32. Fraternidad (1.711 palabras)
Hades logró escapar a duras penas de su hermano menor y su nuevo cuñado. Se daba cuenta de que debía agradecerle al mismo hecho de estar lastimado el que no se atrevieran a sujetarlo entre ambos y hacerle beber el contenido del frasco. Reconocía sus buenas intenciones, pero ellos no podían comprender la desconfianza que sentía por cualquier cosa que viniera de manos de Atenea o de Zeus, que jamás había dejado de apoyar a su hija en contra de su hermano, pese a todas las pruebas que había podido presentarle…
Un golpe repentino, la caída consiguiente y el peso que cayó sobre él mandaron a volar todos sus pensamientos.
Estaba demasiado concentrado en soportar el dolor lo suficiente como para desplazarse hasta su habitación sin tener que pedir ayuda a Tánatos, y no lo vio venir. Seiya, por su parte, estaba demasiado preocupado y caminaba más aprisa de lo conveniente. El choque fue inevitable.
Hades cayó y se golpeó el codo sano al tratar de evitar golpearse la cabeza contra el suelo. Seiya quedó tendido sobre él. La caída fue tan brusca que todas las heridas del dios despertaron al mismo tiempo y, por un instante horrible, estuvo seguro que se desmayaría.
-¡Lo siento! ¡Lo siento! …¿Estás bien?
Hades no podía hablar, el dolor era demasiado intenso en aquel momento y más bien era un logro muy grande el que pudiera respirar (más o menos). Para desesperación suya, Seiya le apartó cuidadosamente el cabello de la cara con la intención de examinar sus pupilas. ¿No había sufrido ya suficientes humillaciones? ¿Qué necesidad tenían los Hados de hacer que Pegaso descubriera además que tenía los ojos llenos de lágrimas apenas contenidas?
-Estoy… bien… -logró decir (aunque él mismo apenas pudo escucharse) e intentó apartar la mano de Seiya, que ya llevaba más tiempo del indispensable en su frente, algo que en otras circunstancias sería demasiado fácil de confundir con una caricia.
Solo consiguió que Seiya sujetara su muñeca y apartara la manga de la túnica para examinar atentamente su piel. Hades lo miró desconcertado, ¿por qué ese interés repentino por su brazo sano?
-Vi esta cicatriz cuando le dijiste a Ares que pidiera perdón por haberle hecho aquella zancadilla a Saori…
-¿Y qué…?
-Cuando Orfeo nos ayudó a Shun y a mí a llegar hasta tu salón del trono, Pandora atravesó con una lanza la caja en la que estábamos. Shun desvió los golpes que me habrían alcanzado y la lanza lo hirió varias veces.
-¿Qué… con… eso…?
-Cuando regresamos del Inframundo, Shun no tenía ni el menor rastro de esos cortes.
-Afortunado…
-¿Solo eso? –Seiya le dirigió una mirada llena de obstinación-. ¿Estás seguro?
-¿Pegaso?
Seiya se acomodó mejor sobre él y estudió con aire calculador la túnica del dios.
-Dime, si te examino ahora, ¿encontraré las otras cicatrices que Shun no tiene?
Hades enrojeció e (inesperadamente) logró recuperar la voz.
-¡Infeliz! ¡¿En serio crees que toleraría que intentes desnudarme?!
-¿Cómo sabes que tendría que hacerlo? …¿Será que sabes dónde deberían estar esas cicatrices?
-¡Quítate de encima!
-Quítame.
-¡Maldito seas, Pegaso! ¡¿Es que nunca dejarás de atormentarme?!
-Si tanto me detestas, ¿por qué me protegiste entonces?
-¡¿De qué estás…?!
-Shun no recuerda nada al respecto. No tiene memoria de nada entre entrar a la caja con las flores y despertar sentado en tu trono para ver a Ikki dudando si matar o no a su hermanito. Tú ya estabas en control para cuando encontramos a Orfeo, ¿verdad?
-¡Déjame!
-¡Contéstame!
-¡No quiero!
-De acuerdo.
-¿Ah…?
Seiya le guiñó un ojo, un momento antes de cerrar la (poca) distancia que había entre ambos y besarlo.
Pudo sentir la mano sana de Hades sujetando su cabello, probablemente para darle un tirón y obligarlo a apartarse, pero sonrió mentalmente ante el error de cálculo del dios, que había olvidado el pequeño detalle de que no podía apoyarse en el brazo herido. Lo único que logró Hades fue quedar completamente tendido en el suelo, con Pegaso aprovechando plenamente la circunstancia.
Cuando Seiya por fin apartó sus labios de los de Hades, el dios estaba otra vez sin aliento, pero por razones distintas a las anteriores.
-Ya estabas en control entonces, ¿verdad? –insistió Seiya.
-…Sí…
-Y me protegiste.
-…Sí…
-¿Por qué lo hiciste? -Seiya no se molestó en disimular su sonrisa de satisfacción. Hades apretó los labios, sintiendo que la cordura volvía a él completamente de golpe, y apartó la cara-. Ah, no quieres responder. No hay problema, haz tu voluntad… Por cierto, ¿notaste que acabas de dejar descubierto tu cuello? –Hades volvió a mirarlo, con ojos grandes, horrorizados y, a todas luces, bastante cerca del pánico. La sonrisa de Seiya se hizo más amplia-. No me digas: acabo de descubrir un punto vulnerable. No te preocupes, solamente voy a aprovecharme de este descuido el tiempo que tardes en responder mi pregunta…
-Ah, diablos. Busquen un cuarto ustedes dos –se escuchó la voz de Kanon, cargada con más humor de lo que era conveniente para el orgullo de Hades, ya de por sí bastante maltrecho.
-Pegaso, perdona si lo que voy a decir suena propio de alguien demasiado ignorante. No es que no resulte más que obvio, pero como pariente que soy de Hades, estoy en la obligación de preguntar: …¡¿Qué diantres crees que estás haciéndole a mi hermano?!
Al ver a Seiya palidecer hasta adquirir casi el tono de blanco de su camisa, Hades se encontró a sí mismo sonriendo. Esa humillación en particular casi valía la pena, solo por contemplar eso.
Cuando Poseidón tomó en brazos a Hades para llevarlo hasta sus habitaciones, el dios del Mar se preparó mentalmente para escuchar protestas y resistir pataleos, pero Hades no opuso resistencia, lo que hizo que su preocupación aumentara.
También aumentó su irritación hacia Seiya. En ese momento le daba igual que fuera amigo de Saga y la promesa que se había hecho a sí mismo eras atrás de hacer todo lo posible por tener contenta a la reencarnación de Pólux porque eso sería del agrado de la reencarnación de Cástor. Pegaso ciertamente se había ganado una muy mala jugada por atreverse a lastimar todavía más a alguien que ya estaba tan maltratado.
Dejó a Kanon y Seiya en la antecámara y llevó a Hades a la habitación para ayudarlo a desvestirse y acostarse. La mirada que le lanzó a Seiya cuando intentó seguirlos fue suficientemente explícita como para que el Caballero se quedara en su sitio. O quizá tuvo algo que ver el que Kanon lo sujetara a tiempo por el cuello de la camisa.
-Quieto ahí, a menos que quieras suicidarte –ordenó Kanon a través de una sonrisa forzada, mientras la puerta de la habitación se cerraba.
-Déjame –respondió Seiya.
Kanon lo soltó (para comprobar que la puerta estuviera bien cerrada) y lo contempló de arriba abajo.
-¿Tienes hermanos?
La pregunta desconcertó a Seiya.
-…Uno que otro.
-Entonces ya deberías saber que no hay que meter las manos entre el árbol y la corteza.
-¿Eh?
-Si Hades estuviera totalmente en contra de tu… aprecio por su belleza, en este momento serías un charco sanguinolento en el piso. Cuando menos, habría gritado, ya que su hermano y yo estábamos a menos de cinco metros. Pero Poseidón tiene pocos motivos para apreciar tu existencia y, si quieres vivir lo suficiente como para tener una oportunidad con Hades, no será propasándote con él a metros de su hermano.
Seiya se pasó la mano por la frente.
-Yo… al principio solo quería que contestara mi pregunta, pero luego… no me explico por qué actué en esa forma. Me comporté como una bestia.
-Tal vez tenga algo que ver tu constelación guardiana.
-Eso es absurdo.
-Es solo una idea –Kanon se encogió de hombros.
-Debe odiarme ahora, si no es que ya me odiaba.
-Lo más lógico sería ofrecer disculpas e intentar comenzar de nuevo.
-¡Lo dices como si fuera muy fácil!
-Él tiene toda la eternidad para perdonarte. Tú tienes solo lo que te queda de vida para alcanzar su perdón e iniciar una relación. Yo, en tu lugar, me pondría a trabajar inmediatamente.
Seiya suspiró.
-Realmente necesito hablar con él.
-¿Puedes hacerlo sin manosearlo? Porque a sus Heraldos tampoco les hará mucha gracia encontrarse con un espectáculo como el de hace un rato y es muy raro que no estén con él a sol y sombra.
-Te encanta pintarme escenarios sombríos, ¿verdad?
-Solo estoy tratando de despertar tu instinto de autoconservación.
Poseidón puso mala cara al salir de la alcoba y encontrar a Seiya todavía ahí, enfrascado en una conversación animada con Kanon.
-¿Por qué este no se ha marchado? –demandó, en un tono que le dejó claro a Seiya que la definición de "este" empleada por el dios del Mar debía quedar en algún lugar por debajo de las babosas de jardín.
-Tengo que hablar con él –declaró Seiya, intentando sonar calmado y razonable.
Poseidón se cruzó de brazos.
-Sé perfectamente lo peligroso que es decirle esto al asesino de dioses, pero lo diré de todos modos: sobre mi cadáver.
Seiya apretó los labios por un instante para contener una réplica que solo serviría para empeorar las cosas.
-Solo voy a pedirle perdón por mi conducta y… y a rogarle que me conteste unas preguntas.
-Nada de lo que le has hecho en los últimos tres mil años puede perdonarse.
-¿Tres m…? Yo no recuerdo nada de eso.
-Pero sí recuerdas lo más reciente, ¿no? ¿Tienes idea de la agonía por la que ha tenido que pasar porque tú le impediste reencarnar?
Las cosas no habían sido exactamente así, pero Seiya se mantuvo firme y lo miró a los ojos.
-Shun es mi hermano –respondió.
-…¿Eh?
-Mi hermano. Hijo de distinta madre y mayor que yo por alrededor de tres meses. Mi hermano, que fue antes que todo mi amigo porque no supimos que éramos hijos del mismo padre hasta que tuvimos trece años. El mismo año en que tu hermano trató de iniciar el Gran Eclipse y además me arrebató a mi hermano para forzarlo a ser su avatar. Ya que eres tan protector con Hades, ¿puedes reprocharme el ser protector con Shun?
Kanon se sentó en una silla cercana y se preparó para esperar. El enfrentamiento entre esas dos voluntades prometía ser entretenido.
