11. Hundimiento (1.009 palabras)
Saga pareció mejorar en los días que siguieron. Aunque continuaba volviendo puntualmente a la Casa de Piscis al ponerse el sol (igual que Shura y MM), por lo menos cumplía con las horas de guardia y se encargaba de la limpieza. Todavía no daba el primer paso para empezar a discutir los asuntos administrativos con Shion, pero (en opinión de Afrodita) no había nada de malo en que el Patriarca se diera cuenta por sí solo de lo muy necesario que era el Caballero de Géminis para el funcionamiento de la Orden.
A Afrodita podían decirle todo lo que quisieran. No lo convencía la idea de que Aioros debiera tomar las labores que Saga había desempeñado tan eficientemente durante más de diez años.
En cualquier caso, ese día estaba de humor como para cocinar algo especial y, al pasar por la Tercera Casa de regreso del mercado, aprovechó para tomar una botella de la cava. Justo al salir, encontró a Saga barriendo el atrio.
-¿De dónde sacaste ese vino? –preguntó Saga, alarmado, sin responder a su saludo.
-De la cava, voy a preparar…
La telequinesis de Saga le arrebató la botella de las manos y la estrelló contra la pared.
-¡Oye!
-¡¿Bebiste de eso?!
-¡No! ¡Yo solo iba a…!
Saga levantó una mano (curiosamente, eso silenció a Afrodita de inmediato… Saga no caería en la cuenta sino hasta tres días después de que esa era la forma en la que Arles solía ordenarle que callara).
-El vino de la cava está envenenado.
-¿Qué…? –Afrodita lo miró horrorizado, fue hacia el charco de vino y restos de botella, y olfateó cuidadosamente-. Huele a miel. No conozco ningún veneno que…
-Ambrosía. En los dioses conserva la inmortalidad. En los humanos "quema" lo que es mortal. Pero quien agregó eso en el vino de esta Casa lo hizo de tal manera que lo volvió tóxico y enloquece a quien lo beba.
-¡Angello! –gimió Afrodita.
-¿Eh?
-Angello te roba una botella de la cava una vez al año –fue la respuesta temblorosa.
-¿Ah…? ¡¿Por qué?!
-¡Era una tradición que tenían su Maestro y el mío! Lo hacían como una broma contra tu padre, decían que la cava de la Casa de Géminis era la más antigua y mejor surtida del Santuario y que era un desperdicio que la hubiese heredado un abstemio. Por eso robaban una botella todos los años para festejar la fecha en la que se conocieron… y… luego de obtener la armadura, Angello siguió haciéndolo para recordar a su Maestro en el aniversario de su muerte. A él ni siquiera le gusta el vino de Géminis, dice que es demasiado…
-¿Dulce?
-…Sí.
Saga se pasó la mano por la cara. Máscara Mortal de Cáncer llevaba… ¿seis años? haciendo eso. Ahora caía en la cuenta de que los peores arranques de furia por parte suya, auténticas demostraciones de una violencia exagerada, demencia en su estado más puro, habían coincidido con el aniversario de la muerte de su predecesor.
Si MM había sido afectado menos que él era solo por la suerte de que no le gustaran los licores dulces. Él, en cambio, era tan aficionado al dulce como Kanon y había bebido con alguna frecuencia durante quince años…
Decidido, a partir de ese momento honraría a su padre adoptando la costumbre espartana de no probar licor alguno.
Saori y Shion estaban acercándose a la Tercera Casa cuando oyeron un estruendo y sintieron cimbrar el suelo. Al entrar a la Casa de Géminis descubrieron que una parte considerable del piso se había hundido, dejando un gran agujero cerca del atrio Oeste.
-¡Saga! ¡Afrodita! –Saori corrió hacia ellos, que se encontraban al borde mismo del hundimiento-. ¿Se encuentran bien?
-Sí, Alteza –respondió Afrodita. Saga estaba ensimismado contemplando el desastre y no dio señales de haberla escuchado.
-¿Qué pasó?
-El techo de la cava colapsó –nuevamente, fue Afrodita quien respondió.
-¿Había colmenas ahí abajo? –preguntó Shion.
El olor a miel dominaba sobre el del vino.
-No –respondió Saga.
-Esto… va a ser complicado de reparar –dijo Saori.
-Quizá.
Hubo un largo silencio.
-Hoy no estás muy conversador, Saga –dijo Shion.
Saga meditó unos instantes.
-Cierto –replicó.
-Bueno, estoy dispuesta a alegrarme por el simple hecho de que estés usando palabras bisílabas además de monosílabos, pero Shion y yo apreciaríamos una explicación más detallada. ¿Cuántos litros cúbicos de ambrosía acaban de echarse a perder ahí abajo? –demandó Saori.
-"Acabar", como "en este momento", ni uno solo. He llegado a saber recientemente que la ambrosía fue agregada al vino desde hace años. Y no sabría decirle la cantidad exacta, pero, por la forma en que huele, temo que todas y cada una de las botellas, reunidas ahí por generaciones de predecesores míos, estaban contaminadas.
-¡¿Cómo?! ¡¿La ambrosía estaba mezclada con vino?! –Saori se llevó las manos a la cabeza, horrorizada-. ¿Quién puede haber hecho algo así y a quién pretendía matar?
Saga enarcó una ceja y la miró por primera vez desde su llegada. ¿Realmente no sabía al respecto… como "no" sabía acerca de Kanon?
-¿Tan malo es? –preguntó Shion, intrigado.
-El alcohol altera la ambrosía. Una mezcla así es tóxica, produciría alucinaciones, paranoia aguda… -la voz de Saori fue muriendo.
-Desdoblamiento de la personalidad y episodios psicóticos –completó Saga.
-¿Solías beber de este vino? –preguntó Saori, mirándolo con una expresión sombría.
-Sí. También Kanon. Y Afrodita me acaba de comentar que Angello lo ha probado alguna que otra vez.
-…¿Alguien más?
-No que yo sepa.
-Afrodita.
-¿Señora?
-Ve a buscar a Angello y que se reúna con nosotros en el Palacio. Saga, acompáñanos.
-…¿A qué?
La diosa, que ya estaba dando los primeros pasos hacia el Palacio, volteó a verlo con tanta rapidez que su cabello se extendió como un halo por un instante.
-Llamaré a mi sobrino Asclepio para que los examine a ambos.
Fue una tarde muy, muy larga.
No solo por el interminable chequeo completo a manos del dios de la Medicina, sino también por las confundidas protestas de MM, que justo ese día tuvo que confesar su fobia a las agujas.
Notas: cuenta la leyenda (mis dudas tengo al respecto) que en Esparta, por ley, estaba estrictamente prohibido a los ciudadanos el consumir alcohol. La única persona autorizada a hacerlo era el borracho oficial del ejército, un soldado cuya obligación era embriagarse regularmente y recorrer así las calles de Esparta para que los jóvenes tuvieran la oportunidad de contemplar con sus propios ojos lo degradante que es para un guerrero el estar ebrio.
