Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.
Beta: Isa.
~*~ Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza ~*~
Por: Lissa Bryan
—¿Te he dicho que odio caminar? —preguntó Forks.
—Una o dos veces... por minuto —respondió Phoenix—. Actúa como hombre, Nancy.
Edward se detuvo para cargar a Bella sobre un tronco caído.
—Creo que estos chalecos fueron una mala idea —dijo Forks—. Sólo nos están haciendo más lentos.
Todos, con excepción de Amun, vestían un chaleco antibalas, sobre o bajo la ropa dependiendo de sus preferencias. En la espalda del suyo Quil había dibujado una caricatura fantasiosa de ellos vestidos como caballeros con armadura, cada uno llevaba un sombrero de terciopelo y lentes de sol con el título "ESTAMOS EN UNA MISIÓN DE DIOS" sobre ellos.
—Me dijeron que iba a haber un camino —siguió Forks con su letanía de quejas.
—¿Y eso qué? Amun se equivocó al decir cómo les llegaba la maldita despensa. Debe ser en helicóptero o algo. Manejamos alrededor de toda la maldita montaña buscando una entrada. Estuviste ahí, ¿recuerdas? No pudimos encontrar el camino.
Alice se puso a la altura de Amun.
—¿Puedo hablar contigo un momento? —preguntó.
Él sólo la miró.
Alice se puso visiblemente más nerviosa en ese momento.
—Necesito decirte... lo siento mucho, Amun. Te vi y... los dos se veían felices juntos. No esto.
La voz de Amun respondió suave y gentil.
—Lo sé, Alice. Es mi culpa, no tuya. Desearía tener el poder para no bloquear tu talento. El tuyo también, Jasper.
Jasper se sorprendió. Se giró para mirar a Bella, pero Amun habló antes de que pudiera hacerle una pregunta.
—Ella no me lo dijo. Puedo sentirlo.
Alice se giró hacia Jasper con una mirada de confusión en el rostro.
—¿Jasper? ¿De qué está hablando?
¿No se lo había dicho? Bella miró a su hermano igual de confundida que Alice. ¿Por qué mantendría el secreto? Si alguien podría entender su secreto, ésa era Alice. El rostro de Alice se endureció y Jasper puso la expresión de un venado frente a las luces de un carro.
—Más tarde, chicos —les aconsejó Bella.
Alice asintió y Jasper también estuvo de acuerdo, probablemente se sintió afortunado de haber escapado de su ira, al menos de manera temporal. Jasper era una de las personas más tranquilas que Bella había conocido, pero tenía sus desventajas ya que evitaba los conflictos lo más que podía, incluso si se trataba de algo importante.
Forks se golpeó el dedo gordo del pie y chilló. Saltó en un pie y lanzó al piso su bolsa con las armas.
—¡Ow! ¡Tiempo, maldición! —Saltó de regreso al tronco por el que Edward había cargado a Bella y se sentó para quitarse el zapato.
—¡Jesucristo! —ladró Jenks levantando la bolsa del piso—. ¡Esto no es un jodido costal de papas, idiota! ¡Hay granadas aquí adentro!
—¿Granadas? ¿Tenemos granadas? —preguntó Bella.
—Y plástico suficiente para derrumbar la bonita frontera de Colorado —dijo Collin desde atrás de la fila—. Hasta que no tenga mecha es relativamente inerte, pero Jenks tiene razón, Forks. No andes tirando por ahí esas mierdas.
—¿A nadie le importa que me golpeé el maldito pulgar?
—Alce la mano a quien le importe —cuestionó Jenks. Cuando nadie alzó la mano, Jenks lo miró con la ceja alzada.
—Cabrones —dijo Forks. Se puso de nuevo el zapato y se paró. Cojeó de manera dramática hasta que se dio cuenta que nadie le iba a brindar la simpatía que buscaba.
—¿Qué tan cerca estamos, Jenks? —preguntó Bella.
Jenks sacó su celular. Esa misma tarde había descargado la aplicación de GPS. Aunque de hecho no tenían las coordenadas exactas y el GPS no era muy preciso.
—Quizá media milla.
Ben había alterado uno de sus programas que buscaba repeticiones en los códigos de computadora y lo usó para buscar en Google Earth fotos de Green Mountain donde el patrón de árboles se repitiera como para esconder el área donde se encontraba el centro. Encontraron un lugar en la parte sur de la montaña que parecía ser prometedor y allí es a donde se dirigían; era una caminada demasiado larga desde la carretera más cercana por terrenos áridos.
Eso les daba una ventaja al Proyecto Theta, pensó Bella. Probablemente llegarían al centro agotados por la caminata, mientras que el Proyecto Theta estaba atrincherado en un territorio familiar.
—Mantengan los ojos abiertos, gente —dijo Jenks—. Ya no estamos muy lejos.
—Gloria a Dios —dijo Forks con profunda sinceridad.
—Intenten mantenerse callados —aconsejó Jenks—. Forks, sé que eso es un reto jodidamente enorme para ti, pero inténtalo lo mejor que puedas.
—También estén al pendiente de cables y esas mierdas —dijo Phoenix—. Puede haber trampas explosivas por aquí.
Bella no tenía ni idea de cómo se suponía que tenía que buscar cables en la oscuridad. El tan sólo caminar sin tropezar con ramas, piedras y otra variedad de desechos que estaban esparcidos por el suelo del bosque era lo suficientemente difícil. Sin decir ni una palabra, Edward la levantó en brazos para cargarla. Los ojos de él veían todo con más nitidez.
Los únicos sonidos eran los de los pies aplastando hojas. Bella casi se durmió arrullada por el gentil balanceo de las pisadas de Edward y el latido de su corazón bajo su oído.
—Veo una luz —dijo Quil—. Allá arriba. A las... diez en punto.
Jenks agitó la mano y todos los de la tripulación, que conocían los significados de esas señales, se agacharon. El resto sólo imitó los movimientos. Jenks abrió su bolsa y comenzó a distribuir pistolas. El Reverendo les había sido de gran ayuda al ofrecerles lo mejor de su lote a buenos precios.
Edward no agarró ninguna pistola para sí mismo, pero le pasó dos a Bella. Ella intentó agarrar una para verificar que estuviera cargada, pero se le cayó de la mano. Edward la atrapó antes de que pudiera golpear el piso del bosque y se la volvió a entregar. Intentó envolver los dedos en la cola del gatillo y la tiró de nuevo.
—Bien, eso nos causa un jodido problema —comentó Jenks—. Collin, dale un rifle para ver si es más fácil de sostener.
Cayó de sus manos dos veces. Edward se lo regresó a Collin en silencio.
—Tengo un poco de cinta —anunció Ben—. ¿Qué les parece si la utilizamos para hacer una correa, como lo que hizo Edward con el tenedor?
Jenks sacudió la cabeza.
—Es una buena idea, pero al parecer ella no tendrá la destreza para sostenerlo y tirar del gatillo al mismo tiempo.
—Lo siento —dijo Bella. Sentía ganas de llorar.
—Yo dispararé por ella —declaró Edward.
Jenks le dio una palmada en el hombro.
—Gracias amigo, pero no puedes ni siquiera atinar al costado de un granero. Sólo usa tu espada y estaremos bien.
Se movieron hacia la luz de manera lenta y silenciosa. En la oscuridad un edificio comenzó a tomar forma, estaba acomodado contra un pequeño acantilado. Estaba rodeado con una valla doble de tela metálica con alambre de púas por la parte superior. Mientras observaban, un trío de perros guardianes se acercó al perímetro.
—Edward, ¿puedes hablar con ellos como lo haces con Dave? —preguntó Jenks. Al ver que Edward asentía, continúo—: Bella, en cuanto él haya terminado con los perros, tú quitas esa maldita valla de nuestro camino, ¿de acuerdo?
Bella asintió. Le retumbaba el corazón en el pecho.
Edward saltó y agitó las alas para elevarse del suelo, luego revoloteó sobre la valla. Sorprendió a los perros con su repentina aparición silenciosa, los interceptó antes de que pudieran ladrar.
Hola, les dijo.
¡Puede hablar! Exclamó el alfa hacia los dos perros que estaban detrás de él. ¡Un humano que habla!
¿Qué quiere? Preguntó el beta con nerviosismo. Creo que deberíamos ladrarle y hacerlo que se vaya.
Mi camada desea pasar por su territorio hacia la guarida, les dijo Edward. ¿Hay más miembros de su manada adentro?
No, sólo humanos, dijo el alfa. Ellos no son nuestros. Ladeó la cabeza y olfateó el aire. Hueles raro.
No soy humano, admitió Edward. Pero mi camada sí. ¿Nos darán permiso de pasar?
El alfa lo consideró. ¿Nos pueden dar comida? Los humanos nunca nos dan lo suficiente y tenemos hambre.
En este momento no tenemos comida, pero les traeremos algo cuando regresemos, prometió Edward.
Pueden pasar por nuestro territorio. No los morderemos.
Gracias.
Edward se giró hacia su equipo.
—Nos dejarán pasar.
—¿Bella?
—Estoy en ello. —Se concentró en la valla y la liberó de los postes, creando una abertura grande y echando a un lado el metal enredado. Los perros corrieron hacia afuera, oliendo el territorio nuevo. Uno olió a Quil y éste le dio una tímida palmada.
Dentro comenzó a sonar una alarma.
—Cúbranse —dijo Jenks, y todos se escondieron detrás de los árboles. Edward abrazó a Bella contra su pecho y la envolvió fuertemente con sus alas.
—Edward, ¡no puedo ver! Tengo que escudar...
—No todavía —dijo Edward.
Ella escuchó ráfagas irregulares de disparos.
—Una en punto —gritó Jenks.
—¡Lo tengo! —respondió Phoenix. Disparó tres balas rápidas del rifle y en la distancia Bella escuchó un grito de dolor.
—¡Oh mierda, aquí viene la caballería!
—Quil, acaba con ellos rápido antes de que se esparzan.
Un brillo anaranjado se filtró por las alas de Edward y Bella escuchó un sonido apurado. Abruptamente se cortaron los gritos. En el aire quedo un olor caliente y metálico.
Se escuchó un thwoomp en la distancia y Jenks gritó "¡Escudo!", Bella alzó un domo protector cercando su área y luego sintió que algo arremetía contra su mente con una fuerza increíble. Hubo una explosión que quemó en la orilla de su mente, algo caliente, blanco y mordaz. Edward gimió y la abrazó con más fuerza.
Escuchó la voz de Amun:
—Yo me encargo de derrumbar el lanzamisiles. —Luego escuchó el rápido pisar de las hojas seguido por una cascada de tiros.
—Mierda, ese tipo es rápido —dijo Collin, pero su voz se escuchó difusa y distante.
—Bájalo —instruyó Jenks.
—Debería ayudarlos —le susurró Bella a Edward, que seguía con los ojos fuertemente cerrados.
—Guarda tu energía —le dijo él—. Apégate al plan.
Se suponía que ella iba a dejar que los chicos hicieran lo más que pudieran sin su ayuda, iba a dejarlos derrotar lo más posible a la oposición con armas convencionales.
—¡Ya no tengo! —gritó Alice.
Bella se apartó de los brazos de Edward y se dirigió a una de las bolsas de municiones. Agarró un cargador y se lo lanzó a Alice, que tiró el cargador vacío e instaló el nuevo como toda una profesional. Edward se agachó detrás de Bella y la envolvió con sus alas de nuevo, pero en esta ocasión dejó un espacio para que pudiera ver sobre éstas. Forks, que había estado callado por tener el trabajo de proteger a Esme, estaba de pie junto a ella mientras ella disparaba de su rifle. Ella cerró los ojos con fuerza y no los abrió hasta que el cargador estuvo vacío. Forks sacudió la cabeza exasperado, pero cambió el cargador por ella y le regresó el arma.
Un destello de fuego captó su atención y Bella giró la cabeza para ver a Amun a través del campo; empuñaba sus espadas flameantes, una en cada mano, cortando y acuchillando todo en su camino entre las líneas enemigas. Alguien le disparó y apareció una mancha roja en su camisa de seda azul clarito. Amun bajó la vista y luego entrecerró los ojos.
—Oh mierda, ahora sí se las van a ver —dijo Ben—. Le gustaba mucho esa camisa.
Amun se movió tan rápido que no fue nada más que una mancha negra rodeada de fuego. Los partió en pedazos como un cuchillo a la mantequilla. Cuerpos y pedazos de éstos quedaron tirados tras su paso.
Se quedaron en un extraño silencio. Incluso la alarma dejó de sonar. Esperaron.
—¿Qué carajo? —dijo Quil—. ¿Eso fue todo?
—De ninguna jodida manera —dijo Jenks sacudiendo la cabeza—. Están esperando a que rompamos filas.
—Entonces, ¿qué hacemos ahora?
—Rompemos filas —dijo Jenks—. Sacarlos de donde están esperándonos para aniquilarnos. Quil, tú y Collin vayan hacia aquella línea de árboles. —Jenks señaló hacia su derecha—. Intenten flanquear a esos hijos de putas. Bella, Edward y yo vamos hacia la parte de en medio. En cuanto lleguemos al centro del campo, el resto nos sigue. ¿Entendido?
Revisó la carga de una de sus pistolas y se la metió en la parte trasera del cinturón.
—¿Están listos ustedes dos?
Bella tomó la mano de Edward y asintió.
—Quédate detrás de Edward, Bella. No alces un escudo a menos de que tengamos que hacerlo, ¿de acuerdo? Guarda tu poder. Vamos a ir jodidamente rápido así que prepárense para correr.
Jenks se agachó en la orilla de los árboles, sus dedos se apoyaron en el suelo cubierto de pasto como un corredor en una carrera.
—¡Cuenten hasta cinco y luego avanzan! —siseó y corrió más allá de la valla. Soldados que estaban escondidos abrieron fuego; por el sonido se deducía que había docenas de ellos, y todos parecían estar esparcidos para que ella no pudiera ubicar su posición. Vio un destello de fuego cuando Amun se lanzó a la acción, cargando contra un costado del edificio. Jenks se tropezó y cayó sobre su trasero cuando una bala le dio en el estómago sobre el chaleco antibalas.
—¡Jenks! —gritó Lauren. Tiró el rifle y corrió hacia él.
—Joder, eso estuvo cerca —espetó y metió una mano bajo el chaleco como para asegurarse de que su estómago estuviera bien de verdad. La mano de Lauren siguió la suya y se hundió con alivio al ver que no estaba herido. Jenks le dio un beso rápido pero fuerte.
—Um... bien, cambio de planes. Edward, ¿sabes usar una granada?
—Las he visto en las películas que ha visto mi Bella —respondió Edward.
Jenks abrió una bolsa y sacó una.
—Mira. Aprieta el asa hacia abajo, luego saca el seguro y tírala. Lo que quiero que hagas es que vueles sobre ellos. Correré de nuevo y donde sea que veas fogonazos, suelta una de estas mierdas sobre sus cabezas.
Edward sacudió la cabeza.
—No quiero apartarme de mi Bella.
—Vamos a pasar toda la noche sentados aquí con gente disparándole a tu Bella si no lo haces —dijo Jenks.
—No me moveré de aquí —le prometió Bella—. Estaré bien.
—Estará más a salvo si te deshaces de esos soldados —agregó Alice.
—Vamos —dijo Forks—. Prometo protegerla.
Edward se veía indeciso.
—Ve —le animó Bella.
Extendió la mano hacia la bolsa y Jenks se la dio. Edward besó a Bella con fuerza.
—Cuídate —le susurró.
—Lo haré.
Sus alas batieron el aire y ella lo miró alzarse para luego girar sobre la copa de los árboles. Jenks comenzó a reunir los bloques blancos de plástico explosivos que había sacado de la bolsa de las granadas y los metió a su propia mochila. Esperó hasta que Edward estuvo sobre las líneas enemigas, luego respiró profundamente y corrió de regreso al campo.
Una tormenta de fuego eructó. Jenks corría de derecha a izquierda. Una explosión al otro lado iluminó la noche como si fuera una bola de fuego. Bella y Jenks podían ver a Edward incluso en la oscuridad, sus alas nacaradas parecían capturar un brillo dorado por la luz de las llamas que había abajo.
—¡Santa mierda! Esas no son granadas ordinarias —se maravilló Phoenix—. ¿Qué demonios?
—Son mierdas nuevas —dijo Jenks—. El ejército las está probando. Son incendiarias. Discúlpenme por un momento. —Corrió de regreso al campo, moviéndose de un lado a otro por el borde de los árboles, lanzando disparos cada vez que veía movimiento.
Dos explosiones más iluminaron el cielo.
Los soldados parecieron darse cuenta de que el ataque provenía desde arriba y unos pocos dispararon al azar al cielo hacia el invisible ángel de la muerte. Bella vio que una bala perforaba el ala izquierda de Edward, lanzando al aire un montón de plumas destrozadas. Él se debilitó. Bella gritó como si le hubieran disparado a ella y Jenks saltó de la orilla de los árboles justo a tiempo para detenerla antes de que corriera hacia el campo.
—¡Bella detente! ¿Qué carajos estás haciendo? No es como si pudieras volar para ayudarlo.
—¡Edward! —gritó—. ¡Suéltame!
El segundo disparó le pegó en el pecho y Edward cayó en picada sin oponer resistencia. Alguien gritó:
—¿Qué jodidos es eso?
Tenían a Edward.
La mente de Bella se quedo en blanco, su único pensamiento era recuperar a Edward. Golpeó a Jenks con su poder y él cayó con un golpe sordo sobre el piso. Escuchó como Lauren gritaba su nombre de nuevo, pero Bella ya había salido corriendo lo más rápido que le era posible. Caían balas en el piso a su alrededor haciendo volar pedazos de tierra, pero ella no lo notó. Tenía los ojos pegados en su ángel que estaba acostado en el suelo con una de las alas dobladas en un ángulo muy extraño. Había tres soldados de pie alrededor de él, tenían los rifles recargados sobre sus hombros y señalaban su pecho inmóvil. Ella los golpeó con su furia y simplemente explotaron como si hubieran sido golpeados con un montón de pequeñas navajas; incluso sus armas se hicieron pedazos.
Amun apareció junto a ella, sus espadas flameantes estaban extendidas mientras el giraba en círculo inspeccionando el área en busca de enemigos. Bella apenas lo vio.
—¡Edward! —Bella se lanzó de rodillas junto a él. Acunó el rostro en sus manos—. ¡Edward, por favor! Oh dios... ¡Esme! Tengo que llevarte a Esme.
De repente él se arqueó, jadeando una gran bocanada de aire. Sus ojos se movieron a su alrededor de manera salvaje hasta que la vio. Se dejó caer de nuevo contra el piso y tosió. Un riachuelo de sangre cayó por un lado de su boca.
—Edward —susurró ella. Se agachó y lo besó.
Él dijo su nombre de manera ahogada y tosió de nuevo.
—Shh, no intentes hablar. —Le apartó el desordenado cabello bronce de la frente—. No tengo alas con las cuales poder envolverte, pero nos tengo a ambos dentro de mi escudo. Eso serán mis alas para sostenerte. Invisible, pero impenetrable.
Movió la boca como si intentara formar palabras. Bella tomó su mano en la suya.
—Por favor, Edward, dame la mitad de tu dolor.
Él sacudió la cabeza.
—No puedo soportar verte así —dijo ella—. Por favor, déjame ayudarte como tú siempre me has ayudado.
—Bella, tenemos que movernos —la interrumpió Amun—. No es seguro estar aquí.
Al ver que ella no respondía, Amun insistió:
—Bella, tenemos que llevarlo a una locación más segura. ¿Me dejas tocarlo?
Ella vaciló por un momento antes de asentir. Amun se echó las espadas a la espalda y las metió en las fundas que llevaba cruzadas sobre los hombros. Cargó gentilmente a Edward y lo llevó hacia la línea de árboles que estaban a la derecha del edificio. Quil y Collin salieron de las sombras cuando Amun dejó a Edward en la tierra. Su ala rota chocó contra el piso y él soltó un gemido que hizo que Bella lanzara su poder contra Amun. Le volteó la cabeza a un lado con el poder del golpe y cuando miró a Bella, su boca y su nariz estaban sangrando.
—Lo siento —dijo ella atónita.
Amun asintió.
—Lo entiendo. Bella, él no puede sanar mientras tenga la bala dentro.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Bella con precaución.
—Quiero decir que te vas a ir para allá con Quil y no volverás hasta que te llame.
Quil le puso las manos en los hombros y el enojo de Bella creció.
—Bella, no lastimarías a Quil, ¿verdad? —La voz de Amun se escuchaba suave, gentil, tranquilizadora. El enojo de Bella murió tan rápido como había llegado y ella se encontró de nuevo tranquila—. Claro que no. Nunca lastimarías a Quil. Ve... ve con Quil. Y quédate allí, sin importar lo que escuches. —Amun metió la mano en su bolsillo trasero y sacó una navaja que se abrió al presionar un botón con su pulgar.
—¿Quil? —dijo Bella. Él y Collin agarraron sus brazos y casi la arrastraron de regreso al bosque, y bajaron por un pequeño barranco donde ella no podía ver qué estaba pasando.
De nuevo se abrió el fuego y Bella giró la cabeza hacia el sonido. ¡Jenks!
Dividida entre un Edward lastimado y sus amigos, escuchó a Edward como si le hablara a la mente: ve con ellos.
—¡Vamos! —Tiró del brazo de Collin y corrieron entre el bosque, siguiendo vagamente la línea del perímetro de la valla hacia donde Bella la había roto. Mientras intentaban flanquear a los soldados, al parecer los soldados tuvieron la misma idea. Estaban detrás del grupo de Jenks intentando llevarlos hacia el claro.
Quil movió la muñeca y apareció una bola de fuego en su mano. La lanzó como si fuera una pelota de béisbol hacia un tronco caído donde se podía ver las luces cuando disparaban.
Bella escuchó gritos. Un hombre saltó y empezó a correr, llevaba los brazos y la espalda incendiados. Collin ni siquiera se detuvo para apuntar. Disparó mientras corría y el hombre cayó, en silencio e inmóvil.
—Oh, gracias a Dios —dijo Jenks—. Bella, ¿dónde está Edward?
—Con Amun que está jugando al "doctor" —respondió Quil—. ¡Agáchate, Jenks!
Esme y Alice estaban acurrucadas juntas detrás de un montón de tierra. Jasper estaba posicionado junto a ellas, agachado lo más que podía sobre el piso. Disparó hacia los árboles. Bella escuchó un gruñido y un cuerpo cayó al piso. Miró a su hermano sorprendida, pero él estaba concentrado en proteger a las mujeres y no lo notó.
—¡Esto es jodidamente ridículo! —murmuró Jenks—. Ni siquiera hemos entrado.
—¡Escudo! —gritó Bella. Sintió los pinchazos calientes cuando las balas golpearon el escudo. Cerró los ojos e imaginó una cuchilla saliendo de éste a sólo unos pies de piso, que se extendía como una onda en un lago.
En su imaginación sólo había golpeado a los soldados. En la realidad también tiró árboles. Y no cayeron de manera linda y ordenada. Cayeron en distintas direcciones, aplastando y quebrando muchos de los de los árboles que quedaron de pie.
—¡Oh, carajo! ¡Todos salgan de aquí! —gritó Jenks. Agarró a Bella de la espalda de su chaleco antibalas y la arrastró hacia el claro. Ella miró a Collin caminar de espaldas con sus dos pistolas alzadas a la altura del pecho, disparando a los soldados que corrían cuando los árboles dejaron de ser un escudo y se convirtieron en armas.
—Los tengo —gritó con alegría.
No hubo fuego cuando entraron al campo abierto, aunque Bella mantuvo el escudo alzado por si acaso.
Jenks miró el bosque, ahora ya un revoltijo de basura y troncos.
—Dios, Bella, la próxima adviértenos, ¿de acuerdo?
—No pretendía hacerlo —dijo ella.
Jenks sacó un pañuelo de su bolsillo y limpió el labio superior de Bella. Ella no había notado que estaba sangrando. No lo había notado porque la mayor parte de su cara estaba adormecida.
—Hay que llevarte de vuelta con tu ángel —dijo Jenks con gentileza.
—Bella, tu ojo... —dijo Alice, pero se detuvo cuando Jenks la miró mal.
—¿Qué tiene mi ojo? —preguntó Bella. Nadie le respondía—. ¿Qué tiene? ¡Díganme!
—Tu ojo se cae —le dijo Collin—. El párpado superior y el inferior. ¿Ves bien?
—Sí, eso creo.
—Sonríeme —le ordenó Collin.
Bella nunca antes en su vida había tenido menos ganas de sonreír, pero le dedico una sonrisa de fotografía.
—Carajo —dijo Jenks.
—El lado izquierdo de tu cara está paralizado, Bella. —La voz de Collin sonaba calmada—. Esme, puedes...
—No —dijo Bella. Era difícil hablar y su voz no se entendía—. Guárdalo en caso de que alguien salga lastimado.
Se dirigieron por el bosque hacia el lugar donde habían dejado a Amun y Edward. Bella se tropezó más de lo normal. Parecía que su pierna izquierda estuviera pegada al piso y tenía dificultad para levantarla aunque fuera sobre el obstáculo más pequeño. Jenks la miró en silencio por unos minutos, luego la cargó para llevarla. Ella intentó negarse, pero él le dijo:
—Te estás cansando, Bella. Déjame ayudarte, ¿sí?
—De acuerdo —dijo Bella. No peleó porque estaba asustada. Su cuerpo parecía estarse desmoronándose. Por favor Dios, rezó. Por favor, sólo déjame terminar esto. No me importa lo que pase luego, pero por favor, déjame terminar con esto.
Quédense conmigo, chicas, sólo quedan 3 capítulos.
¡Gracias por sus comentarios! ^^
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