Day 1. Birthday.
"Un cumpleaños es tan sólo el primer día en otro viaje de trescientos sesenta y cinco días alrededor del sol. Disfruta del viaje." Anónimo.
Había muchas ocasiones en las que no encontraba sentido en el hecho de despertarse. ¿Por qué debería marcharse del país de los sueños, lugar dónde todo lo que se cruza en su imaginación puede convertirse en realidad? Sin tener en cuenta que, el hecho de encontrarse estirada en un mullido colchón con una cálida manta encima suyo dificultaba más el hecho de incorporarse y encontrarse en un apartamento que últimamente estaba más desordenado de lo normal. Uno podría suponer las visitas de sus compañeros de gremio sin necesidad de ser un célebre detective, gracias a todas las evidencias esparcidas por la casa. Comida por el suelo, cajones abiertos, paredes con marcas de uñas de gato, y alguna que otra cosa quemada o congelada. Realmente, debería comprar un seguro irrompible para la puerta principal. Y para las ventanas, cada una de ellas. Ah, pero eso le costaría mucho más de lo que cobra normalmente. Ya le era difícil pagar el alquiler a tiempo. Puede que un perro guardián sería mejor. Sí, definitivamente. Un perro que cada vez que entrara un intruso le gruñera y mordiera. ¿Cómo debería llamarle? Todo depende de la raza, el color del pelaje…
Espera. ¿Cómo demonios había llegado a pensar en comprarse un perro? Suspiró. Ya le costaba cuidarse de sí misma, para ahora responsabilizarse de otro ser vivo. Sí, claro.
Renunciando completamente a esta última idea, la rubia finalmente consiguió encontrar la voluntad para salir de aquel nido de calma y tranquilidad que relacionaba con su cama. Ni siquiera sabía cómo demonios había llegado a despertarse. Miró el reloj, esperando que no fueran más de las doce del mediodía. Diez y media. No estaba mal. Una vez de pie, procedió a estirar las mantas y a recoger el desastroso apartamento. ¿Debería mudarse? Sin permitir que sus compañeros sepan la localización de su nuevo hogar. Oh, pero Natsu tiene un sentido del olfato infalible. Tardaría menos de dos horas en localizarla, aún ser Magnolia una ciudad relativamente grande. Era imposible huir de ellos. Y, realmente, no es que ella misma quiera separarse.
Una vez dejada la sala con una apariencia más o menos aceptable, se vistió con una ropa completamente nueva. Un pequeño capricho que ella misma se había regalado. Hasta decidió llamar a Cáncer, el espíritu con tijeras de cangrejo para arreglarle su dorada cabellera en un peinado diferente. La maga estelar en sí ya era presumida, y le gustaba mimarse para verse bien delante del espejo. Pero hoy, quería estar aún mejor que otras ocasiones. El hombre de gafas cortaba ligeramente las puntas de su cabello, mientras ella observaba atentamente sus movimientos, una sonrisa permanente en su rostro. En aquel mismo tocador se situaba un pequeño calendario, y en el número de aquel mismo día había un gran círculo marcado en bolígrafo de tinta roja. Cáncer terminó de peinarla, y su dueña mostró sin vergüenza alguna su gran aprobación. El espíritu volvió a su mundo, no sin antes felicitar a la maga.
La joven entonces se aproximó a un rincón de su habitación, dónde una pila de regalos se encontraba. Cogió uno pequeño, envuelto en papel carmesí y un sello dorado en el medio. Después de observarlo con cierta ternura, lo desenvolvió, encontrándose con una caja negra. Levantó la tapa, y allí se encontró con un collar plateado, con una pequeña lágrima hecha, sin duda, de diamante pulido. A su lado, se situaba una pequeña nota.
"Feliz cumpleaños, Lucy. Mi pequeña hija."
Apretó el ítem hacia su pecho, para después cerrar los ojos.
-Gracias, Papá.-
Fairy Tail era una total locura en aquel momento. Preparar una fiesta para la famosa y única maga estelar del gremio había sido un auténtico desafío para los miembros, pero de alguna forma, consiguieron decorar el lugar festivamente en su honor. En cuánto la joven cruzó las puertas, fue recibida por vítores y gritos, todos deseándole un gran día, para después ser prácticamente aplastada entre tantos abrazos y muestras de afecto. Toda la comida había sido preparada por Mirajane, por lo tanto su sabor era, sin lugar a duda, perfecto y delicioso. Los magos se mostraban entusiasmados, y algunos no tardaron en involucrarse en peleas que fueron rápidamente detenidas por una furiosa pelirroja que consiguió domesticar a aquellos violentos seres como si fueran cachorros.
Aún así, la rubia no tardó en notar que no había visto nada explotar o quemarse. Ni siquiera una silueta azul voladora.
-¿Qué hay de Natsu y Happy?- Preguntó la joven a su fiel amiga, Levy McGarden. Ambas estaban sentadas en una de las mesas, observando a su alrededor con una pequeña sonrisa.
-Oh, no los he visto en todo el día. Pero no te preocupes, seguro que vienen. ¡Probablemente están preparándote un regalo sorpresa!- Dijo la lectora alegremente.
Esas palabras provocaron que el corazón de la muchacha empezara a latir rápidamente. Un regalo sorpresa, eh… Con la actitud de los dos amigos no podía evitar sentir algo de miedo al imaginarse qué podría ser. Quién sabe, a lo mejor era un gran pescado que al final acabaría comiéndose Happy. O un árbol, cómo la vez en que enfermó. O… Acabó rindiéndose. Pero el simple hecho de que el mago de fuego llegara a pensar en regalarle algo hizo que se emocionara aún más. Aunque, obviamente, no pretendía mostrar tal entusiasmo al público.
-¡Hora de abrir regalos!- Gritó Cana, con un barril entre sus brazos. Era su tercero en tan sólo dos horas.
Todos los miembros se agruparon en una sección, con Lucy en medio y situada delante de una montaña de obsequios, todos envueltos con brillante papel. La cantidad llegó a asustarla un poco, e incluso el tamaño de algunos presentes le pareció algo sospechoso. Sin más dilación, cogió uno de ellos, envuelto en papel azul marino y decorado con pequeñas gotas.
-Ah, ese es mío, Lucy-san.- Anunció Juvia, con una dulce sonrisa.
La rubia mentiría si dijera que no sintió algo de temor ante aquel regalo. Aunque la maga de agua se había convertido en una de sus amigas más íntimas, su actitud sobreprotectora hacia Gray llegaba a perturbarla un poco. Tragó un poco de saliva y finalmente le quitó el envoltorio. Pero, en lugar de encontrarse una trampa que pudiera ocasionarle algún daño, en su mano restaba una fina pulsera azulada, de la que colgaban un amuleto en forma de Teru teru bozu*. Lucy lo observó curiosa, pero con una gran sonrisa.
-Es una pulsera con amuletos. El que hay me representa, pero en realidad sirve para colgar muchos más.- Explicó Juvia al ver el confundido rostro de la muchacha. Y dicho esto, sus otros amigos le tendieron más de aquellos pequeños objetos.
-La idea fue de Juvia, pero al ser tan buena, decidimos participar nosotros también.- Añadió Erza, entregándole un pequeño amuleto en forma de espada.
Y así, fue aceptando un objeto de cada uno. De Levy, un pequeño libro. De Gray, un copo de nieve. De parte de Cana, un barril. De Mirajane un vaso. De Wendy, una pequeña ala. De Gajeel, un tornillo. Y, finalmente, también recibió una llave que representaba a ella misma.
-Así, es como si siempre estuvieras con nosotros. Aunque en realidad es así.- Dijo la camarera, con una gran sonrisa.
La rubia notó un ligero picor en sus ojos y nariz, y contuvo las lágrimas forzosamente.
-Yo… Realmente no sé que decir. Soy tan feliz que… En serio, chicos. Sois los mejores.-
Los regalos prosiguieron. Después de Juvia, abrió el de Levy, un libro que hacía tiempo ella buscaba pero se encontraba en una ciudad lejana de aquí. La peliazul aseguró que tuvo una misión con el Dragon Slayer de hierro en esa misma población, por lo que tuvo la oportunidad de conseguirlo. Gray hizo una escultura de hielo pequeña en la que se representaba ella y el equipo Natsu. Al verlo, la rubia se abalanzó sobre su amigo, abrazándolo. Pero al notar el aura asesina de cierta maga de agua, se separó rápidamente, arrepintiéndose de lo hecho. Erza, una de sus amigas más cercanas, le consiguió un nuevo atuendo. Como de costumbre, era algo provocativo y dejaba poco a la imaginación, pero aún así a la rubia le enamoró. Wendy y Charle le obsequiaron con unos lazos rosados para el pelo y unos pendientes en forma de estrella, y ella les agradeció con un gran abrazo. Finalmente, el pilón de presentes fue descendiendo hasta que Lucy se vio rodeada de regalos, entre ellos peluches, complementos, ropa e incluso una escoba, de parte de Max. Aún no llegaba a comprender el por qué de ese regalo, e incluso llegó a tomárselo algo insultante, pero el mago de arena aseguró que en ningún momento pretendía meterse con el sexo femenino y tales temas machistas. Tan sólo restaba un último regalo, el más pequeño, y de parte de Mirajane. La maga lo abrió, para encontrarse con dos billetes. En ellos se mostraba la imagen de un parque de atracciones, parecido al que fueron durante los Juegos Mágicos, pero esta vez no era acuático. Lucy la miró algo confusa.
-Para que puedas ir con una persona muy especial.- Contestó la modelo, guiñándole el ojo.
La rubia tardó pocos segundos en comprender su indirecta, y un notorio sonrojo apareció en su rostro. Realmente, a Mirajane le encantaba jugar a las parejitas… Admitía que, cuándo era dirigido a los demás, era entretenido, pero cuándo le tocaba a ella recibir… Era embarazoso.
Y así la fiesta prosiguió. Lucy cortó un gran pastel, cortesía también de la demonio peliblanca, y que todos disfrutaron. Incluso los espíritus de la maga viajaron hasta la Tierra para regocijarse en tal evento. Durante todo el día en el gremio se escuchaban gritos de alegría y entusiasmo, canciones y también algunas peleas. Aunque así era la vida en Fairy Tail. Totalmente loca e inesperada, pero aún así increíblemente divertida y emocionante.
La noche llegó, y aún no había rastro de sus dos nakamas más cercanos. Poco a poco los miembros fueron retirándose, muchos de ellos ya ebrios, a sus respectivos hogares. Aún así, la rubia decidió esperar, observando por la ventana y esperando encontrarse con una cabellera rosada.
Tan sólo restaban unas diez personas en el gremio, entre ellas la misma maga estelar. Quedaba poco para medianoche. Si mañana quería despertarse temprano, debería ir a dormir en breves. Soltó un suspiro desanimado. ¿Realmente no vendría? Jamás podría llegar a esperarse eso de Natsu. Él, que lo consideraba la persona más cercana, quién más la conocía y entendía. La persona que la llevó a dónde está ahora, a conocer esta familia de la que formaba parte. Hace pocos días los tres celebraron su segundo año de ingreso en Fairy Tail, y así también el segundo aniversario de su encuentro. ¿Cómo era capaz de olvidarse ahora de su propio cumpleaños? No… Natsu definitivamente vendría. Lo conocía, jamás la dejaría de esta manera.
El reloj tocaban ya las doce menos cuarto. El día acababa. Puede que si lo esperara en el apartamento… Decidiéndose, la rubia se levantó, y se despidió de sus compañeros para aproximarse a las puertas del gremio. Pero antes de que pudiera abrirlas, éstas se abrieron solas desde fuera. Y ante su rostro, apareció un gato azul volador.
-¡¿Happy?!- Exclamó la muchacha, sorprendida de encontrarse de repente al Exceed.
El gato hizo una gran sonrisa al encontrarse a quién buscaba.
-¡Lucy! ¡Corre, tienes que venir conmigo!- Exclamó con su felina voz, y antes de que la maga pudiera protestar, el ser mágico la cogió y ambos se elevaron hacia el cielo, mientras la rubia dejaba escapar un poderoso grito asustado.
Después de unos cinco minutos volando, el gato finalmente empezó a descender para aterrizar en una colina de la que la muchacha podía vislumbrar toda Magnolia, además de la playa.
-¿Happy? ¿Dónde demonios me has…?-
Pero antes de que pudiera terminar su pregunta, se escuchó un fuerte silbido. Y en pocos segundos, algo explotó en el cielo, iluminando de cientos de colores. Los ojos de la maga se abrieron de par en par, y entreabrió sus labios con sorpresa. Seguido de ese, siguieron muchos más, todos explotando en cielo nocturno. Uno de ellos formó una serie de letras.
"¡Feliz cumpleaños Lucy!"
Y al ver eso, la chica comprendió. Sabía quién era el responsable de esos fuegos artificiales. El por qué había sido llevada hasta aquí. Y por qué debía esperar a que la luna estuviera en lo alto. Después de unos pocos minutos más, los fuegos cesaron. Fue en ese momento cuándo escuchó la voz que más quería oír.
-¡Lucy, aquí!-
No hacía falta que dijera más para hacerla mover. La muchacha se apresuró a correr, sin detenerse en ningún momento. Happy la seguía de cerca, volando. Finalmente, la rubia divisó una silueta al lado de un gran árbol. Y finalmente, la rubia pudo liberar las lágrimas que acumulaba desde la fiesta en el gremio. Sin dudarlo, saltó cuándo estaba en una considerable distancia y tal y como ella esperaba, fue recogida por unos fuertes brazos, que empezaron a girarla.
-¡Natsu, idiota! ¡Creía que no vendríais!- Dijo la maga, a la vez que reía incontroladamente.
El Dragon Slayer rió también, para depositarla después en el suelo.
-Lo siento, lo siento. Tuvimos algunas complicaciones.- Contestó, rascándose la cabeza.
-A Natsu le regañaron porque quemó un restaurante y tuvo que ayudar a repararlo.- Anunció Happy, levantando su pata a la vez.
El aludido miró a su más fiel amigo con un rostro sorprendido y a la vez horrorizado.
-¡Qué dem-! ¡Happy! ¡Te dije que no lo contaras!- Exclamó el pelirosado, dolido por la traición de su gato.
Aún así, la rubia no pudo evitar reír de nuevo, pasando la palma de su mano por sus mojadas pestañas.
-¡Era de imaginarse de vosotros dos!- Respondió la joven, riendo aún más al ver los rostros de incredulidad de los dos miembros de Fairy Tail.
-¡¿Qué quieres decir con eso?!- Dijeron ambos al unísono, hecho que provocó que los dos empezaran a reír también.
Después de un buen rato de risas y jovialidad, los tres finalmente se sentaron para contemplar el paisaje delante suyo.
-Ah, sí. Los demás me han dicho que te dé esto.- El mago de fuego le entregó un pequeño amuleto en forma de llama.
-¡A mi también!- Exclamó el Exceed, ofreciéndole un pequeño pez.
La muchacha los aceptó con gran alegría, colocándoselo en la recientemente adquirida pulsera. La observó durante unos segundos, elevando su brazo. Sus dos amigos la miraban también, pero algo curiosos.
-En esta pulsera cuelgo los amuletos de todos. Así representa que os tengo aquí siempre, a mi lado.- Explicó la rubia, notando la confusión de los dos magos, y señalando cuál representaba cada uno.
-¡Yo también te quiero dar mi regalo, Lucy! ¡Feliz cumpleaños!- Dijo de repente el Exceed, entregándole de repente un pescado envuelto en un lazo rojo.
La maga estelar no pudo evitar dejar escapar una risilla. Era tal y como lo había imaginado.
-Gracias, Happy. Aunque supongo que debería cocinarlo antes. ¿Te apetece que lo comamos mañana?- Sugirió la rubia, palabras que iluminaron el rostro del felino.
-¡Aye! Lucy, hoy estás demasiado simpática.- Añadió el Exceed, a lo que ella respondió con una sonrisa aún más radiante.
-¿No es eso bueno?- Preguntó ella, orgullosa de sí misma al mostrarse más agradable.
-En realidad, no. Me incomoda. Además, sonríes como un pez.-
La maga estelar no tardó en incorporarse con ceño fruncido y empezó a perseguir el gato, quién hizo aparecer sus alas mágicamente para huir volando.
-¡Maldito gato! ¡Ven aquí y dímelo otra vez, si te atreves!- Chilló Lucy furiosa, mientras Happy se alejaba aún más por momentos.
-¡Lucy ya ha vuelto a la normalidad!- Exclamó con diversión, para después aumentar su velocidad. -¡Me voy a ver a Charle!-
Y dicho esto, su silueta desapareció en el horizonte, dejando a una exhausta y jadeante Lucy en la superficie. La rubia empezó a picar en el suelo infantilmente, profundamente molesta.
-¡Verás cuándo te pille, Happy, me las vas a pagar!- Gritó de nuevo, aunque en realidad para el felino era ya imposible escucharla.
Cansada, volvió al lugar de antes, dónde se encontró a su mejor amigo sin ser capaz de parar de reír. Ella frunció el ceño de nuevo.
-Y tú no te rías, Natsu.- Protestó, para sentarse de nuevo repentinamente. El Dragon Slayer no obedeció su orden, y se sujetó el estómago.
-Es que eres tan rara, Lucy.- Respondió entre risas, y poco a poco, la rubia se sumó también en aquella sinfonía de alegría.
Después de un tiempo, ambos cesaron sus risas, para volver a contemplar el cielo estrellado. Y de repente, la rubia se percató que ahora estaba a solas con Natsu. Su corazón latía ahora rápidamente, y retumbaba en sus orejas. ¿Por qué justo ahora debía comportarse tan nerviosamente? Había estado cientos de veces con tan sólo la compañía del mago de fuego, pero ahora le era imposible controlar las reacciones de su cuerpo. Justo entonces, notó movimiento por parte del joven, que se acercó a ella peligrosamente. Instintivamente, la muchacha se apartó, parpadeando con sorpresa. Los latidos aumentaron de velocidad, mientras el pelirosado la observaba confundido.
-¿Qué te pasa, Lucy? Sólo quería ver el collar que llevas puesto.- Replicó el mago, sorprendido por la extraña actitud de su amiga.
Ella bajó la mirada hasta el objeto, y seguidamente empezó a reír de manera nerviosa y forzosa.
-Ah, esto… Es uno de los regalos que envió mi padre. Ya sabes, mientras estábamos congelados en la isla.- Contestó la joven, volviendo a su posición anterior para después rodear sus rodillas.
Natsu no supo qué responder en aquel mismo instante. Sabía que el tema de su padre era algo extremamente delicado, y que no le gustaba sacar a luz. Pero antes de que el mago de fuego pudiera cambiar de tema, la muchacha prosiguió hablando.
-¿Sabes? Desde que me enteré de su muerte, en algunas ocasiones he llegado a arrepentirme de entrar en Fairy Tail. Algo así como "Si no me hubiera escapado de casa, él seguiría vivo", o "Si le hubiera dejado algo más de tiempo, podríamos haber llegado a un entendimiento". Y me he sentido culpable todo este tiempo.-
La rubia apretó las rodillas hacia su pecho, apoyando la barbilla, incapaz de mantener contacto visual con su compañero. Él, sin embargo, la observaba atentamente.
-Pero después comprendí que, si no estuviera aquí ahora, jamás hubiera llegado a pensar de esta manera. En el hipotético caso de que me hubiera quedado en aquella mansión, seguiría odiándole, incluso después de su muerte. Pero desde que llegué a Fairy Tail, no he dejado de aprender valiosos valores. El de la amistad. El de la familia. Cosas que para mí antes eran completamente desconocidas. Y ahora tan sólo siento un profundo agradecimiento hacia el gremio. –Alzó entonces la mirada, dirigida hacia el edificio dónde pasaba la mayor parte de su tiempo, y lo observó con una tímida sonrisa. -Hacia todos sus miembros, por acogerme tan cálidamente y aceptarme tal y como soy. Pero sobretodo me siento en deuda con Happy y contigo, Natsu. Si no os hubiese conocido, no puedo ni imaginarme dónde estaría hoy.- Explicó la muchacha, para después dejar escapar un ligero suspiro.
Al no escuchar respuesta por parte de su compañero, giró su rostro para observarlo algo reservada. Al encontrarse con su intensa mirada, no pudo evitar desviar de nuevo la suya propia, notando como las mejillas se encendían ligeramente.
-Demonios, di algo, Natsu.- Protestó la rubia, sintiéndose algo intimidada.
El mago de fuego frunció entonces el ceño, cómo si estuviera pensando con gran esfuerzo y dedicación. Lucy arqueó una ceja, confundida. Finalmente, el Dragon Slayer emitió un forzoso suspiro.
-¿Qué quieres que te diga, Lucy? Nosotros dos también nos alegramos de haberte conocido. Quiero decir, fue gracias a que llegaste que nuestro equipo se creó. Supongo que si desde el principio no te hubieses unido, jamás hubiera decidido cooperar con el alquimista pervertido ni con Erza. Cielos, ni siquiera hubiera vivido tantas aventuras. Con tu llegada, ¡Fairy Tail se convirtió en un lugar mucho más divertido!- Exclamó el pelirosado, dirigiéndole una de sus típicas sonrisas que mostraban sus colmillos de dragón.
La maga estelar sintió como su corazón se detenía al observar a su mejor amigo, al escuchar esas palabras. ¿Debería llorar, reír, sonreír, gritar? No tenía ni idea de qué hacer. Simplemente sabía que en ese momento, estaba profundamente feliz.
-Aunque sigas siendo una chica rara y propensa a ser secuestrada todo el tiempo.- Añadió Natsu, no sin después reír ruidosamente.
La rubia frunció el ceño y empezó a golpear en el hombro al mago con algo de dureza.
-¡Natsu, eres igual que Hap-!-
Y justo antes de terminar de pronunciar el nombre del Exceed, se escucharon las campanas de la iglesia de la ciudad, anunciando la medianoche. Los dos magos se detuvieron en seco, sorprendidos por el sonido. Al cabo de unos segundos, Natsu dejó escapar un grito.
-¡Ah, mierda!- Blasfemó, para después girarse y buscar un objeto desconocido para ella.
Lucy observó su espalda, sin poder imaginarse qué pretendía encontrar el muchacho. De repente, un ramo apareció delante de su rostro, permitiéndole aspirar su peculiar aroma.
-¡Feliz cumpleaños, Lucy!- Dijo el pelirosado, aunque la muchacha no era capaz de ver su rostro.
Con cuidado cogió el obsequio, envuelto en papel anaranjado y lazo amarillo. La rubia pasó sus ojos chocolate por los diferentes tipos de flores. No había ninguna que fuera igual. Anteriormente había recibido un ramo de rosas por parte de Loke, pero este… Este era diferente. Cada flor parecía provenir de un lugar diferente, y dudaba que fuera comprado en alguna floristería.
-Natsu, ¿por qué…? ¿Un ramo de flores?- Preguntó, incapaz de ordenar sus propias palabras por la sorpresa.
Ante tal cuestión el mago no pudo evitar desviar la mirada avergonzado. Espera, ¿era un sonrojo lo que veía en las mejillas de Natsu?
-Ah, eso… Hace un tiempo, cuándo volvíamos de una misión, vimos como un chico le daba a una chica un ramo… Y tú dijiste que te gustaría también recibir uno con una cara tonta. Por eso pensé que te gustaría.-
Lucy parpadeó sorprendida. ¿Realmente Natsu se había acordado de tal insignificante detalle? Era… abrumador. Jamás hubiera llegado a imaginarse que aquel mago, violento e inconsciente, fuera capaz de obsequiarle con un ramo de flores.
-Y las flores, ¿las has recogido tú?- Cuestionó, aún sin poder creérselo.
Él asintió, y una imagen del mago en un prado, recogiendo flores con una cesta en la mano, apareció en su mente. Inevitablemente, empezó a reír, hecho que hizo que el pelirosado se avergonzara aún más.
-No tienes remedio, Natsu.- Murmuró la muchacha, más para sí misma, y seguidamente rodeó su cuello, abrazándolo íntimamente. –Gracias. Me encanta.-
El mago pareció sorprendido por esa repentina acción, pero no tardó en devolverle el gesto. Lucy sentía como su corazón, de nuevo, latía con una rapidez inhumana. Temió que el Dragon Slayer notara tal extraña velocidad. Pero pronto se olvidó de aquel miedo. Lo único en que podía pensar ahora era en la calidez que Natsu le brindaba, en su embriagador aroma, y en lo mucho que amaba a aquel mago que conseguía hacerla la chica más feliz del mundo sin ni siquiera intentarlo.
Además de imaginarse los siguientes cumpleaños que esperaba pasar a su lado.
NOTAS: Un teru teru bozu es un muñequito hecho a mano con papel o tela típico japonés, que se cuelga fuera de la ventana con el objetivo de augurar un buen día. Es lo que anteriormente Juvia, cuándo aún estaba en Phantom Lord, llevaba en el pecho de su atuendo.
