NO QUIERO QUE TERMINE

QUINN

Para Quinn, el verano estaba pasando demasiado rápido. Entre trabajar en el garaje y pasar la mayoría del tiempo restante con Rachel, los días parecían pasar volando.

Mientras agosto se acercaba, se encontró a si misma poniéndose más y más ansiosa al pensar que en unas pocas semanas Rachel regresaría a Nueva York y ella se iría a Vanderbilt.

Rachel se había convertido en parte de su vida, de muchas maneras, la mejor parte. Aun cuando Quinn no siempre la entendía, sus diferencias de alguna manera parecían hacer su relación más fuerte. Habían discutido sobre su proposición de acompañarla a la corte, a lo que Rachel se había negado terminantemente, pero recordaba su sorpresa cuando Rachel se dio cuenta que Quinn la esperaba afuera del juzgado con un ramo de flores. Sabía que Rachel estaba molesta porque los cargos no habían sido retirados, su próxima audiencia estaba programada para el 28 de agosto, tres días después de que Quinn partiera a la universidad, pero sabía que había hecho lo correcto al aparecerse ahí cuando Rachel aceptó el ramo con un tímido beso.

Rachel la sorprendió tomando un trabajo de medio tiempo en el acuario. No le dijo sus planes antes o le preguntó si podía darle una recomendación. Francamente, Quinn no se había dado cuenta de que ella quería trabajar. Cuando le había preguntado después, Rachel le había explicado

— Tú trabajas durante el día, y mi papá y Jonah están haciendo una ventana de vidrio soplado. Necesitaba algo que hacer, además, quiero pagar el abogado yo misma. No es como si mi papá tuviera mucho dinero. — Cuando Quinn la recogió después de su primer día de trabajo, se dio cuenta que su piel tenía un tono casi verde — tuve que alimentar a las nutrias — confesó — ¿Alguna vez has metido tu mano en una cubeta de pescados muertos y babosos? ¡Es asqueroso!

Hablaron y hablaron. No parecía haber suficiente tiempo en el mundo para compartir lo que querían. A veces sólo hablaban para llenar los momentos de silencio, cuando discutían sus películas favoritas, por ejemplo, o cuando Rachel le dijo que aunque era vegetariana, no había decidido si los huevos y la leche contaban. Pero a veces la conversación se volvía seria. Rachel le contó más de sus recuerdos de tocar el piano y su relación con su papá, Quinn admitió que a veces resentía el hecho de sentir una responsabilidad por ser el tipo de persona que su mamá quería que fuera. Hablaron de su hermano, Jonah, y su hermana Franny, y especulaban y soñaban acerca de dónde terminarían en la vida. Para Quinn, el futuro se veía pulcramente planeado: cuatro años en Vanderbilt, y después de la graduación buscaría experiencia trabajando para otra firma antes de regresar y encargarse del negocio de su padre. Pero aun mientras ella repetía el plan, podía oír la voz de su mamá susurrando su aprobación, y se encontró preguntándose si era eso lo que quería. Rachel, por su parte, admitía no estar segura lo que traerían los siguientes dos años. La inseguridad no parecía asustarle, lo que hacía que Quinn la admirara aún más. Más tarde, cuando Quinn se fijó en sus respectivos planes, se dio cuenta de que, entre las dos, Rachel estaba más a cargo de su destino que ella.

A pesar de las cajas construidas para cuidar los nidos de tortugas en la playa, los mapaches se habían colado bajo la malla de alambre y destruido seis nidos. Tan pronto como Rachel supo lo que había sucedido, insistió en que tomaran turnos para cuidar los nidos detrás de su casa. No había razón para que las dos estuvieran ahí toda la noche, pero pasaron la mayoría la una con la otra, besándose y hablando en susurros hasta mucho después de medianoche.

Santana, por supuesto, no podía entenderlo, y más de una vez Quinn llegó tarde a la práctica sólo para ver a Santana deambular agitada, preguntándose qué le había pasado a su amiga. En el trabajo, en las raras ocasiones en que Santana preguntaba cómo iban las cosas con Rachel, Quinn no comentaba mucho, sabía que Santana no preguntaba porque realmente le importara. Santana hacía lo posible por mantener la atención de Quinn concentrada en el torneo de voleibol de playa, normalmente fingiendo que Quinn volvería a sus cabales pronto o que Rachel no existía.

Rachel tenía razón sobre su mamá. Aunque no había dicho nada directamente sobre su nueva relación, Quinn leía su desapruebo en la manera que forzaba la sonrisa al mencionar el nombre de Rachel, y en el comportamiento casi normal que adoptó cuando trajo a Rachel a la casa. Nunca preguntó nada de Rachel, y cuando Quinn decía algo de ella, de lo bien que la pasaban juntas o lo inteligente que ella era, o cómo la entendía mejor que nadie, su mamá decía cosas como‚ pronto serás un Vanderbilt, y las relaciones a larga distancia son difíciles, o se preguntaría en voz alta si Quinn no pensaba que ‚pasaban demasiado tiempo juntas… Quinn odiaba cuando ella decía esas cosas. Era todo lo que Quinn podía hacer para no responderle, porque sabía que estaba siendo injusta. No como prácticamente todos los demás que Quinn conocía, Rachel no bebía o maldecía o chismeaba, y no habían ido más lejos que un beso, pero Quinn intuía que estas cosas no le importarían a su mamá. Estaba encerrada en sus prejuicios, así que cualquier intento de cambiar su opinión de Rachel sería inútil. Frustrada, Quinn empezó a hacer excusas para alejarse de la casa tanto como le fuera posible. No sólo por lo que su mamá sentía por Rachel, sino por la manera en que ella se empezaba a sentir por su mamá.

Y por ella mismo, claro, por fallar en decírselo.

Aparte de la preocupación de Rachel con su próxima audiencia en la corte, la única sombra en su verano idílico era la continua presencia de Marcus. Aunque habían sido capaces de evitarlo la mayor parte del tiempo, a veces era imposible. Cuando se lo encontraban, Marcus siempre parecía encontrar una manera de provocar a Quinn. Normalmente con una referencia a Santana. Quinn se sentía paralizada, si reaccionaba, Marcus podía ir a la policía, si no hacía, nada se sentía mal. Aquí estaba, saliendo con una chica que se había parado en la corte y que admitió su culpa, y el hecho de que Quinn no podía armarse de valor y hacer lo mismo había empezado a atormentarla. Había tratado hablar con Santana acerca de limpiarse e ir a la policía, pero Santana había rechazado la idea. Y a su manera indirecta, nunca dejó olvidar a Quinn lo que había hecho por ella y su familia ese día horrible en que Mike murió. Quinn admitió que Santana había sido heroica, pero mientras el verano pasaba, se empezó a preguntar si una buena acción previa llevaba a una mala, esto debería ser pasado por alto, y, en estos momentos oscuros, se preguntó si podría soportar el verdadero costo de la amistad de Santana.

Una noche, a principios de agosto, Quinn accedió a llevar a Rachel a la playa a cazar cangrejos araña.

— Te dije que no me gustan los cangrejos — chillo Rachel, agarrando el brazo de Quinn.

Quinn se rio

— Son sólo cangrejos araña. No te lastimarán.

Rachel arrugó la nariz — Son bichos feos y trepadores del espacio exterior.

— Olvidas que esto fue tu idea

— No, fue idea de Jonah. Dijo que era divertido. Me lo merezco por escuchar a alguien que aprende de la vida viendo caricaturas.

—Pensé que alguien que alimenta nutrias con pescados babosos no se molestaría por unos cuantos e inofensivos cangrejos en la playa — Quinn pasó la linterna por el suelo iluminando las criaturas que se movían rápido.

Recorrió la arena frenéticamente, por miedo a que otro cangrejo se acercara a su pie. — En primer lugar, no hay unos pocos cangrejos inofensivos. Hay cientos de ellos. En segundo lugar, si hubiera sabido que esto es lo que sucede en la playa por la noche, te habría hecho dormir junto al nido de tortuga cada noche. Así que estoy un poco enojada contigo por ocultarme este hecho. Y, en tercer lugar, a pesar de que yo trabajo en el acuario, no significa que me guste tener cangrejos recorriendo mis pies.

Quinn hizo todo lo posible por mantener una cara seria, pero era demasiado duro. Cuando Rachel levantó la vista, captó su expresión.

— Para de sonreír. No es gracioso.

— Sí, lo es... quiero decir, tiene que haber veinte niños pequeños y sus padres aquí, haciendo lo mismo que nosotros.

— No es mi culpa si sus padres carecen de sentido común.

— ¿Quieres volver?

— No, está bien - ella dijo. — Ya me has traído aquí al centro de la infestación. Creo que podría soportarlo.

— Tú sabes que hemos estado caminando por la playa mucho últimamente.

— Lo sé. Así que de nuevo, gracias por traer la linterna y arruinar los recuerdos.

— Bien — dijo, y la apagó.

Rachel clavó las uñas en el brazo. — ¿Qué estás haciendo? ¡Enciéndela de nuevo!

— Has dejado perfectamente claro que no te gusta la linterna.

— ¡Pero si la apagas, entonces no voy a ver!

— Correcto.

— Lo que significa que ellos pueden rodearnos ahora mismo. Enciéndela de nuevo - suplicó.

Lo hizo, y como empezaron a andar por la playa, Quinn se rio. — Un día, te voy entender.

— Yo no lo creo. Si no lo has hecho todavía, esto sencillamente podría estar más allá de ti.

— Eso podría ser cierto — admitió. Quinn le pasó un brazo alrededor. — Aún no me has dicho si vas a venir a la boda de mi hermana.

— Eso es porque no lo he decidido todavía.

— Quiero que conozcas a Franny. Ella es genial.

— No es tu hermana la que me preocupa. No creo que tu mamá quiera que vaya.

— ¿Y? No es su boda. Mi hermana te quiere allí.

— ¿Has hablado con ella sobre mí?

— Por supuesto.

— ¿Qué le dijiste?

— La verdad.

— ¿Qué crees que soy sosa?

Quinn la miró a ella. — ¿Sigues pensando en eso?

— No. Me he olvidado de todo.

Resopló. — Está bien, para responder a tu pregunta. No, yo no dije que eres sosa. Le dije que solías ser sosa.

Rachel le dio un codazo en las costillas, y ella fingió pedir misericordia.

— Es broma, es broma... yo nunca diría eso.

— ¿Qué le dijiste, entonces?

Quinn se detuvo, volviéndose hacia ella. — Como dije, le dije la verdad. Que eres inteligente y divertida y que es fácil estar contigo y que eres hermosa.

— Ah, bueno, está bien, entonces.

— ¿No vas a decir que me amas, también?

— No estoy segura de poder amar a una mujer necesitada — Rachel bromeó. Puso sus brazos alrededor de Quinn —. O puedes tomar este comentario como una venganza por dejar que los cangrejos corran por encima de los dedos de mis pies. Por supuesto que te amo.

Se besaron antes de volver a caminar. Casi había llegado al muelle y estaban a punto de girar cuando vieron a Santana, Kitty y Cassie acercándose desde la otra dirección. Rachel se tensó bajo el brazo cuando Santana salió a interceptarlos.

— Ahí está, Quinn— dijo Santana llamándolo mientras se acercaba. Se detuvo frente a ellos —. He estado toda la noche enviándote mensajes.

Quinn señala con su brazo apretando a Rachel. — Lo siento. Le dejé mi teléfono a Rachel. ¿Qué pasa?

Cuando respondía, Quinn podía sentir a Kitty mirando fijamente a Rachel desde lejos.

— Recibí llamadas de cinco de los equipos que van a estar en el torneo, y ellos quieren hacer algún pre-torneo scrimmaging. Son todos muy buenos, y quieren poner un mini-campo de entrenamiento junto para conseguir que todos estén listos para enfrentarse a Landry y Tyson. Mucha práctica, muchos ejercicios, muchos juegos. Incluso estamos pensando en cambiar los equipos de vez en cuando para mejorar nuestros tiempos de reacción, ya que todos tenemos estilos diferentes.

— ¿Cuándo vienen?

— Una vez estemos listos, pero estábamos pensando en esta semana.

— ¿Cuánto tiempo van a estar aquí?

— Yo no lo sé. ¿Tres o cuatro días? El suficiente hasta el torneo. Sé que tienes las cosas de la boda y los ensayos, pero podemos evitar todo eso

Pensó de nuevo sobre el hecho de que su tiempo con Rachel pronto estaría llegando a su fin. — ¿Tres o cuatro días?

Santana frunció el ceño. — Vamos, Quinn. Esto es justo lo que necesitamos hacer para estar listas.

— ¿No te parece que estamos listas ya?

— ¿Qué te pasa? ¿Sabes cuántos entrenadores de la Costa Oeste están viniendo a ver el torneo? — Santana señaló con el dedo a Quinn. — Tú puede que no necesites una beca de voleibol para ir a la universidad, pero yo sí. Y esta es la única oportunidad que ellos tendrán de verme jugar.

Quinn dudó. — Déjame pensarlo, ¿de acuerdo?

— ¿Quieres pensar sobre esto?

— Tengo que hablar con mi padre primero. No puedo aceptar dejar de trabajar durante cuatro días en tan corto plazo sin preguntarle. Y no creo que se pueda, de cualquier forma.

Santana miró a Rachel. — ¿Estás seguro de que todo esto se trata del trabajo?

Quinn reconoció el desafío, pero no quería entrar en él con Santana en ese momento. Santana, también, parecía pensarlo mejor y dio un paso atrás. — Muy bien, muy bien. Habla con tu papá. Como sea - dijo. — Tal vez encontrarás una manera de meterlo en tu horario.

Con eso, se dio la vuelta, alejándose sin mirar atrás. Quinn, sin saber qué hacer, empezó a guiar a Rachel de regreso a su casa. Estaban fuera del alcance de Santana cuando Rachel le pasó el brazo alrededor de su cintura y le preguntó: — ¿Estaba hablando del torneo del que me dijiste?

Quinn asintió. — La próxima semana. El día después de la boda de mi hermana.

— ¿En un domingo?

Quinn asintió. — Es un torneo de dos días, pero los hombres juegan el sábado.

Rachel pensó sobre esto. — ¿Y ella necesita una beca de voleibol para ir a la universidad?

— Definitivamente ayudaría.

Rachel tiró de Quinn para detenerla. — Entonces saca el tiempo para esta cosa del campamento. Práctica y entrena. Haz lo que tienes que hacer para estar lista. Ella es tu amiga, ¿verdad? Nosotras encontraremos el tiempo para estar juntas. Incluso si ninguna de las dos podemos sentarnos en el nido de las tortugas. Puedo ir a trabajar cansada.

Mientras hablaba, Quinn sólo podía pensar en lo hermosa que era y en lo mucho que la iba a extrañar.

— ¿Qué va a pasar con nosotras, Rachel? Al final del verano — Quinn buscó su rostro.

— Vas a ir a la universidad — Rachel respondió, apartando la mirada —. Y yo regresaré a Nueva York.

Quinn inclinó su cara a la de ella. — Sabes lo que quiero decir.

— Sí — dijo — Yo sé perfectamente lo que quieres decir. Pero yo no sé lo que tú quieres decir. Yo no sé lo que cualquiera de nosotras puede decir.

— ¿Qué crees? yo no quiero que termine

Los ojos de Rachel eran de color marrón achocolatado, tiernos a modo de disculpa. — No quiero que termine — Rachel repitió en voz baja.

A pesar de que era lo que Quinn había querido escuchar, y Rachel obviamente lo decía en serio, se dio cuenta de lo que ya sabía: que decir las cosas, incluso siendo cierto, tenía poco poder para cambiar lo inevitable o incluso hacer que se sintiera mucho mejor.

— Voy a viajar a Nueva York para visitarte — prometió.

— Espero que lo hagas.

— Y quiero que vengas a Tennessee.

— Supongo que puedo encargarme de otro viaje por el sur si tengo una buena razón para ir.

Quinn sonrió cuando comenzaron a moverse por la playa. — Te diré lo que haremos. Haré todo lo que Santana quiere para prepararse para el torneo si te comprometes a venir conmigo a la boda de mi hermana.

—En otras palabras, tú vas a hacer lo que debes hacer de todos modos, y en cambio, obtienes lo que quieres.

No era la mejor forma en que podría haberlo dicho. Pero tenía un punto. — Si — Quinn dijo.

— Supongo que eso es todo.

— ¿Algo más? ¿Cómo lo estás manejando como una difícil negociación?

— Ahora que lo mencionas, sí lo hay. Quiero que intentes hablar y pongas algo de sentido en Blaze.

—Ya he tratado de hablar con ella.

— Lo sé, ¿Pero eso fue cuándo? ¿Seis semanas atrás? Ella nos ha visto juntas, así que sabe que no estás interesada en Marcus. Y ella ha tenido tiempo para superarlo.

— Ella no va a decir la verdad — Rachel respondió. — Eso significa que ella va a meterse en problemas.

— ¿Cómo? ¿Porque ella sería acusada? El punto es, no quiero que te metas en problemas por algo que no hiciste. El dueño no escucha, el fiscal no escucha, y no estoy diciendo que Blaze sí vaya a escuchar, pero yo no veo qué otra opción tienes si quieres salir de esto.

— No va a funcionar - insistió Rachel.

— Tal vez no. Pero creo que vale la pena intentarlo. La conozco desde hace mucho tiempo, y ella no siempre fue así. Tal vez aún hay algo más profundo dentro de ella que sabe que está haciendo las cosas mal y todo lo que necesita es una buena razón para tratar de hacerlo mejor.

Aunque Rachel no estaba de acuerdo, ni en desacuerdo, caminaron hacia la casa en relativo silencio. Cuando estuvieron cerca, Quinn pudo ver la luz saliendo de la puerta abierta del taller.

— ¿Es tu padre el que sigue trabajando en la ventana esta noche?

— Se ve de esa manera — ella dijo.

— ¿Puedo verlo?

— ¿Por qué no?

Juntas, se dirigieron hacia el edificio destartalado. Una vez dentro, Quinn vio una bombilla colgando de un cable de extensión, más una gran mesa de trabajo en el centro de la habitación.

— Creo que él no está aquí — dijo Rachel, mirando a su alrededor.

— ¿Esa es la ventana? — Preguntó Quinn, acercándose a la mesa de trabajo —. Es enorme.

Rachel se trasladó a su lado. — Es increíble, ¿no? Es para la reconstrucción de la iglesia que está en la calle.

— Tú no me dijiste eso. — Su voz sonó tensa, incluso a sus propios oídos.

— Yo no creía que fuera importante — dijo de forma automática —. ¿Por qué? ¿Es importante?

Quinn se obligó a alejar de su mente las imágenes de Santana y el fuego. — No realmente — dijo rápidamente, fingiendo examinar el cristal —. Simplemente no sabía que tu padre tuviera la capacidad de hacer algo tan complicado.

— Yo tampoco. Ni él, hasta que comenzó, de todos modos. Pero él me dijo que era importante para él, así que puede que tenga algo que ver con eso.

— ¿Por qué era tan importante para él?

Con Rachel relatando la historia que su padre le había dicho, Quinn se quedó mirando la ventana, recordando lo que Santana había hecho.

Y, por supuesto, lo que ella no había hecho. Rachel debe haber visto algo en su cara, porque cuando terminó, parecía estar estudiándola.

— ¿Qué estás pensando?

Pasó la mano sobre el cristal antes de responder. — ¿Te has preguntado alguna vez lo que significa ser un amigo?

— No estoy segura de lo que quieres decir.

Quinn la miró. — ¿Qué tan lejos llegarías para proteger a un amigo?

Rachel vaciló. — Supongo que depende de lo que mi amigo hizo. Y lo serio que es. — Rachel puso una mano sobre su espalda —. ¿Qué no me estás diciendo?

Cuando no le dio respuesta, se escabulló más cerca de Quinn. — Al final, siempre se debe hacer lo correcto, incluso si es difícil. Yo sé que tal vez no podría ayudarte y que lo correcto no siempre es tan fácil de entender. Al menos en la superficie, de todos modos. Pero incluso cuando yo me estaba justificando a mí misma que el robo no era gran cosa, yo sabía que estaba mal. Eso me hacía sentir… oscura por dentro.

Ella acercó la cara a Quinn, y captó el olor de la arena y el mar en su piel. — Yo no luché contra los cargos, porque algo dentro de mí sabía que lo que había estado haciendo estaba mal. Algunas personas pueden vivir con eso, siempre y cuando se salgan con la suya. Ellos ven tonos grises cuando yo veo blancos y negros. Pero yo no soy esa clase de persona... y no creo que tú lo seas tampoco.

La mirada se deslizó fuera de Rachel. Quería decirle, tenía ganas de decirle todo lo que ya sabía, que ella tenía razón, pero no lograba encontrar las palabras. Rachel la entendió de una manera que nadie más lo había hecho. Podría aprender de ella, pensó. Quinn sería una mejor persona con ella a su lado. En muchas maneras, Quinn la necesitaba. Cuando se obligó a asentir, apoyó la cabeza sobre su hombro.

Cuando por fin salió del cobertizo, se llegó a detener antes de que Rachel regresara a su casa. Quinn la atrajo hacia sí y comenzó a besarla. Primero los labios, luego en la mejilla, y luego su cuello. Su piel era como el fuego, como si hubiera estado tumbada al sol durante horas, y cuando la besó en los labios de nuevo, sintió hundirse su cuerpo en el suyo. Hundió las manos en su cabeza, mientras la seguía besando poco a poco, Quinn la empujó contra la pared del taller. La amaba, la deseaba, y mientras la continuaba besando, podía sentir sus brazos moviéndose sobre su espalda y hombros. Su toque era electricidad contra de su piel, su aliento caliente contra el suyo, y se sintió deslizarse a un lugar regido únicamente por sus sentidos.

Sus manos estaban errantes por la espalda y el estómago cuando finalmente sintió a Rachel colocar sus manos sobre su pecho y empujarla.

— Por favor — Rachel respiró — tenemos que parar.

— ¿Por qué?

— Porque yo no quiero que mi papá nos atrape. Él podría estar viéndonos desde la ventana ahora mismo.

— Sólo nos estamos besando.

— Sí. Y como que nosotras nos gusta también. — Rachel se rio.

Una sonrisa se extendió sobre su rostro. — ¿Qué? ¿No sólo nos estábamos besando?

— Sólo estoy diciendo que se sentía como... lo que estábamos haciendo nos conducía a algo más — dijo, enderezando su camisa.

— ¿Y el problema es?

Su expresión le dijo que dejara de jugar, y sabía que Rachel tenía razón, aunque no era lo que quería.

— Tienes razón. - Suspiró, dejando caer las manos en un círculo suelto alrededor de su cintura —. Voy a tratar de controlarme a mí misma.

Rachel la besó en la mejilla. — Tengo plena confianza en ti.

— Gracias — gimió.

Rachel le guiñó el ojo. — Voy a ir a ver a mi papá, ¿de acuerdo?

— Está bien. Tengo que estar en el trabajo temprano por la mañana de todos modos.

Rachel sonrió. — Una lástima. Yo no tengo que ir a trabajar hasta las diez.

— ¿Ellos todavía precisan que alimentes a las nutrias?

— Se morirían de hambre sin mí. Soy bastante indispensable ahora.

Se echó a reír. — ¿Te he dicho que creo que eres una sobre protectora?

— No creo que nadie me lo haya dicho. Pero, para que lo sepas, no es tan malo tenerte alrededor, tampoco.

Si hay faltas de ortografía pido una disculpa pero ando apurada….

He subido 2 Caps porque el primero es muy corto….

Espero y les guste…

Sijn mas por el momento me despido y Que tengan un lindo día…

Nos leemos mañana…