Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.
Ahora las gracias son dobles para Isa, no sólo me ayudó a corregir, sino que también me ayudó con la traducción de la primera parte de este capítulo. En serio cielo, ¡vales oro!
~*~Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza~*~
Por Lissa Bryan
—Sin sobrevivientes —acordó Jenks. Le tendió una mano a Phoenix y le ayudó a ponerse de pie. Esme se acercó a Phoenix, con los ojos llenos de tristeza.
—Lo siento mucho. Me gustaría poder tener…
—No es su culpa —dijo Phoenix enérgicamente. Se inclinó y tomó las armas de Forks y las examinó para cargarlas y luego las metió en la parte trasera de su pantalón. Luego levantó la mano de Forks y le sacó anillo de calavera para ponérselo—. Probablemente no podría haberlo salvado incluso si estaba a su lado cuando fue alcanzado. Se desangró demasiado rápido.
—Sin embargo..., lo siento. —Phoenix le dio una sonrisa torcida.
—Vamos a guardar esa parte para más adelante, ¿de acuerdo?
—Realmente me gustaba —dijo Jane en voz baja. Sus ojos se detuvieron en su forma que aún yacía en el suelo. A Forks también le gustaba Jane y siempre estaba dispuesto a jugar a las cartas o al Scrabble con ella. Él había engañado descaradamente a esta última, insistiendo que palabras como 'bgtplo' eran legítimas y construyendo definiciones elaboradas para ellas. En una ocasión le había enseñado a jugar al poker y perdió diez mil dólares frente a ella la misma noche.
—También me gustaba —respondió Bella, y puso su brazo alrededor de los hombros de Jane para llevársela—. Era un buen tipo.
Phoenix se unió a Amun a la cabeza del grupo, Collin y Jenks justo detrás de ellos. Siguieron por la pared del garaje a una puerta abierta. Amun le puso una mano en el hombro de Phoenix y levantó un solo dedo para decirle que esperara y luego miró alrededor de la esquina. Levantó la pistola y disparó un solo tiro en el techo, probablemente a una cámara, y luego hizo un gesto hacia adelante.
El largo pasillo estaba embaldosado con azulejos verdes, brillantemente encerado. Sus zapatos rechinaron sobre éste mientras caminaban. Estaba iluminado por paneles rectangulares fluorescentes incrustados en el techo. La luz se reflejaba en las paredes blancas, con rodapiés de goma plana. En el centro, un pasillo se bifurcaba a la derecha ya la izquierda, pero el medio habían muchas puertas de madera maciza que tenían paneles de vidrio empotradas y atadas con alambre. A Bella le recordó un hospital por alguna razón.
Phoenix y Amón salieron en una danza coordinada, uno de ellos pateó la puerta y los demás girando alrededor del marco de la puerta, armas en mano.
—¡Limpio!
Bella miró el interior de las habitaciones mientras pasaban y vio oficinas, aulas y laboratorios. Ella cambió de opinión; no era como un hospital, era como una escuela secundaria. Cada habitación estaba vacía y algunas mostraban signos de haber sido abandonadas a toda prisa: papeles esparcidos, sillas derribadas... En una habitación, lo que vio la hizo jadear y rápidamente cerró la puerta antes de que Jane pudiera ver. Sobre una mesa de acero inoxidable era un bebé, y alguien había estado llevando a cabo ya sea una autopsia o disección.
—No mires —dijo.
—¿Izquierda, derecha o hacia adelante? —Amun le preguntó a Bella cuando llegaron al pasillo de intersección. Ella negó con la cabeza.
—No lo sé. ¿Alice? ¿Ves algo?
Tanto ella como Amun tenía expresiones que indicaban concentración: Amun esforzándose por frenar su poder de amortiguación y Alice luchando para ver más allá.
Los ojos de Alice se abrieron, su respiración se detuvo y las lágrimas se reunieron en sus ojos. Ella parpadeó rápidamente a medida que la visión se desvanecía y las lágrimas se extendieron por sus mejillas.
Su boca se movía como si intentara formar palabras que escapaban de sus labios antes de que pudiera pronunciarlas.
—Sólo dinos qué camino tomar para terminar la misión —dijo Bella suavemente—. ¿Qué camino tomar para llegar a Aro y El Gran Hombre?
—Izquierda —dijo Alice. Su voz se quebró y Jasper puso un brazo alrededor de su hombro. Ella se inclinó hacia él y se estremeció.
Amun le disparó a la cámara antes de doblar la esquina, y Phoenix con él empezaron a patear las puertas abiertas de nuevo. Alice alcanzó a Bella.
—Yo… Bella, vi…
Bella negó con la cabeza.
—No necesito saber. Está bien, Alice. Estoy como esperaba.
—Eso no es… —Alice comenzó, pero los disparos interrumpió sus palabras. Todo el mundo cayó contra las paredes de la cubierta, las armas fuera y listas. Jane le echó los brazos alrededor de Bella como si tratara de proteger su cuerpo con el pequeño de ella. Edward sonrió con orgullo y envolvió una de sus alas en torno a las dos.
Phoenix estaba en la puerta, una pistola en cada mano extendida, disparando dentro de la habitación. Una pequeña sonrisa se dibujó en torno a los labios y la sangre de Bella se heló cuando lo vio. Por favor, no dejes que el dolor lo empuje hacia la oscuridad, rezó. Nunca se había imaginado al Jovial Phoenix como vulnerable, pero el dolor puede hacer cosas terribles a las personas.
—¡No lleva un chaleco! —Bella se dio cuenta.
—No, él nunca se puso uno. Dijo que era lo suficientemente rápido.
Phoenix dobló los codos, apuntando los cañones hacia arriba.
—Claro —anunció y dio media vuelta.
—No mires —dijo Bella a Jane otra vez, pero ella no creía que Jane se sintiera tentada. Mantuvo la cara apretada contra el hombro de Bella.
Se detuvieron y partieron de nuevo. Cuando llegaron a un pasillo de intersección, Alice señaló sin decir una palabra a la derecha.
—Hay escaleras al final de este pasillo. Si bajamos nosotros…
Un disparo pasó silbando por la mejilla de Bella, tan cerca que sintió el viento de la misma. Bella giró Jane contra la pared y Quil alzó las manos. Fuego brotó de ellos en dos géiseres extremadamente calientes. Oyó cañones disparando otra vez, pero cualquier bala enviada en su dirección se habría desintegrado en el muro de fuego que se extendió hacia los soldados. Bella escuchó gritos cortos que se apagaron casi tan rápido como comenzaron.
—¡Quil! —gritó Phoenix—. ¡Apágalo antes de quemar el maldito edificio abajo nuestras cabezas!
Quil regañadientes dejó caer las manos. La pintura de las paredes estaba en llamas y habían cuatro formas quemándose en el suelo. Bella rápidamente desvió la mirada.
Llegaron al final del pasillo. Una puerta de metal con una barra de protección conducía a las escaleras. Alice detuvo a Phoenix antes de que pudiera abrirla.
—¡Espera! Está lleno de soldados. Vi a Amun y a Edward... Aro y El Gran Hombre se encuentran en una bóveda de ahí abajo, pero hay una sala de almacenamiento gigante llena de soldados. En mi visión, vi a Amun y a Edward bajando primero.
—No voy a dejar a mi Bella y mi Jane —dijo Edward, con una voz que no dejaba lugar a discusión.
—¿Phoenix? —Amun hizo un gesto con la cabeza hacia la escalera.
—Me parece bien —coincidió Phoenix. Chasqueó los gatillos de sus armas.
—¡Espera! ¡Esta no es la manera en que yo lo vi!
—El futuro acaba de cambiar —se encogió de hombros Amun.
—Yo también voy —dijo Bella—. Se necesita un escudo.
Jane agarró el brazo de Bella.
—Si te vas, ¡yo voy!
—Cristo, todo el mundo viene junto, entonces —dijo Jenks, exasperado—. Todo el mundo, recuerde no disparar a menos que Bella diga que ella dejó caer su escudo, o tendrás un culo lleno de rebote. Alice, has visto a qué se parece esta sala ¿Hay algo para cubrirse?
—Es como un laberinto de cajones y cajas —Alice le dijo—. Cuando se llega a la parte inferior, tomen inmediatamente la izquierda y hay una fila de... algo... no puedo verlo con claridad, pero creo que podemos estar cubiertos detrás de eso.
—¿Bella? —Ella lanzó una cúpula protectora sobre su gente, imaginándola gruesa y pesada, impenetrable.
—Escudo arriba —ella dijo. Intentó no temblar en lo mal que habla arrastrando la voz.
Phoenix sacó las armas de Forks de su cinturón.
—Por Forks —dijo.
—Forks —acordó Jenks.
—Forks —todo el mundo repitió al unísono.
Se arrastraron por las escaleras de concreto, agrupados tan cerca el uno del otro, que cuando Phoenix se detuvo todos se estrellaron entre sí. Él se rió entre dientes, pero señaló qué lo había hecho detenerse.
—Puerta —dijo.
—A la mierda —dijo Jenks—. Mucho sigilo.
—Bella, ¿puedes abrirla y mantenerla abierta hasta que estemos todos?
Ella asintió con la cabeza.
—Espera hasta que yo diga cuando.
Se agruparon de nuevo tras la puerta.
—Recuerden el escudo, gente. No disparen hasta que estemos cubiertos y Bella lo haya bajado. ¡Bella, ahora!
Bella abrió la puerta y Phoenix se metió volteando hacia la izquierda. Bella escuchó que alguien disparaba una sola bala, y como si esa fuera la señal que todos habían estado esperando, una tormenta de disparos rebotó en su escudo. Sentía que quienes los atacaban eran el ejército completo de los Estados Unidos. Miles de golpes calientes chocaron sobre su domo protector; tanto ella como Edward gimieron del dolor. Vio a Amun correr y saltar sobre una de las cajas, su espada formó un arco de fuego en el aire.
Se agacharon detrás de las cajas a la izquierda de las escaleras.
—Ventana —dijo Bella.
Jenks estiró la mano y toqueteó su escudo invisible hasta que encontró la abertura, luego sacó la pistola por ahí. Después de que todos vieron donde estaba localizada sacaron sus propias pistolas por el espacio.
Cada vez que veía una cabeza o una mancha, Jane los atacaba con su don. La mayoría saltaba aferrándose a sus cabezas y gritando, para luego ser terminados con un disparo del equipo. Algunos caían al piso rodando en agonía para ser rematados por Amun.
—¿Dónde está Phoenix? —gritó Bella.
—Allí. —Edward señaló una figura que caminaba indiferente por el centro de la habitación, llevaba las pistolas estiradas a sus costados y disparaba al caminar. Cuando se quedaba sin balas simplemente abría las manos para dejar caer las pistolas y luego buscaba en la parte trasera de su cinturón por otras dos.
—¡Phoenix, cabrón estúpido! —gritó Jenks—. ¡Te van a matar!
—Quizá eso es lo que quiere —dijo Edward con suavidad.
Si es que ése era el plan de Phoenix, no estaba funcionando. Los soldados estaban tan asombrados de verlo caminando en medio de la batalla, entregando disparos directos mientras avanzaba que ni siquiera lo atacaron. Quizá creían que estaba escudado y era impermeable a las balas. En cualquier caso, nadie disparó hasta que fue demasiado tarde.
—¡Maldición! —Vio que Jenks se ponía de pie como si quisiera ir detrás de Phoenix antes de gruñir y dejarse caer al piso con las manos presionadas en el estómago. Un disparo había pasado por la pequeña abertura en el escudo de Bella. La bala había roto la parte inferior de su chaqueta al pasar por la parte baja de su abdomen.
Jenks gimió al quitarse el chaleco antibalas.
—Mucho bien me hizo esta jodida cosa —murmuró.
—¡Jenks! —Lauren soltó su rifle y gateó hasta él—. ¡Déjame ver! —le ordenó intentando alejar sus manos.
—No, debo mantener la presión. Busca la mochila de Collin, tráeme una gaza y algo de tape.
Ella regresó con Collin en lugar de traer los artículos que le había pedido. Collin miró la herida cuando Jenks retiró la mano y hubo un largo momento de silenciosa comunicación entre ellos.
—No —dijo Lauren—. Estará bien.
—Claro —respondió Collin—. Toma, sostén esto. —Buscó dentro de su mochila unos paquetes de gaza y tape.
—Me dispararon en el estómago, Laurie —dijo Jenks con gentileza.
—Esto no es el Salvaje Oeste —replicó Lauren—. Te llevaremos pronto a un hospital y estarás bien.
—Claro —dijo Jenks.
—No te portes condescendiente conmigo, imbécil —espetó Lauren.
Jenks se rió entre dientes.
—Dios, te amo, mujer. —Gimió cuando Collin presionó una venda en el área y rodeó su cuerpo con el tape para mantenerla en su lugar—. Dios, eso dolió un chingo.
—¿Quieres morfina? —preguntó Collin.
—No es normal que yo lo rechace, pero esta vez tendré que hacerlo —dijo Jenks—. Esperaré hasta que terminemos.
Los disparos se habían detenido. Amun y Phoenix inspeccionaron la habitación, terminando con los rezagados.
—No, por favor, no —se escuchó que alguien gritaba, sólo para ser callado cuando Phoenix le disparó al cuerpo tendido.
—¡Todo limpio! —gritó Phoenix.
Bella se puso de pie, tomó una de las manos de Jane y una de las de Edward. Cruzaron la habitación de la matanza hacia la pared más alejada donde estaba en pie una puerta parecida a la de un banco.
Amun se aceró junto a ellos, estudió la puerta en silencio.
—¿Puedes forzar el candado? —preguntó Bella con esperanza.
Amun sacudió la cabeza.
—Esto va más allá de mis capacidades.
Ella estaba bastante segura de que también iba más allá de las suyas.
—Te ayudaré —dijo Amun. Les hizo un gesto a Jane y Edward para que retrocedieran y tomó ambas manos de ella—. Puedes hacerlo, Bella. Es tu destino, Dios no te hubiera traído aquí sin darte el poder necesario para cumplir sus deseos.
—Esto es peor que el estallido de las puertas en la Montaña Yucca.
Él lo consideró.
—Tienes razón, pero no creo que vayas a dejar que esta puerta te detenga de terminar tu misión. Al otro lado de esta puerta está el final, Bella. Tu última tarea.
Ella parpadeó. Ni siquiera lo había considerado, pero tenía razón. Este era el final. Ahora que ya estaba aquí se sentía extrañamente irreal. Escuchó a Jim Morrison cantar en su oído:
Este es el final
Mi único amigo, el final
Este es el final
Hermoso amigo, el final
De nuestros elaborados planes, el final
De todo lo que prevalece, el final
No seguridad o sorpresa, el final
Nunca más volveré a verte a los ojos
Bella se concentró en la puerta de la bóveda, ahogándose en el profundo e infinito odio que sentía hacia el Proyecto Theta: por hacerla vivir siempre huyendo, por secuestrarla, por todo lo que le habían hecho a los residentes al intentar convertirlos en armas en el programa de reproducción, por dispararle a Jane y matar a Forks, por torturar a Edward y cortarle las alas...
Lo sintió crecer dentro de ella y lo dejó cargarse hasta alcanzar niveles que una vez había temido conocer, sabiendo instintivamente que su cuerpo no podría soportar esa cantidad de poder, pero ahora ya no había vuelta atrás. De alguna forma u otra había llegado al final del camino.
Sintió que sus pies dejaban el piso, sintió el aire moverse a su alrededor como ráfagas creadas por una tormenta de fuego y el chisporroteo de electricidad bailando sobre su piel. Escuchó a Amun gritar y soltarla cuando la carga llegó a él, pero ella ya no lo necesitaba. Ella había bebido con profundidad del poder que él le había ofrecido y ahora él era como una taza vacía que ella desechaba.
Arrancó la puerta y la lanzó a un lado, el círculo de acero de cinco pies de ancho hizo temblar la habitación cuando cayó al piso. Los seguros que la mantenían en su lugar con una circunferencia del tamaño de un refresco de dos litros quedaron destrozados por el poder de su mente. Sintió que salía sangre de su nariz cayendo sobre su barbilla y que de cada oído salía un riachuelo de sangre hacia su cuello. Su poder la mantenía en pie; su cuerpo ya no era capaz de realizar tal tarea.
Flotó dentro de la habitación y olió pólvora y sangre. El Big Guy estaba sentado en su silla con la cabeza echada hacia atrás. Ella podía ver un agujero bajo su barbilla y la sangre que se hacía charco bajo su silla al caer de su cabeza. Más bien, de donde solía estar su cabeza. La pistola que había usado estaba tirada junto a él.
—Cobarde —dijo ella, pero la palabra sonó tan irreconocible que no parecía ser español.
El General Aro Volturi estaba sentado en una silla plegable junto a la televisión que estaba montada en la pared. En ésta estaba una imagen remarcablemente clara que mostraba la habitación de almacenamiento y la matanza que habían dejado atrás.
Aro se puso de pie y tomó su saco del respaldo de la silla. Se lo puso y se acomodó la corbata, luego se jaló las mangas para alisarlas y se limpió la pelusa del brazo de su saco. Él la miró esperando. Su rostro estaba impasible, sus ojos llenos de una tranquila aceptación. Él la había atacado con todo lo que tenía y fue incapaz de detenerla. Miró de cara a la muerte y no parpadeó.
Ella asintió. Al menos tenía que darle un poco de respeto por ello.
Él explotó en un fino polvo de sangre. Había terminado.
Ella colapsó, su poder se fue tan abruptamente como cuando se iba la luz en una cada al fundirse uno de los fusibles. Apenas tenía fuerza para respirar.
Edward gritó y corrió para levantarla del piso.
—¡Bella!
Ella intentó decir su nombre, pero salió más como un balbuceo desordenado. Jane se arrodilló junto a ella con lágrimas cayéndole por las mejillas. Bella intentó sonreírle, pero sus labios ya no obedecían sus órdenes. Al final estaba con la gente que más amaba en este mundo. No podía pedir por más.
A lo lejos escuchó una conmoción y se dio cuenta de que se trataba de las últimas tropas del Proyecto Theta arremetiendo en la habitación de manera demasiado rápida y sorpresiva para defenderse. Aro debió llamar por refuerzos que llegaron demasiado tarde. Era un combate de cuerpo a cuerpo. Vio a Amun enterrar su navaja en el plexo solar de un soldado y empujarla hacia arriba con dirección a su corazón. El hombre cayó junto a Bella, sus ojos sin vida mirando los de ella.
La parte trasera de un rifle cayó y golpeó a Jane en la nuca. Bella intentó escudarla, pero su poder ya no estaba y ni siquiera Edward era tan rápido. Jane cayó inconsciente sobre el cuerpo de Bella. Bella soltó un grito estrangulado.
Edward las arrastró detrás de un escritorio que había sido tumbado. Los sonidos de la batalla disminuyeron cuando ella vio los ojos llenos de lágrimas de él.
—Ya es hora, ¿verdad? —le preguntó Bella a Edward. Su cuerpo estaba arruinado, su poder completamente minado. No podía ver más allá del escritorio, pero por los sonidos podía descubrir que sus exhaustos amigos estaban siendo superados. Escuchó a Alice gritar, un sonido que fue interrumpido con una terrorífica brusquedad. Jasper gritó su nombre con temor en la voz.
Edward sonrió gentilmente a pesar de sus lágrimas. Le acomodó el cabello detrás de la oreja, ese gesto tan tierno que ella siempre había amado.
—Sí, eso creo.
—Lo siento —dijo Bella—. Lamento no poder darte la vida que querías conmigo... un patio, y bebés, y la boda de Jane.
—No podría pedir más felicidad de la que me diste. Puede que no fuera la vida que imaginé, pero fue contigo, y eso es más que suficiente para mí.
Puedes imaginar lo que será
Tan ilimitado y libre
—Te amo, Edward. —Sea lo que fuera que lo esperaba al otro lado, sería perfecto porque él estaría con ella.
—Te amo, Bella. —Él dejó un último beso en sus labios, lento y dulce—. ¿Lista? —sus manos se deslizaron debajo de ella para acunar su cabeza.
—¡BELLA!
Ambos se congelaron.
—¡BELLA! ¡EDWARD!
La frente de Bella se arrugó. Reconocía esa voz, pero...
—No puede ser.
Escucharon disparos. Una breve pelea... más disparos fueron tirados y luego silencio.
Emmett se asomó sobre el escritorio para verlos.
—¿Sigues viva?
—¿Emmett? —dijo Bella—. Jesucristo, ¿de verdad eres tú?
—Sí, soy yo —dijo Emmett—. Ya pueden pararse.
Edward se paró con Bella en sus brazos y ambos se quedaron boquiabiertos al ver la visión frente a ellos.
—Hola —dijo Rose. Ella cargó el cuerpo inerte de Jane y la abrazó. Besó sus dos mejillas y le sonrió con alegría a la niña que tenía en brazos.
—Es bueno verlos de nuevo —agregó Carlisle. Tenía sus brazos alrededor de Esme cuyo rostro estaba blanco a causa de la sorpresa.
Bella retrocedió impactada.
—¿Qué están haciendo aquí? ¿Cayeron de nuevo?
Rose meció a Jane en sus brazos.
—Obviamente no—. Ella no podría tocar a Jane, mucho menos cargarla, si fuera una Caída.
—¿Está bien? —Bella quería estirar la mano para tocar a su hija, pero sus brazos ya no funcionaban.
—Estará bien —dijo Rose con una sonrisa—. Intenté decirle eso en su sueño, pero creo que no creyó que yo era real.
—Yo mismo tengo problemas para creerlo —dijo Jenks. Su rostro se veía gris a causa del dolor y de la pérdida de sangre. Tenía un brazo sobre los hombros de Lauren y ella estaba luchando por mantenerlo en pie. El rostro de ella se veía pálido y resignado, acongojado por el duelo que sabía estaba por venir.
—¿De dónde demonios vinieron? —exigió Bella—. No los hemos visto desde el centro del ártico.
—Nos mandaron para asegurarnos de que todos sobrevivieran —dijo Carlisle.
—Aw, joder, no otra "tarea" —gimió Jenks.
—¿No pudieron haber llegado un poco antes? —exigió saber Phoenix, Bella supo que estaba pensando en Forks.
—Algunas cosas están destinadas a pasar —dijo Rose. La compasión suavizó su voz. Phoenix apartó la vista con amargura.
—Pónganse en círculo, todos —instruyó Emmett.
—¿Por qué?
—Porque están a punto de obtener su milagro. Esme, ven aquí y toma mi mano.
Jenks cojeó hasta ellos apoyándose en Lauren.
Aquellos que no podían pararse, como Bella y Jane, fueron puestos en sillas. Edward agarró las manos de Bella porque ella no podía moverlas, puso una en las de Rose y él sostuvo la otra. Le besó la mano y ella deseó poder sentir la calidez y suavidad de sus labios.
Cuando todos se unieron al círculo, Rose le habló a Esme:
—Haz que fluya tu poder de curación.
Las manos de Esme empezaron a brillar en cuanto las palabras salieron de la boca de Rose, como si tuviera dificultad para contenerse y Rose hubiera roto la presa que contenía el haz de luz.
Una luz de un blanco cegador... se extendió por la cadena, envolviéndolos hasta que todos quedaron brillando, y parecía alimentarse del Talento de cada uno, haciéndose cada vez más caliente, más fuerte y más brillante.
Un calor quemador se extendió por el cuerpo de Bella y luego se dirigió a su cabeza. Lloró ante la intensidad de éste. En realidad no era dolor, pero se sentía nuclear, como si cada célula de su cuerpo se hubiera fusionado para crear sorprendentes niveles de energía. Si no fuera por la sensación de las manos que la sostenían a ambos lados, hubiera creído que se había convertido en una supernova, como el último estallido brillante de una estrella. Manos... ¡podía sentirlas!
Con un último estallido la luz desapareció. Todos se dejaron caer, todos jadeando por aire como si hubieran corrido en un maratón.
—Santa mierda —dijo Jenks. Miró su estómago y se limpió la sangre con los dedos. Lo encontró intacto, la piel perfectamente suave y sin manchas. Jane se sentó en su silla y miró a su alrededor confundida. Sus ojos se detuvieron en Rose. Abrió la boca.
—¡Te conozco! —gritó.
—Eso esperaba —dijo Rose con suavidad.
Bella miró sus manos asombrada. Tocó cada dedo con su pulgar. Tomó una de las plumas de Edward entre su dedo índice y el pulgar, y alisó el folículo. Luego se tocó la cara. Todo lugar donde sus dedos caían, podía sentirlo. Una risa de alegría se mezcló con lágrimas de felicidad. Edward la cargó en brazos y la besó como si no hubiera un mañana.
—Esto es lo que vi —susurró Alice—. Pero creí que significaba que todos íbamos a morir.
—¿Carlisle? —susurró Esme. Estiró una mano temblorosa para tocarlo, y cuando sus dedos entraron en contacto, soltó un sonido que fue mitad risa, mitad sollozo.
Y luego, el dolor y el miedo que los había llenado a todos dejó lugar para la risa y las lágrimas de felicidad.
Subieron las escaleras hacia el segundo piso, la única área que no había sido revisada. Amun insistió en que no podían irse antes de encontrar a "Mi Kebi" y sintieron que tenían que buscar para asegurarse de que no quedaran dotados encerrados en el centro. (Ben y Phoenix ya estaban afuera pegando los explosivos plásticos a las paredes.)
No encontraron a ningún Dotado adentro, Bella esperaba que hubieran sido liberados, pero temía lo peor. Detrás de cada puerta que abrían esperaba encontrar una pila de cuerpos.
La última puerta que se toparon era la única que pedía una tarjeta de acceso para entrar. Amun abrió la tapa del lector de la tarjeta. Sacó su navaja y se puso a trabajar. Segundos después se abrió la puerta.
Kebi estaba sentada en la cama con las rodillas abrazadas a su pecho.
—¡Amun! —lloró. Saltó de la cama y se echó a correr, luego le rodeó el cuello con los brazos—. Oh, gracias a Dios, gracias a Dios —susurró—. ¡No quería hacerlo! No quería, pero tenían a mi hermana y dijo que si yo no...
—Discutiremos esto después —dijo Amun como si no tuviera importancia—. ¿Estás herida?
—No, esto bien.
—Entonces sígueme —Amun se giró y salió por la puerta. Kebi lo siguió obedientemente.
Bella se giró hacia Emmett mientras los seguían.
—¿Por qué están aquí?
—Este... um... resulta que siempre estuvimos destinados a venir aquí —dijo Emmett sonrojándose un poco—. Era el destino. Nosotros... nos adelantamos un poco la primera vez. Ahora nos enviaron a protegerlos.
—Entonces, ¿esto de verdad era una misión de Dios? —preguntó Bella.
Rose se rió con suavidad.
—¿Alguna vez lo dudaste?
Y con esto nos despedimos de nuestro querido Angelito.
Espero que les haya gustado la historia tanto como a mí, fue un placer haber traducido para ustedes.
Gracias también a mi beta Isa por acompañarme una vez más a través de tan largo viaje.
A todas las lectoras, muchas gracias, me quedo con sus lindas palabras y los bonitos recuerdos.
¡Nos vemos en unos días con el epílogo! Tenemos que ver qué pasa después con nuestra pareja favorita ;)
Besos, abrazos y mucho cariño,
Fungys
