16. Anuncio (294 palabras)
-¡Salve, indómita Atenea, gloriosísima hija de Zeus, que imperas en las batallas!
El saludo de Hermes sorprendió un poco a los Caballeros presentes. Era natural, muy pocos habían escuchado las conversaciones de los dioses.
-Salve, poderoso y benéfico Hermes, el de las sandalias aladas. ¿Qué te trae hasta mi Santuario, querido hermano?
-Malas noticias –el dios mensajero miró a su alrededor con duda, pero como Saori no indicó que se retiraran a un lugar menos público para tratar el asunto, se decidió a hablar; no tenía tiempo como para lanzarle indirectas-. Hemos descubierto lo que sucedió con los prisioneros que escaparon del Tártaro hace veinte años.
-¿Eso es malo?
-No lo descubrimos por nuestros propios medios, sino porque tomaron el Refugio y ahora mantienen prisioneros los cuerpos divinos que reposan ahí. Dime tú, diosa de los ojos de lechuza, si eso es bueno o es malo.
Saori palideció.
-El cuerpo original de nuestro padre.
-También el de Hera, el de Poseidón, el de Ares y el de Dionisio. Nuestro padre ha dado orden para que todos los Olímpicos movilicen sus tropas con el fin de recuperar el Refugio. Como es natural, se espera de ti que nos guíes en esta guerra.
-Por supuesto –Saori asintió muy seria-. Mis Caballeros están preparados.
-Así lo espero… Una cosa más, hermana.
-Dime.
-Nuestro padre ha decidido que será mejor contar con Poseidón en la batalla, por eso le perdonará los años de destierro que le restan, y ordena que lo liberes de la vasija.
-…Sí, por supuesto…
Por un instante, su mirada se cruzó con la de Saga.
Tampoco esa vez logró leer lo que se escondía tras su expresión serena, Afrodita, a su lado, él sí que era un libro abierto… Pero… ¿por qué estaría sonriendo?
