Day 2. Fairy Tale.
"La vida en sí es el más maravilloso cuento de hadas." Hans Christian Andersen
Érase una vez, no hace ni mucho ni poco tiempo, una hermosa princesa que vivía en un fastuoso castillo.
-¿Qué significa fastuoso, papá?-
-Si te digo la verdad, ni yo mismo lo sé. Deberías preguntárselo a tu madre.-
-Oh, bueno.-
La princesa seguía una vida envidiable para muchos. Siempre obtenía todo lo que quería. Vestidos, joyas, comida. Aún así, no era considerada una persona malcriada ni egoísta. Todo lo contrario, muchos de los trabajadores la adoraban y gustaban estar a su lado. El mismo pueblo la aclamaba, aunque sus salidas no eran permitidas la mayor parte de las ocasiones. Y aunque podía el suyo parecer un estilo de vida perfecto, la misma joven lo odiaba. Desde la muerte de su madre, el deseo más grande de la princesa, y el único que no podía conseguir, era el de marcharse de ese castillo para siempre.
-¿Dónde se va la gente cuándo muere, papá?-
-Ah, esto… Van a reencontrarse con la familia y amigos que han perdido. Y a vivir nuevas aventuras.-
-¿Cómo las que vivimos tú, yo y mamá?-
-Así es.-
Su padre, el rey, era un hombre severo y estricto. No permitía que su hija fuera al pueblo con excepción de algunas emergencias. Y la mayoría de las veces, la trataba con crueldad y sin compasión. La princesa muchas veces le temía e intentaba evitarle por los pasillos. Poco a poco, ambos dejaron de hablarse, y ella se acabó encontrando sola, sin familia.
-¿Por qué trataba así a la princesa, papá?-
-Porqué… Supongo que le afectó demasiado la muerte de su esposa.-
-Papá… tú nunca me tratarías así, ¿verdad?-
-¿Qué? ¡No, claro que no! No digas estupideces.-
Al cumplir los dieciocho años de edad, la princesa acabó decidiéndose. Se escaparía de aquel lugar, empezaría una nueva vida y aprendería la magia que anteriormente la reina le había enseñado. En una fría noche, la joven, ayudada por algunos de sus sirvientes, consiguió huir del castillo que tanto sufrimiento le había causado. Y así, su aventura empezó. Pero pronto descubrió que la vida fuera de los muros en los que siempre había estado confinada, no era tan fácil como esperaba. Pasó muchos días durmiendo en la calle, pasando hambre, y tuvo que dejar de aprender magia para poder centrarse en cubrir sus necesidades. Y un buen día, en un pueblo cuyo nombre es desconocido, fue engañada y secuestrada por un vendedor de esclavos. La chica fue llevada a un barco, sin posibilidad de escapar. Y justo cuándo parecía que todo estaba perdido, de repente escuchó una explosión. Delante suyo, apareció un dragón, rojo y de grandes dimensiones, que sacaba fuego por la boca y la nariz.
-¡Un dragón! ¿Crees que comería fuego como tú y el abuelo, papá?-
-¡Por supuesto!-
La princesa no podía creerse lo que veían sus ojos. Los dragones habían sido siempre una leyenda en el reino, pero ahora, a pocos metros, se encontraba uno. Sin embargo, un mago de la tripulación ejerció un conjuro contra aquella bestia para transformarlo en un muchacho. Aún así, su nueva forma no fue capaz de suprimir la gran cantidad de magia que contenía, y consiguió derrotar a todos los magos de la flota. La chica, con una gran curiosidad, decidió amistarse con él. Y aunque al principio el joven no parecía muy receptivo, los dos llegaron a un acuerdo. Él le mostraría más sobre este mundo, y ella le ayudaría a encontrar una cura para su maldición. Y así, la aventura de los dos, la princesa y el dragón, empezó.
-Esto es muy típico.-
-¿Eh?-
-Bueno, ahora los dos harán muchas cosas juntos y al final se enamorarán. El chico decidirá que no quiere volver a ser un dragón para quedarse con la princesa y los dos serán felices y comerán perdices.-
-…¿Te lo has leído antes?-
-No, pero todos los cuentos son así.-
-…-
-¿Papá?-
-…-
-¡Espera! ¿Por qué lo cierras? Por lo menos puedes terminar de leerlo.-
-No. Ahora te voy a demostrar que no todas las historias son las mismas.-
-¿Vas a inventarte la continuación?-
-¡Por supuesto!-
La princesa y el dragón viajaron por cientos de lugares. Ciudades, pueblos, islas. No pararon de buscar información para devolver al chico a su forma original. Un buen día, el dragón le dijo a la princesa que la llevaría a un lugar increíble, lleno de magos poderosos que podrían ayudarlos. Y así, llegaron hasta un gremio. Su nombre era…
-¡Papá! ¡No te estás inventando una continuación! ¡Sólo estás explicando TU aventura!-
-¡Sigue siendo mucho mejor que una historia cursi amorosa!-
-Está bien, en eso tienes razón.-
Su nombre era Fairy Tail. Y allí conocieron a los que terminarían convirtiéndose sus más cercanos amigos. Más bien, su familia. Al unirse al gremio, los dos empezaron a hacer misiones, aprendieron magia y lucharon contra aquellos que atacaban su nuevo hogar. Hubo muchas dificultades en su camino, y la princesa era continuamente secuestrada para ser devuelta al castillo. Pero, a pesar de todo, ella y el dragón, junto a sus compañeros, consiguieron superar todas las adversidades, crecer, y aprender. Y así, hasta el fin de los tiempos, siguieron viviendo aventuras.
-¡Fin!-
-…-
-¿Qué pasa? ¿No estás satisfecha?-
-…Papá. ¿Te das cuenta que la historia empezó con que el chico quería volver a ser un dragón?-
-Ah, bueno. Digamos que decidió quedarse de esta forma.-
-Entonces, no podía volar más.-
-¡Ah, cierto! Entonces… ¡No, espera! ¡Está Happy!-
-…-
-¿No es suficiente?-
-¿Y qué pasó entre la princesa y el dragón?-
-¿Eh?-
-¿Se enamoraron?-
-…-
-¿Papá?-
-Ya es hora de que te duermas. Si mamá se entera de que sigues despierta, se va a enfadar. Y yo voy a cargarme con la culpa.-
-Pero, ¡Papá! ¡Aún no me has dicho que pasó con ellos dos!-
-… Layla. El hecho que estés aquí, es suficiente para saber que pasó, ¿no crees?-
-...¿Fuiste tú quién se enamoró antes de mamá?-
-¡Ya está bien, a dormir!-
Un exhausto pelirosado cerró la puerta detrás suyo, seguido de una serie de protestas por parte de una voz aguda e infantil provenientes del interior de la habitación, pero que al cabo de unos segundos, cesaron. El mismo mago suspiró para después aproximarse a la pequeña cocina de aquel reducido apartamento que tan bien conocía. Sentada en una silla delante de la mesa, y con un tazón de leche entre sus manos, la observaba una mujer de su misma edad, toalla envuelta alrededor de su cabellera mojada. Una sonrisa divertida decoraba su ya hermoso rostro.
-¿Está dormida ya?- Preguntó, con un tono burlón.
El aludido detectó fácilmente la mofa de su voz, y chasqueó la lengua.
-Sí. Por cierto, deberías cambiar los libros que lee. Parece que no le gustan.- Respondió, sentándose a su lado, delante de un plato dónde se depositaban, por arte de magia, un surtido de llamas anaranjadas que él empezó a devorar sin más dilación. La rubia parecía sorprendida ante tal hecho, razón por la cuál depositó la taza rosa encima de la superficie de madera, y parpadeó.
-¿En serio? ¡Si la historia que hoy le has leído es la que más me gustaba de pequeña!- Protestó, algo ofendida.
El Dragon Slayer tan sólo se encogió de hombros, dando un bocado a una flama que mantenía sujeta con un tenedor.
-Muy típica, ha dicho. Me he sentido obligado a inventarme una continuación.- Le informó, sus palabras no muy claras al estar masticando algo que para los seres humanos comunes sería imposible digerir.
-¿Y qué le has contado?- Cuestionó la maga, ahora curiosa, mientras daba un sorbo del dulce líquido.
El pelirosado dejó el tenedor encima del plato ahora vacío, palpándose el estómago con satisfacción, para después dejar escapar un resoplido. Ante su pregunta, él la miró, encontrándose con sus grandes ojos marrones devolviéndole la mirada. Segundos después, le dirigió una radiante sonrisa, la cuál mostraba unos curiosos colmillos que le otorgaban una aura adorable al mago con masculino rostro.
-Nuestra historia.- Contestó con algo de alegría en su voz, hecho que provocó que las mejillas de la mujer se colorearan ligeramente de un color carmesí.
La rubia dejó escapar una risilla para después incorporarse y recoger los platos de la mesa. Antes de llevarlos al fregadero, se agachó para depositar un suave beso en la mejilla a su compañero. Se aproximó hasta la pica, seguida del mago, quién se ofrecía a ayudarla sin manifestarlo con palabras. Antes de girar la manivela del agua, ambos hicieron la misma acción. Se quitaron el dorado anillo que llevaban en el dedo anular de la mano derecha, para depositarlo a un lado. Seguidamente, empezaron a lavar los platos.
-Por cierto, Lucy, ¿qué significa fastuoso?-
-¿Eh?-
NOTAS: Siento que esto es un gran fail por mi parte. Oh bueno. Hay algo de OOC.
