Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Beta: Isa


~*~Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza~*~

Por: Lissa Bryan

Bella estaba formada para comprar un boleto para Disney World. En su mano tenía una bolsa grande de naranjas. No sabía porqué las necesitaba, pero escuchó a Edward decirle que las comprara. —Uno, por favor —dijo cuando llego a la ventanilla.

Son quince naranjas.

¿Puedo pagar con naranjas?—preguntó Bella.

Claro. Esto es Florida. Puedes pagar cualquier cosa con naranjas.

Bella comenzó a contarlas, pero perdió la cuenta y tuvo que empezar de nuevo, luego volvió a perder la cuenta y soltó las naranjas sobre el mostrador y el piso. Intentó agarrarlas, pero seguían cayendo del mostrador y es que había tantas naranjas. Naranjas por todos lados. Seguía intentando contarlas…

Bella.

Bella.

—¿Bella?

Abrió los ojos y de inmediato retrocedió al encontrar el rostro de Edward a solo unos centímetros sobre el suyo.

—¡Gah!

—¡Lo siento! —él se alejó unos cuantos centímetros más—. No pretendía asustarte. Nos detuvimos y pensé en despertarte para que fueras al baño y comieras.

—¿Dónde estamos?

—McDonald's.

—No, quiero decir, ¿dónde estamos y cómo llegamos aquí? —Bella miró a su alrededor genuinamente confundida, insegura de estar completamente despierta o no. Su cabeza retumbaba con un dolor sordo y se sentía intensamente sedienta, así que sospechaba estar bien despierta. Pero primero lo primero… estaba en una camioneta grande, sentada en la última fila de asientos, en el estacionamiento de un restaurante de comida rápida. La camioneta ocupaba un espacio cerca de la colorida área de juegos para niños—. Me quedé dormida en el hotel…

—Nos atacaron en el hotel y tuvimos que evacuar. Acabamos de cruzar la frontera Nebraska-Colorado.

—¿Atacados? —La voz de Bella se alzó alarmada—. ¿A qué te refieres? ¿Están todos bien?

—Todos están bien ahora. El Proyecto Theta intentó llevarse a Jane. —Edward mantuvo su voz baja y tranquilizante, intentando detener el pánico que se estaba construyendo dentro de ella—. Ella está bien. La lastimaron, pero Esme...

—¿Qué pasó? —demandó Bella—. ¿Cómo se lastimó?

—Bella, cálmate. Todo está bien ahora. Tú...

—¿Cómo se lastimó? —exigió Bella. Era difícil recuperar el aliento. ¿Es que no había aire ahí adentro? Su corazón martilleaba, lo cual empeoraba su dolor de cabeza, y el pánico estaba creciendo, hinchándose…

Las ventanas de la camioneta explotaron. Pedazos de vidrio saltaron por el pavimento y rebotaron en los carros cercanos.

—Oops —dijo Bella débilmente.

—Eso fue impresionante —le dijo Edward—. Incluso alcanzaste a las ventanitas que están atrás.

—¡Santo niño Jesús! —bramó Jenks. Él acababa de salir del restaurante, con una bolsa de plástico roja y blanca en una mano y un vaso de plástico en la otra. Soltó ambos. Puede que la comida que iba dentro de la bolsa hubiera podido sobrevivir la caída si la bebida no hubiera caído sobre ella. Jenks ni siquiera pareció darse cuenta. Estaba mirando la camioneta. La señaló. Movió la boca, pero no salió ningún sonido.

—Oh no —susurró Bella y bajó la cabeza al asiento frente a ella.

—¿Qué jodido acaba de pasar? —preguntó Forks sin mucha preocupación, y le dio un trago a su refresco. Phoenix estaba de pie tras de él comiendo una tarta de manzana.

—¡Lo siento! —chilló Bella—. ¡Mi culpa! Lo siento mucho.

—Te dije que no la despertaras de repente —regañó Phoenix a Edward—. Bueno, joder, ¿ahora qué hacemos?

—¿Robamos otra camioneta? —sugirió Forks, mirando las opciones que había en el estacionamiento, sólo había tres.

—¡Mamá! —Jane salió corriendo del restaurante y cruzó el estacionamiento hasta la camioneta—. Mamá, ¿estás bien? —Abrió la puerta con tanta fuerza que la camioneta se meció sobre su lugar cuando la hizo a un lado. Saltó al asiento con Bella y Edward, y lanzó sus brazos alrededor de Bella—. ¿Estás bien? ¿Qué pasó?

—Me dijiste "mamá" —dijo Bella en voz baja, y luego rompió a llorar. Jane le dio una sonrisa temblorosa y después empezó a llorar junto con ella. Edward las abrazó a ambas, envolviéndolas con sus alas, y recostó la mejilla sobre la cabeza de Bella.

—¡Forks! —Phoenix lo golpeó en el hombro cuando Forks se limpió las lágrimas—. ¿Estás llorando?

—No, cabrón. Se me metió algo al ojo. Probablemente fueron las cebollas o algo más.

Finalmente Jenks encontró su voz.

—Lamento interrumpir este momento de la vida real hecho para la televisión, pero rompiste nuestro jodido transporte, Bella. ¡No podemos manejar así por la carretera! ¡Jesús!

—Lo siento —repitió Bella. Aceptó la servilleta que Phoenix le pasó por la ventana y se limpió la cara. Jane aceptó una también y se sonó la nariz. Se sonó como si fuera un bebé elefante.

Jenks pateó la bolsa mojada que contenía su almuerzo no comido.

—Pues joder. Una parada no programada, gente, mientras pensamos cómo arreglar esta jodida cosa, o robamos algo más.

—¿Qué pasó aquí? —demandó Amun. Llevaba una bolsa grande de papel y dos bebidas, y le abrió la puerta a Kebi. Ella lo seguía pisándole los talones, con los ojos pegados a sus pies.

—¿Quién es ella? —preguntó Bella.

—Jenks la rescató. Te contaré más tarde —murmuró Edward.

Jasper seguía a Collin y Alice. Alice parecía molesta por algo y no miró a Collin al dirigirse hacia la camioneta. Al parecer a Collin no le preocupaba eso, lo que sea que fuera; Jasper se veía más preocupado que Collin. Bella pensó tristemente que su hermano comenzaba a parecer uno de los Caídos por la forma en que sus ojos terriblemente tristes nunca se alejaban de Alice, al igual que la forma en que siempre flotaba por el borde de su vida, sólo dentro de su esfera de silencioso dolor.

—Bella tuvo un ataque de poder o algo así, y rompió todas las ventanas —dijo Jenks. Enterró el pie en una pila de vidrios rotos y los esparció por el asfalto.

—De verdad lo siento —le dijo Bella.

—Sé que así es. —Jenks suspiró y alzó las manos—. De acuerdo. ¿Qué hacemos ahora?

—Nos vamos antes de que alguien llame a la policía para reportar los vidrios rotos —dijo Amun—. Kebi, entra —le ordenó. Ella lo obedeció al instante y él se sentó junto a ella—. Come tu comida antes de que se enfríe —dijo, y Bella se sorprendió ante el gentil tono que usó con ella, incluso cuando le daba órdenes.

Él le pasó una de las bebidas a Bella y ella tuvo problemas con el popote. Ella no recordaba que fuera tan difícil quitarle el envoltorio a los popotes. Con el ceño fruncido intentó agarra el papel entre su pulgar y su dedo índice, pero no pudo hacerlo. El popote seguía cayéndose de sus manos a su regazo. Edward se lo quitó y le quitó el papel al popote antes de meterlo por el agujero de la tapa. Bella agarró la bebida entre ambas manos y le dio un largo trago. Té dulce, el néctar de los dioses. Se bebió la mitad de la bebida de un solo trago antes de recordar sus modales y agradecerle a Amun.

Esme se fue a la parte trasera de la camioneta con Edward y Bella y prefirió cargar a Jane en su regazo en lugar de sentarse en las piernas de Phoenix.

—Aww, estaba disfrutándolo —él le sonrió y Esme se sonrojó de un rojo brillante. A Phoenix le gustó eso y mantuvo un flujo constante de coqueteos cada vez más subidos de tono hasta que Esme estaba de color púrpura y Forks se inclinó para golpearlo en la nuca.

Jenks manejó hacia la transitada calle. Incluso a 50 kilómetros por hora la camioneta parecía ser un túnel de aire. Una de las bolsas de dinero no estaba bien cerrada y Jenks maldijo cuando los billetes comenzaron a volar por la cabina. Phoenix y Forks se apuraron a atrapar los billetes que volaban en el aire mientras que Jasper agarraba en silencio los que caían al piso. Unos pocos salieron por la ventana y Jenks gimió como si estuviera sufriendo al verlos alejarse por el retrovisor.

—Lo siento —repitió Bella—. No era mi intención.

—Lo sabemos —suspiró Jenks, y dio la vuelta para entrar en el estacionamiento de un hotel de cadena.

—Obviamente no nos vamos a quedar aquí —dijo Amun espantado.

Jenks lo ignoró. Apagó el motor y se giró en su asiento para quedar de frente a todos.

—Bien, chicos. Estamos a casi cien millas de la casa de Aro. Tenemos que decidir si vamos a reparar este pedazo de basura o si deberíamos robar uno nuevo, y si nos vamos a quedar aquí durante la noche o avanzamos más antes de buscar donde descansar.

Nadie habló por un largo momento.

—¿Comentarios? ¿Pensamientos? ¿Sueños y aspiraciones?

—Me gustaría quedarme aquí —dijo Esme. Su voz se desvaneció cuando todos la miraron.

Jenks miró a su alrededor.

—¿Alguien más?

—Me gustaría quedarme —habló Edward—. Mi Bella necesita descansar más.

—¿Alguna objeción? —Jenks esperó un momento—. De acuerdo entonces; nos quedamos.

—Yo me encargaré del vehículo —dijo Phoenix—. Llevo tiempo sin robar un carro y probablemente debería practicar, ya sabes, para mantener el habito.

—Iré contigo —dijo Forks emocionado.

—Pero estoy seguro de que podemos encontrar un lugar mejor que esto —dijo Amun, y se mofó de la pequeña oficina perfectamente limpia del hotel como si fuera un motel de mala muerte.

—Oh, por amor a Dios, sobrevivirás, jodido esnob. —Jenks se bajó del asiento del conductor y entró a la oficina.

—Aw, vamos, Amun —dijo Phoenix—. ¿Qué es lo que no te gusta? Sábanas de poliéster que nunca se lavaba, cortinas con respaldo de goma y llamadas locales gratis. Te encantará.

Amun giró la cabeza y taladró a Phoenix con una mortífera mirada. Phoenix alzó las manos en señal de rendición.

—Vaya, sólo bromeo, hombre. Cielos.

Jenks regresó con un puñado de llaves en forma de tarjeta y las repartió al azar.

—Todos estamos en el segundo piso.

—Espera, nos sobra uno —dijo Alice—. Esme y Jane pueden dormir con Kebi, pero eso deja a Lauren sin habitación.

—Yo compartiré cuarto con Jenks —anunció Lauren.

Jenks se veía sorprendido.

—Uhh, por si no lo has notado, Laurie, no soy una chica.

Ella sonrió.

—Ya lo noté. ¿Tienes miedo por tu virtud, muchachote?

—Pues, no… pero… —se mordió el labio inferior preocupado por un momento y luego se encogió de hombros—. Al carajo. Claro. Pero te lo advierto: ronco.

Manejó la camioneta hacia la parte trasera del hotel. Todos se reunieron en el pequeño vestíbulo y esperaron a que él regresara. Edward presionó el botón para el elevador y sonrió como si hubiera ganado un premio cuando éste llegó con un campaneo. Esperó hasta que se cerró la puerta y luego presionó el botón de nuevo, haciendo que las puertas se abrieran de nuevo. Edward se veía complacido.

Amun era el que estaba más cerca al mostrador y la recepcionista, que se veía como si todavía estuviera en preparatoria, le preguntó tímidamente si quería contratar el servicio de despertador.

—¿El qué? —preguntó Amun. Tenía los ojos entornados y se veían altivos.

—El servicio de despertador —dijo la chica. Parecía encogerse bajo la fría mirada de Amun—. Ya sabe, le llaman del mostrador a su habitación para despertarlo.

—Sé cómo usar un reloj —dijo Amun con el desprecio untado en cada palabra. Bella lo pisó y Amun soltó un gruñido de dolor.

—De todas formas gracias —le dijo Bella a la chica con una sonrisa amistosa. Piso de nuevo los mocasines Testoni de Amun y él agregó:

—Sí, gracias.

Jenks llegó al vestíbulo y Edward volvió a presionar el botón para el elevador. Todos se forzaron a entrar, aplastando a aquellos que quedaban contra la pared. Collin se puso a Alice en los hombros, aunque ella tuvo que agacharse por la baja altura del techo. Jane desapareció entre los cuerpos. Bella esperaba que nadie la estuviera pisando.

—¡No creo que quepan todos! —dijo la chica del mostrador.

—Sí cabemos —dijo Jenks animadamente—. Y me gustaría pensar que esas restricciones de peso son sólo sugerencias de utilidad.

—¡Ow, mi ala! —se quejó Edward cuando el hombro de Jasper se enterró en ella—. ¡Estás arrugando mis plumas!

—Adiosito —dijo Jenks en voz alta para disimular las palabras de Edward. Se despidió de la recepcionista cuando se cerraron las puertas.

—¡Ohh, lo tengo! —dijo Edward rápidamente. Metió el brazo entre cuerpos encajados fuertemente hasta que alcanzó el panel de control y presionó el número dos. Se hizo hacia atrás con una sonrisa satisfecha. Bella puso un brazo en su cintura y le sonrió, los otros disimularon sus propias sonrisas y risas porque, en realidad, era agradable ver que alguien obtenía tanto placer de los pequeños detalles de la vida.

El elevador crujió al subir al segundo piso. Las puertas se abrieron y todos salieron al pasillo. Una mujer de mediana edad con un traje ejecutivo estaba esperando el elevador y sobresaltó los ojos al verlos salir.

—Como un maldito carro de payasos —se maravilló—. ¿Son parte de una banda? —miró la moja de Collin y a Alice sobre sus hombros.

—No, somos parte de un culto —respondió Collin y Alice se rió. Bella vio a Jasper cerrar los ojos como si el sonido fuera una estaca clavada en su corazón. Cualquiera que fuera la razón por la que Alice estuviera molesta en el restaurante, parecía que ya había perdonado a Collin. Para sorpresa de Bella ambos entraron a la misma habitación. Se giró hacia Edward con las cejas alzadas.

—¿Cuánto tiempo lleva sucediendo eso?

—Al parecer desde anoche —le dijo Edward. Él abrió su puerta, pero no pudo resistir repetir la acción—. Encontré a Alice en su habitación cuando fui por tu inyección esta mañana.

La habitación estaba fría y oscura. La cabeza de Bella se sintió un poco mejor al instante. Se acostó en una de las dos camas y se quitó los zapatos. Edward le trajo un trapo frío para que se lo pusiera sobre los ojos y le contó todo lo que se había perdido esa mañana. Hubo un golpe en la puerta que conectaba a la otra habitación. Edward fue a responder y encontró a Jane del otro lado. Dave entró corriendo por la puerta abierta y saltó a la cama junto a Bella. Él la olió y agitó la cola. Bella le sonrió.

—Hola Dave.—Le rascó su lugar favorito que siempre le picaba y él le lamió la mano con agradecimiento.

—Esme y yo vamos a ir al centro comercial que está cruzando la calle para reabastecer a todos con ropa y esas cosas. ¿Necesitas algo en especial, mamá?

Escuchar a Jane decirle así todavía causaba que se le acumularan las lágrimas en los ojos.

—No, gracias —respondió—. Ven aquí, hija. —Jane se acercó a su lado y Bella se sentó para abrazarla—. Ten mucho cuidado, ¿bien? ¿Tienes tu celular? —Jane asintió y lo sacó de su bolsillo para enseñárselo a Bella—. Llámame si necesitas algo. Tu papá y yo estaremos ahí en un segundo.

—Bien. —Estuvo de acuerdo Jane, y la abrazó de nuevo antes de dirigirse a Edward. Su cabeza apenas llegaba al tórax de él. Él la abrazó y luego le acarició el cabello.

—Cómprate un iPod —le instruyó—. Sé que no te gustó que tuviéramos que abandonar el que tenías.

Jane sonrió.

—¿En serio? ¡Gracias!

Ella salió de la habitación y Edward mandó a Dave con ella.

—Vamos a hacer perritos ahora —le dijo a Dave con solemnidad, y Dave se fue voluntariamente a la habitación vacía de Esme y Jane para acurrucarse en medio de una de las camas y tomar una siesta.

—¿Eso es lo que vamos a hacer? —preguntó Bella con una sonrisa.

—Eso espero —dijo Edward—. Ha pasado mucho tiempo.

—Han pasado, ¿qué…, dieciocho horas?

—¿Ves? —dijo él—. Mucho tiempo. Y la última vez no duramos tanto tiempo como me hubiera gustado. —Los ojos de él brillaron en la poca luz cuando bajó los pantalones de ella junto con su ropa interior de un jalón. Se arrodilló en el piso entre sus pantorrillas y comenzó a subir con un camino de besos por la parte interna de su pierna.

Hubo un golpe en la puerta y Edward murmuró algo no muy angelical. Bella se subió la ropa rápidamente y él fue hacia la puerta. Kebi estaba de pie en el pasillo con Amun detrás de ella.

—Necesito salir —anunció Amun—. Por favor, quédense con Kebi hasta que regrese. —Se dio la vuelta y se fue sin decir otra palabra. Bella y Edward intercambiaron una mirada. Kebi mantuvo sus ojos en la alfombra.

—Entra, por favor —dijo Edward amablemente. Kebi entró lo suficiente para permitirle cerrar la puerta detrás de sí y ya no se movió, era como si esperara otra indicación.

—¿Por qué no te sientas? —la invitó Bella. Había una mesita bajo la ventana y Kebi se sentó tímidamente en una de las sillas. Juntó las manos en su regazo y esperó con la cabeza agachada.

—Kebi, no debes tenernos miedo —dijo Bella.

Edward agregó:

—Ninguno de nosotros te tratará como Sam, lo juro.

Kebi asintió.

Bella intentó otra táctica.

—¿Cuántos años tienes, Kebi?

—Treinta y cuatro, señora —respondió.

—No tienes que llamarme señora, puedes decirme Bella. ¿Dónde está tu familia?

—No tengo —respondió Kebi.

—¿No tienes? ¿A nadie?

—Todos están muertos —dijo Kebi con suavidad, y una lágrima cayó sobre sus manos dobladas.

—Oh Dios mío, lo siento —jadeó Bella. Se levantó de la cama y abrazó a Kebi. Kebi se tensó en su abrazo y Bella retrocedió rápidamente, con miedo de haber empeorado la situación—. No pretendía hacerte sentir mal, Kebi. Sólo quería aprender más de ti.

—No hay nada que contar —dijo Kebi, y su voz sonaba fastidiada, como si ya hubiera pasado muchas veces por este tipo de introducciones—. Fui a la universidad aquí, en Estados Unidos, y mientras estaba estudiando, mi familia fue asesinada en un levantamiento político. Ni siquiera mi hermanita... —Kebi se detuvo y torció las manos en su regazo—. Me mudé con mi novio porque no tenía ningún otro lugar a donde ir, ni dinero, nada. No sabía que él estaba dentro del crimen organizado hasta que lo mataron.

—¡Oh!—dijo Bella cuando se dio cuenta de lo que Kebi debía estar pensando—. Nosotros no estamos dentro del crimen organizado. Bueno, Jenks sí. Y Forks. Y Phoenix… Bueno, todos los chicos excepto por Edward y Jasper, en realidad. Pero yo no estoy en eso, ni Esme ni Alice. Ellos sólo me ayudan… Um… A hacer algo. —Miró a Edward y suspiró. Si ella se iba a quedar, Kebi iba a ver cosas que la harían cuestionarse y lo último que necesitaban es que Kebi se asustara en un momento inadecuado—. Nosotros… Bueno, algunos de nosotros…, tenemos talentos especiales.

—¿Como lo que hiciste con los vidrios? —preguntó Kebi.

—Sí, como lo que hice con los vidrios. Lo cual fue un accidente, por cierto. Estoy en… una misión de Dios y los chicos me están ayudando con eso. Así que puedes llegar a ver algunas cosas inusuales, sólo quería avisarte para que no te asustes o te enojes.

Se escuchó un golpe en la puerta y Edward la abrió para revelar a Amun. Tenía un paquete bajo un brazo. Kebi se veía aliviada por verlo. Se puso de pie y se fue rápidamente a su lado. Amun sólo dijo:

—Gracias. —Y se la llevó por el pasillo.

—Bueno, eso fue extraño —dijo Edward—. Obviamente él siente que debe protegerla…

—Nos encargaremos de eso más tarde —dijo Bella y se quitó los pantalones—. Regresemos a hacer perritos. ¡Desnúdate!

—Tus deseos son órdenes para mí —dijo él, y sus ropas volaron por la habitación en lo que dura un latido. Ella había olvidado lo rápido que podía moverse él cuando quería. Ella estuvo desnuda y acostada sobre su espalda con las piernas colgando de un lado de la cama, antes de siquiera poder parpadear—. Ahora —dijo él, acomodado en la misma posición que había estado antes de ser interrumpidos—. ¿Dónde estaba…? Ah, ya recuerdo. Estaba justo aquí. —Dejó un beso en el lugar justo detrás de su rodilla y Bella saltó como si sus labios quemaran. Ella no entendía el poder que él tenía para hacer que las partes más inocentes de su cuerpo fueran zonas erógenas, pero se sentía muy, muy agradecida por ello.

Él separó los muslos de ella y deslizó las manos bajo la parte trasera de sus piernas. Le levantó las piernas y la jaló hacia enfrente al mismo tiempo para acomodar los hombros detrás de sus rodillas. La suavidad de la orilla de sus alas acarició y cosquilleó los pies de ella. Y entonces ella sintió el suave deslizar de sus mejillas en la parte interna de sus muslos y ella gimió ligeramente con anticipación. Con el primer deslizamiento de su lengua caliente, ella agarró una almohada y se la puso en la boca para detener el grito que crecía dentro de su garganta. Él se detuvo y se apartó.

—Quiero escucharte. Déjame escucharte, Bella.

Ella gritó y levantó los hombros de la cama cuando los labios de él se cerraron alrededor del manojo de nervios que estaba entre sus pliegues y no pudo contenerse más. Podía escucharse tenuemente, pero en ese momento no le importó si el resto del hotel la escuchaba también.

Uno de sus sentimientos favoritos en todo el mundo era la deliciosa sensación de la piel de él deslizándose sobre la suya. Él subió por su cuerpo y entró en ella con un suave movimiento, luego les dio la vuelta y Bella se encontró a sí misma en la cima. No tenía ni idea de cómo proceder.

—Siéntate —jadeó él. Ella lo hizo y ambos gimieron ante la nueva sensación. Él tomó las caderas de ella con sus manos y la ayudó a moverlas, pero Bella era torpe y se le hacía difícil al perder la consciencia a causa del deseo y seguía perdiendo el ritmo. Gimió frustrada.

Él los volvió a girar y murmuró:

—Quizá para la próxima. —Y le dio las profundas y duras embestidas que ambos necesitaban.

—Más duro —jadeó ella—. Por favor, oh por favor, oh Dios… más duro.

—Te lastimaré —objetó él.

Ella se retorció debajo de él y enterró las uñas en sus hombros.

—Por favor… más… oh, por favor

Él le dio lo que pedía y los ojos de ella rodaron en su cabeza por el placer casi agonizante que le provocaba. Ella no sabía si lo que acababa de experimentar podía ser llamado "orgasmo" porque parecía ser más un tsunami que una serie de ondas pulsantes; una abrumadora e imparable oleada de sensaciones que acabó con todo pensamiento racional, y no pudo hacer nada más que dejarse llevar inexorablemente por su poder.

Cuando su mente regresó de sus vacaciones no programadas, se dio cuenta de que estaba llorando y Edward le acariciaba el cabello.

—Te amo —dijo. Era la única cosa que se podía decir después de una experiencia como ésa.

—Lo compartimos —dijo él en respuesta a la pregunta que ella todavía no podía formular—. Tu placer y el mío; nuestras mentes se conectaron. Sentimos el placer del otro, magnificado por el propio.

—Me alegra que tú también lo hayas sentido —murmuró ella. De otra forma no hubiera podido describírselo. Él dejó un dulce y suave beso en sus labios.

—Duerme, amor. Necesitas descansar.

Ella no quería dormir. Estaban pasando muchas cosas y tenía que…

Abrió los ojos. La habitación estaba a oscuras con excepción de una sola lámpara en el lado de Edward de la cama. Tenía extendida su ala izquierda y estaba limpiando sus plumas, tarareando suavemente. Él giró la cabeza para sonreírle. Bella se sentó y se estiró, bostezando al hacerlo. Ella caminó de rodillas sobre la cama para ponerse detrás de él y estiró las manos para cepillar las pequeñas plumas que estaba en la base de sus alas, las que él no podía alcanzar. Afortunadamente ninguna pluma estaba rota (ella odiaba arrancárselas; por mucho que él dijera que no dolía, ella pensaba que sí tenía que dolerle), pero el algunos lugares estaban torcidas y muchas tenían las puntas divididas.

Intentó agarrar una pluma entre su pulgar y su dedo índice, pero algo no estaba bien. Se concentró pero no pudo lograr que sus dedos se cerraran sobre el centro de la pluma. Frunció el ceño y lo intentó con la otra mano, la cual estaba un poco mejor, pero aún así no pudo agarrarla apropiadamente.

Las tijeras. El popote. Un tembloroso jadeo escapó de su garganta. Eso era malo, muy malo.

Edward agarró sus manos y dejó un beso en cada una.

—Está bien, Bella.

—No es así —dijo ella. Alejó sus manos de las de él y las alzó sobre su cara. Intentó hacer el signo de "Okay" tocando la punta de su dedo índice con su pulgar, pero no pudo. Sus dedos se negaban a moverse así. Intentó tocar cada uno de sus dedos con el pulgar y nada parecía estar funcionando bien. Sus dedos no se movían como deberían. Lo más que podía hacer era doblarlos para formar un puño con el pulgar dentro.

Soltó un suave gemido de horror y Edward la jaló a sus brazos.

—Está bien, Bella —repitió.

—Ya no puedo ayudarte a limpiar tus alas —se ahogó Bella.

—Está bien.

—No está bien. No puedes alcanzar

—Shh… —Él la meció y la envolvió en sus alas. Su seguro mundo blanco. Un sollozo roto escapó de ella, y él la abrazó con más fuerza—. Shh…


Pobre Bella u.u …

Mi internet ha estado fallando un poco, así que si nada me lo impide volveré a actualizar el siguiente viernes.

¡Gracias por sus comentarios! ^^

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