Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.
Beta: Isa.
~*~Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza~*~
Por: Lissa Bryan
Lauren abrió la puerta del carro antes de que éste se detuviera por completo y corrió hacia Jenks, que también iba corriendo en su dirección. Se encontraron en un beso apasionado en medio del terreno.
—Laurie, Laurie —susurraba él entre besos—. Gracias a Dios… Laurie.
—Te amo, Jenks. Te amo. —Bajaban lágrimas por el rostro de Lauren y su voz tembló.
—Y yo siempre pensando que eras una chica inteligente —dijo Jenks con una sonrisa, aunque también brillaban lágrimas en sus ojos—. Ah, al carajo, Lauren, también te amo.
—¿De verdad? —Tenía una terrible esperanza en la mirada, quería creerlo, pero tenía un miedo desesperado de que no fuera verdad.
—Más de lo que puedo decir porque no soy romántico ni esas mierdas, pero sí, de verdad.
Ella saltó en sus brazos y enredó las piernas en su cintura, el beso era lo suficientemente caliente para arriesgar al bosque que los rodeaba a una combustión espontanea. Jenks se giró y la empujó contra el árbol más cercano. Lauren gimió y enterró los dedos en el cabello de él.
—Um, creo que no debería estar viendo esto —dijo Jane—. Rápidamente está pasando la clasificación B-15.
Rompieron el beso y Lauren sollozó en su cuello. Jenks cerró los ojos y la abrazó. Susurró algo en su oído que la hizo aferrarse a él con más fuerza.
Edward se giró hacia Bella con una sonrisa y pasó su brazo por la cintura de ella. Él estaba feliz por ellos. Siempre le alegraba cuando uno de sus amigos encontraba el amor. Y hablando de eso, Alice y Jasper estaban de pie junto a la casa rodante con las manos agarradas. Se vieron con suaves sonrisas en los rostros y Jasper le dio un besito suave y dulce en los labios.
Collin estaba sentado en una de las mesas para picnic fumando un cigarro y con la vista pegada en ellos. Bella hizo una nota mental de hablar con él porque el factor escalofriante estaba aumentando constantemente.
Caminaron hacia la casa rodante y aceptaron abrazos y "Bienvenidos" de sus amigos. Jane tenía el cabello alborotado a causa de los chicos (lo cual ella odiaba en secreto, pero lo aceptaba con gracia natural). Todos saludaron a la mujer mayor con amabilidad.
Bella la presentó.
—Chicos, ésta es mi tía Esme.
—Ella es la del chocolate que sabe feo —explicó Edward. Todos asintieron como si eso tuviera sentido.
Tía Esme sacudió la cabeza divertida.
—No sé qué tienen contra el chocolate Godiva.
—¿Podemos… uh… llamarte tía, o algo así? —preguntó Forks y se rascó la cabeza—. Puede llegar a ser jodidamente confuso con ustedes dos.
—Oh, no me quedaré —dijo tía Esme.
Bella parpadeó.
—¿A dónde irás? Tía Esme, no es seguro. El Proyecto Theta…
—Oh, estaré bien, querida, no te preocupes. Tengo conexiones.
—Escuche, señora, no quiero ser grosero, pero no creo que su membrecía del club campestre la vaya a ayudar en este momento —dijo Phoenix.
Tía Esme se burló.
—No exactamente —dijo—. Todo lo que voy a decir es que fui a la universidad de Berkely en 1960. Hice varios amigos, y algunos de ellos siguen en la clandestinidad hasta este momento. —Se giró hacia Bella—. Probablemente no te volveré a ver, querida. No en un largo tiempo, si no es que nunca.
—Lo siento, tía Esme —dijo Bella—. No debí involucrarte en esto. De verdad no imaginé que te estarían vigilando.
—Pfft —dijo tía Esme y agitó una mano—, esperaba algo similar tarde o temprano. Como dije, 1960, Berkeley… ya sabes a qué me refiero.
—Santa mierda, ¿usted era como la Pantera Negra? —preguntó Forks viéndola con un recién encontrado respeto—. ¿Uno de esos Weatherman*?
—Weather Underground, idiota —dijo Phoenix—. Al Roker es un meteorólogo.
—No, en serio creo que eran llamados Weatherman —insistió Forks.
Tía Esme se rió entre dientes.
—Algo así. Como sea, debería irme. —Besó a Bella en la mejilla—. En Grand Central en Nueva York hay un casillero rentado, 1092-C. Si alguna vez necesitas contactarme, desliza una nota dentro. Déjame algún recado de vez en cuando para saber cómo estás.
—Lo haré. Gracias por todo, tía Esme. —Bella la abrazó, y Edward también. Las manos de ella acariciaron la espalda de él y se congeló con una mueca tirando de sus labios. Ella lo miró confundida y luego sus ojos se abrieron sorprendidos.
—Siempre disfruto ver a los nuevos cuando descubren las alas —comentó Forks—. Oye, tía, ¿me das un aventón a la ciudad para poder robar otro carro?
—Claro, claro —dijo tía Esme, sus facciones se habían suavizado. Siguió a Forks hacia el carro y luego se giró para encarar a Edward—. Cuídala —le ordenó.
—Ése es mi único propósito —replicó Edward y envolvió sus alas alrededor de Bella—, y mi único deseo. —Bajo su oculta suavidad, ellos se besaron: largo, suave y dulce.
—¿Oye, Bella?
Bella estaba sentada junto a la fogata, asando otro hotdog con malvaviscos para Edward. La idea de Lauren de una cena en fogata había sido todo un éxito. (Con Quil cerca, nunca iban a tener problemas para encender la fogata.) Edward descubrió que le gustaban los hotdogs, pero cuando Alice golpeó accidentalmente su palo con el de él y embarró el malvavisco que estaba tostando en el cuarto hotdog de él, él descubrió una nueva comida favorita.
Ella sacó el palo del fuego y usó un cuchillo de plástico para untar el malvavisco en el hotdog antes de ponerlo en el pan y dárselo a Edward.
—Último —le advirtió ella.
—Iré volando por más —se ofreció él.
—¿Bella?
—Edward, éste es el noveno que te comes —señaló Bella.
—¿Es malo eso? —preguntó él.
—No lo detengas —dijo Forks—. Quiero ver cuántos puede comer antes de explotar. ¡Boosh!—Hizo un movimiento de explosión con las manos—. No queda nada más que un par de botas humeantes y unas cuantas plumas cayendo al piso.
—En realidad no puedes explotar por comer mucho —lo reprendió Edward—. Lo sé. Lo investigué.
—¿Bella?
Bella finalmente se dio cuenta de que alguien estaba diciendo su nombre en voz baja. Se giró hacia el sonido y vio a Collin al final de la casa rodante, oculto parcialmente en las sombras. Él le hizo una seña a ella.
—Ahora vuelvo. —Besó la mejilla de Edward y fue a recargarse contra el parachoques de la casa rodante—. ¿Qué pasa? —le preguntó a Collin.
Sus ojos, como siempre, estaban pegados en Alice y Jasper. Ambos se estaban riendo porque Alice había calentado de más su malvavisco y estaban intentando atraparlo con las galletas, aunque no tenían mucho éxito.
—Bella, ¿cómo recupero a Alice?
—No puedes —dijo Bella con franqueza.
—Necesito decirle que cometí un error —dijo Collin—. Nunca debí... —Se detuvo y se pasó una mano por la moja. Estaba dejando que su cabello creciera y ahora, en lugar de una cresta recta, caía liso sobre su cabeza—. Creo que nunca debí haber hecho un montón de cosas.
—Es bueno que lo reconozcas, pero ella ya siguió con su vida, Collin.
Él entrecerró los ojos.
—¿Si no fuera tu hermano de quien estamos hablando, dirías algo diferente?
—Eso no es justo —dijo Bella—. No negaré que siempre esperé que Jasper ganara su corazón, pero no sólo porque es mi hermano; es porque sé que él la tratará bien y hará todo lo que pueda para ver que ella tenga todo lo que necesita y sea feliz.
—Lo jodí —dijo Collin con voz áspera—. Nunca pretendí lastimarla.
—Pero lo hiciste.
—Quiero ser mejor, de verdad que sí. Sólo que no soy… sensible ni esas mierdas.
—Porque no quieres serlo. Tienes miedo de abrirte, Collin. Tienes miedo de salir lastimado, así que pones esa fachada de tipo duro.
—No tengo miedo —dijo Collin con terquedad.
—Sí, sí lo tienes. Se necesita un hombre fuerte y confiado para ser él mismo y mostrarle su corazón a una mujer. Tú no tienes ese tipo de valor. No puedes quitarte la máscara. Y eres egoísta. Piensas en lo que tú quieres en lugar de lo que Alice necesita.
Él se veía aturdido y Bella lamentó haberlo dicho de forma tan cruda, pero quizá era eso lo que se necesitaba para hacerlo entender.
—¿La amas, Collin?
Se frotó la frente.
—Yo-yo no sé.
La voz de Bella fue gentil.
—No creo que la ames, creo que sólo te preocupa haber dejado ir algo bueno. Y eso es verdad. Pero tú y Alice no estaban hechos el uno para el otro, Collin. Y creo que algún día recordarás este momento y te darás cuenta de que tengo razón. Tu verdadero amor está ahí afuera en algún lugar, pero tienes muchos cambios que necesitas hacer antes de estar listo para ella.
—¿Qué tipo de cambios? —Collin la miró con suspicacia como si fuera a decirle que tenía que aprender sobre decoración de interiores y suscribirse a Cosmo.
—Eso no te lo puedo decir yo, es algo que tienes que descubrir tú solo.
—Aw, Jesús, no te pongas toda críptica ahora —se quejó Collin.
—No intento ser críptica —replicó Bella—. Te estoy diciendo que tú tienes que descubrir qué es lo que necesitas cambiar. Se le dice "examen de conciencia" por una razón. No puedo buscar en tu alma por ti. Sólo tú y tu ángel pueden hacerlo.
Collin se congeló.
—¿Tengo un ángel?
Bella se frenó, con dificultad, de rodar los ojos.
—Sí, lo tienes. Te lo dije; todos lo tienen a menos de que se hagan malos.
—¿Cómo puedo saber si soy malo? —Collin intentó sonar casual, pero ella pudo escuchar el toque de tensión en su voz, una tensión que ella reconocía.
Bella palmeó su brazo.
—Dejarías de preocuparte por serlo. Lo primero que tienes que hacer es aprender a escuchar. Escucha esa voz en tu corazón porque te llevará a la luz.
Ella le dedicó una pequeña sonrisa y luego regresó a la fogata para sentarse junto a su propio ángel, y cuando lo hizo, reflexionó sobre lo afortunada que era por tener a su ángel aquí, con ella, de ser capaz de escuchar su voz con sus propios oídos y de forma clara en lugar de esforzarse por seguir un susurro en su corazón. Alice había admitido lo difícil que le resultaba escuchar a Emmett. Quizá Jane también era afortunada porque le había contado a Bella lo seguido que soñaba con su "amiga imaginaria de la infancia".
—¿Tienes frío? —le preguntó Edward al ver que tenía escalofríos en los brazos. Él envolvió su ala alrededor de ella, una suave y cálida manta. Ella se acurrucó junto a él.
—Está en el borde —dijo Edward suavemente—. Está vacilando en el borde de la oscuridad.
—Creo que Amun también —dijo Bella. Sólo lo había visto una vez muy brevemente desde su regreso; fue cuando él se detuvo a revisar si de alguna manera Kebi había encontrado el camino de regreso hasta el campamento. De acuerdo con Forks y Phoenix, él estaba haciendo una versión más obsesiva de la idea de Edward de buscar en círculos cada vez más grandes. Había dibujado un retrato de ella (Bastante bueno, pensó Bella) y le daba copias a todo aquel que se topaba con él en las calles mientras buscaba obstinadamente en cada rincón de la ciudad. Se veía enfermo, tenía el rostro estirado y pálido, sus ojos ardían de dolor y preocupación. Bella no se había dado cuenta de la profundidad de sus sentimientos por Kebi y se sentía mal por él, pero ella pensaba en silencio que la búsqueda en la ciudad era una pérdida de tiempo. Lo más probable era que el Proyecto Theta la hubiera secuestrado, y era mejor que él gastara su tiempo buscando en el servidor al igual que Ben; era mejor que intentara encontrar la locación de otro centro.
Alice intentaba con todas sus fuerzas tener una visión de Kebi, pero seguía bloqueada. Amun, que era el que estaba bloqueándola —aunque si era a propósito o por accidente seguía siendo un tema de debate entre el equipo—, parecía estar enojado con Alice porque no vio ni le advirtió de la desaparición de Kebi. Bella le dijo que no se lo tomara muy a pecho porque Amun no era él mismo en esos momentos.
Suspiró y recostó la cabeza en el hombro de Edward.
—¿Decidiste no ir por más hotdogs?
—No —dijo él malhumorado—. Alice me recordó que la glotonería es un pecado.
Bella le sacó la lengua a Alice.
—Aguafiestas.
Amun regresó cuando estaban limpiando los restos de la fogata. Incluso Collin dejó su vigilia solitaria en la periferia para ayudar y Bella le sonrió animadamente.
Amun salió del carro lentamente, como un hombre viejo.
—No puedo encontrarla —dijo abatido; era lo mismo que decía siempre que regresaba.
—La encontraremos, lo prometo. —Esme abrazó a Amun y Bella se sorprendió de que él lo permitiera.
—¿Tienes hambre? —le preguntó Lauren—. Ya no quedan hotdogs, pero tengo...
—No como carne de cerdo —le recordó Amun. Su voz sonó fría y distante.
Lauren se sonrojó.
—Oh, cierto, lo siento.
Un par de luces parpadearon en la carretera y todos miraron a su alrededor, haciendo un conteo mental de cabezas. Tenían el campamento para ellos solos (asegurados por Jenks, que había pagado por cada lote) y estaban todos completos. Nadie se debería estar acercando, especialmente a esta hora de la noche.
Los hombres sacaron las pistolas y se cubrieron detrás de los árboles, la casa rodante, los carros.
—Mete a Lauren —le gritó Jenks a Alice, que se apresuró en obedecer. Jasper se metió en la casa rodante y salió con su propia pistola, y se puso de pie para vigilar la puerta de la casa rodante. Él cargaba su pistola con incomodidad, pero Bella sabía que la usaría para defender a Alice si tenía que hacerlo.
—¡Es una jodida camioneta de Envío Express! —dijo Forks. —¿Qué carajo está haciendo una jodida camioneta de Envío Express aquí?
—Probablemente va a entregar una chingada carga de problemas —dijo Jenks—. Quédense quietos, gente. Podría estar llena de federales.
—Ataquemos a los desgraciados —sugirió Phoenix—. Hagamos las jodidas preguntas después.
Quil movió las muñecas y aparecieron bolas de fuego en sus manos.
—¡No! —gritó Bella—. Podría ser un inocente conductor de envíos. Sólo espera… por favor.
—¿Puedes alzar un escudo? —esa pregunta provino de Ben, que había dejado su laptop en la casa rodante para unirse a ellos con un rifle acomodado sobre su hombro.
—Recuerden que está alzado —les dijo Bella—. No disparen hasta que diga que ya está abajo.
La camioneta se detuvo, los frenos chirriaron dolorosamente. Hubo una larga pausa y luego un hombre en uniforme negro salió de la puerta que estaba en un costado.
—Tengo un paquete para Bella Swan.
Dave se escapó de los brazos de Alice y salió corriendo por la puerta de la casa rodante. Corrió a través del campamento y se detuvo con sus patitas frente al hombre que había alarmado a toda la camada con su llegada. Gruñó con su gruñido más fuerte, malvado y amenazador.
El conductor del Envío Express miró a su alrededor a los hombres agachados detrás de los vehículos y recargados contra los arboles, y luego al perrito gruñendo, y decidió que sería mejor si se quedaba donde estaba.
—Yo soy Bella Swan. —Bella avanzó y Dave y Edward la siguieron. Edward tenía su espada en la vaina escondida detrás de su pierna y Dave estaba enseñando sus dientitos.
El hombre hizo un gesto hacia la carpeta con nerviosismo. —¿Puede firmar aquí?
Bella bajó parcialmente su escudo y caminó lentamente hacia él, con Edward pisándole los talones. Dave se puso frente a ambos para mantener al perro malo a una distancia respetable de la hembra del hombre con alas.
Funcionó. El hombre tuvo que estirarse desde su posición para darle la carpeta a Bella. Bella la aceptó y rápidamente garabateó su desgravada firma en la línea de abajo.
El paquete que le entregó era del tamaño de una revista, como una pulgada de ancho y pesaba un par de libras. Bella le agradeció y el hombre regresó rápidamente a su camioneta. Dave se pavoneó victorioso mientras ella veía las luces traseras alejarse.
Jenks le quitó el paquete.
—De ninguna jodida manera vas a abrir eso.
—¿Qué? Es mío.
—Lo sé. Vete para allá. —Asintió hacia la casa rodante—, y llévate contigo al jodido perro.
—Ven, Bella —la ánimo Edward.
—¿Estás de su lado?
Él asintió.
—No sabemos qué hay en el paquete, podría lastimarte. —Tenía esa mirada en su rostro que significaba que no cambiaría de idea. Bella suspiró y lo aceptó. Agarró a un Dave muy orgulloso y le dijo que era un buen chico. Todo el cuerpo de él revoloteó de felicidad. Ella se recargó contra un costado de la casa rodante y se mordió las uñas mientras esperaba.
Alice abrió la ventana que estaba sobre su cabeza.
—¿Ya es seguro salir?
—¡NO! —ladró Jenks desde la mesa de picnic donde estaba sentado al otro lado del campamento—. Con un carajo, quédense atrás, todos.
—Un poco alterado, ¿no? —comentó Alice y se recargó en el alfeizar de la ventana. Bella le pasó a Dave y Alice lo dejó en el sofá—. Hice café. ¿Quieres una taza?
—Por favor —respondió Bella y Alice se lo pasó. Bebió el líquido deliciosamente caliente y miró a Ben, Jenks y Amun inspeccionar el paquete que estaba sobre la mesa. Parecían estar en una profunda discusión. Finalmente Jenks sacó la navaja de su funda y se la dio a Amun, luego él y Ben retrocedieron a una distancia segura.
Con mucha delicadeza Amun deslizó la navaja bajo la tapa, moviéndola hacia enfrente un milímetro a la vez. Se asomó en el paquete luego de hacerle un pequeño agujero y luego continuó. Para cuando terminó Bella ya se estaba comiendo las uñas.
—Parece ser un iPad —anunció.
—¡Destrúyelo! —gritó Forks—. Esos tienen GPS y mierdas parecidas.
—Idiota —dijo Phoenix con tono de conversación—, ya saben dónde está ella. La dirección del campamento está en la jodida etiqueta.
—Oh —dijo Forks.
—"Oh" exacto —le dijo Phoenix y le sonrió con afecto a Forks—. Lo juro por Dios, eres el hijo de puta más tonto que conozco.
Durante su intercambió Amun se ocupó de inspeccionar el aparato desde todos los ángulos.
—Creo que es seguro —anunció.
—¿Estás seguro? —preguntó Jenks.
Amun se encogió de hombros.
—Todo lo posible. Bella, escúdate y acércate.
Caminó hacia la mesa de picnic y se sentó junto a Amun. Edward se quedó de pie tras de ella con las manos en sus hombros. Ella los escudó a los tres, concentrándose para hacerlo lo más fuerte posible.
Amun lo alzó y presionó el botón que tenía en un costado.
Una imagen apareció en la pantalla. Un vídeo en vivo de Aro Volturi. Bella lo reconoció por las fotografías que había visto en los periódicos viejos que Ben había encontrado, detallando los premios que había recibido durante su carrera militar.
—Hola Bella —dijo.
Ella no contestó.
—Te contacté de esta manera porque nosotros tenemos una propuesta para ti.
—¿Quiénes son "nosotros"? —preguntó ella.
Otro hombre entró en la imagen. Bella dejó escapar una carcajada de sorpresa cuando reconoció la cara que había visto muchas, muchas veces en las noticias de la tarde.
—Hola —dijo ella—. Voté por ti. Quiero decir, voté por tu compañero, así que supongo que también voté por ti.
—El partido aprecia tu voto —dijo él con voz seca.
—Supongo que eso significa que eres el Big Guy, ¿cierto?
—No es mi título oficial, pero algunos de mis subordinados me dicen así —dijo—. Descubrí que en situaciones como ésta es mejor dejar de lado los nombres reales.
—¿Qué quieren?
—Hacerte una propuesta, como dijo Aro. Un trato de paz, si deseas.
—¿Qué tipo de trato?
—El más simple de todos. Que cese el fuego de inmediato. No nos molestas, nosotros no te molestamos. Es todo.
Ella sacudió la cabeza.
—No es suficiente. Aquí están mis términos: el Proyecto Theta es inmediatamente terminado, desmantelado, destruido… como quieran llamarlo, para nunca volver. Liberan a los Dotados que tienen prisioneros en este momento, y nunca jamás los vuelven a molestar. Le regresan los bebés que hicieron en ese enfermizo programa de reproducción a sus madres o padres. Ustedes lo terminan, o yo los destruiré. Ésa es mi última oferta.
—No estoy muy seguro de que puedas seguir con esa amenaza —dijo el Big Guy—. Conocemos tus debilidades, Bella. Sabemos sobre el golpe que sufriste durante el ataque de Nebraska. Y apostamos a que no sobrevivirías una repetición.
—Quizá su información no es tan buena como creen —fanfarreó Bella.
—Oh, creo que es bastante buena. —El Big Guy estiró la mano y giró la cámara para incluir el espacio que estaba a la derecha de Aro. Y sentada junto a él estaba…
—Kebi —dijo Amun, su voz sonaba como si fuera una herida abierta. Estiró la mano para tocar la pantalla involuntariamente, como si quisiera tocarla a ella.
Todo cayó en su lugar.
—Tú eres la novia de Aro, ¿no?—dijo Bella.
Kebi vaciló por un momento y luego asintió. Fue a ella a quien Edward debía espiar cuando fue capturado y drogado frente a la casa vacía de su hermana.
Aro se inclinó y la besó. Ella no se resistió, pero mantuvo los ojos pegados a la cámara.
—Mi dulce chica.
Amun gimió y se alejó de la mesa. Bella lo vio caminar de un lado a otro y vio que se aferraba las manos al cabello. Lo vio doblarse como si hubiera sido golpeado en el estómago y cayó de rodillas.
—Tú zorra —dijo Jane desde atrás de Edward, a donde se había acercado para ver por sobre una de sus alas las imágenes de la pantalla. Por primera vez, Bella no la regañó por su lenguaje.
—Mentiste sobre tu familia en Egipto —le dijo Bella a Kebi de manera estúpida—. Mentiste sobre todo. ¿Entonces quién era Sam?
—Sam sólo tenía que inflamar los instintos protectores de Jenks —dijo Aro—. Jenks tiene reputación de rescatar mujeres abusadas. Esperábamos que se llevaran a Kebi con ustedes. No esperábamos que mataran a Sam, pero no lamentamos que lo hayan hecho. De todas formas el hombre se estaba convirtiendo en un riesgo.
—¿Y los hombres que atacaron a tía Esme? ¿Estaban vigilando la casa o Kebi les dijo a dónde ir?
—Kebi —confirmó Aro. El Big Guy lo miró irritado como si no quisiera arruinar la ilusión de que el Proyecto Theta tenía ojos en todas partes—. Nos llamaba para darnos actualizaciones constantes hasta que tuvo la oportunidad de escaparse.
Bella miró a Amun que seguía de rodillas en la tierra aplastada del campamento. No se había movido.
—Bella, ríndete —le dijo el Big Guy—. Esto te está matando. No tienes que morir antes de los treinta. Déjalo ya. Encuentra esa pequeña isla en la que quieres vivir con tu novio.
Alice bufó indignada, ofendida porque al parecer Kebi había reportado todas las conversaciones que había escuchado.
—Si muero antes de cumplir treinta, al menos sabré que me iré al cielo. ¿Qué hay de ti, Aro?
Se veía sorprendido por la pregunta y muy incómodo. Miró al Big Guy, cuyo rostro estaba imperturbable.
—Ya les dije mis términos —dijo ella—. Quiero que sepan esto: no me detendré. No me detendré hasta que el Proyecto Theta no sea nada más que cenizas. —Señaló a Kebi—. Y tú, perra, tengo algo especial para ti.
Kebi parecía querer protestar, pero Aro apartó la cámara de ella.
—Una vez fuiste soldado, Aro —dijo Bella—. Quizá alguna vez supiste lo que es estar dispuesto a morir por una causa en la que crees. Eso debió haber sido durante la Guerra Fría. En ese entonces, éramos enemigos de la Unión Soviética y nos dijeron que estábamos peleando del lado de los buenos, que los rusos querían quitarnos nuestra libertad de expresión, nuestra libertad de culto, nuestro sistema económico…, todo lo que apreciábamos. Eso es lo que siempre nos dicen sobre los enemigos de nuestra nación, supongo. Pero había miles de valientes hombres y mujeres en nuestras fuerzas armadas que creían que podrían dejar sus vidas atrás para proteger esas libertades. Tú estabas entre ellos. No sé si en ese entonces creías en la causa de proteger la libertad, pero sí sé que hoy estás en el lado equivocado. Estás del lado de los que roban, y mienten y matan y roban la libertad. Tú eres el enemigo. Y estoy dispuesta a morir por proteger la libertad.
—Muy bonito su discurso, señorita Swan —espetó el Big Guy—, pero estás lidiando con cosas que no entiendes. Seguridad nacional...
—Oh, jódeme, no esta mierda de nuevo —gimió Jenks—. Ustedes cabrones usan demasiado esa excusa y está perdiendo efectividad.
—No lo crea si así lo desea, pero le aseguro que si liberamos a los objetos de nuestras pruebas, serán tomados por programas de otros países. ¿No lo entiende? No sólo somos nosotros. Tenemos que tener este programa porque otros países lo tienen.
—No podemos tener una desventaja cuando llegue la hora —pensó Bella—. Entonces parece que tengo toda una vida llena de trabajo frente a mí, porque juro que terminaré con estas barbaridades donde sea que las encuentre. Y ustedes no pueden detenerme. Es por eso que ahora intentan hacer un trato, para salvar sus pellejos. Porque saben que no pueden detenerme.
Bella agarró el iPad y miró el pequeño agujero de la cámara.
—Es mejor que hagan las paces con cualquiera que sea su Dios, porque voy por ustedes. —Y con eso, destruyó el iPad en pequeños fragmentos.
Se hizo un silencio absoluto en el campamento, excepto por el sonido de grillos, y el chorro del agua en el arroyo cercano. Amun no se había movido de su posición arrodillado con los brazos rodeando su abdomen como si intentara protegerse de derrumbarse en pedazos.
—Maldición, Bella, ¿tenías que romperlo? —dijo Forks—. Me hubiera gustado revisar mi correo.
*Los Weatherman o coloquialmente conocidos como The Weather Underground fueron una organización de izquierda radical de Estados Unidos que actuó desde 1969 hasta la mitad de los años setenta. Se crearon a partir de una facción de la Students for a Democratic Society (SDS), que era una organización nacional de estudiantes de la New Left antiimperialista (y en menor grado de la "Old Right" aislacionista) alineada con los movimientos de derechos civiles y de los movimientos contra la Guerra de Vietnam. Tomaron su nombre de una canción de Bob Dylan.
Les pido una gran disculpa por la demora, la universidad me traía como loca.
Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios! ^^
TheYos16, Vanerk II, freckles03, camilaflordeloto, Anilu-Belikov, solecitopucheta, Beastyle, yolabertay, Gabriela Cullen, crizthal, Joha Asecas, Robmy, Eve Runner, belgicaorosgarcia, fati21
