31. Linaje (2.304 palabras)
-¿Dónde crees que se lo habrá llevado tu cuñado? –preguntó Afrodita, que estaba empezando a aburrirse de dar vueltas por los pasillos sin llegar a ninguna parte.
-No pueden haber ido muy lejos… ¿Pero qué estoy diciendo? Cualquiera de los dos puede llegar al otro lado del planeta en cuestión de segundos.
Saga dejó de caminar y examinó un cuadro en la pared. Afrodita no supo si reír o no cuando se dio cuenta de que era un mapa de aquella planta del palacio, con todo y una flecha con la indicación "usted está aquí".
-¡Afrodita! ¡Mi bebé! ¡Ven aquí y dame un beso!
El Caballero de Piscis contempló pasmado a la mujer que iba hacia él con los brazos abiertos.
No podía ser, no era posible. Saga era quien veía a los fantasmas de sus padres, no él… Su mano se cerró sobre el relicario que llevaba siempre consigo… ¡Esa mujer era idéntica a él!
-…¿Madre?
Ella rió alegremente.
-No, cariño, pero sí bastante cerca. Soy aquella quien te encomendó tu dulce madre con su último aliento, aquella a quien rinde homenaje todo aquel que pronuncie tu nombre. Soy la diosa Afrodita.
Había una manera correcta de saludar a una diosa que acababa de presentarse a sí misma (de eso estaba bien seguro), pero no podía recordarla.
La risueña diosa llegó hasta él y le plantó un beso en cada mejilla antes de que lograra reaccionar.
-…Mi Señora… -balbuceó.
-Mi dulce pequeño, me alegra tanto poder verte por fin y poder decirte lo orgullosa que me haces, eres digno del nombre que compartimos.
-No entiendo…
-No, claro que no… Este es… ah, ahora te llaman "Saga", ¿no es así? –dijo la diosa, mirando a Saga por primera vez. Saga la saludó con una reverencia. Estaba demasiado sorprendido por la semejanza entre "su" Afrodita y "esa" Afrodita como para empezar a buscar las palabras adecuadas-. Voy a robarte un rato a tu adorado tormento, necesito decirle una palabra o dos. ¡No temas! Te lo devolveré sano y salvo.
La diosa enlazó su brazo con el del Caballero y él no tuvo más remedio que acomodar su paso al de ella.
Saga se quedó solo y, luego de meditarlo unos segundos, volvió a estudiar el mapa. Estaba en eso cuando lo encontró Kanon, que llevaba consigo un pequeño frasco lleno de algo que parecía miel y… Qué curioso. Saga estaba bastante seguro de no haber visto a Kanon sonrojándose desde la vez en que (a los trece años) quedaron encerrados en las termas de las chicas por accidente.
Bastante lejos de ahí (en otro nivel del palacio), Seiya estaba terminando de resumirle a Shun su conversación con Poseidón y lo que había aprendido en los días anteriores sobre las reencarnaciones de los dioses.
Shun asintió lentamente.
-Sé que los servidores de Hades intentaron llevarme con ellos cuando era pequeño. Ikki lo impidió. Él pensaba… que nuestro padre nos recibiría bien.
-Uh. Decir que se equivocó sería quedarse corto.
-No lo menciones frente a él, ¿quieres?
-Valoro demasiado mi existencia como para hacerlo, no te preocupes.
Shun se levantó del sillón y empezó a caminar de un lado a otro. No era el paso dinámico e impaciente propio de Ikki ni la expresión de energía constante propia de Seiya. Era el movimiento pausado de alguien que medita.
-A veces me pregunto cómo habría sido mi vida si Pandora hubiese logrado llevarme a Alemania.
-Para empezar, dudo que te llamaras Shun, probablemente serías Hans o algo peor… ¿Frederick? ¿Fritz?
-Hum. ¿Le crees a Poseidón?
-¿Qué parte de todo lo que dijo?
-La parte según la cual el contacto con un alma como la mía puede ayudar a curar a Hades.
-La verdad, no lo sé –Seiya se puso serio-. Por eso quise contártelo, me ayudaría saber tu opinión.
-Voy a ofrecerme como avatar de Hades.
-¡¿Estás loco?!
Shun lo miró con una seriedad que se volvía cada vez más frecuente en el Caballero de Andrómeda.
-Le prometiste a su hijo que encontrarías cómo curarlo. ¿Ya encontraste cómo?
-No, pero… ¡Momento! ¿Cómo sabes que es su hijo?
-Te dije que no recuerdo nada de lo que "hice" mientras era Hades. Lo que sí recuerdo es que durante ese tiempo él trató de mostrarme su existencia.
-…¿Ah?
-Lo que vi no tenía sentido hasta ahora. Era un resumen de su propia vida, de la forma en que fue traicionado. Cronos alzándose como un gigante que oscurecía las estrellas, la agonía que sufrió mientras estuvo prisionero dentro del dios del Tiempo, la lucha al lado de sus hermanos por una oportunidad para los dioses jóvenes. La traición. Los Alóadas poniendo un cuchillo en la garganta de Ares para que él se quedara quieto mientras… -Shun apartó la mirada-. No sé si la persona que vio dar la orden realmente era Atenea, pero el que derramó la sangre venenosa de una Gorgona sobre él sí era uno de los Caballeros. Al mostrarme todo eso… estaba tratando de explicarme por qué me necesitaba como su avatar. Pienso que hiciste mal en prometerle a Ares algo que no sabes si podrás cumplir.
-Oye, él dijo que no se enfadará si no lo consigo…
-El dios de la Guerra Apasionada es famoso por no poseer control alguno sobre sus emociones. Es por eso que es la Guerra Apasionada. Y aunque no fuera así, le hiciste una promesa a un dios que prácticamente venera a Hades y eso sin saber que es su padre. ¿Qué crees que pasará si no consigues curarlo? ¿Si muriese y Ares llegara a saber que es hijo suyo? ¿Y si le cruzara por la mente la sola idea de que lo dejaste morir?
-¿De dónde…?
-Lo más sensato es pensar en todas las alternativas. Si puedo ayudar a que tu promesa se cumpla, lo haré.
-Pero, Shun, no creo que… No irás a hacerlo justo ahora, ¿o sí?
-Debería…
-Espera. Dame una oportunidad primero. Si encuentro una forma de curarlo que no implique volverte su avatar, habremos arreglado casi todos los problemas de un golpe. Recuerda lo que dijo Poseidón: el contacto con un alma pura es un remedio lento…
-Es un remedio seguro.
-Sí, sí, pero, ¿no sería mejor un remedio rápido?
-Seiya, no sé si…
-¿Cómo crees que lo va a tomar Ikki?
-Hum.
-Una oportunidad, Shun. Si no he encontrado el remedio antes de que tengamos que volver al Santuario, yo mismo te acompaño y sirvo de mediador para que te acepte como avatar.
Shun se guardó muy bien de responderle que su mediación tenía serias probabilidades de surtir el efecto contrario.
-Una oportunidad, Seiya.
Seiya le regaló su mejor sonrisa, tratando de guardar al mismo tiempo en lo más profundo de su alma una inquietud repentina. ¿En qué momento Shun se había vuelto todavía más estoico que Shaka?
-No –dijo Saga.
Kanon bajó la mirada hasta el frasco que tenía en su mano. Una mezcla de néctar y ambrosía. El alimento de los dioses, capaz de volver inmortales a los humanos. Un regalo de Poseidón para el Caballero de Géminis.
Acababa de pasar la mayor vergüenza de su vida explicándole por qué Poseidón quería obsequiarle la oportunidad de vivir para siempre. Y, mientras hablaba, había ido dándose cuenta de que las probabilidades de que Saga quisiera aceptar eran muy pocas.
-¿Afrodita? –preguntó.
-Principalmente. Pero hay muchas otras razones además de él.
-Supongo –Kanon no siguió con lo que iba a decir porque se dio cuenta de que estaba a punto de quebrársele la voz. Dio media vuelta y se alejó a paso vivo.
Saga se removió inquieto. Se daba cuenta de que Kanon sentía agrado por Afrodita, pero que al mismo tiempo experimentaba una más que razonable porción de celos, era algo que los dos reconocían y aceptaban con naturalidad, de la misma manera en que Saga no tenía reparos en admitir que sentía celos por tener que compartir a su hermano con Poseidón. Durante demasiado tiempo solo se habían tenido el uno al otro y, por momentos, no resultaba sencillo comprender el hecho de que cada uno formaba parte ahora de una pareja, que cada uno tenía responsabilidades hacia su respectivo compañero y que… por primera vez en toda su existencia, el bien o el mal del hermano amado y odiado a partes iguales… no era la prioridad.
-Terminará por comprender –dijo a su lado alguien cuya voz era fácil de confundir con la de Kanon.
El fantasma de Tíndaro parecía tener mayor facilidad para moverse en el Olimpo que en el Santuario de Atenea.
-¿Madre no te acompaña hoy? –preguntó Saga, sin molestarse en disimular la tristeza en su voz. Había llegado a acostumbrarse al hecho de que su padre era bastante certero para adivinar sus sentimientos.
-Vendrá más tarde. Vas a tener que explicarle bien a Kanon qué sucederá con ustedes dos de ahora en adelante.
-No tengo ni idea. Yo seguiré envejeciendo, él seguirá siendo un inmaduro… Moriré, ya sea de viejo o en combate, ¿y luego, qué? Él seguirá viviendo… -Saga apretó los labios-. Estoy abandonándolo, ¿verdad?
-No necesariamente. Está en buenos términos con Hades, nada le impide seguir en contacto contigo después.
-Te lo tomas con mucha tranquilidad.
-Cuando recuerdas haber muerto unos cuantos cientos de veces, empiezas a ver la vida de otra manera.
Saga sonrió a pesar suyo.
-Tengo que ir a hablar con él.
-Cierto –aprobó Tíndaro.
-Tu querida madre no vivió lo suficiente como para poder explicártelo –iba diciendo la diosa de la Belleza mientras caminaba del brazo con Afrodita. El Caballero tuvo que morderse la lengua para no reír por las miradas extrañas que estaban recibiendo. Debían ser una imagen inolvidable-. Has de saber, mi niño, que tu padre era un Caballero de Atenea, pero el linaje de tu madre tuvo en mí su origen. Para que jamás se olvide que son mis descendientes, tu familia ha mantenido durante siglos la costumbre de nombrar "Afrodita" a una niña en cada generación; esa niña hereda mi belleza y es a través de ella que continúa mi linaje entre los mortales.
-Pero yo no soy…
La diosa hizo un mohín y luego rió.
-Créeme, me he dado cuenta. De haberlo permitido los Hados, tu dulce madre habría esperado a tener una hija para usar nuestro nombre, pero no pudo ser. Ella me invocó al apagarse su vida, te nombró en mi honor, y tú recibiste mi bendición.
-Ahora entiendo.
La diosa asintió y jugó un poco con el espejo que llevaba consigo.
-Aclarado eso, hablaré como la abuela impaciente que soy: tienes más de cuarenta años, Afrodita, y yo estoy esperando una hija tuya que lleve nuestro nombre.
Afrodita tragó saliva con dificultad.
-Mi Señora, ...yo… creo que…
-De eso también me he dado cuenta –interrumpió la diosa-. Tal vez no lo sepas, pero toda forma de amor me rinde homenaje; así que, sí, estoy bien enterada. Pero igual no vas a escaparte: ya sea que la engendres o que la adoptes, espero de ti una niña que lleve mi nombre y continúe nuestro linaje.
-…¿Aunque no comparta mi sangre?
-Eso es lo de menos… esta vez. Siendo hija tuya, por sangre o adoptada, será descendiente mía y la heredera de mi bendición.
Afrodita sonrió débilmente.
-Saga y yo nunca hemos hablado al respecto, pero…
De pronto se dio cuenta de que la idea lo ilusionaba. ¿Una niña? Quizá Saga estaría de acuerdo…
Poseidón se felicitó mentalmente cuando logró tranquilizar a Kanon y que este hablara normalmente con su hermano a pesar de que el Caballero de Géminis no deseaba sumarse a las filas de los inmortales.
Luego de hablar con Saga por segunda vez, Kanon regresó a la salita con un ánimo mucho más sosegado y Poseidón descubrió (con gusto) que estaba empezando a dominar su cosmos nuevamente: ya no se percibían variaciones repentinas a su alrededor. Una vez que su poder se estabilizara, podrían empezar a pensar en reconstruir el Santuario Submarino. Realmente le gustaría pedirle a Sorrento un informe sobre el funcionamiento de su Orden los últimos años…
-No te conocía esa faceta de narrador de historias –comentó Hades, interrumpiendo la conversación y los planes de la pareja.
Kanon y Poseidón descubrieron sobresaltados que el soberano del Inframundo estaba ahí, sentado en una silla que quedaba en la penumbra; su cabello oscuro y la túnica negra resultaban un camuflaje perfecto. Había llegado hasta ahí luego de escapar de Seiya, y permaneció en silencio escuchando porque le interesó el relato de Poseidón acerca de cómo había llegado a obtener la inmortalidad para Kanon, pero ahora que hablaban de asuntos administrativos, escuchar resultaba aburrido.
-Perdona, no te había visto –dijo Poseidón.
-Ocurre con frecuencia –Hades se puso de pie para marcharse y Kanon enarcó una ceja. El soberano del Inframundo seguía moviéndose con la cuidadosa lentitud de quien está seriamente lastimado, lo cual debería resultar extraño en pleno Olimpo, cuando todos los demás dioses y hasta los humanos ya habían sanado de sus heridas… pero él ahora incluso tenía el brazo derecho en un cabestrillo, ya que uno de los enemigos había logrado alcanzarlo con una maza durante el último combate.
-Oh, por amor de… -gruñó Poseidón entre dientes, tomó el frasco de manos de Kanon y le dio una palmada en el hombro cuando hizo ademán de protestar-. Te lo repondré luego, no te preocupes –fue hasta donde estaba Hades, destapando el frasco por el camino-. Quieto ahí, hermano mayor. Bebe esto.
-No necesito néctar ni…
-O lo bebes por tu propia voluntad, o yo te lo haré tragar. Con todo y frasco.
Hades parpadeó sorprendido y luego agitó un dedo acusador en dirección a Poseidón.
-Pasas demasiado tiempo con tu tejedor de engaños, esto…
-Ya que lo mencionas, quizá Kanon me ayude a hacerte tragar el frasco.
-¿Entero o en trozos? –preguntó Kanon, divertido.
