Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.


~*~Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza~*~

Por: Lissa Bryan

—De verdad me gusta —dijo Alice tímidamente.

El latente sexismo de Jenks había aparecido de nuevo y todas las chicas se quedaron en la casa rodante mientras los hombres iban a explorar la casa de Aro. Bella había lanzado lo que era caritativamente conocido como un "berrinche"cuando Edward insistió en acompañarlos, pero le imploró a Bella que se quedara con las otras mujeres. Él sólo volaría, le prometió. Estaría perfectamente seguro en el aire. Ella pensó en cien maneras en que él podría resultar lastimado incluso antes de que saliera de la casa rodante, pero cuando todo fue hecho y dicho, no sintió que fuera justo obligarlo a quedarse aquí.

—¿Sabes lo que Jasper me dijo? —continuo Alice—. Dijo que quería ser mi amigo. ¿Puedes creerlo?

Bella estaba sentada con ella en el sofá, con Dave acurrucado y profundamente dormido en su regazo. Jane había rodado la pelota para él a lo largo de la casa rodante una y otra vez durante todo el día y él estaba felizmente exhausto. Ahora Jane estaba viendo Jersey Shore y Bella sintió que debía hacer "la obligación de mamá", así que le dijo que cambiara de canal porque ese programa corrompería su cerebro.

Lauren estaba cocinando, aunque Bella no sabía cómo es que logró preparar una comida con las cosas que Edward había traído de la tienda. Intentó advertirle a Lauren antes de enviarlo, a pesar de eso admitía que fue divertido ver a Lauren sacar bolsas y más bolsas de dulces de la tienda.

Esme estaba en el área de la habitación durmiendo. Durante todo el día se había sentido mal por los efectos colaterales de haber sentido el dolor de los que estaban en el restaurante y no pudo hacer nada para remediarlo. Bella se sentía horrible por ello, aunque Esme insistió que no estaba molesta con Bella por haberlo causado en una explosión de poder accidental. Dijo que se sentiría mejor en la mañana y Bella de verdad esperaba que fuera así.

Kebi estaba en la mesa con un kit de manicure esparcido frente a ella. Eran accesorios de plata con asas de madreperla. Amun se lo había dado temprano ese mismo día y ella pareció aceptar el regalo como algo indispensable para arreglar sus uñas. Obviamente Amun estaba obsesionado con ella, aunque Bella no sabía en realidad qué tan profundo era su interés. Ella seguía sin estar segura de que él fuera capaz de amar. Él y Kebi habían pasado una buena parte del día en una silenciosa conversación, el melodioso sonido del árabe servía como música de fondo para los demás. Pero cuando él no estaba ocupado con ella, Kebi se quedaba en silencio con la cabeza gacha y las manos dobladas en su regazo como si estuviera en modo de espera hasta que una orden la trajera de vuelta a la vida. Ahora que él le había dado una tarea, ella se concentraba atentamente en hacerlo bien, pero Bella no dudaba que cuando terminara volvería a caer en su inmovilidad.

—Nuestros padres nos enseñaron que la amistad es lo más importante en una relación —le dijo Bella a Alice—. Sabes, muchas personas se enamoran pero en realidad no les agrada la persona, y cuando ese amor ciego se acaba, descubren que no tienen nada en común y no disfrutan de verdad pasando tiempo juntos. Mi papá siempre nos decía, "No se casen a menos de que la persona que está con ustedes sea su mejor amigo". Jasper se tomó ese consejo de corazón.

Alice miró por la ventana hacia el bosque oscuro que las rodeaba.

—En pocas palabras, eso resume mi problema con Collin. Tenía un enamoramiento por él, pero cuando intenté tener una relación, me di cuenta de que no me gustaba la persona que era la mayor parte del tiempo. Y no estoy dispuesta a esperar sentada a que de vez en cuando aparezca ese lado de él que me gusta.

—Sabía que Collin tenía que hacer muchos cambios antes de estar listo para una relación —dijo Bella—. Sólo esperaba que estuviera dispuesto a hacerlo por ti.

—¿Cómo lo supiste? —Alice frunció el ceño.

Bella intentó mantener el rostro serio.

—Dave nos dijo.

Los labios de Alice se torcieron.

—¿Un cachorro de tres meses analizó mis perspectivas de una relación con Collin?

—Y lo más raro de eso es que tenía razón.

—Debería tener su propia columna sobre relaciones en Cosmo —se burló Alice.

Bella se rió.

—Ya me lo imagino: "Tu novio necesita que le sobes la pancita más seguido".

Quizá fue el estrés acumulado de la última semana lo que creó esa tensión que tenía que ser liberada de alguna manera, pero Alice y Bella rieron hasta que se les salieron las lágrimas. Eso despertó a Dave y éste bufó indignado. Gruñó un poco y se movió hasta que encontró un lugar más cómodo para volver a dormirse.

—¿Crees que estoy apresurando las cosas con Jasper? —preguntó Alice.

—¿Apresurando a qué? ¿A ser amigos?

—Buen punto, pero seamos realistas, él quiere más que eso.

—Él te ama, Alice —dijo Bella—. Y si todo lo que quieres es un amigo, eso es todo lo que él será. Jasper siempre ha puesto primero a las otras personas, incluso si se perjudica él. Él va a ser lo que tú necesites.

—Como nuestros ángeles —suspiró Alice—. Necesito hablar con Edward sobre eso. No estoy segura de poder oír a Emmett. Quizá pueda enseñarme como escuchar mejor o algo.

Se quedaron en silencio por un momento. Bella miró a su amiga y comentó:

—Parece que estás manejando bien tu ruptura con Collin. —En realidad, mejor que Collin. Durante todo el día él había estado mirando por la ventana y hablando con monosílabos. Bella hubiera esperando una exhibición de enojo, o que Collin intentara algún tipo de venganza al agarrar a la primera chica disponible y restregárselo a Alice en la cara. Lo que no había esperado era su tristeza. Incluso Phoenix, siempre tan sensible como una excavadora, se dio cuenta de su congoja silenciosa y no lo molestó por eso. En cierto momento Dave le había dado su trapo de juguete a Collin, dejándolo junto a él en el sofá a modo de regalo. Collin le había sonreído débilmente y le rascó detrás de las orejas antes de volver a mirar por la ventana en silencio.

Alice giró el anillo que llevaba en su pulgar.

—¿Recuerdas que ayer me dijiste que estabas feliz porque Edward había sido tu primero? Pues cuando dijiste eso me di cuenta de que yo no estaba feliz porque Collin hubiera sido el mío. Fue entonces cuando supe que había cometido un terrible error. Duele admitir que fui tan estúpida, pero no estoy devastada por haberlo perdido. Nada de galones de helado ni festivales de llanto. Y si ésa no es una condena para nuestra relación, entonces no sé qué podrá serlo.

Se escuchó un golpe en el techo.

—Ése debe ser Edward —dijo Bella. Dejó a Dave en el asiento de al lado y se levantó para abrir la puerta de la casa rodante. Edward saltó del techo para meterse en el vehículo. Había gotas de agua en su cabello cobrizo.

—¿Cómo te mojaste? No está lloviendo.

—Condensación —dijo—. Pasé a través de las nubes. —Sacudió la cabeza y salpicó de agua a Bella. Ella gritó y él sonrió. Sus ojos brillaban con regocijo. No podía volar tan seguido como le gustaría, pero cuando lo hacía, le sacaba el máximo provecho volando en salvajes giros y saltos en picada que hacía que el estómago de Bella se apretara con ansiedad al verlo. Sabía que él no se caería, pero aún así…

Se quitó la espada y la metió bajo el sofá. Amun se la había dado esa misma tarde, una espada japonesa oficial de la época de la segunda guerra mundial, la mejor que pudieron conseguir del pequeño pueblo que tenían cerca. A Edward le encantó y Bella coincidió con él: se veía genial de forma perversa con las llamas danzando por la cuchilla.

Dave bailoteó alrededor de sus tobillos con impaciencia, ansioso por ser visto. Edward lo cargó y Dave lamió entusiasmado cada pedazo de piel que pudo alcanzar.

—Hola pequeño. ¿Protegiste a las hembras? —Ladeó la cabeza y escuchó el reporte de Dave.

—¿Dónde están los otros? —preguntó Alice, después de que Edward asintiera solemnemente y le dijera al perrito (que había pasado todo el tiempo dormido) que era un chico bueno por cuidarlas. Ya había cumplido su deber, así que Dave trotó hacia la cama para subirse de un salto junto a Esme, en ese lugar estaba más tranquilo.

—Vienen en camino —respondió Edward. Forks se había robado otro carro hoy, y luego de estacionar la casa rodante en un terreno que sintieron estaba lo suficientemente lejos de la propiedad de Aro, todos se apretaron dentro del carro y manejaron hasta la casa de Aro. Parecían estar muy emocionados y Bella quería darles un zape a cada uno. ¿No se daban cuenta de lo peligroso que era? ¿Que en cualquier momento podrían ser secuestrados como Edward? ¿O asesinados? Perder a cualquiera de ellos, incluso a Collin o Amun, sería devastador. Pero los chicos parecían pensar que eran inmortales al igual que Edward, que quizá poseían una protección sobrenatural de Dios. Ella suponía que todos pensaban que eran las estrellas de su propia película, y aunque los otros personajes pudieran caer (usualmente personajes secundarios) ellos seguirían de pie mientras pasaban los créditos.

—¿Descubrieron algo? —preguntó Alice.

—Sí, es lo más extraño. —Edward se rascó la cabeza—. Kebi tenía razón; no hay nadie más que Aro y un par de guardias. El lugar está desierto de noche.

Un rayo de luz captó la visión de Bella y vio los focos del carro que robaron rebotando por el terreno hacia ellos. Luego de un minuto más o menos, escuchó voces y la puerta de la casa rodante se abrió. Los hombres entraron discutiendo las virtudes de varios puntos de acceso.

—Mmm, algo huele bien —dijo Jenks. Se paró detrás de Lauren, que estaba meneando algo en una cacerola, y dijo—: ¡Lo encontré! —Mientras bajaba la cabeza para morderle el cuello. Ella se rió.

Podías haber escuchado la caída de una pestaña. Forks y Phoenix los miraban con la boca abierta. Ben, que estaba hablando sobre los métodos para tumbar los contactos en el sistema de alarma, se giró para ver qué era lo que estaban viendo todos y su voz murió a mitad de una palabra. La boca de Collin colgaba abierta en una cómica expresión de sorpresa.

—¿Qué? —demandó Jenks.

—¿Tú y Laurie? —soltó Phoenix.

—Sí —dijo Jenks con un encogimiento de hombros—. ¿Qué tiene?

—Joder, Laurie, creí que tenías mejores gustos —dijo Phoenix con voz de asombro.

—Sólo me usa por mi cuerpo —anunció Jenks, y dejó un enorme beso en su mejilla. Lauren se rio de nuevo y le dio una nalgada juguetona al pasar.

Amun tomó la mano de Kebi y la hizo ponerse de pie.

—Saldremos a cenar —anunció.

—Oh —dijo Lauren mirando la estufa—. ¿Hice algo que no les gusta?

—No —dijo Amun—, sólo deseamos tener algo de privacidad. —Kebi mantuvo los ojos pegados al piso, pero un pequeño sonrojo se extendió por sus mejillas.

—¡Oh! —Lauren les sonrió cálidamente—. Adelante entonces. Qué se diviertan.

—Sígueme, Kebi. —Sacó las llaves de la mano de Phoenix, quien seguía sorprendido por la revelación de que Jenks y Lauren estaban juntos. Amun agarró el codo de Kebi y la llevó hacia la puerta.

Bella miró a Alice verlos caminar hacia el carro. Amun abrió la puerta de Kebi y, para sorpresa de Bella, le puso el cinturón de seguridad.

—¿Fue esto lo que viste cuando tocaste la mano de Kebi?

—Lo vi darle un collar de perlas —respondió Alice. Ambas miraron el brillo rojo de las luces traseras del carro desaparecer—. Supe entonces que iban a estar juntos. Ella es perfecta para él.

—¿Porque es sumisa? —preguntó Phoenix.

Todas las cabezas se giraron para verlo.

—¿Qué? ¿Sumisa? ¿Esas mierdas de látigos y cadenas? —preguntó Jenks.

Phoenix bufó.

—No todo se trata de dolor y cuero. Se trata de lo que una persona necesita para sentirse a salvo y realizada. A veces la gente se siente más cómoda expresando su sexualidad si la otra persona está a cargo. Y Kebi es por mucho la persona más sumisa que he conocido en mi vida.

—Creí que actuaba de esa manera porque era maltratada —dijo Bella.

—No. Es su personalidad. Puede que se haya refugiado en eso para protegerse, pero en realidad es su naturaleza.

—¿Entonces eso significa que Amun es un… cómo dicen… dominante? —preguntó Jenks.

—¿No lo sabías? —replicó Phoenix. Ladeó la cabeza y los miró a todos como si acabaran de confesar que eran ciegos y sordos—. Dudo que lo sea ya en acción, pero es igual a Kebi. Muy natural.

—No me gusta como le da órdenes —dijo Alice.

Phoenix se frotó la frente.

—En realidad no es así. Es difícil explicarlo, pero es su manera de cuidarla. Si ella no quiere hacer algo, él no le diría que lo hiciera. Eso es parte de la confianza entre pareja. En su caso parece una dinámica tácita, pero otras personas deciden reglas y limites con anterioridad.

—¿Cómo es que sabes todas estas mierdas? —preguntó Forks.

—Lo leí en la columna Resumen del lector —dijo Phoenix arrastrando las palabras—. ¿Ya está lista la cena, Laurie? Muero de hambre.

Lauren se había olvidado de la comida en la estufa por lo entretenida que estaba con lo que Phoenix decía.

—¡Oh! —Quitó la cacerola de la estufa y suspiró aliviada cuando vio que nada se había quemado. Comenzó a servir las porciones en los platos—. Van a tener que compartir —advirtió—, no hay platos suficientes para todos.

Al parecer Edward había traído los ingredientes para preparar espagueti, una de sus comidas favoritas, pero a diferencia de la versión de Bella, no era sólo pasta hervida y salsa de un frasco. Lauren había agregado especias del pequeño especiero que estaba sobre la estufa, e incluso había preparado un poco de pan de ajo usando queso parmesano, mantequilla y ajo molido en rebanadas de tostada.

Espagueti. Carajo. Iba a pasar un infierno intentando comer eso. Ni siquiera podía agarrar con normalidad un tenedor para comer comida que se quedaba quieta, mucho menos podría con algo que tenía que enredarse en el tenedor. Quizá podría cortarlo, pensó, y comerlo con cuchara.

—Te hice algo —le dijo Edward. Abrió un cajón y sacó un objeto extraño. Bella lo había visto trabajando en eso temprano en el día, pero pensó que sólo estaba jugando con el rollo de cinta que habían encontrado en la cajuela del carro robado. Ahora vio que había juntado un montón de lápices y los había pegado muy bien en el asa del tenedor, y había creado una pulsera al final con la misma cinta. Él deslizó la pulsera en la muñeca de ella y ella tocó la gruesa empuñadura. Picoteó experimentalmente la comida y descubrió que el invento de él funcionaba perfectamente. Sí podía agarrar esto e incluso si sus torpes dedos lo soltaban, la pulsera evitaría que se cayera.

—¿Funciona? —le preguntó Edward—. ¿Puedes agarrarlo?

Ella miró a Edward con el amor brillando en sus ojos.

—Eres un jodido genio, hombre —dijo Jenks, y le dio una palmada a Edward en el hombro.

No llores. No llores.

—Gracias —logró decir—. Muchas gracias.

Edward sonrió dulcemente y le dio un besito en los labios.

—De nada, mi amor. ¡Ahora a comer!

Mientras ellos comían, Jenks discutía lo que él llamaba "la situación de Aro".

—Kebi tenía razón. El lugar está prácticamente desierto en las noches. Sólo vimos dos guardias.

—Tampoco hay alarmas en el edificio —notó Phoenix—. No había ningún contacto en la ventana del edificio que construyeron recientemente en la parte de atrás. —Sacó una de las imágenes aéreas de su bolsillo y señaló una pequeña adición sobre la imagen—. Podríamos entrar por aquí.

—¿Encontraste la caja? —le preguntó Jenks a Ben. Amun le había descrito una caja que debía estar por algún lugar en el exterior, una caja que contenía todos los circuitos de la alarma, y encontrarla había sido la misión de Ben.

—Un jodido error del diseño, si me lo preguntas. Está aquí. —Ben señaló otro lugar en la imagen y Jenks la encerró con su pluma.

—En realidad no es un error —dijo Phoenix—. Está diseñado para encender la alarma si alguien la jode, pero Amun sabe cómo apagarla desde ese punto, lo cual no es un conocimiento muy popular. Un ladrón común no sabría cómo hacerlo.

—Es demasiado fácil —dijo Bella—. No tiene sentido. Es la cabeza del Proyecto Theta y sabe que vamos tras de él. Debería tener mejor seguridad que esto.

—Quizá Kebi tenía razón cuando dijo que él tenía miedo de ser asesinado por uno de los guardias —sugirió Forks—. Kebi dijo que una tarde escuchó que Aro le decía eso a Sam. Confía sólo en un par de personas. Y quizá confía más de lo que debería en el sistema TanseraNet.

—¿Amun está seguro de poder anularlo?

—Debería. Es dueño de la compañía que lo fabrica.

Bella sacudió la cabeza.

—No me gusta. Algo no se siente bien aquí. Alice, ¿puedes ver algo? ¿Aunque sea un poco?

—No —admitió Alice—. Estoy bloqueada, Bella. Ya sólo veo pequeños pedazos de visiones, como cuando vi que Amun le daba el collar a Kebi. Odio estar así de ciega.

—Amun dice que no te está bloqueando a propósito —dijo Edward.

—¿Por qué mis poderes no están bloqueados? —demandó Bella—. Nada de esto tiene sentido, Edward. —Ella se levantó y llevó su plato al fregadero.

—Creo que en tu caso es porque tú eres más fuerte que él —dijo Jenks.

Bella echó un poco de jabón al fregadero y comenzó a llenarlo de agua para lavar los trastes. Recogió los platos de aquellos que ya habían terminado, acunando las manos bajo las orillas para no tirarlos. Edward revisó que no hubiera nada filoso en el fregadero. Trabajaron en equipo: él le sostenía los platos mientras ella los lavaba y enjuagaba, y luego él los secaba para guardarlos. Estaban algo apretados en la pequeña cocina y sus alas ya chocaban con los gabinetes, pero había algo de divertido en frotarse el uno contra el otro. Él se paró detrás de ella para poner un vaso en el gabinete que estaba sobre su cabeza y ella no pudo resistir tentarlo un poquito frotando su trasero contra la pelvis de él. Él gimió suavemente en el cabello de ella y ella tembló por la sensación de su aliento caliente cerca de su oído.

Él se giró y aplaudió ruidosamente. Esme, que había estado dormida durante toda la cena, se despertó de golpe. Parpadeó y miró alrededor confundida.

—Oh, qué bueno, ya estás despierta —dijo Edward—. Bella y yo necesitamos usar la habitación. —Jaló a Bella del brazo por el pequeño pasillo. Él se puso de pie en la puerta, mirando expectante a Esme, que se paró y se apretó para pasar junto a ellos todavía media dormida. Dave la siguió, lanzándole a Edward una mirada indignante que Edward ignoró. Empujó a Bella dentro de la habitación vacía y cerró la puerta tras de ellos.

—Quiero intentar algo —dijo Bella.

La sonrisa de él era enorme e impaciente.

—¡Claro!

—Quítate la camiseta —instruyó ella. Él lo hizo, pasándola sobre sus alas y lanzándola al piso—. Date la vuelta —dijo ella. Él lo hizo, confundido pero dispuesto. Ella llevó sus manos hacia las pequeñas plumas que estaban en la base de sus alas y se concentró.

Durante la cena había recordado cómo ayudó a Emmett para tocar a Alice, cubriendo sus manos efímeras con su poder. Ahora ella se estaba concentrando en sus propias manos de la misma manera. Ella miró como sus dedos tocaban la base de la pluma y acariciaban gentilmente hacia arriba y hacia afuera sobre el folículo, acomodándolas al hacerlo. Ella soltó un pequeño jadeo muy parecido a un sollozo.

—¡Puedo hacerlo! —susurró—. ¡Puedo ayudarte a limpiar tus alas!

Por sus mejillas resbalaban lágrimas de felicidad y él se giró para limpiárselas con sus pulgares. Sus hermosos ojos verdes se veían luminosos.

—No importaba que no pudieras —le dijo.

—Importaba para mí —dijo ella—. También me gusta cuidarte.

Las pequeñas plumas en la base de sus alas estaban torcidas y ella sabía que eso debía estarlo volviendo loco. Ella comenzó con la parte inferior y luego fue subiendo, enderezándolas por su camino, acomodando puntas abiertas y dejando cada pluma en su lugar.

—Listo —dijo.

Él la llevó a su regazo sin decir una palabra y la envolvió con sus alas. El corazón de Bella se sentía tan lleno y ligero que no podía expresar sus sentimientos con palabras, pero no tenía que hacerlo, ¿verdad?

Ella levantó la cabeza del hombro de él y le sonrió. Él acomodó el cabello de ella detrás de sus orejas y se inclinó por un beso que lo dijo todo.


—¿Me puedes volver a decir a dónde vamos? —preguntó Jane.

—A ver a una amiga de la familia —dijo Bella. Ésta era la primera vez que manejaba un carro en mucho tiempo, y se sentía raro. Lauren y Jane estaban en el asiento trasero, y ambas se estaban inquietando. Habían salido muy temprano en la mañana y ahora ya casi era de noche. Ella miró a Edward, que estaba en el asiento del copiloto. Él le había rogado para que lo dejara manejar, pero ella le dijo que tendría que esperar hasta que Lauren y Jane ya no estuvieran en el carro.

—¿Ya casi llegamos? —preguntó Jane—. Estoy hambrienta.

—Casi —dijo Bella viendo el kilometraje—. Unos diez minutos más, creo.

Había sido una decisión enorme, y no habían consultado las opiniones de las dos personas que venían atrás. El cachorrito era el único ocupante que sabía el propósito de este viaje. Edward le había encargado cuidar a las hembras hasta su regreso.

Bella sabía que Jane iba a estar furiosa, pero prefería tener a una Jane viva y enojada que una Jane posiblemente herida o muerta. Estaba muy nerviosa sobre su plan de atacar mañana en la noche. Algo estaba mal. Era demasiado fácil. Estaba bastante segura de que se dirigían a una trampa, y lo único que podía esperar es que fuera una trampa que pudieran derrotar con sus talentos combinados.

Giró en el largo camino de entrada y llegó a la casa justo al atardecer. Una figura familiar salió al porche. Bella no la había visto en más de diez años, pero se veía igual, una figura bajita y redonda con cabello grisáceo y grandes lentes acomodados sobre su sonriente rostro.

Bella salió del carro y corrió hacia el porche.

—¡Tía Esme! —dijo y se abrazaron con fuerza.

—Oh, Bella, cariño, estás hermosa —dijo la tía Esme—Te pareces mucho a tu madre, aunque tienes los ojos de tu padre.

Jane y Lauren se bajaron del carro y siguieron a Edward por el camino de entrada.

—¿Ése es tu hombre? —preguntó tía Esme—. ¡Dios mío, Bella, es guapísimo!

Bella escondió una sonrisa. Se preguntó cómo se vería Edward para ella.

—Éste es Edward, tía Esme. Él es mi todo.

—¿Y quién es ella? —Tía Esme le sonrió cálidamente a Jane y Jane le correspondió con una sonrisa tímida.

—Esta es mi hija, Jane —dijo Bella.

—¡Hija! ¡No sabía que tenías una hija! —Esme examinó a Jane como buscando algún parecido con Bella.

—Soy adoptada —le dijo Jane—. Pero Bella es mi mamá de todas las formas que cuentan.

Tía Esme abrazó a Jane. Los ojos de Jane se abrieron como platos y lentamente levantó los brazos para regresarle el abrazo.

—Ella también me adoptó a mí —dijo tía Esme—. He sido su "tía" desde que era pequeña. Entren todos. Vamos a cenar.

Jane sacudió la cabeza al entrar.

—Nunca antes había escuchado el nombre de "Esme" antes de conocer a nuestra Esme, y ahora conozco a dos personas que se llaman así. Qué raro.

—El nombre completo de tía Esme es "Esmeralda", pero lo detesta —susurró Bella.

Todos se sentaron en la mesa mientras tía Esme iba de un lado a otro, trayendo tazones y platillos a la mesa. Se negó a aceptar ayuda. Al parecer tía Esme creía que era Acción de Gracias porque había preparado pavo con todos sus acompañantes. Todos esperaron hasta que ella terminó antes de llenar sus platos con diferentes porciones. Bella tenía miedo de soltar las cucharas para servir, así que le dio su plato a Edward y él se lo llenó. Bella notó que tía Esme le sonreía a él con aprobación.

—¡He visto esto en televisión! —anunció Edward, mirando el pavo bien horneado del que salía el relleno por el hueco, la sala de arándanos (que él picoteó y pinchó en su plato disfrutando más de la consistencia que del sabor) y el humeante tazón de puré de papas.

—¿Nunca antes has tenido una cena de Acción de Gracias? —preguntó tía Esme.

—No, él es… uh… canadiense —dijo Bella. Ella tenía el vago conocimiento de que ellos o no tenían esa celebración o la festejaban de diferente manera. Esperaba que tía Esme no estuviera mejor informada sobre celebraciones canadienses.

—Ah —respondió tía Esme.

Bella sacó el tenedor que Edward le había hecho de su bolso y tía Esme la vio mientras bebía de su vino. Era demasiado amable para hacer preguntas, especialmente al ver que Bella tenía que usar las dos manos y acunar el vaso de vino para poder beber.

—Y bien, querida, escuché que eres una terrorista. ¿Cómo te va con eso?

Bella suspiró. Entre mordidas le contó a tía Esme la versión editada de la historia, el centro de investigación y el Proyecto Theta. Ella lo hizo sonar como si sólo destruyera los edificios, pero tía Esme no era tonta. Sabía lo que Bella no quería decir. Sus ojos se suavizaron con compasión.

Después de la cena Bella salió con Lauren y Jane al porche y todas se sentaron en el columpio, mirando las luciérnagas brillar en el patio de tía Esme. Dave saltaba a su alrededor, intentando atraparlas.

—Quiero que ustedes dos se queden aquí hasta que todo termine.

Lauren no dijo nada, pero Jane protestó acaloradamente, como Bella había esperado.

—Necesitamos que alguien con un Don se quede con Lauren y Dave —dijo Bella.

—¡Oh, mierdas! —espetó Jane—. Quieres que me quede porque quieres que esté a salvo.

—¿Y eso es tan malo?

—¡Puedo cuidarme sola! —gritó Jane—. Ya pasamos por esto, mamá. Me dejaste acompañarte cuando fuiste a rescatar a Edward.

—Me equivoqué —dijo Bella—. Me rendí ante ti porque no quería decirte "no". Pues ahora te lo digo. No quiero que veas eso, Jane. Tengo miedo de que resultes lastimada o, Dios no lo quiera, capturada. Necesito saber que estás a salvo para poder concentrarme en lo que tengo que hacer. Por favor, Jane. Por favor. Te pido que hagas esto por mí.

Los ojos de Jane se llenaron de lágrimas.

—También tengo miedo. Tengo miedo de perderte al igual que he perdido a todos los que he querido. No quiero perderte de vista ni a ti ni a Edward. Y si… si llega el final, quiero estar con ustedes. Porque sé que Edward me llevará con ustedes.

—No quiero eso para ti, Jane —dijo Bella, y entendió por qué su vida en la tierra era tan importante para Edward—. Quiero que crezcas y vayas a la universidad, que te cases, y que tengas una carrera donde la gente aprecie ese cerebro que tienes. Quiero que salgas a bailar, que nades desnuda en una laguna, que cometas errores y aprendas lecciones de ellos. Jane, quiero que tengas una vida. Te quiero, Jane. Y todos queremos proteger a las personas que amamos. Por favor, Jane. Te lo ruego. Déjame hacer esto por ti. Pronto crecerás y no podré protegerte de la manera que quiero, pero ahora… —Suspiró—. Ahora, déjame ser tu mamá.

Jane sollozó y recostó la cabeza en el hombro de Bella. Bella pasó sus brazos alrededor de la niña y la dejó llorar.

—Es mejor que regreses —le dijo Jane.

Bella no podía prometerle eso y Jane lo sabía. Besó la cabeza de Jane y no dijo nada. Se encontró con la mirada de Lauren sobre la cabeza de Jane. Cuídala, por favor, articuló Bella. Lauren asintió. Le dio una suave palmada a la espalda de Jane.

En el patio, Dave tosió. Había atrapado una de las luciérnagas y sabía horrible. Bella lo llamó y todos entraron de nuevo a casa de Esme. Encontraron a Edward y a Esme sentados en la sala. En la mesita de centro estaba una caja de chocolates Godiva. Edward le sonrió a Bella y dijo:

—Tenías razón. Estos saben feo.


Nos vamos acercando cada vez más al meollo del asunto.

Espero que les haya gustado.

¡Gracias por sus comentarios! ^^

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