Hola...

Sorpresa, sorpresa. Incluso para mi. Hoy empece a escribir este outtake que les habia prometido, la cena con los Cullen, y aqui esta. El proximo sera la cena con Bella.

Espero lo disfruten!

DISCLAIMER: todos los personajes e historia que reconozcan de Crepusculo son obra de Stephenie Meyer, lo demás es mío!


La cena

Bajé del autobús con un sentimiento extraño rondando por toda mí cabeza, incluso podía sentirlo en cada hueso de mí cuerpo, recorriendo cada vena colocándolo hasta en el rincón más lejano dentro de mí. No estaba seguro que significaba, pero lo había sentido justo en el momento en que Bella había aceptado salir conmigo. Había sido relativamente fácil, aunque claro, me debía. Y aunque no hubiera sido así, me hubiera encargado de que aceptara. ¡Dios! Hubiera hecho lo que sea con tal de que aceptara salir conmigo, aunque solo fuera una vez.

Pero afortunadamente había dicho que sí. Claro que había dicho que sí, después de todo ella había sido quien me mordió.

Eso había sido totalmente inesperado, y agradecía a mí madre y lo que sea que le había pasado a mí Volvo que me habían causado subirme a ese autobús y encontrarme con Bella. Por supuesto, nunca me habría imaginado conocer a una chica después de que me mordiera, lo más insólito del caso, me mordiera el trasero.

Esa cita con Bella prometía ser muy interesante.

Era la chica más bonita que había visto, había algo en ella, no tenía la belleza usual u obvia que otras tenían, lo que la hacía más única. Su rostro no era el que veías en revistas – lo cual era una pena – ni en los desfiles de modas, esa forma de corazón que te atraía como a un imán, y su piel lucía tan suave y perfecta que apenas me había contenido de tocarla, realmente esperaba poder tocarla cuando la viera de nuevo. ¡Y esos ojos! Ni siquiera me atrevía a pensar en ellos por miedo a perderme en ellos y olvidar que estaba caminando, dirigiéndome a casa de mis padres.

Sacudí la cabeza, tratando de aclararme un poco. Estaba a menos de tres minutos de mí antiguo hogar. Había pasado solo tres años desde que había dejado la casa en la que había nacido y crecido, para alcanzar el futuro que me esperaba.

Ser doctor había sido lo que siempre había querido, había añorado serlo desde que tuve razón suficiente para entender que Carlisle eso era, y eso había sucedido cuando cumplí los cinco años.

El celular sonó a un minuto de mí llegada, ya podía ver la casa desde este lugar, pero aun así contesté, sabiendo que Esme me ahorcaría sino lo hacía, sin importar si estaba a cincuenta segundos de cruzar la puerta de la entrada, o cincuenta días.

Ring… ring…

"Mamá," contesté simplemente.

"¿Dónde estas, hijo?"

Huh, directo al punto, me daba cuenta.

Suspiré. "Estoy exactamente a 20 segundos de tocar la puerta, mamá."

"Oh," Esme dijo, un muy ligero tono de vergüenza. "Bueno, entra sin tocar."

"Claro," respondí entre risitas.

Y así lo hice, mientras terminaba la llamada, mi mano tocó la perilla y la giré, entrando sin tocar justo como Esme me había pedido, u ordenado también.

Y en cuanto la puerta estuvo abierta, me asaltó el olor a comida.

Esme era la mejor cocinera que jamás había conocido. Sus platillos eran exquisitos por lo más bajo, y majestuosos por lo más alto. Estaba un poco malcriado cuando de comida se trataba, y estaba seguro que jamás encontraría mejor comida que la de mamá. Ni siquiera los mejores restaurantes de cinco estrellas tenían comparación con la comida que Esme podía crear. No había duda de porque era la escritora de los mejor vendidos libros de comida de la última década.

En cuanto la puerta estuvo cerrada, Esme me llamó. "Edward, en la sala, por favor."

Sacudí la cabeza, sonriendo. ¿Cómo hacía eso? No tenía idea.

Avancé hacia la sala, sin pensarlo dos veces. Ella lo sabría, tenía un sexto sentido que a veces nos asustaba a los hombres Cullen.

Claro que quien más temía el sexto sentido de mamá, era Emmett. Siempre era pillado en lo que sea que estuviera planeando hacer, ya fuera alguna sorpresa agradable o desagradable, Esme siempre lo sabía.

Como aquella vez que le fue encargado hacerse del pastel para la pequeña fiesta de cumpleaños de mamá. Lo había tirado y embarrado la mitad del chocolate en la tapa del pastel y aunque había hecho un trabajo genial en arreglarlo, casi imperceptible, todos nos habíamos enterado de su pequeño accidente, cuando mamá lo había regañado.

¿Cómo lo supo? Nunca lo supimos nosotros.

Emmett había estado aterrado, pero Esme lo había dejado pasar. Claro, nada más había sido dejado pasado.

Como aquel día en que había sido colocado en la banca en uno de los partidos más importantes en su último año de preparatoria por coquetear en medio del partido con una chica. Había sido fuera de casa, en Chicago, y ninguno de nosotros habíamos podido ir con él, pero mamá lo había sabido y Emmett se había llevado una buena regañada por tratar de ocultarlo.

No estaba seguro de que era más tonto, que Emmett no lo dijera y ya, o que tratara de ocultarlo.

Todos sabíamos que Emmett era regañado por qué no lo dijera.

¿Por qué nunca lo decía? Otro secreto más.

"Hola, todos," saludé mientras entraba a la gran sala, viendo a todos ya reunidos.

Emmett tenía una gran sonrisa en su rostro. Sabía que estaba en problemas.

Carlisle sonrió, asintiendo.

Y, ¡Dios!, Esme me miraba con esa mirada que decía: Se lo que pasó.

¡Rayos!

Venía justamente pensando en su sexto sentido, y no se me había ocurrido pensar que sabría que había pasado camino a casa.

Sonreí, ignorando lo que mí cabeza me gritaba.

"Edward, hijo, finalmente llegas," Esme dijo, su tono no contenía nada de reprensión.

Asentí. "Lo siento. El transporte público es una locura."

Emmett asintió como loco. "Lo sé, hermano. Dímelo a mí."

Arrugué la frente. ¿Qué tenía Emmett que hacer en un transporte público? No dejaba ni loco su preciado Jeep. Después de pensarlo un momento, decidí que no quería saber.

"Bueno, pero ya estas aquí," Esme nos interrumpió. "A cenar ahora, la cena ya esta lista."

Me volví hacia ella, y me encamine para saludarla propiamente.

Me incliné, "Hola mamá," y coloqué un suave beso en su frente. "Lamento la tardanza."

Esme me sonrió dulcemente. "Esta bien, Edward, lo entiendo."

Emmett hizo un sonido quejumbroso, como un chillido tras nosotros. "Pero ma," volteamos a verlo, y sí, parecía un chiquillo de cinco años. "Yo llegué aquí hacia media hora, y me gané un regaño. ¿Y Edward no?"

"Emmett Cullen," mamá pronunció su nombre como solo ella sabía hacerlo. "Te pedí que llegaras hace una hora y media con el postre. Llegaste una hora tarde. No empieces."

Mi hermano solo hizo un puchero, y murmuró. "Edward siempre se sale con la suya."

Mamá sonrió, y me dio unas palmaditas en la cabeza. "Edward nunca ha hecho nada que merezca una reprimenda, Emmett. Deberías aprender de él."

Esme siempre decía lo mismo, pero ambos Emmett y yo sabíamos que los dos éramos su favorito.

"Pa," Emmett lloriqueo. "Defiéndeme."

"Oh, no," Carlisle dijo, sacudiendo la cabeza mientras sonreía. "A mí déjenme fuera de esto. Tú y tu hermano arréglenselo con su madre."

Esme sonrió encantada. "Oh, ustedes saben que son mis favoritos."

Emmett y yo nos volteamos a ver, sonriendo, también. Lo sabíamos, era cierto.

Esme se puso en pie, y señaló a Emmett para que se acercara, y al estar a su alcance lo abrazo junto conmigo. "Amo a mis dos muchachos de igual forma, con todo mi corazón.

"Y nosotros te amamos, también, mamá," Emmett y yo dijimos al mismo tiempo.

"De acuerdo," Esme murmuró, separándose de nosotros. "Vayamos a cenar," dijo colocando un beso en nuestras mejillas.

Carlisle ya esperaba por nosotros, así que Emmett y yo los seguimos.

Había notado algo extraño en las llamadas e insistencia de Esme por esta cena, desde hace una semana cuando nos había exigido tanto a Emmett como a mí que tuviéramos esta noche desocupada para esta cena. Lo había notado, y casi había sabido que había algo detrás de esto, que Esme algo tramaba, claro que nunca me hubiera imaginado que Carlisle también estaba detrás de esta cena.

Arrugué la frente, al mismo tiempo que Emmett chiflaba con emoción.

Voltee a verlo, aun con el ceño fruncido. "¿Qué demonios?" siseé a su dirección.

"Edward Cullen," mamá me regañó.

"Yo no hice nada," Emmett se escudó detrás de mí, defendiéndose, aunque claramente Esme se dirigía a mí, y no a él. Tonto.

"¿Qué pasa aquí?" pregunté un poco a la defensiva.

Esme alzó sus delicadas cejas, un claro signo de que me estaba pasando de la raya.

"Cuida tu boca, jovencito," murmuró, usando el mismo tono que cuando teníamos doce años en plena etapa de rebeldía. "Y siéntate, ya les diremos que pasa."

La mesa estaba cubierta completamente de todos aquellos platillos que a lo largo de nuestras vidas habían sido incluidos como los favoritos de Emmett, Carlisle y míos, incluso algunos de Esme. Nada más, así que eso solo podía significar que venía una plática seria con nuestros padres, y Emmett era inconsciente de tal cosa.

No estaba seguro de que me agradara.

"Hay una razón por la cual insistimos…"

"Insististe," papá le recordó en un murmullo, oculto por tos.

Emmett y yo reímos entre dientes. Había que contar en que Carlisle pondría en evidencia a nuestra dulce madre.

Mamá volteó y le echo una mirada que le decía traidor, antes de seguir. "Bueno, como les decía, su padre y yo tenemos noticias que darles."

"¿Noticias?"

¿Qué podría querer decirnos mamá?

Me estaba muriendo de curiosidad, mientras que Emmett ignoraba estudiosamente a mamá, sirviéndose un poco de comida – un poco, solo porque todos los platillos eran sus favoritos, y estaba tomando algo de todo – mientras yo trataba fuertemente de pensar en alguna opción.

"¿Qué clase de noticias?" pregunté, preocupándome en serio ahora.

"Mmm," Emmett se saboreó. "Esto esta tan delicioso, ma."

Le di un codazo a Emmett en el costado, y la costilla en su mano cayó de regreso al plato. "Pon atención, Emmett."

Carlisle rió entre dientes, lo miró con furia. ¿Qué había de gracioso en esta cena? Él solo sacudió la cabeza en respuesta.

"¿Mamá?"

"Edward, tranquilo, hijo, nadie se esta muriendo," me aseguró, y Emmett se atragantó. Bien. "Son buenas noticias."

"Bueno, ahora tienen mi atención completa," Emmett anunció. "¿Qué esta pasando aquí?"

"Ya era hora de que te interesaras," le dije.

"Basta, muchachos," Carlisle finalmente parecía formar parte de la conversación, o argumento. "Dejen hablar a su madre."

Emmett y yo asentimos.

"Lo siento, mamá," le pedí tímidamente.

Esme sonrió dulcemente, asintiendo. "No te preocupes, hijo."

"Bueno," Emmett intervino. "Entonces, ¿qué pasa?"

Mamá suspiró profundamente, dudando por unos segundos. Volteé a ver a Carlisle, pero lucia muy tranquilo, mamá solamente lucia nerviosa.

"Carlisle me ha pedido que nos casemos de nuevo," su voz se tornó un poco de ensueño.

Mi boca se abrió de golpe. "¿Cómo que otra vez? ¿Una vez no es suficiente?"

Carlisle se aclaró la garganta. "Bueno, no casarnos de nuevo exactamente. Sino que renovaremos nuestros juramentos. Festejaremos nuestras Bodas de Plata en unos meses, así que se lo propuse, y su madre aceptó."

"Claro que acepté," Esme resopló. "¿Por qué no lo haría?"

Papá soltó una carcajada. "Así es."

Emmett y yo nos miramos el uno al otro con alivio. Estaba seguro que había exagerado, pero nunca me hubiera imaginado que eso era lo que tenían que decirnos.

Solté una carcajada yo también, seguido por Emmett, y luego todos estábamos carcajeándonos.

Cuando nos calmamos, tuvimos que secar las lágrimas que habían recorrido nuestros rostros por las risas que parecía que nunca iban a terminar. Me levanté rápidamente y me dirigí a mamá, abrazándola antes de decirle "Felicidades, mamá," como si esta fuera la primera vez. Se iban a casar, y por primera vez los acompañaríamos.

Emmett me siguió, y mientras felicitaba a mamá, fui con papá.

"Pensé que nunca se lo pedirías," bromee con él, riendo ambos de lo ridículo que sonaba.

"Realmente estoy feliz por ustedes," les dije cuando nos hubimos calmado nuevamente, todos de regreso en sus lugares. "¿Cuándo será la boda?"

Esme sacudió la cabeza. "El mismo día en que nos casamos la primera vez, claro."

Claro que sabía eso. Lo que no sabía era la fecha exacta. No esperaban que la tuviera memorizada, ¿o sí?

"Claro que sí," dije rodando los ojos. "¿Y eso es…?"

Esme rió. "En seis meses, Edward, exactamente."

"¿Bromeas?" pregunté incrédulamente. "Concibieron a Emmett apenas, ¿Qué? ¿Un mes de casados?"

Carlisle sonreía orgulloso, y ¡Esme se había puesto colorada!

Emmett soltó una de sus sonoras carcajadas, golpeando ligeramente la mesa con su puño, su boca llena de comida, que no quería ver en esas condiciones. "Geeenial," murmuró, mientras masticaba su comida, afortunadamente.

"Así es," Esme respondió, y el brillo en sus ojos cambió. ¡Rayos!

Me metí rápidamente una cucharada completa de comida a la boca, saboreándola. Estaba delicioso, no era una sorpresa.

"¿Qué pasó en el camino a casa, Edward?"

¿Por qué tenía que tener ese sexto sentido?

Sacudí la cabeza. Me negaba a hablar de eso. No iba a contarle a mamá que una chica me había mordido en el trasero para poder abordarme, y que además de todo, la había invitado a cenar el viernes. No, no lo haría.

"Nada," murmuré sin levantar la mirada.

"Edward Cullen," Esme me llamó, su voz flameaba. No se rendiría, yo tampoco

Era la segunda vez que me llamaba por mi nombre, la tercera sabía que pasaría.

"¿Qué?" mi vista aun pegada en el plato de comida frente a mí.

Esme suspiró audiblemente. "Edward Anthony Cullen Masen," me estremecí. "Me dirás que pasó en ese autobús camino a casa, ahora mismo."

"No," le respondí, sacudiendo la cabeza.

Y estaba seguro que había cruzado la línea. "¿Es una chica, verdad?"

"Esme," Carlisle le advirtió. Pero mamá era implacable.

"Silencio, Carlisle," Esme gruñó. "Edward me lo dirá, lo sé."

"Mamá, por favor," le pedí, apenas levantado mis ojos, mirándola desde entre mis pestañas.

"Edward ligó a una chica," Emmett, el gran Tonto, gritó con emoción y duda.

"Nada de burlas, Emmett Cullen," Esme le exigió.

"Aww," mí gran tonto hermano sonaba decepcionado. "Bien."

Sentí la mano de Esme en mi hombro, y levanté la mirada. Allí estaba, parada a mí lado, con una mirada tan gentil y simpática, que tuve que sonreírle. Con la cabeza me indicó que la siguiera y así lo hice.

Esme entró de regreso a la sala, y sentó, palmeando el lugar a su lado para que la acompañara.

"¿Qué pasó?"

Suspiré. "Sí conocí a una chica, eso es todo."

"No, no lo es, cariño."

"No, no lo es," sacudí la cabeza. "¿Cómo lo haces, mamá?"

Esme sabía a qué me refería.

Sonrió. "No es nada especial, hijo. Es el sexto sentido que todas las madres tenemos. Sabemos cuando algo molesta a nuestros hijos, cuando algo los hace felices o no. Y tú, mi querido hijo, llegaste radiante de alegría. Y no tengo idea porque, bueno, no por completo. Así que, dímelo."

Reí.

¿Ese era el secreto detrás de su sexto sentido? Geeeenial, como había dicho Emmett.

"La vi en el autobús," empecé a contarle, aunque no estaba seguro que tanto le diría. "Es la chica más bonita que he visto, mamá."

Esme sonrió. "¿Hablaron?"

Resoplé. "Más que eso."

"Edward," Esme me reprendió, de nuevo. ¿Qué pasaba conmigo? Se suponía que yo era el que nunca era regañado, mi conducta era casi inmaculada, aburrida a comparación de la de Emmett.

"No me refiero a nada de lo que estaba pensado tu sucia mente," bromee con ella.

Esme se sonrojó, y recordé el hermoso sonrojo que Bella había mostrado. "Cuéntame más."

"La invitee a cenar el viernes."

"¿Así nada más?" Esme sonaba a que no estaba convencida. "¿Cómo te le acercaste?"

"Bueno," murmuré, jugando con la orilla de mi camisa en mi regazo. "Ella fue quien se me acercó, técnicamente."

"¿Cómo esta eso?"

"Es que… no fue muy convencional la forma en que nos conocimos."

Esme arrugó ligeramente su frente. "No entiendo, Edward."

Sonreí. "Sí, bueno… ella… uh… ella me…"

"Edward, ¿qué estas tratando de decirme?"

Me rendí. "Ella mordió mi trasero, mamá."

Esme jadeó, y no me atreví a levantar la mirada.

Pero entonces una carcajada salió de sus labios, sus ojos rápidamente tornándose llorosos, y luego lagrimas rodaban por sus mejillas, sus manos sostenían su estomago como si le doliera, su rostro rojo del esfuerzo que estaba haciendo por contenerse, sin tener mucho éxito.

"Oh… oh, Dios," Esme aun no podía parar, pero ya estaba más controlada. Yo estaba desconcertado. "Eso es… eso es tan original."

Parpadee una vez. ¿Original?

Sí, bueno, tenía que aceptar que lo había sido. No lo había visto desde ese punto de vista, pero tenía razón.

"¿Eso es todo lo que tienes que decir?"

Esme finalmente calmó su risa, y asintió. "Tengo que conocer a esa chica."

La sangre abandonó mi rostro, estaba seguro, la sentía fría de repente. ¿Conocerla? Debía estar bromeando. Pero conocía a mí madre, y sabía que no lo estaba. Pero yo ni siquiera la conocía, era imposible que la trajera a casa de mis padres después de una sola cita, que podría o no ir bien.

"Ya veremos," le dije simplemente.

"¿Y cuál es su nombre?"

Sonreí. "Bella. Bella Swan."

"Es un nombre muy bonito," Esme comentó. Yo solo asentí, una vez más perdido en mis pensamientos sobre ella, deseando que el tiempo corriera más rápido, y el viernes llegara ya.


Que les parecio?

Hasta yo creo que algun dia esta se podria volver una historia larga, pero por mientras nos quedaremos con estos outtakes. Y si tienen sugerencias, cosas que querrian ver o leer para la cena de Edward y Bella, no duden en decirme, las considerare! :)

Gracias por leer, y por sus reviews, favoritos y alertas.