24. Angustia (417 palabras)


Dentro de la pirámide, Saga se sacudió el aturdimiento como mejor pudo; la fuerza del Titán del Mar había arrancado a Kanon de los brazos de Poseidón como si se tratara de una muñeca de trapo, y al resto (Sorrento, unos cuantos guerreros de Hera, el propio Saga) los había lanzado contra una pared. No se levantó todavía sino que miró a su alrededor y trató de evaluar la situación

Kanon estaba atrapado dentro de una esfera de agua a metro y medio de altura.

Poseidón, por su parte, estaba de pie frente a Pontos, así que Saga se preparó mentalmente para apoyarlo tan pronto como se pusiera en movimiento. Quizá si el dios atacaba al Titán, él podría sacar a Kanon del agua…

-Tomé tu lugar en el panteón, anciano. Sabes que mi poder supera al tuyo –espetó Poseidón, dando un paso al frente.

-Eso dices y quizá hasta sea cierto, pero te olvidas de tu mascota –Pontos señaló la burbuja-. Tienes que admitir que es un error revelar tan fácilmente tus afectos.

-Estará libre en cuanto mueras.

-Antes de que logres herirme, ese frágil mortal habrá muerto tres veces –Ponto sonrió-. Oh, sí, percibo en él la ambrosía, pero todavía es pronto como para el que cambio sea permanente, ¿no crees? Mi burbuja puede aplastarlo antes de que me alcances. ¿Vas a arriesgar su vida?

Poseidón rechinó los dientes, había tensión en cada línea de su cuerpo.

-¿Qué quieres?

-Arrodíllate ante mí, como corresponde, sobrino nieto.

Pasmado, Saga vio a Poseidón hacer exactamente eso: arrodillarse. El dios del Mar no opuso resistencia cuando más agua apareció de la nada para tomar la forma de cadenas enroscándose como serpientes alrededor de su cuerpo.

-¡De acuerdo, me rindo! ¡Déjalo ir! –exigió Poseidón.

-Ahora menos que nunca –respondió Pontos, calmadamente, e hizo aparecer una mordaza de agua para silenciar a Poseidón-. Es una mascota demasiado útil. Quizá lo conserve y me divierta un poco con él de vez en cuando. Frente a ti. Ah, mira… Qué encanto, está tratando de usar tu Tridente. Quizá será mejor que lo mate ahora mismo, los esclavos rebeldes siempre son un fastidio.

Pontos se acercó a la burbuja y le habló con burla a Kanon.

Saga empezó a levantarse lentamente. Si lograba atacar al Titán por la espalda mientras estaba distraído con Kanon (que acababa de dejar caer el Tridente), habría una oportunidad…

La luz blanca borró por un segundo la existencia de todas las sombras y Saga temió haberse quedado ciego.