14. Suegros (602 palabras)
-Un fantasma te visita –repitió Afrodita, incrédulo.
-Así es.
-No será el fantasma de Kanon, me dijiste que Kanon está vivo.
-Eso dije… ¿por qué suenas como si temieras por mi cordura, skönhet?
-Bueno, suenas un poco demencial.
-No es ninguna broma y tampoco me estoy volviendo loco. La sombra de mi padre me visita una vez por semana, para traerme cartas de Kanon.
-Ajá.
-Otra vez ese tono escéptico, Afrodita de Piscis.
-"Otra vez", no: todavía, Caballero de Géminis.
-Está bien. Ayúdame a preparar la ofrenda y entonces tendrás oportunidad de convencerte.
Afrodita suspiró resignado y lo ayudó a terminar de limpiar el recinto de la caja pandora, para luego endulzar con miel leche fresca, que sirvieron en un elegante vaso de cristal tallado, al cual colocaron en el centro de una mesita dispuesta frente a la caja pandora.
-¿Qué sigue?
-Ahora, esperamos. ¿De verdad no me crees?
-No dudo que te visite un fantasma enviado por Hades, lo que me preocupa es si realmente es tu padre y por qué Hades y Poseidón le permiten hacer de cartero entre Kanon y tú.
-Es algo que Kanon y yo nos hemos preguntado más de una vez. ¿De qué te ríes?
-Acabo de darme cuenta de una cosa: en caso de ser cierto, estás a punto de presentarme a tu padre.
-Pues, sí.
-¿Me presentarás como cortejado o tendré que pedirle permiso para visitarte?
-…Oh.
Todavía estaban riendo cuando el fantasma se presentó. O, mejor dicho, cuando los fantasmas se presentaron, porque esta vez una segunda sombra acompañaba a Tíndaro.
-¿Padre? –dijo Saga, sorprendido.
-Hijo mío, tu madre deseaba verte, así que la traje hoy.
Saga se quedó como clavado al piso y sin saber qué decir.
Afrodita parpadeó un par de veces y se hizo cargo de la situación: tenían dos fantasmas y una sola ofrenda. Rápidamente se acercó a ellos, e invocó sus mejores rosas blancas, que les ofreció con una reverencia formal.
Las manos de los fantasmas rozaron las flores… y los pétalos se desintegraron en ceniza.
Afrodita contempló pasmado los restos de los tallos, que había quedado en sus manos, y luego miró a los fantasmas.
Ya no eran solo un par de siluetas opacas: luego de tocar las rosas parecían casi sólidos y era posible distinguir cada detalle de su apariencia.
-Rosas creadas con sangre, una ofrenda poderosa –el fantasma de Leda le sonrió-. Tú debes ser Afrodita… Querida niña, heredaste la belleza de tu madre.
¿"Niña"?
-Usted… ¿conoció a mi madre?
Los ojos de Leda se agrandaron al escuchar la voz de Afrodita y se estrecharon en forma amenazadora un instante después, cuando volteó a mirar a su esposo.
-¿Tíndaro? –demandó, con un tono que bien habría podido emplear Saga dirigiéndose a un soldado insubordinado.
-Lo siento, amada. Quizá olvidé mencionarte un detalle o dos.
Era fácil escuchar la risa contenida en la voz del fantasma. Leda sacudió la cabeza y se dirigió de nuevo a Afrodita.
-El imbécil de mi marido me dejó creer que eras una chica, pero lo que dije sigue siendo cierto, querido niño: te pareces mucho a tu madre.
Los fantasmas se desvanecieron cerca de una hora después y Afrodita ayudó a Saga a recoger los restos de las ofrendas.
-Creo que tus suegros están muy complacidos contigo –comentó Saga.
-Y yo con ellos –Afrodita apretó los labios un instante-. Saga… no sé si es cierto o si todo esto es parte de un engaño demasiado elaborado al que intenta someternos algún dios… pero… realmente me gustaría que fuera cierto.
-Ya somos dos –respondió Saga, y aprovechó para robarle un beso.
Notas:
Skönhet: "belleza" (sí, otra vez el traductor de Google)
