Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Beta: Isa.


~*~Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza~*~

Por: Lissa Bryan

—Por favor, despierten —susurró Jane. Lágrimas desapercibidas bajaban por sus mejillas y su voz se rompió por el nudo que tenía en la garganta—. ¿Por favor?

Estaba segura de que cuando despertara en la mañana, tía Esme y Lauren ya estarían despiertas mirando a sus alrededores con expresiones de desconcierto, o quizá sirviéndose una taza de café en la pequeña cafetera que había ahí.

Los ojos de Jane se habían abierto y se sentó ansiosa, sólo para ver a Lauren y tía Esme en las mismas posiciones en que las había dejado anoche. Dave se subió a su regazo, revolviéndose con su bailecito de tengo-que-salir y Jane caminó un poco aturdida hacia la puerta para abrírsela.

—¿Necesitas que vaya contigo? —le preguntó, pero él corrió directo hacia el espacio donde había pasto que estaba entre la puerta y el estacionamiento. Jane dejó la puerta abierta y volvió a sentarse en la cama.

Esperaba que para esta mañana ya hubiera un adulto que se hiciera cargo de todo y ella pudiera volver a ser alguien que dejaba que las personas adultas y sabias tomaran las decisiones. Que hubiera un adulto que supiera exactamente qué tenían que hacer y cómo contactar a Bella y Edward. (Incluso se conformaría con hablar con ese hombre raro Amun.)

Nunca esperó que siguieran dormidas.

—Tienen que despertar —les dijo Jane—. Tienen que hacerlo. No quiero seguir haciendo esto. Quiero… quiero a mi mamá. —Jane agachó la cabeza y sollozó en sus manos.

Dave volvió a entrar y puso una pata en su pierna. Ella lo cargó y cerró la puerta antes de reasumir su lugar en la cama. Él lamió gentilmente su mano y metió la cabeza bajo ésta, urgiéndola a que le hiciera cariños. Ella lo hizo, pero todavía tenía lágrimas cayendo por su rostro y la respiración entrecortada.

¿Qué iba a hacer ahora? Jane no tenía ni idea. Después de llorar por un rato, se obligó a detenerse porque eso no estaba ayudando. Tampoco se sentía mejor luego de sacar las lágrimas. Y había llorado hasta llegar a hipar entre el llanto.

Fue al baño y se limpió la nariz con un pedazo de papel. Se lavó la cara y se miró en el espejo. Se veía horrible, sus ojos estaban rojos e hinchados, y su cabello se veía como un nido de pájaros. Se lo peinó con los dedos lo mejor que pudo y vio un letrero amistoso junto a la taza: "¿Olvidó algo? Queremos Que Su Estadía Sea Lo Más Cómoda Posible, Así Que Si Dejo Un Artículo De Uso Personal En Casa, Pida En Recepción Un Remplazo Gratuito."

Al menos ahí había algo que sí podía hacer. Jane sollozó y se acomodó su desalineado pijama. Se giró hacia Dave, que estaba sentado en la cama viéndola. Los ojos de ella se encontraron con los de él y su colita comenzó a moverse sobre la colcha de poliéster.

—Ahora vuelvo —le dijo—. Por favor, cuídalas. Sé que no eres un experto en el vocabulario humano, pero Edward dijo que entendías algunas cosas. Cuídalas, ¿bien? Cuídalas.

Dave pareció entender lo que ella estaba diciendo. Trotó y se sentó a los pies de la cama. Parecía estar muy orgulloso de que le hubieran dado esa tarea.

Ella agarró la nota que había escrito la noche anterior y trazó una línea sobre "DESHACERME DEL CARRO" y lo remplazó con "ESTOY EN RECEPCIÓN". Buscó en su bolsillo y encontró otro billete de cien dólares que había tomado de la bolsa cuando no sabía cuánto costaba una habitación de hotel.

La rentaría de nuevo esta noche para tener un lugar donde quedarse durante el día. No podía ir manejando a la luz del día. Alguien llamaría a la policía si veían a una niña tan joven como ella manejando un carro y no quería usar su poder con un oficial.

Agarró la llave de la habitación y se la metió al bolsillo. Abrió la puerta y se asomó. Sólo había un carro en el estacionamiento, estaba justo junto a la oficina. Jane miró la línea de árboles al otro lado de la calle por un momento, casi esperaba ver a hombres con binoculares vigilando su habitación. Salió y usó su pie para empujar gentilmente a Dave dentro cuando él intentó seguirla.

—No me cuides a —le dijo—, cuídalas a ellas. —Cerró la puerta con firmeza y caminó a recepción.

El lugar se veía aún más decadente durante el día. La pintura se estaba descamando y todas las puertas estaban rayadas. La banqueta frente a la habitación estaba desnivelada y agrietada. Si Bella estuviera aquí, se tropezaría. Edward siempre la agarraba del brazo en terrenos ásperos como éste porque los pies de Bella siempre parecían buscar cosas con que tropezarse. Ese pensamiento hizo que Jane sonriera un poco.

El pomo de la puerta estaba lleno de mugre. Jane abrió la puerta con un recordatorio mental de lavarse las manos al regresar a la habitación. La puerta rechinó porque las bisagras no tenían aceite y escuchó el bing bong que recordaba de anoche. Una mujer regordeta de mediana edad salió de la parte trasera. Tenía la piel más suave y perfecta que Jane había visto de un rico color chocolate y grandes ojos que miraban a Jane con suspicacia. Su gafete decía "BECKY" con letras chuecas.

—Hola. Mi mamá me mandó a preguntar si podíamos quedarnos por otra noche. —Jane sacó el billete de cien dólares de su bolsillo.

La mujer se encogió de hombros.

—Claro. No estamos muy ocupados en esta época del año. —Tecleó algo en la computadora. Jane tuvo un momento de pánico cuando se dio cuenta de que no recordaba el nombre falso que usó anoche, pero la mujer no se lo preguntó.

Mientras esperaba miró por la habitación y vio una caja de donas junto a una jarra de café y su estómago gruñó con hambre.

—¿Ésas son para los huéspedes? —preguntó.

—Claro, cariño. Toma una.

Jane tomó una dona de azúcar y la mordió vorazmente.

—Agarra más si quieres —dijo la mujer con los ojos todavía pegados a la computadora—. No podemos comprarle menos de una docena al proveedor, y tú y tu mamá son nuestros únicos clientes.

Jane tomó dos más y las envolvió con servilletas.

—Gracias.

—No hay problema. Terminarán en la basura. Yo no puedo comerlas. Aumento cinco libras tan sólo por mirar la caja.

Jane se rió amablemente. Le dio el dinero y aceptó el cambio.

—¿Algo más, cariño?

—Um… ¿puede darme cepillos de dientes? ¿Y pasta? ¿Y un peine? Mi mamá y yo… nos fuimos tan de repente que no tomamos nuestras cosas.

Los ojos de la mujer se suavizaron con compasión.

—¿Tu papá? —preguntó.

Jane asintió e intentó verse triste, lo cual no fue muy difícil considerando las circunstancias.

—Le pagaré —se ofreció.

La mujer tronó la lengua y alzó una canasta que contenía paquetes individuales de artículos para aseo.

—Agarra lo que necesites, cariño. Son gratis.

Jane agarró un peine y uno de los tubos de pasta pequeños. La mujer estaba viendo de nuevo la pantalla de la computadora, así que Jane agarró rápidamente tres cepillos de dientes.

—¡Gracias! —dijo.

—Cuando quieras, cariño. Espero que las cosas se solucionen con tu mamá y tu papá.

—Yo también —respondió Jane, y regresó a la habitación con su botín. Abrió la puerta y dejó las donas en la mesita que estaba entre las camas. Dave las miraba esperanzadoramente.

—Lo siento, pequeño —le dijo Jane—, Son para tía Esme y Lauren. Además, no creo que los perros deban comer azúcar. —Se le ocurrió una idea—. Ahora vuelvo.

Puso las donas sobre la televisión para que Dave no estuviera tentado y siguió los letreros hasta el área donde vendían cosas. No había mucho de donde elegir, pero Jane pensó que las Wheat Thins no serían muy malas para él. Compró dos bolsas pequeñas y regresó a la habitación.

Había tendido razón sobre Dave y la tentación. Estaba sentado frente a la televisión, mirando las donas envueltas en las servilletas con una mirada calculadora en los ojos.

—Ten, éstas son mejores para ti —dijo Jane. Abrió una de las bolsas y la extendió para usarla como plato para él. Él miró el montón de galletas y luego las donas.

—Sí, yo también preferiría una dona. Cómete tus galletas. —Le quitó la tapa a la jarra de café y mojó un trapo para limpiar en el lavado, luego le puso un poco del champú del hotel. Con su improvisado estropajo lavó la parte interior de la tapa antes de enjuagarla, llenarla de agua y dejarla en el piso para Dave.

Él lo olió y después la miró perplejo. Estaba oliendo los residuos del café, pensó Jane.

—Está bien. Sé que huele mal, pero la lavé. —Él lamió tentativamente el agua y después decidió que era aceptable.

Ella acomodó las almohadas contra la cabecera y se recargó ahí. Tía Esme y Lauren seguían sin moverse. Estimaba que habían pasado doce horas desde que les inyectaron. ¿Cuánto podría durar una inyección? ¿Estaban en problemas? ¿Debería llamar al 911?

Jane se inclinó y puso los dedos sobre la garganta de tía Esme. Su pulso era estable y parecía estar respirando con normalidad. Lo mismo para Lauren. No estaban agitadas, así que no parecía una situación de emergencia, al menos no una emergencia lo suficientemente grave como para arriesgarse al ir al hospital. Por lo que había escuchado, Bella había tenido tanto miedo de ir al hospital que prefirió que se le pudriera la mitad de dedo antes que ir al médico. Jane decidió darles unas cuantas horas más y seguir monitoreando sus pulsos y respiraciones. Sólo esperaba que se despertaran solas.

Jane escuchó a Dave masticar sus galletas y cerró los ojos. En realidad nunca había creído en Dios, incluso después de descubrir lo que Edward era, pero ahora lanzó una plegaria silenciosa, que consistía en las mismas cinco palabras repitiéndose una y otra vez:

Por favor, que estén bien.


Edward voló en círculos sobre la casa y ambos estudiaron el terreno buscando señales de que alguien estuviera vigilando. Había huellas de llantas en el jardín de tía Esme y sobre sus preciosas flores. El corazón de Bella se hundió ante la imagen.

La puerta del garaje estaba abierta. Edward los voló dentro y aterrizó en el piso de concreto. Había marcas negras de las llantas mancillando la perfecta extensión gris. Tía Esme era de las que sí trapeaban el piso de su garaje y no toleraría tales marcas. Bella se mordió el labio para detener el sollozo que crecía en su garganta.

La puerta estaba abierta. Entraron a la casa atravesando la cocina. Bella vio una silla acomodada bajo el pomo de la puerta que llevaba al jardín detrás de la casa. Desde ahí procedieron a avanzar hacia el comedor y luego al vestíbulo, y Bella tuvo que ahogar un grito cuando vio el cuerpo junto a las escaleras. Los sangrientos huesos rotos y el agujero abierto en su estómago eran toda la explicación necesaria. Edward puso un brazo alrededor de sus hombros y subieron las escaleras juntos.

Bella intentaba no llorar. Su respiración salía en jadeos entrecortados. Edward la detuvo en el rellano y simplemente la abrazó por unos minutos hasta que ella se tranquilizó un poco. Ella lo miró y asintió. Él le acarició el cabello y acunó su mejilla. —Puedes hacerlo —le dijo él.

Ella asintió de nuevo y cuadró los hombros. La primera habitación a la que entraron fue la de tía Esme. Bella podía oler un ligero toque de White Shoulders, el perfume que tía Esme amaba. Las colchas de su cama estaban desordenadas y eso por sí sólo le hubiera indicado a Bella que tuvieron que huir de prisa. Tía Esme era exigente sobre tener la cama bien hecha.

Edward se agachó y agarró algo. Una jeringa vacía. Él se la mostró sin decir palabra, y Bella cerró los ojos. Encontraron otra en la habitación que estaba junto a la de tía Esme. Era la habitación de Lauren; sus zapatos estaban bajo la cama.

Cruzaron el rellano hacia la habitación de Jane, la identificaron por su camiseta de Justin Bieber que estaña colgada sobre el respaldo de la silla de su peinador. El cuerpo de un hombre estaba tirado en el piso bocabajo, sus manos se aferraban a su cabeza. Un hilillo de sangre caía de ambos oídos, tenía un charco rojo en ambas mejillas.

Edward encontró otra jeringa junto a la pared, pero esta estaba llena. El ceño de Bella se frunció cuando él la alzó.

—Jane peleó —dijo Bella lentamente—. No pudieron inyectarla. —Miró bajo la cama, en el pequeño armario y dijo—: Sus zapatos no están aquí. Ellos no se hubieran detenido a ponerle los zapatos si se la hubieran llevado, y ella no se hubiera detenido a ponérselos antes de pelear con los intrusos.

Pensó en las marcas de llantas en el garaje y después en las que estaban sobre el jardín.

—Una de ellas manejó el auto de tía Esme. Al menos una de ellas escapó y tienen a Jane con ellas. ¿Pero por qué no han llamado? —Bella miró detrás del buró junto a la cama de Jane, donde Jane usualmente dejaba su teléfono en las noches—. El cargador de su celular sigue aquí.

—Ella no se hubiera llevado el celular sin el cargador —dijo Edward. Sacó su propio celular y comenzó a marcar—. ¿Jenks? Sí. Tira los celulares. Todos. —Escuchó por un largo momento—. Kebi no tiene celular propio ni se sabe su número. Dile que lo tire y rápido.

Jenks ya tenía una bolsa de celulares de repuesto activados. Edward arrancó un pedazo de papel de la primera página del libro que estaba sobre la mesa (Mujercitas de Louisa May Alcott) y escribió un número.

—Mueve la casa rodante al sitio de reserva. Te llamaré cuando consigamos un celular nuevo —dijo Edward. Colgó y desarmó su celular, luego hizo añicos la tarjeta SIM en sus manos. Agarró el celular de Bella e hizo lo mismo.

—Pero Jane no podrá llamarnos —protestó Bella.

Edward sacudió la cabeza.

—De todas formas no se sabe los números. Lo mencionó la semana pasada. Los cambiamos tan rápido que todos dependemos de nuestra lista de contactos para llamarnos.

—¿De verdad crees que escaparon? —preguntó Bella.

Él lo consideró.

—Sí, sí lo creo.

—¿Pero cómo las encontraremos?

—No sé.

Bella se sentó en la cama. Casi tenía la esperanza de que el Proyecto Theta estuviera vigilando la casa y enviara a algunos de sus matones. Una bola caliente de ira ardió en su estómago y parecía expandirse más y más…

Cerró los ojos cuando escuchó que las ventanas explotaban.

—Tía Esme va a matarme.

—No es tu culpa —la consoló Edward. Se sentó junto a ella y ella acostó la cabeza en su hombro—. No puedes evitarlo.

—Tengo que controlar esto —dijo Bella—. Pero primero necesitamos encontrar a nuestra hija. ¿Recuerdas haber visto el carro de tía Esme? ¿Recuerdas cómo era?

Edward sacudió la cabeza.

—No entré al garaje.

—Tía Esme tenía una obsesión con los Cadillacs —dijo Bella. —Pero eso no nos ayuda mucho sin saber el modelo o el color.

—Probablemente se quedaron en un hotel —dijo Edward y tronó los dedos—. Así que empecemos a revisar los hoteles cercanos, volemos en círculo hasta que demos con el indicado.

Bella lo abrazó. Al menos era un comienzo. Tenían un plan, lo cual era mejor que estar sentados sin hacer nada, esperando que una idea, o una pista llegaran a ellos.

Edward estiró la mano y la ayudó a pasar de la ventana al techo del poche. Crujieron vidrios bajo los tenis de Bella y le mandó una disculpa a tía Esme. Él estaba escaneando la línea de arboles.

—¿Por qué crees que dejaron los cuerpos? —preguntó Bella.

—¿Tal vez para que la policía loca los encontrara y buscaran a tía Esme como víctima o sospechosa potencial?

Eso parecía la forma solapada con que trabajaba el Proyecto Theta. Edward la cargó y saltó del techo, sus alas atraparon el aire y los elevaron hacia el cielo con tan sólo pocos aleteos.


Cerca de las dos de la tarde Lauren empezó a quejarse. Jane estuvo al instante de pie. Se subió a la cama junto a Lauren y palmeó sus mejillas.

—¿Lauren? ¿Lauren? ¿Puedes escucharme?

Lauren abrió los ojos con dificultad.

—¿Jane?

—¡Sí! —Jane sintió que sus ojos picaban con lágrimas, pero en esta ocasión eran de felicidad—. ¿Estás bien?

—Tengo sed.

—Te daré agua. —Jane se bajó de la cama y desenvolvió uno de los vasos que estaban junto a la cubeta de hielo. Lo llenó de una de las llaves y lo llevó hasta donde estaba acostada Lauren. Lauren estaba demasiado débil para sentarse, así que Jane se deslizó junto a ella y levantó sus hombros mientras Lauren bebía del vaso.

—Gracias —suspiró—. ¿Qu-qué pasó?

—El Proyecto Theta —dijo Jane—. Nos encontraron. Te dieron a ti y a tía Esme una inyección para desmayarlas. Yo nos saqué de ahí.

—¿Dónde… estamos?

Jane agarró su libreta y leyó el nombre del pueblo que venía en el logo de la misma.

—Nunca… he escuchado sobre este lugar.

—Ni yo, y esperemos que el Proyecto Theta tampoco.

—Jenks… —Lauren suspiró.

—Perdí nuestros teléfonos —confesó Jane—. Esperaba que tú supieras los números.

Lauren sacudió la cabeza y la esperanza de Jane se derrumbó.

—Quizá tía Esme sí. Ella no tenía celular, así que Bella debió haberle dado el número para llamar en caso de una emergencia. —Era una posibilidad muy pequeña, pero Jane necesitaba creer en algo o volvería a romper en llanto.

Lauren no estaba en condición para hacerse cargo como adulta; estaba tan débil como un gatito recién nacido. Su mente estaba confusa por la droga y mucho menos para llevarlas a otra locación.

Jane ordenó pizza del único lugar que la llevaba hasta el hotel. Estaba horrible, pero al menos era comida. Aunque Dave disfrutó de las orillas. Lauren sólo picoteó la suya. Dijo que sentía demasiadas nauseas para comer, y Jane no tenía ni idea de cómo solucionar eso.

Tía Esme despertó un par de horas después, estaba muy enferma. Vomitó en el bote de basura que Jane le dio cuando vio que tenía nauseas. (Jane estaba muy asqueada por tener que limpiarlo, pero supuso que esto era parte de lo que tenían que hacer los adultos. Estaría muy, muy feliz de deshacerse de las responsabilidades de adultos lo más pronto posible.) Pasó un rato antes de que pudieran si quiera hacerla beber una taza de agua, y ni siquiera podía mirar la rebanada de pizza.

Jane consideró de nuevo llamar al 911, pero tía Esme insistió que en un rato ya estaría bien. Alguien le había dicho una vez que a veces los adultos no sabían que estaban enfermos o no querían pasar por todo el alboroto y las molestias de ver a un doctor cuando realmente lo necesitaban. Pero Lauren no parecía estar preocupada por eso, y Jane decidió confiar en su juicio.

—Edward nos encontrará —le dijo a Lauren mientras la ayudaba a caminar hasta el baño—. Ya verás. Estará aquí pronto.

Lauren le sonrió débilmente antes de cerrar la puerta del baño.

—Estoy segura que sí.

Jane resistió la urgencia de patear la puerta del baño y gritarle a Lauren que no necesitaba que la trataran con condescendencia. Ella tenía que tener fe en algo y nada mejor que en su nuevo papá. Él las rescataría. Él sabría qué hacer.

Sólo esperaba que él llegara pronto porque se le estaba acabando el optimismo.


Becky seguía trabajando en recepción cuando el hombre más guapo que había visto en su vida cruzó la puerta. Se le abrió la boca. Valía la pena trabajar tiempo extra (esa perra de Cheryl no había llegado para su turno) sólo para ver a este hombre.

Nunca había creído que existiera gente así de hermosa. Estrellas de cine y modelos eran puro maquillaje, y los artículos maliciosos de revistas lo confirmaban cuando mostraban cómo se veía esa gente al salir al supermercado sin pintura en la cara o haber tenido a un estilista trabajando por horas para conseguir el look "natural". Se veía como gente normal con granos y puntas abiertas, hasta que Hollywood los transformaba con aerografía y cosméticos.

Pero este hombre… era la perfección, una de las creaciones más gloriosas de Dios. Ella intentó encender su cerebro de nuevo, que por el momento parecía estar atascado en la Pantalla Azul de la Muerte. Él le estaba diciendo algo.

—… mi hija. Por favor, si la ha visto…

—¿Qué? —logró decir Becky.

—Estoy buscando a una mujer con una niña. Cerca de trece años con cabello café, es pequeña para su edad. —Estiró la mano para indicar su estatura.

—¿Su hija? —dijo Becky. Joder, debió pensar que un hombre como él estaría casado, ¿pero qué mujer cuerda lo dejaría?—. No se parece a usted —dijo Becky.

Él se aferró a la orilla del mostrador.

—¿La ha visto?

—Uhh —dijo Becky. Se suponía que debía proteger la privacidad de sus clientes. No le había dicho nada al tipo con aspecto de policía que había venido exigiendo ver el registro de la noche; él la había tratado de manera equivocada. Pero este hombre le estaba rogando con sus hermosos ojos y ella no podía resistirse, en absoluto—. Uno-cero-dos —dijo y señaló.

—Gracias a Dios —dijo el hombre—. Y gracias a usted.

—De nada —murmuró Becky. Mira ese trasero. Suspiró y lo vio hacerle un gesto a una mujer que esperaba entre los arbustos cerca de un letrero de tráfico. Qué raro. Quizá era la nueva madrastra o algo así. La mujer de cabello oscuro corrió hacia él y se aferró a su brazo. Él señaló y ella corrió hacia la puerta para golpearla con su puño. Becky vio que se abría y salió la niñita, lanzando los brazos alrededor del hombre y la mujer. Todos saltaron y se rieron y lloraron y un cachorrito (no se permitían mascotas, pero Becky no iba a decir nada) saltó alrededor de sus pies, ladrando de alegría.

Becky sonrió. Se sentía bien haber ayudado un poco a reunir una familia. Qué bueno que Cheryl no estaba aquí. La perra probablemente le hubiera dicho que no y después hubiera llamado a la policía, como si la pequeña hubiera sido secuestrada o algo.


Jane estaba con Bella en la parte de enfrente del viejo Ford, que Edward había "tomado prestado" de un lote de carros (Lauren sabía cómo encenderlos sin llaves,) luego de deslizar un sobre con el costo del carro en la rendija del correo.

Tía Esme hizo un sonidito de espanto cuando vio las ruinas de su hermoso carro, todos estuvieron de acuerdo en que sobresalía demasiado. Afortunadamente tía Esme sólo le había dado un beso y le agradeció a Jane por salvarla en lugar de molestarse.

El Ford tenía asientos largos. Lauren y tía Esme estaban dormidas en el asiento trasero, y Jane estaba sentada enfrente entre Edward y Bella. Bella dejó manejar a Edward luego de hacerlo prometer algo raro sobre que no se desviaría por gusanos. Jane se preguntó de qué se trataba eso.

Jane tenía la cabeza recostada en el hombro de Bella. Dave estaba acurrucado en su regazo, profundamente dormido mientras Bella lo acariciaba.

—¿Mamá? —dijo Jane.

—¿Mm?

—Hice algo… algo muy malo.

—¿Qué?

—Maté a alguien. —La voz de Jane era tan suave que casi se perdía con el sonido de las llantas sobre el pavimento.

—Lo sé —dijo Bella con simpleza. Pasó un brazo sobre los hombros de Jane y ella se acercó más.

—El primer hombre fue un accidente. Él se cayó sobre la barandilla. ¿Pero el otro? Lo maté con mi Don. —Si alguien podría entenderla, esa sería Bella. Jane se mordió el labio inferior—. Yo… yo lo lastimé. Una y otra vez. Y luego él murió.

—Jane, tú entiendes el concepto de autodefensa —dijo Edward.

Jane sacudió la cabeza.

—No fue eso. Él ya estaba tirado por la primera vez que yo… Por la primera vez que lo lastimé. Y lo hice porque estaba enojada. No sabía que él moriría…, pero me alegre cuando murió.

—Jane, ¿me estás preguntando si eres malvada, o si vas a ir al infierno por eso? —preguntó Bella.

Jane estaba sorprendida. No había podido poner en palabras esa sensación vagamente incómoda que tenía; quizá porque tenía miedo de la respuesta.

—¿Quieres lastimar a gente inocente? —preguntó Bella.

—¡No! —dijo Jane—. Quiero decir, cuando estaba en el centro, era como si quisiera lastimar a todos porque estaba muy enojada con lo que me había pasado, y por tener que crecer en ese agujero de mierda... oops... quiero decir, ese basurero. Y Victoria, ella también era así, odiaba a todos porque nos habían robado nuestras vidas. Pero luego de que salí, y después de estar un tiempo con ustedes… ya no quería estar enojada ni ser mala, porque te consume. Abre un agujero en ti que nunca nada podrá llenar.

—¿Y no pretendías matarlo? —continuó Bella.

—No, no quería hacerlo. Me refiero a que ni siquiera sabía que podía hacerlo. —Jane no quería decirle a Bella sobre el pequeño regocijo que sintió al descubrirlo, pero pensó que probablemente Bella ya lo sabía.

—¿No crees que la gente ordinaria a veces se sobresalta y golpea a alguien?

—Sí, supongo.

—Jane, eres humana, y hay un límite para lo que las personas pueden aguantar antes de explotar. La diferencia con nosotros es que tenemos el poder en nuestros "puños"y, como una vez dijeron en una película que no puedo recordar, "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Tenemos que tener cuidado en cómo lo usamos para no lastimar gente inocente. Viste lo que pasó en Denny's cuando perdí el control.

—No pretendías hacerlo —protestó Jane.

—Pretender no importa —suspiró Bella—. Gente resultó lastimada por mi culpa, y me siento horrible por eso. Pero es válido sentir culpa, Jane. Si fueras mala, no te importaría a quién lastimas o por qué.

Jane lo pensó, pero estaba tan cansada que las palabras sólo parecían arremolinarse en su mente como un torbellino. Cerró los ojos y se quedó dormida momentos después. Cabeceó y ronco un poco haciendo reír a Bella. Movió a Jane a una posición más cómoda.

Edward miró a Bella.

—Puede que quieras usar tu propio consejo —le dijo con gentileza.

Ella asintió.

—Eso intento.


Nos acercamos a la recta final de esta historia, sólo quedan 6 capítulos.

Espero que les haya gustado, ¡gracias por comentar!

Gabriela Cullen, TatiiSwan, Vanerk II, yolabertay, freckles03, Robmy, crizthal¸ solecitopucheta, Beastyle, fati21, Eve Runner, camilaflordeloto