27. Reencarnaciones (2.026 palabras)


Seiya había lamentado la muerte de Kanon, veinte años atrás.

Como la mayor parte de la Orden, había tenido oportunidad de sorprenderse cuando Hyoga y Shiryu hablaron sobre él con respeto y admiración, y cuando Milo lo recordó con algo de pena. Pero lo que no había dejado la menor duda de que su muerte era un suceso triste, era el dolor de Saga, tan evidente para todos, tan profundo y tan interminable.

También tuvo, como los demás, oportunidad de sorprenderse por el esmero con el que tres de los Traidores se dedicaron a cuidarlo (claro que, solía rumiar para sus adentros, aquel beso espectacular del primer día daba por lo menos una pista de por qué Afrodita se preocupaba tanto por él).

Cuando sintió los pensamientos de los demás como una marea a través del Cosmos repitiendo con preocupación el nombre de Saga, y supo que Kanon no solo estaba vivo, sino que había estado prisionero con Poseidón (¿o prisionero de Poseidón?) los últimos veinte años y que ahora era el avatar del dios, lo primero que sintió fue angustia.

Por Saga, a quien admiraba y de quién había aprendido mucho en esas dos décadas hasta volverse una especie de aprendiz no oficial (aunque eso disgustara a Marin, que se quejaba de que su alumno era más respetuoso con Saga que con ella), por Saori, que debía sufrir por no poder hacer nada al respecto, por los tres amigos de Saga, que quizá también habían sido amigos de Kanon…

No sabía si sentir pena por el propio Kanon, ya que aunque su cuerpo viviera ahora, su mente sin duda alguna había sido suprimida por completo y ya no era su alma la que animaba ese cuerpo…

Por encima de todo y de todos, temía por Shun, que debía estar viendo en aquella persona que cruzó el campamento hasta su tienda si mirar a derecha ni a izquierda un reflejo de lo que estuvo a punto de sucederle a él.

Ver al avatar de Poseidón ataviado para la batalla con la escama del Dragón Marino en lugar de la armadura divina que le correspondía (supuestamente para confundir al enemigo, porque sería Julián quien usara la armadura de Poseidón), lo que sintió fue rabia, porque era recordarle a todos que aquella cáscara vacía, manipulada por la voluntad de un dios, había sido alguna vez el gemelo de uno de los Caballeros de Oro.

Uno de los que se atrevió a levantarse contra los dioses, el que se atrevió a manipularlos, el hombre al que los mismos dioses llamaban (de acuerdo con Saori) "el tejedor de engaños".

Los Caballeros de Bronce llegaron esa mañana a la conclusión de que Saga lucía tan compuesto y calmado solo porque sabía que suplicar o reclamar haría peores las cosas para Kanon (si todavía quedaba algo de él). Ver al Caballero de Géminis partir a la batalla junto con el grupo de Poseidón, justo como si estuviera acompañando a su hermano y no al dios, estuvo a punto de romper el corazón de muchos, incluyendo el de Seiya, que no podía tragar semejante injusticia. Quizá por eso no se había molestado siquiera en intentar no ser brusco con Hades. Los dioses no merecían deferencia alguna cuando eran capaces de lastimar así a alguien… quizá Kanon se había ganado el rencor de Poseidón, pero no podía ser justo torturar así a Saga, que jamás había hecho nada contra el dios del Mar.

Por eso, cuando estaba de vuelta en el campamento y luego de haber dejado a Hades al celoso cuidado de sus Heraldos (más bien, después de que Tánatos e Hipnos lo echaran con cajas destempladas luego de maldecirlo al menos cincuenta veces, a él y a sus futuras vidas… curioso que no mencionaran ninguna posible descendencia), y estaba tratando de localizar al resto de los de Bronce, no supo qué pensar ni qué decir al ver regresar a los que habían entrado al Refugio.

Podía percibir claramente el cosmos de Poseidón en el hombre de cabellos azules que empuñaba el Tridente en la mano izquierda… y caminaba junto a Kanon con la calma de la que solo puede hacer gala quien está en completa confianza. ¿Ese era Poseidón de vuelta en su cuerpo original?

Pero lo más extraño de todo era Kanon, que reía por algo dicho por Saga… quien estaba sonriendo.

No era la primera vez que Seiya veía sonreír a Saga, aunque no dejaba de ser un poco raro, porque Saga generalmente solo sonreía cuando Afrodita estaba cerca… y, mientras ponderaba eso, Seiya empezó a notar que las pulsaciones en el Cosmos (señales del nacimiento del nuevo dios mencionado por Ares, que seguirían siendo perceptibles hasta que esa nueva deidad supiera cómo controlar su poder) provenían de Kanon.

Eso no podía ser posible… ¿o sí? Ya no estaba seguro de nada.

Afrodita fue hacia ellos sin la menor vacilación y tras él fueron también MM y Shura. El trío de Saga… Aunque con el transcurrir de los años las divisiones en la Orden ya no eran tan notorias como recién terminada la guerra contra Hades, aquellos tres y Saga habían sido… una especie de grupo aparte durante muchísimo tiempo. Seiya tenía la impresión de que no era solo por el carácter altivo que compartían los tres; Aioros afirmaba que MM y Afrodita se habían criado prácticamente juntos, por la relación "especial" que unía a sus respectivos Maestros (y cuando decía "especial", solía mirar a Kamus y Milo, cosa que hacía reír a todos, menos a Hyoga), en cuanto a Shura, de pequeño había tenido serias dificultades para aprender griego y eso lo había aislado por largo tiempo del resto de los aprendices, hasta que Afrodita y MM (extranjeros también) empezaron a entrenar con él, cuando los tres quedaron al cuidado de Saga luego de la muerte de sus Maestros.

Era natural que se les dificultara relacionarse con el resto, incluso sin la etiqueta de "traidores" con la que tuvieron que cargar tanto tiempo.

Saga los recibió con una expresión alegre que generalmente no mostraba en público (otra sorpresa para Seiya) y… si los ojos de Seiya no lo engañaban, estaba presentándolos con Poseidón y con Kanon, pero no como se presenta ante un dios los guerreros de otra divinidad.

Cierto, Saga en los últimos años había dejado patente que no le tenía mucho afecto al protocolo, pero eso…

Cuando MM y Shura se retiraron, Seiya decidió acercarse. Las preguntas estaban empezando a acumulársele en la cabeza en una forma que se volvía alarmante por momentos.

-Seiya –Saga lo saludó en cuanto lo vio-. Tengo entendido que ya conoces a estos dos, pero creo que no fueron presentados de la manera correcta.

-La última vez que nos encontramos, el Caballero Pegaso parecía muy dispuesto a matar a mi servidor Julián –dijo Poseidón.

-En realidad, creo que era a ti a quien pretendía matar, no a Julián –apuntó Kanon.

-Ah, gracias, eso "mejora" las cosas.

-Cuando gustes.

-Eres Kanon –dijo Seiya, todavía sin poder creerlo del todo-. Pensé que… todos decían que eras el avatar de Poseidón y yo pensé que…

-¿Qué cosa?

Curioso, casi nunca era posible adivinar qué pasaba por la cabeza de Saga, pero Kanon no parecía tener la costumbre de guardarse sus emociones y pensamientos, el antiguo Shogun parecía genuinamente intrigado, mientras que Saga (aunque todavía sonreía un poco) resultaba del todo ilegible.

-Pensé que Poseidón habría destruido tu alma –explicó Seiya.

El desconcierto de Kanon no parecía fingido.

-Destruir el alma de un avatar… ¿Se puede hacer eso?

-Sé de algunos que lo han intentado, pero no he escuchado de nadie que lo haya logrado –Poseidón sacudió la cabeza-. Solo un loco lo intentaría, ¿sabes? No somos dueños de las almas y el que destruyera una tendría que responder ante un tribunal más alto que el Olimpo.

-Pero eso… -Seiya se mordió el labio inferior. Quizá Poseidón estaba hablando como alguien que tiene pleno dominio de sus facultades. Saori había dejado muy claro que ese no era el caso con Hades-. Es bueno saberlo. La verdad es que estaba convencido de que tomar a alguien como avatar implicaba necesariamente el destruir su alma.

-Mmm… Puede dar esa impresión –dijo Poseidón-. Hay unas… tres maneras en que pueden darse las etapas en el ciclo de muerte y renacimiento de un Olímpico. Podemos hacer que nazca un cuerpo vacío, una criatura tan humana como es posible, pero sin alma, mente ni espíritu… prácticamente un cascarón viviente, y ocuparla con nuestra alma, como quien se muda a una casa nueva. También podemos encontrar una persona con las condiciones adecuadas, generalmente entre nuestra misma descendencia mortal… eso suele ser más sencillo y es lo que suelo hacer yo, por eso elijo a mis avatares entre miembros de la familia Solo: ellos descienden de uno de mis hijos mortales; bien, en este caso, el alma del dios habita el cuerpo del mortal junto con el alma original y puede tomar el control cuando quiera, o dejar que el mortal actúe y retirarse a descansar (sin abandonar el cuerpo, claro); en ese caso ya no es como ocupar una casa, sino como realizar un viaje en el que dos personas se alternan para conducir, quién "conduzca" más tiempo depende del acuerdo que puedan lograr, o de la fuerza de voluntad de cada uno. La tercera opción es que el dios fuerce su cuerpo original a… ¿Cuál fue la palabra que usaste, Kanon?

-Reiniciar. Como apagar y encender de nuevo una computadora.

-Hum, sí. Aunque no es exactamente como eso… Sería como volver la computadora a su estado primigenio, recién salida de la fábrica. Quiero decir, en ese caso en particular, es el cuerpo original del dios el que vuelve a la infancia, como si renaciera.

-Eso es lo que hace Atenea.

-Sí.

-¿Por qué no lo hacen también otros dioses?

-Es peligroso. Para lograrlo hay que consumir una cantidad elevada de néctar y ambrosía… y, aunque eso es lo que nos confiere inmortalidad y juventud, ningún exceso es bueno. Al renacer de esa manera, tu Señora corre el riesgo de perderse a sí misma…

-¿Cómo?

-La idea es que una vez que su cuerpo haya madurado lo suficiente, despertar los recuerdos de toda su existencia junto con su poder, pero una dosis demasiado grande del alimento divino y el tiempo que trascurre mientras su cuerpo crece, las nuevas experiencias y afectos… todo eso podría borrar permanentemente sus vidas pasadas y ella sería Atenea, pero no la Atenea que conocemos, sino una persona distinta. Los demás consideramos que es un riesgo demasiado grande como para intentar algo así: no hay manera de predecir en qué clase de persona te convertirás si pierdes de pronto todo lo que te hace ser quien eres. Tu Señora es temeraria, como es propio de una diosa de la Guerra, los demás nos consideramos un poco más… prudentes.

Pero entonces… ¿en qué categoría entraba Shun? ¿La segunda?

-Y cuando ocurre el segundo caso… ¿el avatar no sufre daño?

-No cuando ha recibido los cuidados apropiados desde pequeño.

-¿A qué te refieres con eso? –preguntó Kanon, curioso.

-Cuando eliges a un avatar, debes ayudarlo a prepararse. Por eso es que normalmente buscas a alguien de tu misma familia, existe la relación, hay confianza por la sangre compartida y puedes intervenir un poco en la crianza del niño para que este no sienta temor y sepa exactamente qué va a ocurrir con él y por qué es necesario –Poseidón miró a Seiya casi como si pudiera ver a través de él-. Todo esto lleva al joven Andrómeda, ¿verdad? Tus preguntas son por él más que por Kanon, a quien ves a salvo y tan cuerdo como le es posible, teniendo en cuenta que nunca lo ha sido mucho que digamos.

-¡Eh! –protestó Kanon.

-Sí… aunque no puedo juzgar mucho sobre la cordura de Kanon, claro… Me intriga… lo que pretendía lograr Hades.

-Hum. –Poseidón miró a su alrededor, comprobó que los demás dioses estaban bastante lejos y miró de nuevo a Seiya, muy serio-. Sea. Trataré de aclarar tus dudas solo porque sé que el Caballero de Géminis te respeta.