30. Cizaña (2.008 palabras)
Ares se apartó del grupo de chismosos y buscó a Saori. La encontró (por fin) en un pasillo, bastante lejos de todo el festejo.
La diosa parecía ensimismada, contemplando un mural que representaba las constelaciones.
-¿Nostálgica, hermana?
-Un poco. A veces. ¿Qué deseas?
-Yo. Hum…
Imposible dar un buen discurso. Ya debería haber dejado de intentarlo y conformarse con lo que podía hacer, así por lo menos no daría la impresión de estar dudando. Ares decidió que era más sencillo actuar que hablar y le entregó un objeto envuelto en una pieza de seda roja.
-¿Qué es esto…? ¡Oh! –Saori contempló sorprendida el puñal que acababa de desenvolver. Lo recordaba muy bien. Aquella arma había sido hecha con uno de los colmillos del dragón de Cólquide. Ares se había hecho con el colmillo y le había pedido a Hefesto que lo convirtiera en un arma y Hefesto (que en ese entonces todavía estaba en buenos términos con él) realmente se había esmerado. Eran muchos los que le envidiaban a Ares esa posesión, en cuenta Atenea, pero él nunca había querido obsequiarlo ni venderlo-. ¿Por qué me das esto?
-He decidido aceptar tu regalo, lo correcto es que corresponda… sé que el puñal es menos valioso que un unicornio, pero no sé si poseo algo más que sea de tu agrado.
-…Jabu no es una cosa y no fue mi intención regalártelo.
-Me doy cuenta, pero las palabras nunca han sido mis aliadas.
-Tienes algo más que decir –dijo Saori, sorprendida de nuevo-. ¿De qué se trata?
-Sé que no era tu intención regalarlo, pero el regalo está hecho y una de las diosas de la Justicia está empeñada en que es oficial… -Saori estuvo tentada a interrumpirlo, pero se detuvo a tiempo, era más fuerte la curiosidad por saber a dónde quería llegar Ares que la exasperación que le producía siempre su hermano cuando intentaba hablar como ella en lugar de usar frases cortas, que era lo que se le daba mejor-. No te lo reclamaré ahora.
-¿Eh?
Ares tomó aire.
-No voy a separarlo de sus amigos y de sus afectos. No en esta vida. Dejaré que continúe sirviéndote por el tiempo que le reste en este ciclo. Pero cultivaré su amistad, si tú me lo permites, y en el próximo ciclo… deseo que nazca para ser uno de mis servidores.
-En su próxima vida.
-Sí.
-Si yo estoy de acuerdo.
-Sí.
-…¿Quién eres tú y dónde escondiste el cadáver del Brotoilogos, el impetuoso Ares manchado de sangre?
-Qué curioso, es la segunda vez esta semana que me preguntan algo parecido.
Saori comprendió de repente lo que le ocurría a Ares. Era la influencia del Unicornio actuando sobre él. La diosa de la Estrategia calculó de inmediato todas las probabilidades. La cercanía del Caballero del Unicornio nunca la había afectado porque era la versión racional de la Guerra, no había nada que aplacar en ella porque jamás se enfurecía ni perdía el dominio sobre sí misma… pero el poder del Unicornio sí se notaba sobre Ares, que era colérico e impulsivo por naturaleza.
Si el estar cerca de Jabu apenas una semana había logrado modificar la conducta de Ares hasta ese extremo… los beneficios para el mundo entero podían ser inmensos. Ares, el indomable, el siempre sediento de sangre destructor de hombres, el que arrasaba las ciudades… podía ser "domesticado" por la simple cercanía de la reencarnación de un unicornio. Si la Guerra Apasionada podía ser influida al punto de convertirse en otra cosa… quizá los conflictos armados en la Tierra perderían su razón de ser.
Ares siendo razonable y queriendo negociar… ¡eso era algo demasiado maravilloso, valía cualquier sacrificio!
Y hasta estaba dando la oportunidad de que Jabu no supiera nunca que lo había regalado por accidente.
-Acepto –dijo ella y casi tuvo que reír al ver la mirada sorprendida de Ares. Su pobre hermano había pensado que regatearía-. Acepto tus condiciones sobre Jabu y también acepto tu regalo. Ahora, cierra los ojos y extiende las manos.
-¿Para qué?
-Dame gusto.
Ares obedeció, pero abrió los ojos, alarmado, cuando sintió que algo peludo se materializaba en sus manos, invocado por el cosmos de Saori.
Un unicornio de peluche.
-¿Qué… rayos… es esto?
-Un unicornio.
-Rosa. ¿Te volviste loca?
-No, y no es rosa: es lila.
-Tiene partes rosa.
-Sí, pero rosa neón.
-Oh, y eso hace mucha diferencia en un unicornio con… estrellitas.
-¿Verdad que le quedan lindas?
-Cada vez estoy menos convencido de que seas mayor que yo. ¿Por qué me das esa cosa?
-Dado que vas a tener la gentileza de esperar al próximo ciclo para reclamar a Jabu, pensé en darte algo mientras tanto, para compensar la espera. Es una de mis posesiones preferidas.
-Un juguete.
-Ajá –Saori hizo algo todavía peor que darle el peluche: le pellizcó ambas mejillas-. Cuídalo muy bien, otooto-chan.
Al momento en que Saori le dio la espalda, Ares vio (por fin) lo que había estado buscando desde su primer encuentro en ese ciclo. Extendió una mano con rapidez cercana a la de la luz y arrancó… una planta.
Saori se dio vuelta con una exclamación de dolor para ver a Ares con el peluche en una mano… y una cizaña en la otra. De las raíces de la planta goteaba icor, la sangre de los dioses.
-¡¿Qué es eso?! –exclamó ella.
Ares se mordió el labio inferior.
-Una de las cizañas de Eris.
-¿De dónde?... –Saori descubrió, con no poco horror, que de pronto su mente estaba completamente despejada, ya no había impulsos repentinos ni juicios nublados-. Oh, por la luz del Zodiaco entero, ¿estaba creciendo en mí?
-Sí. Noté los síntomas desde hace algún tiempo, pero tu cosmos la escondía bastante bien, por eso he estado prácticamente pegado a tu falda estos días, tenía que encontrarla antes de que madurasen las espigas e infectaran a otros…
-Pero se supone que los Olímpicos somos inmunes a las cizañas de Eris, ella no es más que una diosa menor…
-Reitero lo que te he dicho: cada vez que reencarnas, te vuelves más humana y menos diosa. La semilla de la que brotó esta cizaña debe haber estado contigo desde hace más de mil años, pero no fue sino hasta este ciclo que logró germinar.
-Ya veo.
-Atenea, te lo ruego, no te vengues de Eris, mi niña es inconsciente e impulsiva, no mide las consecuencias de sus actos… y eso lo heredó de mí…
-¡Jah! ¡Como si su madre fuera mejor que ella en control de impulsos!
Ares quiso responder, pero se quedó sin aire cuando Saori lo abrazó con fuerza.
-¡¿Estás loca?! ¡Suéltame!
-Mi pequeño, adorado hermanito. ¿Estabas preocupado por mí?
-¡Estaba preocupado por si terminabas tratando de destruir el Olimpo!
Sin hacer caso de sus protestas, Saori le pellizcó de nuevo las mejillas y lo miró atenta, con los ojos chispeantes de alegría.
-Sí que estabas preocupado… ¡Ah, Ares! ¡Ya veo cómo lograste descubrir la presencia de la cizaña! ¡No estás usando un avatar! ¡Reencarnaste como tú mismo, en la forma en que lo hago yo! ¿Qué es lo que hay en tu sarcófago en el Refugio?
-Una figura de cera –gruñó él-. Renacer como lo haces tú era la única forma de no dividir mi poder y además tener una apariencia lo bastante inofensiva como para que me dejaras acercarme y explorar tu cosmos.
-¡Ares, el impulsivo, utilizando una estrategia! ¡Debe ser una señal del fin de los tiempos!
-¡Deja de burlarte!
-Ya, ya, no me burlo. ¡Estoy tan feliz de ver que sigues mi ejemplo, hermanito!
-…¿Ah? ¡No te atrevas! –Ares interpuso el peluche como si fuera un arma cuando Saori intentó pellizcarle las mejillas por tercera vez.
-Estoy agradecida, Ares –dijo ella, poniéndose seria por fin-. No olvidaré fácilmente tu esfuerzo. Pero dile a Eris que se mantenga lejos de mí y de los míos si no quiere perder hasta la capacidad de reír.
-…Sí, por supuesto.
-Ja ne, otooto-chan.
Ares la contempló alejarse y miró críticamente el peluche lila.
-…Otra vez me habla en esa lengua bárbara –murmuró, preguntándose si sería conveniente buscar a Jabu y preguntarle qué significaban esas palabras extrañas. Si se trataba de un insulto, quizá sería mejor no enterarse.
Entonces advirtió el cosmos de Zeus y el de Hades acercándose. Se guardó la cizaña en un bolsillo, pero era demasiado tarde como para esconder el peluche (¿por qué no había por ahí una maceta con una planta bien tupida, o por lo menos una ventana?), solo pudo quedarse donde estaba con el peluche en las manos, deseando que su padre lo ignorara, como de costumbre.
Ni siquiera en eso tuvo suerte.
-¿Ahora juegas con caballos rosa, asaltante de murallas? –preguntó Zeus en cuanto lo vio.
-Es un regalo de Atenea. Y es lila –replicó Ares, con la mirada clavada en la crin del peluche. A él también le parecía que tenía demasiado rosa, aunque fuese mayormente lila.
-¿Ella te dio esa… cosa?
-Está demente –murmuró resignado, consciente de que a su padre le enfadaría esa crítica en contra de su hija favorita-. Intercambiamos regalos, padre. Esto y una promesa a cambio de mi puñal del dragón de Cólquide.
Sentir la mano de Zeus sobre su cabeza lo hizo levantar la mirada, sorprendido.
-¿Un juguete por tu puñal? Has salido perdiendo en este trato.
-…No realmente… Estaría satisfecho sin el juguete. Es más, preferiría que no me hubiera dado el juguete… pero tendré que conservarlo.
-Me alegra verlos estableciendo una tregua después de tantos siglos –Ares ponderó, intrigado, por qué la mano de Zeus seguía posada sobre su cabeza, su padre generalmente no dejaba que un contacto así durase más de dos segundos-. Ares, has… has hecho bien.
Ares no logró decir ni una palabra al respecto. Hades suspiró una vez que Zeus estuvo lo bastante lejos como para no escucharlo.
-Lo que Zeus intentó decir es que está orgulloso de ti por haber logrado hacer las paces con tu hermana.
-Me doy cuenta, es por eso que sigo pasmado… Si este es el efecto que produce en la familia el verme como niño, debería reencarnar con más frecuencia.
-Nunca pensé que diría esto, pero podría serte útil.
Hades se despidió de Ares, que debía volver a la sala de banquetes (probablemente después de esconder ese ridículo juguete) y empezó a caminar hacia sus habitaciones. Estaba agotado y no había sido fácil escaparse de la vigilancia de Tánatos e Hipnos para poder conversar un poco con Zeus sobre la posición que adoptaría la familia con respecto al consorte de Poseidón.
No tardó mucho en advertir el ruido escandaloso que hacía un mortal tratando de seguirlo sigilosamente.
-¿Por qué me buscas todavía, Pegaso? –reclamó, sin necesidad de voltear a verlo. Algo que se repetía en todas las reencarnaciones de ese guerrero en particular era su completa incapacidad de ser sutil.
-Tengo un par de preguntas.
-¿Solo un par esta vez? Generalmente eres un saco de preguntas andante.
-Eso para empezar: ¿por qué es que hablas como si nos conociéramos?
-No tengo por qué contestar.
-¿No? Bueno, entonces otra pregunta, menos complicada… ¿Ares sabe que es tu hijo?
Hades se detuvo en seco y volteó a mirarlo. Seiya se anotó mentalmente un punto en un marcador imaginario.
-No. Él no debe saberlo –la voz del dios estaba cargada de amenazas.
-¿Por qué no? Es evidente que te quiere más que a Zeus.
-El respeto debido a su "padre" es lo único que le impide rebelarse en su contra. No quiero que mi hijo termine enfrentándose a su hermana.
-Prima, ¿no?
-Prima hermana en todo caso.
-Detalles, detalles. Siguiente pregunta…
-Nada de preguntas. No voy a contestar ninguna.
-Pero…
Ante los ojos de Seiya, Hades desapareció como si nunca hubiera estado ahí.
-¡Corre si quieres, pero no podrás esconderte para siempre! –exclamó Seiya.
Si el dios del Inframundo quería una cacería, una cacería era lo que iba a obtener, porque Seiya de Pegaso había tomado una decisión: no lo dejaría en paz hasta que tuviera todas las respuestas para todas sus preguntas.
Notas:
Ja ne = "hasta luego".
Otooto-chan = "hermanito"
Si la descripción del unicornio de peluche recuerda a Twilight Sparkle… es porque se trata de una Twilight Sparkle.
