10. Ofrenda (1.106 palabras)


El fantasma regresó a la Tercera Casa y contempló un salón que en otro tiempo le había sido muy familiar. El lugar estaba en perfecto orden y la caja pandora de la armadura de Géminis brillaba como siempre en su sitio.

Entonces advirtió la presencia de una mesita que no había estado ahí en sus tiempos, colocada frente a la caja pandora como si fuera un pequeño altar. Al acercarse más, descubrió dos vasos de cristal que recordaba muy bien, llenos hasta los bordes, uno con vino y el otro con leche endulzada con miel.

¿Eso era lo que le había permitido atravesar tan fácilmente en esa segunda ocasión las barreras del Hades?

-¿Una ofrenda? –dijo en voz alta, sorprendido, pero consciente de que Saga se encontraba ahí, porque la ofrenda acababa de ser colocada en su sitio.

-Imaginé que, si regresabas, sería al mismo lugar donde te manifestaste primero –respondió Saga.

El fantasma se arrodilló frente a la mesita y contempló titubeante los vasos.

-¿Vino?

-Es lo tradicional, ¿no? Te ofrecería sangre de un cabrito, pero…

-No, no es necesaria la sangre… y la leche es más que suficiente.

-¿No te agrada el vino?

-En vida jamás lo probé. No es… la costumbre de mi gente.

-Eres espartano –Saga sonrió y retiró el vaso con vino-. Lo imaginé por tu acento, pero no estaba seguro.

-Si me es dado ofrecerte un consejo, no pruebes el vino tú tampoco. Sobre todo si proviene de la cava bajo esta Casa.

Saga, que había estado a punto de llevarse el vaso a los labios, se detuvo intrigado.

-¿Por qué no? Mi padre era espartano, pero mi madre no, y él nunca me prohibió…

-No es solo por tu herencia, sino porque hace veinte años, un servidor de Zeus manipuló el vino de la cava y lo mezcló con néctar y ambrosía.

Saga dejó el vaso sobre la mesita.

-Eso… haría inmortal a quien lo bebiera, ¿no?

-No de la forma en que lo mezcló. Zeus en su orgullo y el servidor en su ignorancia, ninguno de los dos consultó ni a Hebe ni a Asclepio y lo que debía servir para dar vida eterna solo sirve para producir locura y muerte. Ese vino es un veneno.

-…Gracias por decírmelo. El resto de la ofrenda… ¿es aceptable?

-Es mucho más de lo que me atrevería a pedir, gracias.

-Gracias a ti. ¿Hay noticias de mi hermano?

El fantasma asintió y le entregó la carta de Kanon.

-Un mensaje cifrado. Es bueno ver que todavía le funcionan algunas neuronas… ¿Cuáles fueron sus palabras exactas al entregártelo?

-Dijo: "gracias".

-¿Y antes de eso?

-"Es lo más lógico en estas circunstancias. Una estrategia casi tan vieja como Adán y Eva" –el fantasma ladeó la cabeza al ver que Saga empezaba a escribir de inmediato en una hoja nueva-. ¿La clave para descifrar el mensaje tiene que ver con el libro del Génesis?

-No. Creamos estos códigos siendo niños, y los bautizamos con nombres de hermanos famosos. El código que usó para este mensaje se llama "Caín y Abel".

-Oh.

-Hum, un saludo y cuatro insultos. ¿Puedes llevarle mi respuesta?

-Seguro. ¿Será otro saludo y cinco insultos?

-Quizá. Tal vez seis insultos y ningún saludo –Saga estudió la carta de nuevo-. ¿Estás seguro de que se encuentra bien? ¿Poseidón no ha intentado… lastimarlo de alguna manera?

El fantasma rió y Saga se sintió todavía más seguro de las sospechas que había estado alimentando.

-Él está bien. No es venganza lo que Poseidón busca.

-…Eso explica el regalo, supongo.

-Supones bien. Un cortejo formal. Por lo que pude observar, Poseidón ha estado cortejándolo desde el primer día… solo que tu hermano no parece haber captado las indirectas. Todavía. O quizá sí se ha dado cuenta y finge ignorancia.

-No, conociéndolo… y lo conozco bien… no se dará cuenta a menos que Poseidón se le declare abiertamente. E incluso en ese caso, lo más probable es que piense que se trata de alguna clase de trampa para humillarlo después.

-Bueno, esa sería justo mi reacción si estuviera en su lugar. En todo caso, según lo que ha dicho Hades al respecto, las intenciones de Poseidón son serias.

-Me cuesta creerlo. ¿Hay alguna posibilidad de que lo deje marchar?

-Eso es difícil saberlo y, en cualquier caso, Poseidón mismo no puede volver hasta que su sentencia se cumpla o hasta que Zeus lo indulte… Por favor, Saga, no te dejes abatir, ¿acaso no se conoce también a la Orden de Atenea como "los guerreros de la Esperanza"?

-Lo cual es, a fin de cuentas, una blasfemia.

El fantasma asintió y aceptó la nueva carta que le tendía Saga.

-Para los Olímpicos, sin duda lo es, pero es una de las pocas cosas con las que siempre concordé con Atenea. Transmitiré tu mensaje, si Hades me lo permite… y le diré que no estás solo. Eso lo ayudará a ser paciente.

Saga enarcó una ceja, pero no dijo nada mientras el fantasma bebía la leche. No era una ofrenda tan poderosa como lo habría sido la sangre, pero bastó para hacer que el fantasma fuese algo más que una simple silueta opaca. No era posible distinguir con claridad sus rasgos, pero sí resultaba evidente que tenía el cabello tan largo como Saga y, por unos pocos segundos, el Caballero de Géminis estuvo seguro de que aquella aparición tenía los ojos verdes. Eso, la voz, el acento, las expresiones y (sobre todo) la risa, la risa tan familiar…

-¿Tienes nombre? –preguntó Saga.

-Podría responderte que lo abandoné a la orilla del Leteo.

-Y yo te respondería que me agradaría saber por qué Hades te encomendó esta misión a ti entre todas las sombras.

Otra vez aquella risa clara, tan, pero tan parecida a la de Kanon.

-Mi inteligente Saga, siempre atento a cada cosa menuda. Eras tan pequeño cuando morí que no esperé que pudieras reconocerme.

-Bastaría con verme en un espejo. O con mirar a Kanon. Él se parece más a ti.

-Ambos son idénticos a mí –el fantasma respondió en forma petulante y Saga estuvo a punto de señalarle que solo Kanon era capaz de imitarlo en eso-. Incluso en nuestra primera existencia nada de lo que alegó Zeus bastó para convencerme de que uno de ustedes pudiera ser suyo. Sigo sin creerle, y pienso que el que Hades me seleccionara para esta misión es su manera de confirmar que siempre estuve en lo cierto –el fantasma empezó a desaparecer lentamente-. Tu madre apreciaba mucho estos vasos, le alegrará saber que los conservas.

-¡Padre, espera! –exclamó Saga.

Pero ya la sombra de Tíndaro se había marchado.


Notas:

Griegos y romanos acostumbraban presentar ofrendas a los muertos. Con frecuencia podía tratarse de vino, leche, miel, pastelitos… muchas tumbas tenían incluso agujeros para ofrecer las libaciones. En La Eneida, es la ofrenda de sangre que hace Eneas lo que permite que las sombras de los muertos se comuniquen con él.

Existía la creencia de que si no hacías esas ofrendas a tus difuntos, corrías el riesgo de que se convirtieran en espíritus hambrientos que atacarían a la gente en los caminos para conseguir algo de sangre, por lo menos (sip, vampiros). Curiosamente, hay una creencia similar en Oriente.

Estas ofrendas fueron remplazadas tiempo después con flores (más barato), costumbre que continuamos todavía ahora.