23. Combate (624 palabras)


¿Qué diablos hacía Jabu ahí, en mitad de la batalla? Seiya recordaba claramente a Saori ordenándole quedarse en el campamento… Entonces notó al niño que estaba con él.

-¿Qué hace un niño ahí? –exclamó.

-¿Lo dice el que fue armado Caballero a los trece años? –replicó Hades-. Y no es un niño.

-¿Es una niña?

Fue toda una sorpresa escuchar a Hades reír.

-Que no te escuche decir eso. Se llama Ares y es mi sobrino.

¿Ares? ¿El "otro dios de la Guerra", para usar el término empleado por el dios del Mar?

-¡Cuando Poseidón dijo que Ares estaba con Atenea, pensé que él se encargaría de protegerla a ella!

-¿Poseidón dijo eso? –Hades se escuchaba sorprendido-. Debe haber sido una metáfora… Proteger, en el sentido que quieres usar, está más allá del poder de Ares. Es el dios de la Guerra Destructiva y la violencia sin sentido jamás ha protegido a nadie. Tal vez si lograra madurar lo suficiente como para evolucionar en un dios de la Guerra Justa (tiene las condiciones para lograrlo)… pero estoy divagando. Mira bien, ¿notas cómo son más lo soldados que intentan atacarlo a él que los que enfrentan a Atenea?

-…Es un blanco más fácil.

-Sí, y además de eso, si ellos consiguieran matar a su avatar, su alma iría de inmediato a su cuerpo original y entonces lo tendrían prisionero en el Refugio. Atraer sobre sí la atención en lugar de ponerse a salvo… eso es lo más cerca que puede llegar de proteger a su hermana. Quizá Poseidón se refería a eso.

Seiya no se sintió de todo convencido, pero estaba demasiado ocupado rechazando a los enemigos que intentaban alcanzar al soberano del Inframundo en cantidades similares a los que intentaban llegar hasta Ares. Los Titanes ciertamente debían considerar a esos dos unas presas apetecibles… Así que apretó los dientes y redobló sus esfuerzos por abrirse paso entre la multitud de enemigos y proteger al dios al mismo tiempo. Jabu tenía edad más que suficiente como para saber lo que estaba haciendo, era casi un mes mayor que él, a fin de cuentas.

Por su parte, Ares estaba en su elemento.

Claro que no estaba acostumbrado a atacar las rodillas de sus oponentes, pero era igualmente satisfactorio verlos caer.

Junto a él, el Unicornio estaba haciendo un buen trabajo.

-¿Te diviertes, Unicornio?

-El nombre es Jabu, Alteza.

-Deja de decir "Alteza" y quizá yo logre recordar tu nombre. Avísame cuando hayas tenido suficiente sangre.

-¿A qué se refiere?

-Cuando la sed de un guerrero se ve saciada, es hora de retirarse.

-No soy un Berserker.

-Y eso quizá sea bueno, ya te habrías olvidado de mí si lo fueras.

-¿No le molesta eso? –a Jabu le sorprendió detectar una sonrisa en la voz del dios.

-Mis Berserkers son mis hermanos de armas, cuando entramos a la batalla cada quien va seguro de que los demás podrán cuidarse a sí mismos. Por eso pedí tu protección: habría puesto a cualquiera de ellos en un serio predicamento en caso de pedirles ayuda, porque mis guerreros entran en frenesí al iniciar el combate y no hay manera de que pudieran recordar cuidar de alguien estando en éxtasis de guerra. Son grandes soldados, grandes amigos y los amo, pero conozco sus limitaciones.

-Ya veo, pero, hablando de límites, creo que nos están cercando.

-Era de esperarse –Ares sonrió de nuevo-. Somos menos, mi ilustre padre no está participando en la batalla porque si fracasamos, solo él quedará libre, o vivo… Por si no te habías dado cuenta, de esta solo saldremos victoriosos o muertos. Más probablemente, muertos.

-…Gracias por avisarme con tiempo.

-¡De nada!

Por lo visto, entre las cualidades de Ares no estaba la capacidad de detectar sarcasmo.