18. Ofensa (1.079 palabras)


Debía ir a hablar con Poseidón, pero antes de poder dar un paso en dirección al campamento, escuchó un risita.

Conocía demasiado bien esa risa.

-¡Muéstrate, Eris! –exigió.

La diosa de la Discordia obedeció sin problemas, señal de que se encontraba satisfecha.

-Esto ha sido obra tuya, ¿verdad? –dijo Saori, sintiendo que el enojo en ella empezaba a hervir.

-No ha sido así –replicó otra voz.

Saori volteó al otro lado para descubrir que también estaban ahí Astrea (que era quien acababa de hablar) y Ares.

-¿Ah, no? ¿Por qué otro motivo que no fuera la influencia maligna de estos dos me hablaría así el más leal de mis Caballeros?

-Para empezar, no es el más leal, él mismo acaba de decírtelo –dijo Eris, con la voz cargada de veneno.

-Suficiente, tengo una guerra qué planear.

-Ve con mi bendición, hermana –dijo Ares, con un tono falsamente dulce.

O tal vez era inevitable que hablara así, su encarnación actual tenía alrededor de diez años y un rostro y una voz sencillamente dulces.

Saori se detuvo en seco y le lanzó una mirada furibunda.

-¿Estás siendo sarcástico conmigo, otooto-chan?

Había enfatizado el honorífico "-chan" sin poder evitarlo, pero solo logró una expresión de franco desconcierto por parte de Ares.

-¿Cómo fue que acaba de decirme? –preguntó el dios de la Guerra Apasionada-. No sé en qué idioma habló, pero sonó como un insulto.

-Te llamó "hermanito menor", padre –dijo Eris, siempre servicial cuando se trataba de sembrar cizaña-, así lo dicen en esas tierras bárbaras donde se crió esta vez… solo que "-chan" se usa solo con chicas y con varoncitos de menos de cinco años. Lo correcto, cosa que quizá mi tía olvidó, sería "onii-sama".

-¡En tus sueños! –replicó Saori.

-Oh, ya veo –Ares la miró con el ceño fruncido, y ese gesto en esa cara angelical casi logró hacerla reír. Siempre había sido motivo de disputa entre ellos cuál era el mayor, porque Atenea había sido concebida primero, pero Ares había nacido antes-, sin duda lo olvidó, de la misma manera que olvidó decirle a cien de sus servidores de quién eran hijos.

-¿Vas a tener el descaro de juzgarme, Ares?

-¿Yo? ¡Lejos de mí tal cosa, hermana! Pero, te ruego, aclárame una duda: ¿qué es lo que te ha impulsado a mentir en esta reencarnación?

-¡Yo no he mentido!

-Has ocultado información, que viene siendo lo mismo.

-Saber eso no les habría servido de nada.

-Y el que no lo supieran, te sirvió a ti para dominarlos; cada vez que naces, te vuelves más humana y menos diosa –Ares sacudió la cabeza-. Eso debe tener que ver con esta falta de ética…

-¿Tú me vas a dar lecciones de ética?

-¿Y por qué no? –Ares sacudió la cabeza-. Remontémonos a la Era del Mito, ¿quieres? ¿Recuerdas aquellos días en que nuestro padre Zeus atrapó para ti un unicornio y tú te aburriste de la pobre bestia inmediatamente porque preferiste robarle a Hades el caballo alado que le había obsequiado Poseidón? Siempre, desde entonces, he querido preguntarte qué fue lo que hizo mal el pobre Unicornio para que lo rechazaras tan claramente desde el primer momento. ¿Acaso fue que lo domaste demasiado fácilmente? ¿O es porque fue un regalo de nuestro padre y tú preferías cazar por ti misma?

-¿Ahora me sales con esa historia? ¡Si todavía tuviera el Unicornio, con todo gusto te lo regalaría!

La sonrisa de Ares se borró como por encanto, que era de esperar, pero las carcajadas de Eris y Astrea… eso sí que no lo esperaba Saori. Astrea no solía reír y Eris jamás le había reído una broma a Atenea…

En todo caso, el Unicornio, un símbolo de paz, era un regalo bastante desafortunado para una diosa de la Guerra y solo era mencionado en su presencia por los imprudentes (como Ares), ya que (aunque estaba segura de que su padre había intentado complacerla), su Unicornio solo había servido para que los dioses de la guerra de los otros Panteones se rieran de ella. Y si algo había que Atenea no soportaba era hacer el ridículo.

-Temo que a Zeus no le hará ninguna gracia que hayas regalado así su obsequio –dijo Eris.

-¿Qué dices?

-Todavía tienes el Unicornio, boba.

-Escapó de su establo hace milenios y jamás volví a saber de él. Por eso dije "si todavía tuviera".

-Pero seguía perteneciéndote –intervino Astrea-. No huyó, sino que se unió al ciclo de las reencarnaciones para poder servirte.

-Tan solo quería ser digno de ti –añadió Eris, con tono venenoso-. Tú nunca apreciaste su esfuerzo y acabas de regalárselo a mi padre. Pobrecito Unicornio. Pero mis hermanos y yo lo cuidaremos muy bien, nos encantan las mascotas, ¿verdad, padre?

-Yo tampoco le veo la gracia –advirtió Ares, ahora más preocupado que molesto-. Solías simplemente reírte de mis esfuerzos cada vez que yo intentaba ofenderte, pero ahora no te basta con devolverme la ofensa sino que además acumulas insulto sobre insulto. Me asustas, hermana.

-¿Ares?

Eris parecía tan sorprendida como Saori por las palabras de Ares, pero Astrea asintió.

-Ciertamente es un insulto grave a un dios de la Guerra, en cualquiera de sus formas, pero era inevitable, estaba escrito que esto sucediera y por eso llegué yo aquí para ratificar este regalo ante la próxima asamblea de los dioses, para que sea legal.

-¡Pero yo no he regalado nada! –protestó Saori.

-Regalaste a tu Caballero de Bronce del Unicornio –replicó Astrea.

-¡¿Qué?!

-¿No lo habías notado? Tu Caballero del Unicornio no es más que la reencarnación del Unicornio que te obsequió Zeus en tu primer cumpleaños.

Saori le dirigió una mirada alarmada a Ares, que seguía extrañamente serio.

-Cada vez que reencarnas te vuelves más cruel, hermana, debería funcionar al revés –murmuró Ares, como la situación acabara de confirmarle algo que sospechaba.

-¡No entiendo! –protestó Saori-. ¿Por qué es más insulto para ti que para mí el ser dueño de un unicornio?

-No dije que fuera más insulto. Solo estoy diciendo que no es costumbre tuya responderme con una ofensa más grave que la que yo acabara de hacerte.

-¡Pero yo no…!

-Vámonos, padre –dijo Eris de repente, con aire preocupado. Al parecer, no le hacía gracia burlase de Atenea cuando Ares salía lastimado-. Mis hermanos te aguardan.

Saori se quedó sola de nuevo, preguntándose si aquello era parte de una broma elaborada (lo que sería toda una novedad, tratándose de Ares) o si estaba atrapada en alguna clase de pesadilla.


Notas: como dijo Eris, "otooto" es hermano menor, y el honorífico "-chan" es una forma cariñosa de dirigirse a una niña (o a una jovencita, o a una amiga muy cercana) pero es irrespetuoso (y hasta ofensivo) usarlo con varones de más de cinco años. Por otro lado, el "onii-sama" que sugiere Eris sería la forma más respetuosa de decir "hermano mayor".