Day 3. Cuddle.

"Los que de corazón se quieren, sólo con el corazón se hablan." Francisco de Quevedo


Está bien. Inspira. Expira. Inspira. Expira. No pasa nada. Hoy es un día un poco más diferente de los demás, pero considéralo una misión a solas con él. No es tan raro, ¿verdad? Happy quiere quedarse con Charle y Wendy, Erza prefiere ir esta vez en solitario y Gray se ha visto obligado a acompañar a Juvia. ¿Qué hay de malo? Nada de nada. ¿Que es en un parque de atracciones? Sí, cierto. Pero uno nunca se sabe cuándo pueden atacar los villanos, ¿verdad? Así es. Hoy, protegerían a los ciudadanos que fueran a ese lugar. Esa era su misión.

Si por lo menos su corazón obedeciera tales pensamientos…

Realmente, aún no llegaba a entender su comportamiento. Ya hacía un par de años que conocía al Dragon Slayer, y aunque en ocasiones anteriores ya hubiera provocado que sus mejillas se ruborizaran o que sus latidos aumentaran de velocidad, jamás había llegado al extremo de considerar seriamente aquellas reacciones. En serio, era Natsu. El idiota, violento, amante del fuego, inconsciente Natsu. Un mago cualquiera, que ha derrotado a cientos de enemigos con la intención de convertir su vida en un infierno, y quién la ha salvado incontables ocasiones. Sin tener en cuenta que él mismo fue quién la llevó hasta Fairy Tail.

Quién sabe, puede que desde hace tiempo sentía por él fuertes sentimientos que sobrepasaban la inquebrantable barrera de la amistad. Sólo que ahora era consciente de ellos. ¿Y por qué ahora? Aquello seguía siendo un interrogante para ella. Probablemente se debía al hecho de haber pasado más tiempo a su lado…

-¿Lucy? ¿Te ocurre algo?-

Al escuchar una voz ajena a la suya propia, la cuál hablaba en sus pensamientos, la rubia no pudo evitar dar un respingo, y acto seguido sus músculos se tensaron de una forma casi dolorosa. Al girar sobre sus talones se encontró con el bello rostro de Mirajane, observándola con una ceja arqueada. La maga estelar intentó esbozar una sonrisa, acción que pareció triunfar.

-¡A-Ah, Mira-san! N-No, sólo estaba pensando en mis cosas…- Contestó, maldiciendo su nerviosismo que ocasionó aquel torpe tartamudeo.

La mujer de pelo blanco la miró aún más extrañada, mirando el atuendo que vestía la joven.

-¿Vas a ir a una misión? Aún no me has informado de cuál.- Informó la camarera, buscando con la mirada un papel de color amarillo o marrón, como normalmente solían ser las solicitudes para los magos.

La rubia sintió que un nudo se formaba en su garganta. ¿Qué debería decir? ¿Qué ella y Natsu iban al parque de atracciones cuyos billetes compró la misma maga? Oh, dios. Temía la reacción de Mirajane si anunciaba tal hecho. Pero tampoco pretendía mentir a una de sus mejores amigas. Así que se acercó a la barra, indicando a la joven que no quería que otros miembros escucharan su conversación. Por inercia, la antes conocida como demonio se aproximó también.

-Natsu y yo nos vamos a aquel parque. Con las entradas que me regalaste.- Susurró la rubia, algo ruborizada.

Durante los próximos segundos esperó que Mirajane exclamara con un grito ahogado, anunciando la felicidad que sentía al ver que el Dragon Slayer y la maga estelar fueran a una cita. Espera, ¡no era una cita! Una salida de amigos, eso era.

Ah, por Edolas. A quién pretendía engañar.

Pero, contraria a sus expectaciones, la maga de pelo blanco tan sólo sonrió. Aunque era una sonrisa algo… ¿malévola?

-Oh, ya veo. Bien, bien.- Y dicho esto se alejó del lugar, llenando algunos vasos con cerveza u otras bebidas alcohólicas que demandaban los clientes y miembros.

Lucy observó prácticamente boquiabierta el comportamiento de la mujer. ¿Eso era todo? Sintiendo un ligero dolor de cabeza, la muchacha apoyó la cabeza en la superficie de madera, dejando inmóvil su cuerpo. No eran ni las diez de la mañana y ya se sentía agotada. Y Natsu se estaba retrasando por diez minutos. Le advirtió que fuera puntual, pero como era de costumbre, el pelirosado acababa haciendo lo que le daba la santa gana. Suspiró, rememorando el momento en que se armó de valor para sugerirle la salida. Aunque tartamudeó un poco, el mago parecía encantando ante tal hecho, prácticamente quemando la cómoda de su apartamento por la emoción. Sabía que a Natsu le gustaban esos lugares, ya que, al fin y al cabo, él seguía conservando aquella alegría y los gustos característicos de los niños pequeños. Y aún así, Lucy pensaba que el mago de fuego era una de las personas más maduras que había conocido jamás.

Bueno, a ratos.

Fue en ese momento cuándo sintió de nuevo la presencia de Mirajane cerca suyo. Su dulce perfume era fácilmente reconocible.

-Lucy, ¿sabías que esas dos entradas incluye una noche en el hotel del parque?- Dijo la maga, con un tono algo burlón.

La rubia se incorporó de repente, los ojos como platos.

-¿Qué…?- Preguntó la chica, aunque era más bien una pregunta retórica.

La joven de cabellera blanquecina tan sólo sonrió de un modo que le pareció algo sospechoso a la Heartfilia. Incluso le provocó un escalofrío que recorrió su espalda.

Sin más dilación, cogió la pequeña mochila que llevaba para sacar las dos entradas, decoradas con vivos colores y el dibujo de una noria. Y, efectivamente, a un costado, indicaba que era un pase exclusivo para dos días y una noche. La rubia parpadeó, sin poder creérselo. Estaba tan concentrada y a la vez preocupada por encontrar las palabras adecuadas para decírselo al Dragon Slayer que ni siquiera se percató de aquel detalle. Y ahora entendía la sonrisa y el tono de su teóricamente íntima amiga. Y justo en ese momento, las puertas del gremio se abrieron de par en par, para aparecer la persona menos oportuna en aquel preciso instante.

Yo, chicos!- Exclamó la alegre y potente voz de Natsu Dragneel, provocando que todos le respondieran con el mismo entusiasmo.

Lucy sintió que su cuerpo se paralizaba. ¿Qué debería decirle ahora? Bueno, conociendo a Natsu, a él no le importaría para nada… Estaría aún más feliz por el hecho de estar un día más en el parque. ¿Pero qué había de ella? Además, conociendo a Mirajane estaba un noventa y nueve coma nueve por ciento segura que la habitación tenía una única cama de matrimonio. Sabía que su compañero no intentaría hacer nada de lo común… ¡Pero aún así! ¡No podía imaginarse dormir tan cercana al mago de fuego! ¡Era impensable! ¡Era…!

-¡Oi, Natsu! ¿Qué te pasa?-

La voz de Jet despertó a la rubia de su desesperación. Y en el lugar dónde antes se situaba un enérgico pelirosado ahora se encontraba un débil e indefenso Natsu tumbado en el suelo. A su alrededor se agruparon Jet, Happy y Wendy, la última incorporándolo para tocar su frente.

-¡Natsu-san está ardiendo de fiebre!- Exclamó la miembro más joven del gremio, sorprendida por la condición del mago.

Y la rubia no pudo evitar sorprenderse también. Si no recordaba mal, el pelirosado jamás, en sus dieciocho años de vida, se había puesto enfermo, gracias a las características que heredó de su padre adoptivo. Sin dudarlo un segundo más se acercó a aquel círculo, encontrándose con el rostro de Natsu algo rosado, respirando a bocanadas, cómo si le fuera extremadamente difícil el simple hecho de respirar. Lucy no pudo evitar preocuparse al instante.

-¿No es su temperatura normal ya más caliente de lo común?- Preguntó el veloz corredor.

-Sí, es cierto, pero esta vez su temperatura es incluso más alta. ¡Jet-san, vaya a buscar a Porlyusca-san, por favor!- Contestó la Dragon Slayer del cielo, algo impaciente.

El miembro de Fairy Tail, sin dudar a la joven, usó su magia para correr en dirección a la casa de aquella doctora que odiaba a los humanos. Wendy se levantó, su mirada llena de determinación.

-¡Tenemos que llevar a Natsu-san a la infermería!- Exclamó la joven con poderes curativos.

Happy alzó al vuelo a su mejor amigo para llevarlo a una espacioso cuarto con varias camas y armarios llenos de medicinas y otros objetos destinados tan sólo a la salud de los magos. El gato azulado lo posó encima de las sábanas blanca, y en pocos segundos llegaron Wendy y Lucy, seguidas de Levy y Mirajane, quiénes al escuchar el escándalo y ver la situación del mago de fuego no dudaron en ayudar. La chica recogió su cabellera azul en una cola alta, cómo siempre hacía cuándo tenía que atender a alguna persona. Inspeccionó de nuevo atentamente al Dragon Slayer, quién seguía respirando con dificultad y sudaba por todos los poros de su cuerpo.

-¿Qué le pasa, Wendy?- Preguntó el Exceed, con un rostro preocupado y algo aterrorizado. Era la primera vez que veía a Natsu en este estado, y aquello lo asustaba profundamente.

-Realmente, no lo sé. A los Dragon Slayer no nos afectan las enfermedades comunes en los humanos, aunque los síntomas que muestra se asimilan a una gripe. Intentaré mejorar su condición con mi magia.- Dicho esto, acercó las palmas de sus manos al pecho del enfermo, y en pocos segundos una luz verdosa apareció en las yemas de sus dedos, brillando con potencia.

Lucy observaba todo el proceso con una expresión que se asimilaba a la de Happy. Natsu era la persona más fuerte y resistente que conocía. Verlo en ese estado, desvalido, no podía evitar impactarla profundamente. Se parece a la sensación que uno siente cuándo ve a sus padres llorar. Algo que jamás esperas ver, pero que hace percatarte que tu madre o tu padre, tus protectores, las personas que admiras y quieres más, también pueden hacerse daño. Y tal hecho te amedrenta.

Y eso era lo que sentía la rubia. Un miedo que recorría su pecho, provocando que su corazón latiera más rápido de lo normal. El pelirosado había estado en situaciones mucho más peligrosas, y en varias ocasiones habría podido perder su vida. Pero verlo así, era algo completamente nuevo.

La puerta se abrió de par en par, entrando una mujer mayor de pelo rosado y que vestía una capa roja. Sin saludar a los presentes de la sala se acercó a la cama dónde restaba el paciente. Con un gesto indicó a la Dragon Slayer que detuviera su magia, a lo que ella obedeció sin decir una palabra. Observó al mago durante unos segundos de arriba abajo, analizándolo exhaustivamente. En ese momento, giró su mirada para dirigirla a los demás que estaban en la habitación, frunciendo el ceño.

-¿Qué hacéis aún aquí? ¡No puedo trabajar con el aroma de los humanos aquí dentro! ¡Fuera!- Gritó a los magos, apresurándoles a salir.

Los miembros vacilaron un poco, y todos miraron a Natsu preocupados.

-¡He dicho fuera, demonios!- Chilló de nuevo la maga, empujándolos hacia la puerta.

Finalmente desistieron, y Lucy, Happy, Mirajane y Levy salieron al pasillo. Antes de que Wendy cruzara el umbral de la puerta, Porlyusca tocó su hombro.

-Tú no, Wendy. Necesito que me ayudes.- Dijo la doctora, volviendo a acercarse a la cama.

La peliazul asintió, y después de dirigirles una sonrisa de disculpa a los demás magos, cerró la puerta detrás suyo. Los cuatro se miraron entre ellos, todos vistiendo una preocupada expresión en su rostro.

-Será mejor que las dejemos trabajar tranquilas. ¡Estoy segura que Natsu se recuperará en un santiamén!- Exclamó la lectora, mostrando su característico positivismo.

La camarera asintió, esbozando una sonrisa.

-Tienes razón, Levy. Porlyusca es la mejor a la hora de curar a magos, y además cuenta con la ayuda de Wendy. No hay de qué preocuparse. ¿No creéis, Happy, Lucy?- Preguntó la peliblanca a los dos miembros más cercanos al enfermo. Pero ambos miraban el suelo algo atosigados.

-Yo me quedaré fuera esperando.- Dijo el Exceed, después de unos segundos de silencio.

-Yo también.- Contestó la rubia, observando ahora a dos de sus mejores amigas a los ojos.

Ambas asintieron, entendiendo la situación, y empezaron a caminar de regreso a la gran sala.

-Traeré una silla, ¿de acuerdo?- Informó Mirajane con una sonrisa, para finalmente marcharse del lugar junto a Levy.

El gato se acercó a la maga estelar, quién lo cogió entre sus brazos, y éste hizo desaparecer sus mágicas alas.

-Lucy… ¿crees que Natsu se mejorará pronto?- Cuestionó el Exceed, abrazando con sus cortas patas a la rubia.

Ella apretó a su compañero de equipo, correspondiéndole el gesto.

-Estoy segura, Happy. Es Natsu, al fin y al cabo.- Respondió la maga, sonriendo al felino con positividad.

El sonido de la puerta abrirse provocó que la rubia se incorporara de inmediato de la silla, con un adormilado gato entre sus brazos. De la habitación salieron las dos féminas, algo cansadas. En cuánto Porlyusca se encontró con la mirada de la maga, entendió que ella demandaba explicaciones. La doctora suspiró ligeramente molesta.

-Hemos conseguido bajarle la fiebre y estabilizar su respiración. Aunque es recomendable que descanse esta noche y también mañana. Puede que en ese intervalo de tiempo sienta frío y dolor de cabeza, aunque Wendy es capaz de aliviarlo con su magia curativa. La causa de su condición se debe probablemente a la ingestión de una sustancia tóxica para su cuerpo.- Explicó la doctora con una voz firme.

Lucy arqueó una ceja ante sus palabras, sin extrañarle mucho el hecho de que Natsu comiera algo peligroso para su salud. Pero, ante todo, sintió un gran alivio, expresándolo con un largo suspiro y una pequeña sonrisa. Al escuchar tanto ruido, el Exceed se despertó de su corto sueño, y al ver a las dos magas delante suyo, no dudó en alzar al vuelo y entrar en el cuarto, dispuesto a ver a su amigo. Porlyusca, después de una corta despedida, se fue caminando por el largo pasillo.

-¡Porlyusca-san!- La llamó la rubia, provocando que ésta girara su cuello para observarla por el rabillo del ojo. La maga estelar hizo una cordial reverencia. -Muchas gracias por todo.-

Ante aquellas palabras, la doctora tan sólo resopló.

-Es por eso que odio los humanos… Sois unos inconscientes.- Murmuró, para finalmente desaparecer de la vista de las dos miembros del gremio.

Lucy se acercó entonces a Wendy, dirigiéndole una sonrisa.

-Gracias a ti también, Wendy. Siempre acabas salvándonos.- Dijo la rubia, provocando que la menor se sonrojara ante el halago.

-¡No hay de qué! Siempre estoy dispuesta a ayudar a mis compañeros. Voy a avisar a los demás que Natsu-san ya está bien.- Y dicho esto, la pequeña Dragon Slayer salió corriendo por el pasillo.

Lucy la observó hasta que su silueta desapareció, y finalmente cruzó el umbral de la puerta de la enfermería. Y allí, siendo abrazado por un gato llorón estaba el pelirosado, ya despierto, y al parecer con un rostro que mostraba su confusión. Al ver a la rubia dentro de la habitación, una sonrisa infantil apareció en el rostro del mago de fuego.

-¡Lucy! ¿Qué demonios hacemos aún aquí? ¡Vámonos! ¡Moete kitase!- Exclamó, sacando fuego por la boca, aunque de repente su cuerpo empezó a balancearse y finalmente su cabeza volvió a caer encima del mullido cojín.

La rubia simplemente suspiró, para después sentarse en el lecho de la cama.

-Natsu, acabas de tener una fiebre muy alta. No estas en condiciones de ir a ningún sitio.- Explicó la rubia, observando como su mejor amigo gruñía y se tocaba la frente.

-Eso te pasa por comer cosas sospechosas, Natsu.- Le reprimió el gato, volando alrededor de los dos magos.

-Esto apesta.- Se quejó el Dragon Slayer, notando un palpitante dolor en su sien.

-¡Oi, llamita! ¡Me han dicho que has enfermado!- Se escuchó decir al alquimista de hielo del gremio, quién apoyaba su espalda en una de las paredes de la habitación, una sonrisa burlona en su rostro. Y, como de costumbre, vistiendo tan sólo su ropa interior. A su lado se encontraba algunos miembros más, entre ellos Juvia, Erza, Gajeel y Pantherlily.

Al escuchar las palabras de Gray, el pelirosado volvió a gruñir y se incorporó en cuestión de segundos, frunciendo el ceño furioso.

-¡Aún estar enfermo puedo pegarte una paliza, cubito de hielo! ¡Ven aquí si te atreves, pervertido!- Amenazó el mago, una poderosa flama posada ya en su mano.

Aún estar al corriente de su condición, el Fullbuster no dudó en juntar sus manos dispuesto a formar una arma para contrarrestar el poder de su rival barra amigo. Y justo antes de que se desatara una gran explosión en aquel lugar, las cabezas de ambos magos impactaron en un duro y seco golpe, dejando a ambos inconscientes en el suelo.

-¡Estúpidos! ¡Natsu, tú estás enfermo, y por tanto no puedes pelear! ¡Y tú, Gray, deberías comportarte como tal ante una persona enferma!- Gritó la responsable del desmayo de los dos jóvenes, quién no podía ser otra que Erza Scarlet

Lucy tan sólo pudo pensar que la maga había contribuido en el empeoramiento de la condición de Natsu, en lugar de ayudarlo de alguna forma.

La luz de la luna se filtraba por los cristales de la única ventana de la sala. En la cama más cercana a la puerta de madera se encontraban dos figuras durmientes. Una que pertenecía a cierto gato volador, y la otra a un hijo de dragón enfermo. Cerca del mueble se encontraba la maga estelar sentada una silla, observando los tranquilos rostros de sus compañeros de equipo con una sonrisa. Haría ya un par de horas desde que la sala había sido despejada, y después de una breve visita de Makarov para observar el estado de uno de sus denominados hijos, tan sólo restaban ellos tres. La rubia, aún ligeramente preocupada por su amigo, decidió quedarse hasta que se durmiera para después regresar a su apartamento. Aunque hacía ya veinte minutos desde que sus ojos se cerraron, y ella seguía allí, observando su rostro ensimismada. Cuándo Natsu dormía, parecía alguien tranquilo, e incluso inofensivo. Cómo podían engañar las apariencias. Observó el reloj de pared, para sorprenderse de la avanzada hora. Intentando hacer el mínimo sonido, recogió sus pertenencias, entre ellas la mochila que había preparado la noche anterior para su pequeña excursión. No pudo evitar decepcionarse un poco al ver cómo había acabado el día. Mentiría si dijera que no le había hecho ilusión pensar en aquel corto viaje. Si no quisiera ir, jamás se lo habría preguntado. Pero realmente lo había deseado. Suspiró por lo que le pareció la duodécima vez en un corto período de tiempo. Finalmente se incorporó, y dio un último vistazo a los dos miembros. Sonrió. Oh, bueno, tampoco había terminado tan mal. De todas maneras, cuándo ya posaba su mano en el pomo de la puerta, escuchó como las sábanas eran removidas. Giró su cuerpo con curiosidad, para encontrarse a Natsu sentado, frotándose uno de sus ojos.

-Lucy, espera.- Dijo con una voz ronca, provocada por el hecho de haber estado durmiendo durante un rato.

La rubia se aproximó sigilosamente, sin intención de despertar a Happy.

-¿Qué ocurre, Natsu? ¿Te duele otra vez la cabeza?- Preguntó la maga estelar, cómo si estuviera cuidando de un niño pequeño en lugar de un muchacho de dieciocho años.

-Acércate más.- Contestó simplemente, con los ojos ya completamente abiertos, y observándola atentamente.

Lucy no se esperaba en lo más mínimo tal respuesta. Sintió como la sangre subía a su rostro, pero decidió obedecer su orden. Ahora estaba lo bastante próxima como para sentarse en la cama.

-Más.-

La joven no pudo evitar alejarse un poco, sorprendida. ¿Qué quería decir con un "más"? ¡No podía avanzar a menos que tuviera que pisarlo! Con sus mejillas ya rojizas, se colocó en su posición inicial, y tan sólo acercó ligeramente su cuerpo, hasta que tuvo que alzar su pierna y posarla encima del colchón.

-Natsu, ¿qué demonios quie…?- Le preguntó algo exasperada, pero fue interrumpida al notar su brazo rodear su cintura, provocando que la chica se tumbara en la cama en un firme abrazo.

Silencio. La rubia aún estaba procesando todo lo que acababa de ocurrir hará unos pocos segundos. Sus brazos rodeándola. Su pecho apretado contra el suyo. Su barbilla apoyada en su hombro. El aire que salía de su boca y nariz rozando su yugular. Y el aroma a cenizas y, curiosamente, a hierba fresca que siempre emanaba Natsu abrumándola completamente.

Fue en ese momento cuándo escuchó los latidos de su propio corazón retumbando con una gran intensidad, y como la temperatura de su cuerpo incrementaba por momentos. Y no sólo por el hecho de estar pegada a una estufa humana.

-¡N-Natsu! ¡Qué haces!- Susurró, apoyando sus manos en el pecho de éste para intentar apartarlo. Bajo las yemas de sus dedos podía notar los definidos músculos de su amigo, provocándole un mayor nerviosismo e histeria.

-Tengo frío.- Contestó, la vibración de su cuello provocándole escalofríos a la muchacha, y seguidamente, la apretó aún más contra su cuerpo.

Lucy paró en seco sus forzosos movimientos. Rememoró las palabras de Porlyusca, y se percató que aquel era uno de los efectos que debía soportar el mago.

-¿Mucho? No estás acostumbrado a sentir frío, ¿verdad?- Dijo la rubia, escapándole una risilla, para finalmente relajarse en el agarre.

-Lo odio. Aunque ahora estoy mejor.- Al decir eso se alejó un poco de la muchacha para poder mirarla a los ojos. Una gran sonrisa apareció en su rostro, mostrando sus colmillos. –Gracias, Lucy.-

La maga no pudo evitar devolverle aquella sonrisa, alegrándose de ver a un Natsu en proceso de mejoría. Y de nuevo, el silencio cayó. El pelirosado cerró los ojos, y la chica poco a poco sintió que el sueño empezaba a penetrar en su cuerpo. Finalmente, sus párpados bajaron, y su respiración se volvió pausada y tranquila.

-…Lucy.- Murmuró el pelirosado, después de unos minutos sin cruzar palabra.

La chica parpadeó adormecida.

-Dime, Natsu.- Contestó la rubia, bostezando justo después de mencionar su nombre.

-Siento lo de hoy. Por mi culpa, al final no hemos podido ir.- Por su tono, uno podía notar que estaba arrepentido y también apenado.

Lucy tan sólo sonrió, para después acercar su mano hacia su melena puntiaguda y remover un poco su cabello.

-No pasa nada, Natsu. Siempre podemos ir otro día.- Dijo la muchacha suavemente, esta vez observando los ojos del Dragon Slayer de fuego, quién le correspondió la sonrisa.

-También deberíamos hacer esto otro día.- Añadió el mago, escondiendo de nuevo sus orbes de un color intermedio entre el verde y el marrón.

-¿A qué te refieres?- Preguntó la rubia, sin poder descifrar el significado de sus palabras.

-A dormir juntos.- Respondió, seguido de un apretujón con sus brazos, acercándola más hacia su cuerpo.

De nuevo, Lucy notó que su rostro se coloreaba de un color carmesí, aunque la oscuridad era capaz de ocultar su sonrojo.

-Hueles bien, y eres cálida. Igual que tu cama.- Añadió, seguido de una risa por su parte. -¿Qué me dices?-

La Heartifilia no supo qué responder ante aquellas palabras. Realmente no le disgustaba estar abrazada a Natsu. Todo lo contrario. Pero repetir algo así… No sabía si era sano para su corazón. Aunque, ahora que dormía con él, sabía que la siguiente noche echaría de menos la calidez que tan sólo le podía brindar el pelirosado. Tragándose su vergüenza, apretó el abrazo que sostenía a ambos.

-No estaría mal repetirlo…- Susurró, suficientemente audible para que él lo escuchara. Esperó con nervios y algo de aprensión su respuesta. Aunque nunca llegó.

Los suaves ronquidos de su mejor amigo llegaron a sus oídos, indicándole que su respuesta no había sido escuchada. La rubia frunció el ceño, para después golpear en la cabeza al mago.

-¡Por lo menos espera a que te respondan si preguntas!- Susurró, algo enfadada, para después apoyar su mejilla en el pecho del Dragon Slayer.

Escuchó algo de murmureo sin sentido, pero después fue capaz de oír claramente una palabra. La rubia apretó los ojos con fuerza al escuchar su nombre ser mencionado por el adormilado mago de fuego.

Y cuándo ya estaba a punto de llegar al país de los sueños, Lucy se percató de que, al final, dormía en la misma cama que Natsu.

El rostro triunfante de Mirajane fue lo último que apareció en su mente hasta que finalmente se abandonó en los brazos de Morfeo.


ESTÁ BIEN. QUIERO EXPLICAR EL POR QUÉ DE MI RETRASO.

Para empezar, voy a hacer todos los prompts. Eso seguro.

Bien. Durante los últimos días de la NaLu week, ya tenía los últimos capítulos escritos en mi portátil. Dejé el ordenador en suspensión (como suelo hacer normalmente), pero me olvidé de conectar la batería. Total, cuándo me desperté, el ordenador se había apagado y estaba sin batería. Aún no entré en pánico porque podía enchufarlo y santas pascuas. Pero el maldito aparato se quedaba atascado en la pantalla de bienvenida. Y aunque lo dejé por cuatro malditas horas, no hacía nada. Lo encendí y apagué, lo encendí y apagué, y nada. Al final lo hemos llevado a reparar, pero yo estaba muy enfadada con el mundo y con mi vida y no quise reescribirlos. En eso soy completamente culpable. Cuándo me cabreo, me ofusco, y eso ocasiona que deje de tener ganas de hacer nada. Por eso, ahora estoy dispuesta a reescribirlos lo más rápido que puedo.

Lo siento mucho, de veras. ¡Gracias a todos por los reviews, os adoro!