15. Sucesor (674 palabras)


Saori contempló las escalinatas y las Doce Casas desde la entrada del palacio.

Veinte años de paz se fraccionaban en una larga serie de pequeños conflictos. De algunos, había salido airosa; de otros, no tanto.

Las cosas no salieron siempre como deseaba y un buen ejemplo de eso era Saga.

Era previsible que Aioros rechazaría (por segunda vez) la propuesta de Shion para que fuera su sucesor. La opción lógica entonces sería Saga, por supuesto.

Pero Saga también se negó.


-No soy la persona adecuada. Quizá alguna vez lo fui, pero ya no.

-Pero, Saga… ¿No fue esta tu ambición toda la vida?

La mirada de Saga tomó una cualidad extraña. Era realmente frustrante el no poder leer lo que se ocultaba tras esa expresión que en presencia de ella siempre era como una máscara.

-Mi única ambición era derogar la ley que obligaba a mi hermano a permanecer oculto como si fuera un secreto vergonzoso. El patriarcado era solo un medio para alcanzar esa meta.

¿Por qué siempre que intentaba hablar con Saga, Kanon se colaba en la conversación?

-Sin embargo…

-Pienso que usted y el Maestro Shion deberían considerar a Aldebarán para el puesto.

-…¿Qué?

-Con Hades derrotado y Poseidón prisionero, finalmente la Tierra disfruta de un periodo de paz. Yo fui educado para ser un líder en tiempo de guerra, Alteza. Aldebarán, en cambio, tiene las cualidades propias de un líder en tiempo de paz. Como le dije, pude haber sido la mejor elección en otro momento, pero ese momento ya pasó.


Ella quiso protestar entonces, pero algo la detuvo.

En cada ciclo le sucedía algo parecido con la reencarnación de quien fue su medio hermano Pólux en su primera existencia. Ese hermano, tan joven comparado con ella, poseía desde ese entonces una sabiduría que la hacía sentirse ingenua y torpe. Y siempre, siempre, había un momento en cada ciclo que encontraba la forma de dejarla sin palabras.

¡Cómo lamentaba cada vez el que Pólux hubiera rechazado la inmortalidad! Estaba segura de que habría sido un segundo dios de la Sabiduría y que, con su ayuda, la humanidad alcanzaría grandes cosas.

Pero frente a ella no estaba el dios que pudo ser sino el mortal que era. Triste y dolido por el destino de su gemelo, al punto de que todas sus sonrisas las reservaba para Afrodita y a ella no le sonreía nunca.

En esas ocasiones deseaba poder gritarle que ella había sido tan hermana suya como Kanon en una época remota y que si él quisiera tomar un lugar entre los hijos de Zeus ella tendría derecho a exigirle por lo menos una fracción del afecto que acaparaba su gemelo, pero no podía, sería revelarle cosas de sus vidas pasadas y eso no debía ser.

Como cada vez que Kanon se colaba en la conversación, se preguntó si había hecho bien en ocultarle la verdad. Era tan duro verlo sufrir y no poder consolarlo… ¿pero qué consuelo hubiera podido ofrecerle?

Poseidón era cruel, vengativo y terco. Su corazón era tan duro y frío como el de Hades. Temblaba de solo imaginar las horribles torturas y humillaciones que debía estar sufriendo Kanon, si acaso seguía con vida.

Ni siquiera se atrevió a interceder por él ya que, conociendo a Poseidón, eso solo empeoraría las cosas.

El alegre y tramposo Kanon, tan querido… había hecho todo lo posible por retrasar el momento de cedérselo a Poseidón y había conseguido que se criara en su Santuario en lugar de en Bluegaard, como exigía el dios del Mar. Se había esforzado tanto por protegerlo, no solo por su afecto a Pólux, sino también porque ella también apreciaba la mente aguda y el buen corazón que estaban tan bien escondidos debajo de todo ese cinismo.

Lo más irritante era que el consejo de Saga había sido bueno. Aldebarán era una persona paciente, de buen carácter, y lograba que hasta en los conflictos más difíciles las partes en desacuerdo quedaran satisfechas y seguras de haber ganado… cuando en realidad habían cedido.

Sería un estupendo Patriarca.