TODO POR UNA MORDIDA Y UN RETO

Edward

Me moví por el estrecho pasillo del autobús, avanzando rápidamente. No podía creer cuan nervioso me ponía la idea de pasar a lado de aquella bella chica de ojos marrones. Y de nuevo la intensa necesidad y deseo abrasador de saber su nombre se apoderó de mí.

¿Es que acaso era mucho pedir?

Rodé mis ojos ante lo ridículo que me escuchaba, en mí propia mente. Me estaba quejando como una niña.

Seguramente eso no resultaría muy atractivo.

Me detuve tres asientos detrás de las chicas, y trataba de escuchar algo de lo que hablaban. No me importaba mucho de que hablaban, sino el por fin tener una pista del nombre de esa chica que en unos pocos minutos ya me estaba volviendo loco.

¿Cómo sería convivir con ella?

Eso sería fácil de averiguar... ¡si me atreviera a simplemente ir hacia ella y preguntar su nombre!

Hacía todo demasiado difícil.

"Oh, por favor," escuché la voz suave de la chica de ojos marrones alzarse entre la conversación que tenían. Aunque más que una conversación, parecía una discusión. Se veían algo acaloradas.

La rubia, que hasta este momento notaba, tenía ojos azules y un rostro divino – no tanto como el de la morena (tenía que dejar de llamarla "la chica" seriamente) – tenía una expresión extraña, casi como si se estuviera burlando de su amiga, pero de un modo que demostraba indulgencia y un poco de superioridad.

No tenía idea de que se trataba.

A la otra chica era difícil verla, me daba la espalda, solo veía su cabello, que era tan negro como el carbón y lacio, tan lacio que no se quedaba quieto y las puntas salían disparadas de un lado a otro. Me recordaba lo rebelde que era mí cabello.

Instintivamente, pasé mi mano por mí cabello. Y bufé, recordando que no había forma de manejarlo.

Escuché dos risillas bajas a mí lado, femeninas. Las ignoré.

De vez en cuando volteaba a ver de reojo a aquel trío de amigas. La conversación fluía naturalmente, parecían ni siquiera esforzarse. Pero después de todo, eran chicas.

Mi teléfono celular vibró en el bolsillo de mi camisa, y lo saqué.

Esme.

Sabía que debía ser ella, preguntándose dónde estaba.

¡Como si fuera a siquiera considerar la idea de no ir a cenar!

"Hola, mamá," saludé a Esme suavemente, tratando de mostrar ningún signo de ansiedad ante su llamada; no era lo único que me estaba poniendo ansioso, de cualquier manera.

Esme bufó ligeramente, apenas de forma audible al otro lado de línea, "Edward Anthony Cullen, ¿dónde crees que estas?"

Reí. Su tono era de indignación, con un tono de broma.

"No te rías, Anthony," dijo en voz grave.

Mi risa se detuvo abruptamente. Había sido Anthony no Edward. Hablaba en serio.

"Bueno, mamá," miré a mi alrededor, demasiado metido en la pregunta de Esme como para ver a la chica de ojos marrones. "Al parecer... estoy en un autobús."

"Mhmp," Esme resopló. "¿Y se puede saber a donde te lleva?"

Tuve que volver a reír, pero de forma más controlada. El autobús se detuvo, y observé a varios... ¡que digo varios! A muchos estudiantes hacer fila para subir al autobús. Incluso algunos subían por detrás. Me empujaron al medio, justo a lado de la chica de ojos marrones. Solo había un detalle, le estaba dando la espalda.

Ahora había algo de ruido. ¡Ruido!

Realmente extrañaba mi Volvo... que no estaría listo hasta dentro de 24 horas.

Escuché que alguien se aclaraba la garganta, y voltee hacia atrás, para ver a las tres chicas observando... mí... ¿mí trasero?


Chicas!

Cambié de opinión, había hecho algunos cambios, pero siempre no :)

Espero que les guste este capítulo, y que dejen sus comentarios, me encantaría recibir noticias suyas, sus opiniones y así.

Cuando tenga 5 reviews en ESTE capítulo, subiré el siguiente mini capítulo.

Me siento mal por poner tal cosa, pero aunque sea 5 reviews!

Gracias!