LA SINCERIDAD TIENE UN PRECIO A PAGAR

QUINN

Quinn no durmió bien. Durante toda la noche, escuchó a Rachel sacudiéndose y girándose y caminando por su cuarto. Reconoció el impacto que estaba sintiendo; recordó el entumecimiento y la culpa, la incredulidad y la rabia, después de que Mike muriera. Los años han apagado la intensidad emocional, pero podía recordar el conflictivo deseo de compañía y la necesidad de estar sola.

Sintió pena por Rachel y también por Jonah, quien era muy joven para captar algo de esto. Incluso para ella mismo. Durante el verano, Hiram había sido increíblemente amable con ella, como si hubieran estado más en la casa de Rachel que en la de ella. Le gustaba el modo tranquilo en que cocinaba en la cocina y la fácil familiaridad que compartía con Jonah. Frecuentemente los miraba en la playa hacían volar cometas o jugando a capturar olas, o trabajando en la vidriera en tranquila concentración. Mientras que a la mayoría de los padres les gustaba verse como una clase de hombres que hacía tiempo para sus hijos, para Quinn lo de Hiram era una cosa real. En el corto periodo que lo había conocido, nunca había visto a Hiram enojarse, nunca lo había escuchado elevar la voz. Supuso que eso tenía que ver con el hecho de que sabía que se estaba muriendo, pero Quinn no creía que eso lo explicara todo. El padre de Rachel era solamente… un buen hombre, en paz con él mismo y con el resto; amaba a sus hijos y, de alguna manera, confiaba en que ellos Russelarían las decisiones correctas.

Mientras ella estaba tendida en el sofá, pensó que quería ser la misma persona de madre algún día. Aunque amara a su padre, no siempre había sido la persona amistosa que Rachel había conocido. Hay largos periodos de la vida de Quinn en que difícilmente recordaba haberlo visto mientras trabajaba para expandir su negocio. Agregas la volatibilidad de su madre y la muerte de Mike, que envió a toda la familia a una depresión durante un par de años, y esos habían sido tiempos en los que Quinn deseó haber nacido en otra familia. Sabía que era afortunada, y era verdad que las cosas estaban mejor últimamente. Pero crecer no había sido todo pasteles y fiestas, podía recordarse queriendo una vida diferente.

Pero Hiram era una clase completamente diferente de padre.

Rachel le había dicho que él se había sentado con ella durante horas mientras aprendía a tocar el piano, pero durante todo el tiempo en que Quinn había estado en casa, nunca había escuchado a Hiram hablar de eso. Ni siquiera lo había mencionado de pasada y, aunque al principio Quinn pensara que era extraño, comenzó a ver como un poderoso indicador de su amor por Rachel. Ella no quería hablar sobre el tema, así que no lo hizo, incluso aunque fuera parte importante de su vida juntos. Él incluso subió a la alcoba porque ella no quería que se lo recordaran.

¿Qué clase de persona haría eso?

Solo Hiram, un hombre por el cual había crecido para admirar, un hombre del que había aprendido, y la clase de hombre que ella misma esperaría ser cuando creciera.

Se despertó con la luz solar que entraba por las ventanas de la sala de estar, y se estiró antes de ponerse de pie. Asomándose por el pasillo, vio que la puerta de la habitación de Rachel estaba abierta, y supo que ya estaba despierta. La encontró en el porche, en el mismo lugar que la noche anterior. Rachel no se volvió.

— Buenos días. — Le dijo.

Sus hombros se hundieron mientras se giraba hacia Quinn.

— Buenos días. — Dijo Rachel, dándole la más tenue de las sonrisas. Abrió sus brazos, y Quinn la envolvió con los suyos, agradeciendo el abrazo — Siento lo de anoche. — Dijo Rachel.

— No hay razón para que lo lamentes. — Quinn acarició su cabello — No hiciste nada malo.

— Mmmm. — Dijo Rachel — Pero gracias de todas formas.

— No te oí levantarte.

— Estoy despierta desde hace un rato. — Rachel suspiró — Llamé al hospital y hablé con mi padre. Aunque él no dijo mucho puedo decir que aún siente mucho dolor. Cree que ellos podrían mantenerlo ingresado un par de días después de terminar las pruebas.

En casi cualquier otra situación Quinn le hubiese asegurado que todo estaría bien. Pero en este caso, ambas sabían que las palabras no significarían nada. En cambio, Quinn se inclinó, descansando su frente sobre la de ella.

— ¿Fuiste capaz de dormir? Te escuché paseándote toda la noche.

— No realmente. Al final me fui a dormir con Jonah, pero mi cerebro simplemente no se callaba, pero no solamente por lo que está pasando con mi padre. — Hizo una pausa — También por ti, te irás en un par de días.

— Ya te dije que puedo posponerlo. Si necesitas que me quede, yo…

Rachel negó con la cabeza.

— No quiero que lo hagas. Vas a comenzar todo un nuevo capítulo en tu vida, y no puedo quitarte eso.

— Pero no tengo que ir ahora. Las clases no empiezan hasta…

— No quiero que lo hagas. — Dijo nuevamente. Su voz era suave pero implacable — Vas a ir a la universidad, y éste no es tu problema. Sé que tal vez suene duro, pero es verdad. Él es mi padre, no el tuyo, y eso nunca va a cambiar. Y no quiero pensar a lo que podrías estar renunciando, además de todo lo que está pasando en mi vida. ¿Puedes entenderlo?

Sus palabras tenían un tono de verdad, incluso aunque deseara que ella estuviera mal. Después de un momento, Quinn desató su brazalete de macramé y se lo pasó.

— Quiero que tengas esto. — Susurró y, por su expresión, pudo decir que Rachel entendía lo mucho que significaba para ella que lo aceptara.

Rachel mostró una rápida sonrisa y cerró su mano alrededor de éste. Quinn pensó que estaba a punto de decir algo cuando ambas oyeron la puerta del taller abrirse repentinamente. Por un instante, Quinn pensó que alguien había irrumpido. Pero entonces vio a Jonah torpemente cargando una silla rota hacia fuera. Con un enorme esfuerzo, la levantó y la lanzó a una duna al lado del taller. Incluso desde esa distancia, Quinn pudo ver furia en la expresión de Jonah.

Rachel ya estaba saliendo del porche.

— ¡Jonah! — Gritó mientras corría.

Quinn fue detrás, chocando con ella cuando alcanzaba la puerta del taller. Mirando tras Rachel, vio a Jonah tratando de empujar un pesado cajón por el suelo. Estaba luchando fuertemente, ajeno a su repentina aparición.

— ¿Qué estás haciendo? — Lloró Rachel — ¿Cuándo viniste aquí? — Jonah continuó empujando el cajón, gruñendo por el esfuerzo — ¡Jonah! — Gritó Rachel.

Su llanto rompió su concentración, y se giró hacia su hermana y Quinn, sorprendido por su presencia.

— ¡No puedo alcanzarlo! — Gimió enojado, al borde del llanto — ¡No soy lo suficientemente alto!

— ¿Qué es lo que no puedes alcanzar? — Preguntó Rachel antes de dar un paso adelante — ¡Estás sangrando! — Dijo ella, aumentando el pánico en su voz.

Quinn notó sus vaqueros rasgados y la sangre en la pierna de Jonah mientras Rachel se le acercaba rápidamente. Conducido por sus propios demonios, Jonah empujó frenéticamente el cajón, y la esquina de la caja chocó contra una de las repisas.

La criatura mitad ardilla mitad pez se cayó encima de Jonah justo cuando Rachel lo alcanzaba.

Su cara era apretada y roja.

— ¡Iros! ¡Puedo hacer esto solo! ¡No os necesito! — Gritó.

Él trato de mover el cajón nuevamente, pero estaba enganchado con la repisa, atrapado en el lugar. Rachel trató de ayudarlo, pero Jonah la apartó. Para entonces, Quinn podía ver las lágrimas en sus mejillas.

— ¡Te dije que te fueras! — Le gritó — ¡Papá quiere que termine la ventana! ¡Yo! ¡No tú! ¡Eso es lo que estuvimos haciendo todo el verano! — Sus palabras salieron en sollozos rotos, enojado y aterrado — ¡Esto es lo que hicimos! ¡Lo único que te importó fueron las tortugas! ¡Pero yo estaba con él todos los días! — Mientras gritaba a través de sus lágrimas, su voz se rompió — ¡Y ahora no puedo alcanzar la parte del medio de la ventana! ¡Soy muy bajo! Pero tengo que terminarla porque, si la termino, tal vez papá se ponga mejor, así que traté de usar la silla para alcanzarla, pero se rompió, y caí en el cristal y me enojé, y después quise usar el cajón, pero es muy pesado…

Para entonces, él apenas podía encontrar las palabras. Entonces se balanceó hacia atrás y cayó al suelo. Agarrando sus rodillas con sus brazos y bajando su cabeza, comenzó a sollozar, sus hombros convulsionándose.

Rachel Russeló asiento en el suelo a su lado. Rachel deslizó un brazo sobre su hombro y lo acercó a ella mientras él continuaba llorando. Mientras Quinn miraba, podía sentir un bulto en la parte posterior de su garganta, sabiendo que ella no pertenecía ahí.

Aún así, se quedó mientras Rachel sostenía a su hermano mientras lloraba, no tratando de callarlo o de asegurarle que todo estaría bien. Sólo lo sostenía en silencio mientras sus sollozos comenzaban a cesar. Finalmente él miró arriba, sus ojos rojos tras sus gafas, su rostro manchado con lágrimas.

Cuando Rachel habló, su voz era suave, tan gentil como siempre la había escuchado.

— ¿Podemos ir a la casa durante unos pocos minutos? Sólo quiero revisar tu pierna.

La voz de Jonah aún estaba temblorosa.

— ¿Qué pasará con la vidriera? Tiene que ser terminada.

Rachel miró a los ojos de Quinn y volvió la mirada a Jonah.

— ¿Podemos ayudar?

Jonah sacudió su cabeza.

— No sabéis cómo.

— Enséñanos.

Después de que Rachel limpiara la pierna de Jonah y le pusiera algunas tiritas, les guió de vuelta al taller. La vidriera estaba casi completa, todos los detalles de las caras estaban finalizados, y las barras reforzadas ya estaban en su lugar. El trabajo que quedaba consistía en poner las piezas para formar un celestial brillo en el cielo.

Jonah le mostró a Quinn cómo cortar las bandas de plomo y le enseñó a Rachel cómo soldar; Jonah cortó el vidrio como lo había estado haciendo casi todo el verano, y lo deslizó en las bandas de plomo antes de hacerle espacio a Rachel para colocar las piezas en su lugar.

El taller era caluroso y pequeño, pero eventualmente los tres entraron en ritmo. A la hora del almuerzo, Quinn salió para conseguir unas hamburguesas y una ensalada para Rachel; Russelaron un breve descanso mientras comieron, pero volvieron pronto a su trabajo. Cuando la tarde avanzó, Rachel llamó al hospital tres veces, solo para saber si su padre se estaba haciendo pruebas o durmiendo, pero estaba bien.

Al anochecer, habían terminado la mitad del trabajo; las manos de Jonah estaban comenzando a cansarse y Russelaron otro descanso para comer antes de mover algunas lámparas de la sala de estar para agregar luz adicional al taller.

La oscuridad cayó, y Jonah estaba bostezando con mucha frecuencia a las diez. Cuando entraron para relajarse unos minutos, Jonah se durmió casi inmediatamente. Quinn lo llevó a su habitación y lo puso en su cama. Para cuando regresó a la sala de estar, Rachel ya estaba de vuelta en el taller.

Quinn se encargó de cortar los cristales; había visto a Jonah hacerlo todo el día y, aunque cometió algunos errores al principio, rápidamente se las arregló.

Trabajaron toda la noche, y para cuando empezó a amanecer, ambos estaban muertos de cansancio. En la mesa de enfrente tendieron la ventana completa. Quinn no estaba segura de cómo se sentiría Jonah al saber que no estuvo ahí para terminar las piezas finales, pero pensó que Rachel sabría cómo tratarlo.

— Parecéis como si hubieseis estado despiertos toda la noche. — Dijo una voz detrás de ellos.

Volviéndose, Quinn vio al Pastor Harris parado en la entrada. El Pastor Harris estaba apoyado en su bastón. Estaba usando un traje —probablemente para el domingo en su servicio de la iglesia— pero Quinn notó unas horribles cicatrices en el dorso de la mano, y supo inmediatamente que se extendían por sus brazos. Recordando el fuego en la iglesia y el secreto que ha guardado todos estos meses, encontró imposible mirar a los ojos del pastor.

— Hemos estado terminando la ventana. — Dijo Rachel con la voz ronca.

El Pastor Harris se acercó a la ventana.

— ¿Puedo?

Rachel asintió.

— Por supuesto.

El Pastor Harris entró al taller, moviéndose lentamente. Su bastón golpeaba contra el suelo de madera mientras se acercaba. En la mesa, su expresión cambió de curiosidad a asombro. Apoyándose en su bastón, recorrió su callosa y cicatrizada mano sobre la vidriera.

— Es increíble. — Él respiró — Es más hermosa de lo que hubiera imaginado posible.

— Mi padre y Jonah hicieron todo el verdadero trabajo. — Dijo Rachel — Nosotros sólo ayudamos a terminarla.

Él sonrió.

— Tu padre estaría muy complacido.

— ¿Cómo ha ido la iglesia? Sé que a mi padre le encantaría ver la ventana en su lugar.

— De tu boca a los oídos de Dios. — Se encogió de hombros — La iglesia no es tan popular como alguna vez fue, así que no hay muchos miembros. Pero tengo la impresión de que funcionará. — Por su expresión ansiosa, Quinn supo que Rachel se preguntaba si la ventana sería instalada a tiempo. Pero tenía miedo de preguntar — En todo caso, tu padre está mejor. — Dijo el Pastor Harris — Debería salir del hospital pronto, y tú deberías ser capaz de visitarlo esta mañana. No le echaste mucho de menos ayer. Estuve casi todo el día sentado en su habitación solo mientras le hacían sus pruebas.

— Gracias por estar con él.

— No, cielo. — Dijo. Él miró a la ventana nuevamente — Gracias a ti.

El taller estaba tranquilo mientras el Pastor Harris se iba. Quinn lo vio irse, incapaz de sacarse la imagen de las cicatrices de su cabeza.

En el silencio, estudió la ventana, golpeada por el trabajo necesario para hacer una nueva, una ventana que no debería ser remplazada. Pensó en las palabras del pastor y en la posibilidad de que el padre de Rachel quizás no viviera para ver la ventana instalada.~

Rachel estaba perdida en sus propios pensamientos cuando Quinn se volvió a mirarla. Sintió colapsar algo en su interior, como un castillo de naipes.

— Hay algo que debo decirte.

Una vez sentadas en la duna, Quinn le contó todo desde el principio. Cuando terminó, Rachel parecía confundida.

— ¿Estás diciendo que Santana inició el fuego? ¿Y que tú la has estado protegiendo? — Su voz sonó con incredulidad — ¿Has estado mintiendo por ella?

Quinn sacudió su cabeza.

— No es de ese modo. Te dije que fue un accidente.

— Eso no importa. — Los ojos de Rachel buscaron los suyos — Accidente o no, ella necesita hacerse responsable por lo que hizo.

— Lo sé. Le dije que fuera a la policía.

— ¿Pero qué si no lo hace? ¿Vas a seguir encubriéndola para siempre? ¿Dejar que Marcus siga controlando tu vida? Eso está mal.

— Pero ella es mi amiga…

Rachel saltó sobre sus pies.

— ¡El Pastor Harris casi muere en ese incendio! Pasó semanas en el hospital. ¿Sabes lo dolorosas que son las quemaduras? ¿Por qué no le preguntas a Blaze cómo se siente? Y la iglesia… sabes que él ni siquiera puede reconstruirla… ¡y ahora mi padre nunca vera la ventana donde es su lugar!

Quinn sacudió su cabeza, tratando de mantenerse calmada. Podía ver que esto era demasiado para Rachel…, su padre, su inminente partida, su cita con el tribunal de justicia.

— Sé que estuvo mal. — Dijo ella tranquilamente — Y me he sentido culpable por eso. No podría decirte cuántas veces he querido ir a la policía.

— ¿Y qué? — Demandó ella — ¡Eso no significa nada! ¿No me escuchaste cuando te hablé sobre admitir en el tribunal de justicia lo que había hecho? ¡Porque yo sabía que lo que había hecho estaba mal! La verdad sólo significa algo cuando es difícil de admitir. ¿No lo entiendes? Esa iglesia era la vida del Pastor Harris, ¡era la vida de mi padre! Y ahora se ha ido, y el seguro no cubrirá el daño y ellos tienen que hacer los servicios en el almacén…

— Santana es mi amiga. — Quinn protestó — No puedo simplemente… tirarla a los lobos.

Rachel parpadeó preguntándose si Quinn escuchaba lo que estaba diciendo.

— ¿Cómo puedes ser tan egoísta?

— No estoy siendo egoísta…

— Eso es exactamente lo que eres, y si no puedes entender eso, entonces no quiero hablar contigo. — Dijo Rachel. Se volvió y comenzó a caminar hacia la casa — ¡Solo vete! ¡Déjame!

— ¡Rachel! — Quinn la llamó, tratando de seguirla.

Rachel sintió su movimiento y giró para mirarla.

— Se acabó, ¿de acuerdo?

— No, no se acabó, vamos… sé razonable…

— ¿Razonable? — Rachel agitó sus manos — ¿Quieres que sea razonable? ¡No has estado mintiendo solo para Santana, me has estado mintiendo a mí también! ¿Sabías por qué mi padre hacía la ventana! ¡Estuviste de pie directamente a mi lado y nuca dijiste nada sobre esto! — Sus palabras parecían clarificar algo en su mente, y dio otro paso hacia atrás — ¡No eres quien yo pensaba! ¡Pensaba que eras mejor que esto! — Quinn se estremeció, incapaz de pensar en una respuesta, pero cuando dio un paso adelante, ella retrocedió — ¡Vete! De todos modos te irás, y nunca nos veremos otra vez. El fin del verano siempre llega, podemos conversar y pretender todo lo que queramos, pero no podemos cambiar las cosas, así que sólo termínalo aquí, ahora. No puedo aguantar todo esto ahora mismo, y no puedo estar con alguien en quien no confío. — Sus ojos brillaban con lágrimas no derramadas — No confío en ti, Quinn. Necesitas irte. — Quinn no se pudo mover, no podía hablar — ¡Vete! — Ella gritó y corrió de vuelta a casa.

Esa noche, su última noche en Wrightsville Beach, Quinn se sentó en el estudio, aún tratando de darle sentido a todo lo que había pasado. Levantó la mirada cuando su padre entró.

— ¿Estás bien? — Preguntó Russel — Estabas un poco callado en la cena.

— Sip. — Respondió Quinn — Estoy bien.

Su padre se movió al sofá y Russeló asiento frente a ella.

— ¿Estás nerviosa por dejarnos mañana?

Quinn sacudió la cabeza.

— No.

— ¿Empaquetaste todo? — Quinn asintió y sintió a su padre estudiándola. Se inclinó hacia delante — ¿Qué está pasando? Sabes que puedes hablar conmigo.

Quinn se Russeló su tiempo antes de responder, repentinamente nerviosa. Finalmente, miró a los ojos de su padre.

—Si te pidiera que hicieras algo importante por mí, algo grande, ¿lo harías? ¿Sin hacer preguntas?

Russel volvió a su lugar, aún estudiándola, y en el silencio, Quinn supo cuál sería su respuesta.

Bueno acá un Cap. más espero y les guste ya empezó el drama lamento informarles… pero pues así es la historia….

Lo he subido porque me siento feliz porque la señorita Dianna Agron puso como favorito el Tw de Lea….

Que tengan una lindísima noche…

Y si dios quiere nos leemos mañana…