018, Sam no era consciente del tiempo que había pasado. Tal vez no diferenciaba los días, para ella probablemente, todos los días, eran el mismo día.
—¿En qué mes estamos?— Inquirió el castaño.
—¿Marzo?— respondió la rubia comenzando a mostrarse impaciente por las preguntas de Freddie.
—¿Tu color favorito?
La rubia arqueó las cejas y sacó la lengua apoyándola en el labio superior como si estuviera pensándolo.
—Rosita bebé— dijo entre risas. Al notar que Freddie parecía hacer un cuestionamiento serio, resopló. —Marrón— masculló.
Freddie asintió. Cada respuesta le ayudaba a hacerse algunas ideas de lo que podría estar pasando.
—¿Qué te regalé en tu cumpleaños número 21?— preguntó, retomando así su cuestionario y haciendo impacientar a Sam, quien haló la camiseta que llevaba puesta.
—Esta cosa rídicula y fea— espetó mostrándose bastante molesta.
Freddie se sobresaltó. Su nariz aleteaba y se sentía indignado.
—¡La llevas puesta!— Alegó señalando la camiseta que se había esforzado al menos una semana en hacer, cuando debía arreglárselas con su apretada vida de novio de una exigente mujer, estudiante y empleado de una tienda de electrodomésticos. Si bien no era perfecta, ni prolija, la había hecho con mucho cariño. Sam resopló al ver a Freddie alterado.
—No tenía nada más que ponerme— respondió con simpleza. Freddie sacudió la cabeza y llevó sus manos a la nuca.
—Bien, ¿qué día es hoy?
Una mueca de incredulidad se formó en la cara de Sam.
—¿26 de marzo?— Respondió comenzando a creer que Freddie estaba tomándole el pelo.
El castaño se reacomodó en la cama y tensó los labios. Sam bufó.
—No, el día de la semana.
—¿Miércoles?— Respondió la rubia entre dientes. Adoptando una actitud amenazante, de la que Freddie no parecía percatarse.
—¿Cómo se llama tu madre?
La rubia rodó los ojos.
—¿Pam Puckett?
El castaño se acercó aún más a Sam.
—¿Cuándo fue la última vez que nos vimos antes de hoy?— Inquirió bajando al mínimo el tono de su voz, al punto que lo que decía parecía un susurro.
—¿Hace casi dos años?— replicó Sam entre dientes.
La verdad es que habían pasado casi cuatro años desde la última vez que se habían visto, pero eso ella tampoco parecía haberlo notado. Sam se levantó abruptamente fastidiada y dispuesta a acabar con lo que consideraba preguntas estúpidas y molestas.
Freddie la observó alejándose y a punto de atravesar el umbral de la puerta de la habitación.
—¿Dónde y con quién fue tu primer beso?— Le gritó el castaño descolocándola.
—¡No me hagas vomitar!— Gritó en respuesta.
—¿Puedes hacerlo? ¿Puedes vomitar? ¿Las cosas cómo tú pueden hacerlo?— Rebatió el castaño.
Freddie rió internamente. El semblante de la aturdida Sam, más que intimidante, le resultaba gracioso.
—¿Quieres que lo intente?— masculló la rubia girándose.
—¿Puedes o no?— Insistió Freddie.
Sam arqueó las cejas y chasqueó la lengua, para dar paso a su maliciosa sonrisa, señal de que a él no le iría muy bien.
—¡No!— Le gritó fuertemente a Freddie apareciendo misteriosamente frente a su cara.
El castaño se tambaleó al punto de que casi se cayó de la cama y por poco se orinó del susto que le había provocado Sam. Tragó saliva. La rubia resoplaba sobre su enrojecido rostro.
—¿Qué hiciste ayer por la noche?— Le preguntó tratando de parecer casual.
—Beber como una endemoniada loca— susurró, por lo que el castaño no pudo entenderla.
Freddie frunció el entrecejo, probablemente Sam hablaba del día anterior a su muerte.
—¿Qué?— Inquirió tratando de no mostrarse ansioso, ni perturbado.
—Beber alcohol hasta olvidar mi nombre— respondió Sam sentándose de nuevo frente a él y mandándole miradas furiosas. De repente, no sabía qué lo provocaba, pero ella por momentos, justo como ese, realmente lo detestaba, lo odiaba terriblemente.
Freddie suspiró. Posiblemente ese exceso de alcohol la habría lanzado a las garras de la muerte. Su corazón dolía de nuevo, no quería demostrárselo, pero verla en esa situación tan lamentable le afectaba en gran medida.
—¿Cómo llegaste a casa?— Le preguntó adoptando ahora una actitud natural, como si tomara un café con una vieja amiga que luego de haber emprendido un largo viaje estaba de vuelta, trataba de verlo así, lo menos irracional posible.
Sam frunció el ceño y comenzó a jugar con sus dedos para dar paso a un simple: "No lo sé."
El castaño no sabía como sentirse, para variar. La hipótesis disparatada que más cobraba fuerza para él, era que Sam efectivamente había bebido hasta olvidar su propio nombre, por lo que no fue consciente de nada a su alrededor, ni de que había excedido el límite de velocidad, ni se percató del auto que estaba peligrosamente cerca de ella. Terminó arrollada y sufrió una terrible y dolorosa muerte. Su espíritu errante al abandonar su cuerpo no se percató de lo que había sucedido. Recogió sus pasos y llegó a su lugar más preciado. Ya no poseía la percepción del tiempo eternamente cambiante. No podía diferenciar el día de la noche, ni los meses de los años. Todo recuerdo del trágico accidente parecía haber sido borrado de su memoria. Pero Sam lo recordaba, lo recordaba a él y a Carly, y al parecer todo lo que había acontecido antes de su muerte, aún así asegurarse nunca estaba de más. Aspiró una gran bocanada de aire mirando nostálgicamente a Sam.
—¿Dónde nos dimos nuestro último be...
—Termina de decirlo y te juro que te...— Le interrumpió la rubia mostrándose incómoda ante la pregunta, sin duda lo recordaba. El ascensor del Buswhell Plaza, la noche en la que terminaron su romance adolescente.
Freddie lo percibió, su molestia era signo claro de que lo recordaba. De que por mas disparatado que sonara ella sin duda era Sam, Sam Puckett. Lo que estaba frente a él, era el espíritu de su amiga, atrapado en las cuatro paredes en las que él vivía.
—Bien, ya no diré nada más— le dijo tragando grueso, conmovido ante su descubrimiento. —Eres tú... Sam— murmuró para sí. No dejaba de sentirse contrariado, aún en vida ella era peligrosamente despreocupada, pero después de muerta esa cualidad, si así se le podía llamar, se había exacerbado, al punto de que ese suceso sumamente irracional y fuera de lo común no lo había notado como tal. —Hace dos años desde que sucedieron todas esas cosas, ¿cómo es que no lo habías notado?— Le preguntó curioso.
Sam lo miró queda y perpleja.
—No lo sé, solo no lo recuerdo— respondió.
—Aparte de mí, ¿con quién más recuerdas haber hablado últimamente ?— Se apresuró a decir Freddie considerando que ella había bajado un tanto la guardia.
La rubia frunció el entrecejo y frotó su mentón. Parecía tratar de recordar.
—Con Melanie, pero no recuerdo qué— dijo con simpleza.
—¿Y siempre estuviste aquí?— Inquirió el castaño algo aturdido. Si tan solo hubiera venido antes, pensó. Pero todo había sido fruto de la casualidad. No sabía mucho de Sam, por no decir nada. Habían prácticamente perdido el contacto. Se había alejado mucho de ella, al punto de que la última vez que habían hablado ocurrió cuatro meses antes de su muerte, fue algo tan rápido que duró algo menos que un minuto y se vió forzado a colgarle porque su ex-esposa se lo exigió. Todavía recordaba la alegría en la voz de Sam anunciándole que debía decirle algo muy importante, que desafortunadamente no le dejó decir.
Sam lo miró con una mueca de incomprensión en la cara. —Quiero decir, aquí todo este tiempo— se corrigió.
La rubia lo miró con recelo.
—Si, ¿dónde más habría de estar?
—No lo sé. ¿Y puedes salir? ¿Ya sabes ir a dónde quieras?
—Con solo desearlo—respondió la rubia con aire de autosuficiencia. Los ojos de Freddie se abrieron como platos. La miraba incrédulo, totalmente incrédulo, por el hecho de que ni siquiera así Sam hubiera notado que algo mal andaba con ella.
—¿Y no notaste nada de raro en eso? ¿En serio Sam? ¡Eres increíblemente despreocupada y descuidada!
Sam entrecerroó los ojos y le mandó una mirada furiosa y amenzazante.
—¡No, la única cosa rara, extraña y además deforme, eres tú en mi maldito apartamento sentado en mi maldita cama!— Espetó furiosa. El eco de su voz resonaba tan potentemente en las paredes, que la piel de Freddie se erizó. Sam resopló y una media sonrisa se dibujó en su rostro. Apartó la camisa desabotonada del castaño dejando al descubierto su abdomen y lo miró con el particular brillo de malicia centelleando en sus ojos. Deslizó las yemas de sus dedos haciendo círculos sobre el estómago de Freddie, quien sintió como si un cubo de hielo resbalara por su piel.
—¡Sam deja de hacer eso!— Le exigió, pero Sam no le prestó atención. Freddie se sentía incómodo ante la extraña sensación. Sin saber muy bien que hacer, ni que decir, ni como detener a Sam, se echó hacia atrás intentando apartarse, pero la rubia introdujo sus brazos dentro de las entrañas del castaño, removiéndolas y provocando un tremendo escalofrío en él, quien comenzaba a sentirse mareado. La surrealista sensación de las manos de Sam jugando con sus tripas, era además de perturbador, desesperante.
Sam alzó la vista y se deleitó con la palidecida cara de un Freddie horrorizado por completo.
—No, es divertido— replicó ella entre risas. La voz del castaño comenzaba a apagarse. Gotas de sudor frío resbalaban por su frente. Sam seguía absorta en su repugnante actividad.
—Sam, esto que estás haciendo es en extremo asqueroso, y no me siento bien, nada bien— dijo el castaño recargando la cabeza contra el respaldo de la cama.
La rubia comenzó a notar como Freddie cerraba los ojos y se tambaleaba débilmente así que ciertamente contra su voluntad se detuvo.
—¡Llorón!— Le gritó sacando abrubtamente los brazos de dentro del cuerpo de Freddie. Un súbito escalofrío recorrió de nuevo al castaño, quien suspiró aliviado. Aspiró una gran bocanada de aire, y cerró los ojos con fuerza deseando que su cabeza dejara de dar vueltas.
Sam bufó impaciente y se reincorporó mirándole de reojo, disponiéndose a marcharse. Freddie levantó la mirada y se percató a tiempo, antes de que ella se fuera.
—Mi asistente, la chica rubia y torpe a la que hiciste caer esta mañana estuvo aquí antes, ¿por qué no le hiciste nada?— Inquirió suspicazmente. Alexis había estado allí mucho tiempo, habría sido ella quien había acondicionado el apartamento para que él viviera allí cómodamente y había sido ella también la que había conseguido el arrendamiento del mismo. Haciendo un recuento, solo se limitó a firmar el contrato, ni siquiera estaba seguro, de si en algún momento había leído en elguna parte el nombre, de a quien le pagaba por el. Le resultaba sin duda curioso, que Alexis, no hubiera sido espantada, ni hubiera resultado afectada por aquél enfurecido espectro.
Sam se giró y tensó los labios fulminándole con la mirada.
—¡Cuida tus palabras Fredward Benson!— Le exigió. —La torpe chica es mi hermana. Siempre le dije en broma que cuando yo muriera, ella heredaría este lugar. Es algo más agradable que Melanie, pero no dejaba de ser molesta día y noche, noche y día. Es realmente quisquillosa, pero al menos era un poco más útil, me ayudaba con las compras, y con la limpieza, por eso no...— Calló sintiéndose abrumada por la realidad, estaba muerta, y en efecto, no había sido solo una broma, Alexis y Melanie serían sus únicas herederas. —...me pareció extraño— continuó entre dientes.
Freddie se sobresaltó y se reincorporó bruscamente, por lo que por poco cae al suelo desplomado. Se tambaleó y se colocó frente a Sam quien lo miraba expectante.
—Alexis no es tu hermana, ¡tú solo tienes una hermana!— le dijo acusatoriamente. Se encontraba seriamente aturdido ante el descubrimiento. Alexis era la piedra angular. Había parado allí por la absurda casualidad de que ella, su asistente, contratada por su mismísima y maniática jefa, había resultado ser la hermana de nada más y nada menos que Sam Puckett.
Sam chasqueó la lengua y rió socarronamente luego.
—Si, eso pensaba yo. Pero si tienes dudas, puedes preguntárselo a Pam, la olvidó en el carrito de supermercado cuando tenía un año, quisiera pensar que no fue intencional, pero lo dudo.— le dijo encogiéndo los hombros.
Freddie arrugó el entrecejo. Alexis había resultado ser una caja de sorpresas para él. Arqueó las cejas comprendiendo finalmente la situación, ella, luego de la muerte de Sam, era la titular de ese apartamento.
—Alexis es algo... si, obsesiva, pero me cae muy bien— le dijo a modo de cumplido a una Sam quien lo miró con una mueca de perpelejidad desvaneciéndose al instante, frente a los ojos de Freddie.
Un nuevo día había llegado en Los Ángeles. Freddie se había quedado dormido sobre el sillón de la sala, luego de una pesada noche limpiando el apartamento y organizando sus pertenencias. Dos enormes bolsas de basura, con muchas cosas rotas en el interior—hechas añicos por Sam— reposaban en medio de la cocina. Finalmente el caótico apartamento, ahora se encontraba perfectamente limpio y arreglado, después de mucho esfuerzo y dedicación, para fortuna de él, Sam no regresó en toda la noche.
Un repetitivo e inusualmente insistente toque en la puerta principal, le hizo despertar. Miró el reloj de pulsera, percatándose de que eran las seis de la mañana. Se quejó ante el ruido y se levantó pesadamente con toda la espalda doliéndole. Al abrir la puerta la silueta de una Alexis pulcramente vestida y arreglada apareció, mirando a su desaliñado jefe con incredulidad. Freddie parecía haber tenido una noche de perros, sus ojeras eran tales, que un oso panda se moriría de envidia. El castaño la invitó a pasar con un ademán e inmediatamente se dirigió a tomar un baño.
Alexis tomó asiento sobre el sillón. Y desplegó su maletín para sacar su agenda y terminar de hacer anotaciones.
Freddie tomó una ducha rápida, y se vistió con igual velocidad, muriendo por encontrar pistas y detalles, que finalmente le llevarían a la verdad, y la chica torpe, y hasta cierto punto rara que se encontraba sentada en su sala, contenía muchas respuestas, a sus muchas dudas. Una ola de calor le invadió, sintió como su pulso súbitamente se aceleró. Atravesó el pasillo terminando en el camino de ajustar su corbata. Aspiró una gran bocandada de aire y sin darle muchas vueltas a el asunto, se acercó por detrás de Alexis y le dijo:
—¿Crees en fantasmas?
La rubia se sobresaltó y se giró temblando, considerando que él le estaba jugando una broma. Freddie se sentó a su lado y la miró expectante. Alexis entonces comprendió, que le hablaba en serio.
—No lo sé señor...— sacudió la cabeza—quise decir Freddie— se corrigió recordando la exigencia de su jefe. —Pensará que estoy loca, pero a veces siento que alguien me mira. Usted me entiende alguien invisible.— Continuó bajando el tono de su voz al mínimo, casi susurrando, como si alguien pudiera escucharle.
Freddie sonrió ladeadamente, y vaya que la entendía, la entendía muy bien.
—¿Quién vivía aquí?— Preguntó rápidamente. El semblante de Alexis se nubló con una expresión apesadumbrada. El castaño la comprendió, sabiendo lo que estaba por decir.
—Una de mis hermanas menores— respondió con voz temblorosa mientras una sonrisa triste se dibujaba en sus labios. Freddie colocó una de sus manos sobre el hombro izquierdo de Alexis, intentando reconfortarla.
—¿Qué pasó con ella?— Le preguntó suavemente, tratando de confirmar que en efecto, ella se refería a Sam.
Los ojos de la rubia se humedecieron y su manos comenzaron a temblar.
—Preferiría no hablar de eso— dijo con voz quebrada.
—Vamos Alexis, necesito saberlo— le animó el castaño.
Alexis entornó los ojos en dirección a los de Freddie, era confuso, no comprendía por qué él quería saberlo, sin embargo finalmente respondió:
—Ella... murió.
El corazón de Freddie comenzó a galopar salvajemente. Sam no mentía, Alexis era su hermana, y gracias a ella él sabría todas las cosas que le atormentaban. Respiraba agitadamente abrumado por la confirmación del descubrimiento de la noche anterior. Se levantó abruptamente para luego arrodillarse frente a la rubia tomando sus trémulas manos entre las suyas.
—¿Era Samantha? ¿Samantha Puckett?— Le preguntó suplicando dentro de sí que la respuesta final fuera la que ansiaba.
Alexis arrugó el entrecejó y alzó la barbilla adoptando un aire solemne.
—¡Sam! ¡Es Sam!— Le gritó. —¡Ella realmente odiaba que la llamaran Samantha!
La silueta de Sam apareció sonriente por detrás de ella, deslizando sus manos por su cabello rubio cobrizo. Alexis se sobresaltó ante la sensación y se levantó bruscamente, haciendo caer a Freddie de nalgas. Examinaba el lugar donde su hermana muerta se encontraba, tanteando el aire como si así pudiera hallar algo.
Freddie negó con la cabeza y sonrió. Se levantó del suelo y puso una de sus manos sobre el hombro derecho de Alexis haciéndola voltear.
—Tranquila, ella no está aquí— le dijo. Sam bufó y puso los ojos en blanco, Alexis lo miraba confusa. —Quiero decir en este mundo— la rubia bajita seguía sin comprender de que hablaba. —Está en... ¿En un lugar mejor?— Prosiguió no muy seguro de si se notaba la manera tan mala en la que mentia.
Alexis se descolocó. Sin entender cómo era posible que él, su jefe supiera quien era Sam, su hermana.
—Espere, ¿cómo sabe su nombre?— Le preguntó más confundida que al principio. Freddie suspiró y luego sonrió débilmente.
—Sam, fue mi mejor amiga, hicimos juntos iCarly, fuimos a la misma escuela, sa... salimos un tiempo también— le respondió con suavidad.
Sam arrugó el entrecejo observando expectante por detrás de ellos. Alexis tensó los labios como si estuviera recordando.
—¿Eres el estúpido nerd menos útil que un cubo de basura?— Le preguntó sonriendo como si hubiera descubierto el fuego.
Sam comenzó a reír escandalosamente. El castaño apretó los labios y asintió fulminando con la mirada a la rubia detrás de ellos.
—Lo soy— dijo entre dientes.
Los ojos de Alexis se abrieron como platos.
—¿Eres la sanguijuela chupasangre asquerosa que no merece vivir?
Freddie alzó la vista observando a Sam desternillandose de la risa.
—Creo que sí— masculló.
Los ojos de Alexis se abrieron aún más. Sonrió y luego carraspeó.
—¿La rata putrefacta con gusanos en el cu...
—Alexis creo que no es necesario que sigas recordandome quien soy— le interrumpió Freddie.
—Lo siento, así lo llamaba Sam— se excusó con simpleza encogiendo los hombros,
El castaño negó con la cabeza y reprendió con la mirada a Sam quien comenzaba a calmarse de su ataque de risa.
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bulmar: ¡Gracias por tu review! ¡Me encanta que te encante! n.n
Paper Moon -YiiYii: ¡Gracias por tu lindo review! ¡Amo los reviews! xD
Ruki-0408: Lamento hacerte esperar, :/ ¡Gracias por tu valioso review, mr hace muy muy muy muy muyyyyyy feliz! E igualmente espero leerte pronto por acá.
eva-seddieporsimpre: ¡Hola otra vez! n.n
Sam, ya saben, es Sam, la reina de la despreocupación. xD
Le gusta su compañía, y a la vez no. Le gusta la idea de volverla a ver, le reconforta, pero es tan confuso que por momentos lo pone muy mal.
¡Acertaste! Tiene asuntos sin resolver, y si supieran cuales, son algo fuertes...
¡Ahora es que viene lo bueno, ¡no lo duden! xD
¡Chau Eva, también espero leerte pronto! n.n
SeddieHeartLand: ¡Me encanta que te encante! n.n
¡saludos igualmente!
¡Gracias por el jamón hmmmmmmmmmmmmmmm!
¡Espero leerte pronto por acá, gracias por tu lindo review.
Soganuke: ¡Gracias por tu igualmente hermoso review! ¡Me hace muyyyy, pero muy feliz! ¡Saludos!
