28. Traiciones (1.384 palabras)


-Tu amigo Shun no es descendiente de Hades, sino que fue elegido para ser avatar por la pureza de su alma y hay una razón para ello: el veneno de Gorgona que fue vertido sobre el pecho de mi hermano al final de la Gigantomaquia –empezó a explicar Poseidón.

-¿La… la guerra contra los Gigantes?

-Precisamente. Fue después de ese terrible combate que Hades empezó a mostrar síntomas de estar perdiendo la razón. En aquel entonces incluso llegó a acusar a Atenea de haber intentado asesinarlo, declaró ante Zeus y ante todos los dioses que ella había logrado extraer un trozo de su corazón para crear un arma invencible. Nadie le creyó.

-…Oh.

-Pero lo que sí quedó más allá de toda duda fue lo del veneno. Esto sucedió cuando ya hacía decenas de años que el Olimpo estaba bajo asedio. Nuestros enemigos llegaron al extremo de poner dos montañas, una sobre otra…

-El Pelión y el Osa.

-Justamente, pretendían usarlas a modo de escaleras para asaltar nuestras murallas. En fin, teníamos que vigilar en forma constante y nos turnábamos. Una noche, le correspondió a Ares y Hades la misión de patrullar las almenas. A la mañana siguiente, encontramos a Hades malherido y no había el menor rastro de Ares.

-¿Qué pasó?

-No lo sabemos con exactitud. Hades estuvo entre la vida y la muerte durante meses y cuando recuperó el uso de sus sentidos… era mucho lo que había cambiado. Alguien usó veneno de Gorgona contra él, como te dije. Tienen que haberlo sujetado, debe haber sido necesario mantenerlo quieto al menos una hora mientras el veneno era vertido, gota a gota, sobre el mismo lugar para producir una herida así, era tan profunda que casi llegaba hasta su corazón. En su delirio, mi hermano hablaba de una traición, lo cual es lógico si tenemos en cuenta que debe haber sido alguien en quien Hades confiaba. Al principio, incluso llegamos a sospechar de Ares. Eso fue una prueba terrible para Hera –Poseidón suspiró-. Hades es su hermano favorito, y Ares es su hijo más querido, la sola idea de que Ares fuera capaz de algo así… Pero nadie sabía dónde estaba Ares y cuando Hades pudo decirnos lo que había pasado… casi nada de lo que decía tenía sentido.

-¿Qué fue lo que pasó, según él?

-Juraba y volvía a jurar que dos de mis hijos mortales habían atacado a Ares a traición y que cuando él intentó ayudarlo… un Caballero de Atenea intervino para ayudar a los traidores.

-¿Un Caballero de Atenea?

-Sí –Poseidón lo miró fijamente de nuevo y Seiya tuvo la repentina seguridad de que Poseidón sí le había creído entonces a Hades, y probablemente seguía creyéndole-. Dijo que Ares estaba inconsciente e indefenso y que los Alóadas amenazaron con matarlo si Hades oponía resistencia. Y dijo que Atenea estaba con ellos y había ordenado a su Caballero usar en él aquella sangre maldita (sus palabras, no las mías) con el propósito de arrancarle un trozo del corazón. Cuando el dolor fue insoportable, Hades se desmayó y no supo a dónde habían llevado a Ares. Un año y un mes tardamos en descubrir lo que había pasado con mi sobrino y entonces quedó patente, para mi eterna vergüenza, que Hades tuvo razón al menos en una cosa: dos de mis hijos, Oto y Efialtes, eran los secuestradores… mi sobrino Apolo se encargó de ejecutarlos y a mí no se me permitió siquiera guardar luto por ellos. En cuanto al resto de las acusaciones… eran demasiado absurdas. ¿Por qué la hija más leal de Zeus se arriesgaría a dejar al borde de la muerte a uno de los tres reyes? ¿Por qué iba a abandonar a uno de sus hermanos en cautiverio y tortura? ¿Qué clase de arma pretendería crear que requiriera secreto y traición para lograrse? No, nada de eso tenía sentido. Delirios causados por el dolor, alucinaciones provocadas por el veneno. Eso tiene que haber sido, o al menos eso fue lo que concluyó Zeus.

-Hum…

-En cuanto a la relación de tu amigo con todo esto… La herida en el pecho de mi hermano es tan inmortal como él. Sana durante algún tiempo, pero vuelve a abrirse con facilidad y el dolor que produce no cesa. Si intenta reencarnar como él mismo, su cuerpo conserva la herida. Un cuerpo vacío solo le proporciona alivio temporal a su alma… Pero descubrimos que si usa un avatar, el alma de la persona cuyo cuerpo comparta ayuda a que mi hermano sane. El veneno parece estar más vinculado a su alma que a su cuerpo, y el contacto con un alma pura disminuye el poder del veneno; entre más pura sea el alma, más poderoso es su efecto sanador. Será un proceso largo, tardará muchas vidas en lograr curarse de esta manera, pero es el sistema que escogió.

-¿No hay otra forma?

-Podría beber del antídoto contra el veneno que posee Atenea, pero él sigue insistiendo que fue ella quien ocasionó todo y no quiere recibir nada de sus manos. Seguirá el camino largo por su desconfianza hacia ella.

-Ya veo… entonces, por eso escogió a Shun.

-Sí, y es triste para todos el ver que ya van dos reencarnaciones frustradas para él. A este paso no logrará sanar… Pero ha de ser culpa suya, ¿no? Si hubiera hecho las cosas bien desde el principio, sus servidores se habrían encargado de cuidar y educar a tu amigo desde la infancia, de manera que no hubiera temor ni rechazo al momento de que la conciencia de mi hermano despertara en él. No tengo ni la menor idea de cómo es que alguien señalado por Hades con su emblema de la estrella desde el día de su nacimiento fue a dar hasta el Santuario de Atenea. Alguien cometió un error terrible, porque ningún Olímpico toma para sí un mortal señalado por otro dios en una forma tan clara.

-Ahora dirás que a mí también me habías señalado para ser Shogun del Dragón Marino –intervino Kanon, con tono burlón.

-¿Me creerías si te digo que sí lo hice? Mi acuerdo con Atenea fue que tan pronto como cumplieras cinco años, uno de mis servidores se presentaría en su Santuario para recogerte y llevarte a Bluegaard, donde mi gente se encargaría de tu educación.

-…¿Ah? –Kanon le dirigió una mirada de alarma-. ¡¿Ibas a separarme de mi gemelo?!

-Lo que quería era más bien una custodia compartida –Poseidón enarcó una ceja-. Mi idea era que pasaras seis meses de cada año en mis dominios y que regresaras con tu familia los restantes seis, para que estuvieras con tu hermano. Pero no tiene caso hablar de lo que pudo ser, porque mi servidor, el abuelo de Julián, jamás llegó a su destino, otro misterio más para la lista.

-Sí llegó –intervino Saga-. Mis padres discutían mucho en aquel entonces sobre si nos mudaríamos todos a Bluegaard.

-No hubiera sido posible, siendo padre un miembro de la Orden…

-Nuestro padre vigilaba la Tercera Casa porque heredó la responsabilidad del suyo, pero no era Caballero de Géminis, era el bibliotecario del palacio. Hubiera podido llevarnos a todos a Bluegaard sin que nadie tuviera derecho a impedírselo, excepto porque las estrellas me señalaban como el próximo Caballero de Géminis. Lo que decía él era que las cosas iban a ser muy complicadas de coordinar… y el señor Solo dijo que uno de los Caballeros de los Hielos podría tomarme como su discípulo y prepararme para servir a Atenea. Así tú obtendrías la escama, yo obtendría la armadura, la familia no se separaría y ambos dioses estarían contentos. Nuestros padres ya habían encontrado casa en Bluegaard y empezaban a planear la mudanza, pero ese fue el año en que murieron.

-Sí, un hecho lamentable –añadió Poseidón-. Tíndaro y Leda me agradaban mucho, eran una pareja tan alegre… Pero, como dije, no tiene caso hablar de lo que pudo ser y no fue.

Seiya se mordió el labio inferior. En aquella historia extraña había demasiadas sospechas, traiciones y muertes misteriosas.

-En todo esto solo falta el fantasma del padre de Hamlet –murmuró Kanon.

-Podríamos tenerlo si quieres, pero tendrás que interpretar tú el papel de Hamlet. No quiero a Afrodita haciendo de Ofelia ni siquiera en broma –replicó Saga de inmediato.