8. Propuesta (520 palabras)


-Debo admitir que me alegra que hayas podido llegar hasta aquí –comentó Afrodita, después de todo, ese día (el día catorce, según sus cuentas) era el primero en el que Saga había abandonado la Casa de Piscis. Era un alivio encontrarlo en Géminis… pero ahora estaba preocupándose al verlo tan pálido, como si acabara de ver un fantasma.

Saga no se movió de su sitio, todavía estaba contemplando el brazalete en el suelo, intentando descifrar su significado.

Afrodita se acercó a él, curioso, y recogió la joya.

-Esto es muy bonito. Hace juego con tus ojos…

Saga tomó el brazalete y lo examinó a profundidad. No había rastros de magia, ni cosa alguna que indicara veneno. Hasta donde podía saber, era un simple, sencillo, sólido, auténtico, inofensivo brazalete, enviado a él por un dios, por medio de un fantasma.

…Y cuando Afrodita mencionó que era bonito, su primer pensamiento había sido que luciría muy bien en el Caballero de Piscis.

Dejó el brazalete en su caja y rodeó los hombros de Afrodita con un brazo, urgiéndolo (no muy sutilmente) para salir de la Tercera Casa.

El Caballero de Piscis procuró no comentar el aspecto que ofrecían caminando así con rumbo a la última Casa… durante unos dos o tres minutos.

-Saga, ¿estás seguro de que quieres ser la fuente de todos los chismes por lo que queda del año?

Saga se detuvo y consideró la pregunta.

La ligera diferencia de estatura entre ellos ayudaba a que su brazo se sintiera todavía más cómodo donde estaba, aunque empezaba a pensar que la cintura de Afrodita también era una buena opción.

-Prométeme que no desaparecerás de repente –demandó.

-Pídeme algo menos extraño y quizá considere la solicitud. ¿Por qué iba a desaparecer?

-Bueno… Entonces, prométeme que no vas a matarme.

-¡¿Por qué haría yo algo así?!

-Por esto -Saga se inclinó y lo besó. No fue nada parecido al beso desesperado de trece días atrás. Fue un beso gentil, lento, a causa del cual… Afrodita frunció el ceño.

-Tal vez sí deba matarte.

-Mm. Permíteme decir un par de cosas y luego podrás matarme… Afrodita de Piscis, se me ha olvidado por completo en qué orden van los regalos que exige el ritual y me aterroriza la sola idea de a quiénes puedes designar para que representen a tus padres cuando sea hora de pedir tu mano, pero realmente quisiera contar con tu permiso para cortejarte.

-Me parece que te estás precipitando.

-¿Tú crees? En los últimos días he llegado a convencerme de que lo mejor que puedo hacer con mi vida es tratar de no perder el tiempo.

-Saga… -Afrodita suspiró- Hay muchas y muy buenas razones por las que cortejarme es una pésima idea.

-¿Entre esas razones están el que me odies más allá de toda reconciliación, que seas estrictamente heterosexual o que ya estés con alguien más?

-…No…

-Entonces, cualquier otra objeción que tengas, puede resolverse.

Afrodita no respondió, pero tampoco se apartó. Rodeó la cintura de Saga con un brazo y empezó a prepararse mentalmente para lo que prometía ser una larga serie de complicaciones en su vida.