TODO POR UNA MORDIDA Y UN RETO
Edward
Una de las dos otras chicas, la de apariencia como de duende, se dio cuenta que las había atrapado mirándome, y un color rosa profundo se esparció por su piel blanca. En cambio, las otras dos chicas eran completamente inconscientes de que las miraba, que sabía que estaban viendo.
La voz de mí madre me distrajo un segundo. "¿Edward?"
"Espera un minuto," le pedí, mi voz apenas por encima de un susurro.
Esme respondió en un murmullo un de acuerdo, y la línea se quedó en silencio.
Observé como, viéndome de reojo, la chica alzó su mano hacia su amiga que había capturado mi atención desde el mismo instante en que la había visto.
No había visto a una chica como ella, tan naturalmente hermosa, no había rastro de maquillaje en su rostro. Su piel era lisa y prometía suavidad al tacto, sus pestañas eran largas y espesas que caían suavemente; y lo mejor, lo que la hacía más hermosa, de una forma extraña sí alguien me preguntaba, eran las tenues ojeras que ni se molestaba en esconder, eso la hacía aún más natural que cualquier otra chica que hubiera visto.
Y... no se había lanzado a mí.
Era agradable desear a una chica, querer acercarme a ella con la duda de no saber si sería bien recibido o no. Apenas y me había visto hasta ahora. Bueno, no exactamente.
Sentí un leve calor en mis mejillas al recordar qué había estado viendo.
Su amiga terminó de llegar al brazo de ella, y deseé ser yo quien pudiera estirar mi brazo y tocarla. Le dio un jalón, y casi vi salir humo de sus orejas al volverse a su amiga. "¿Qué?" casi gruñó.
Al ver los gestos que su amiga le hacia, volteó a verme.
Me perdí de inmediato en esos lagos de chocolate que tenía por ojos. Y mi primera reacción cambio al reconocer el deseo en ellos.
Le gustaba lo que veía. Bien, a mí también.
Sonrió, entonces, de una forma tan angelical que necesité de un segundo para darme cuenta de que intentaba. Así que le respondí con una de mis sonrisas, esas que sabía que hacia derretir a las mujeres. Era tan obvio, que había aprendido a sonreírla cuando quería salirme con la mía.
Después de un segundo, bajó su mirada, con el rostro prendido en llamas. No el color tierno y sencillo de su amiga, un rojo ardiente que hacía que su rostro de ángel diera la impresión de ser el de una diablilla.
Sí, era demasiado hermosa para ser real.
¡Afortunadamente, lo era!
"Lo siento, mamá," volví a la llamada que había dejado en espera.
"Hmph," Esme refunfuñó, como siempre que pasaba lo mismo. Ya podía imaginarme el regaño que vendría al llegar a casa. "Me decías, entonces..."
Le decía... mmm, ah claro.
"Voy a casa, ya estoy en el autobús," le respondí, viendo por las ventas algo maltratadas, mientras pasábamos por aquella tienda de dulces donde Esme siempre nos llevaba de pequeños a Emmett y a mí. "Estoy pasando por Candy's Store."
Sonreí.
"Ahh," escuché a Esme susurrar en entendimiento, recordando seguramente lo mismo que yo.
Y entonces una sonora carcajada, que casi me recordaba a Emmett, pero más delicada y suave, explotó a mi espalda.
"¿Emmett cenará con nosotros?"
"Claro que sí," Esme respondió, casi resoplando ante tan ridícula pregunta.
Lo era, lo sabía. Como si Esme fuera a permitir que una cena con una buena posibilidad de ser familiar, fuera arruinada. El ejercito no solo me buscaría a mí por todo el país, sino a mi hermano Emmett, también.
"Bien," dije, sonriendo mientras imaginaba a Emmett escondiéndose debajo de una pequeña cama, mientras el ejercito marchaba dentro de su apartamento, mamá delante de ellos, comandando que encontraron a su hijo para la cena. Resultaba difícil no soltarme a carcajadas, mientras escuchaba a una de las chicas riéndose. "Nos vemos pronto, mamá."
"Mas te vale, Edward," dijo con tono serio. "Cuídate."
"Claro, mamá," murmuré y luego colgué.
Guardé el teléfono en el bolsillo de mi camisa, y luego escuché algo que había estado deseando fervientemente desde los últimos quince minutos.
"Oh, Bella..."
Bella.
Ese era su nombre. Estaba seguro que ese era su nombre. Le quedaba a su rostro, a ella de una forma perfecta. Rosalie era la chica rubia, y tenía que ser la chica que me había robado el aliento quien se llamaba Bella.
Sí, ahora tenía un nombre para tal rostro, para tal recuerdo.
Ahora solo me faltaba reunir el valor suficiente para girarme hacia ella, y abrir mi boca, forzar unas cuantas palabras para presentarme y con un poco de suerte, invitarla a salir.
Tenía que volver a ver a la chica, a Bella.
¿Les gustó?
Sé que les dije que actualizaría después de tener 5 reviews, pero me ganaron las ganas de dejarles el siguiente capítulo... ya tengo casi terminado el fic, así que disfruten!
Gracias a quienes comentaron y quienes han puesto la historia en Favoritos y Alertas. Espero les guste toda la historia y como va yendo!
Esperaré sus opiniones, como siempre!
