No es que estuviera segura de estar enamorada de Dianna, de lo que sí que estaba segura, o al menos eso creo, es de tener cierta curiosidad por ella. Despertarse y tenerla al lado, poder besarle, o incluso, poder hacer el amor con ella, aunque eso me daba más respeto, no estaba segura de poder hacer algo así con una mujer, con Dianna.
Le había comentado a Cory más de una vez que necesitaba salir por un tiempo de este mundo pero como casi siempre pasaba, decía que no podía desaparecer ahora porque estábamos en la cima y luego costaría mucho volver a subir, pero ahora mismo no podía seguir en la cima porque si seguía mucho más caería y entonces ya no volvería a subir en la vida.
Como casi todas la noches estaba en casa con Cory cenando.
-Oye cariño, esto está buenísimo, si no fuera porque eres una actriz increíble te podrías dedicar a la cocina perfectamente. –Dijo Cory mientras devoraba el plato.
-Cory, no voy a pasar más del tema. – Dije mirando hacia en plato.
-¿De qué hablas cariño? Lo digo en serio, cocinas genial. – Es que mira que era tonto.
-Cory quiero dejar por un tiempo glee y la fama. – Dije ahora mirándole seria.
-Lea, ya hemos hablado de eso varias veces.
-Lo sé, por eso mismo lo voy hacer, ya me da igual todo, estoy harta de pensar siempre por los demás y no por mí. No puedo dar más de mí, estoy derrotada.
-¿Y qué piensas hacer? – Preguntó comprensivo.
-Hablaré con Ryan y con los productores para que de alguna forma no aparezca en algunos capítulos o que hagan un gran parón, pero eso no me parecería bien, así que les diré que descansen de Rachel por un tiempo.
-Sabes lo que te dirán, ¿no?
-Sí, pero me da igual, he dado todo por mi fama, he hecho lo imposible por glee, creo que no estaría de más que me dejase descansar.
-Estoy contigo amor, quiero que a pesar de todo estés bien, te quiero, por eso… - El móvil de Cory sonaba. – Eh… Tengo que cogerlo cariño, a-ahora vuelvo.
Creo que no hace falta decir que esto me preció rarísimo, ¿Por qué se puso tan nervioso, por qué se fue a hablar a otra parte? Hacía ya días que Cory se comportaba de manera extraña, había momentos en los que se ponía nervioso como un adolescente en el día de un examen final, o simplemente me trataba de otra manera.
Pasaron cinco, diez y hasta quince minutos hasta que Cory aparecía por la puerta.
-Lo siento mucho cariño. – Dijo sentándose de nuevo.
Ahora era todo lo contrario, estaba sonriente y muy feliz, se lo podía notar, yo era experta en saber lo que la gente sentía sin necesidad de que dijeran ni una palabra.
-Bueno amor, con lo que iba… -Se quedó callado durante unos segundos, eternos para mí. - Nos vamos a Irlanda.
¿A Irlanda? ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué me he perdido? Había veces que no entendía a Cory.
-Eh… ¿A qué te refieres cariño?
-¿No dices que estas cansada de la fama? Pues ya está, he hablado con Ryan, nuestros representantes y con todos para irnos un mes a Irlanda del Norte para que descanses y vuelvas a ser la Lea de siempre.
Había momentos, como este, lo cuales me hacían ver porque estaba con él. Te trataba de tal manera que te hacía sentir tan especial… te sentías tan querida con él a tu lado que estoy segura que cualquier mujer querría tenerlo a su lado. No digo que fuese perfecto, tenía sus cosas malas, como todos, pero con cosas como estas las dejabas pasar y se te olvidaban, solo te dejabas enloquecer por sus locuras.
-¿Qué, qué pasa? ¿No te gusta la idea? Si no te gusta podemos…
-Me encanta la idea Cory, es… es perfecto. –Dije mirándole a los ojos con gran devoción.
-Pues espera que eso no es lo mejor. Los chicos de glee también se vienen. – Dijo ilusionado.
Me pensaba que no podía ser mejor. Me equivocaba. Si algo amaba de glee eran ellos, todo el cast, eran como mi segunda familia, eran mi familia. Tantos momentos juntos, unos bueno y otros malos, pero a pesar de todo nos queríamos. Siempre andábamos juntos, si uno estaba en Francia rodando y alguien pasaba cerca siempre nos pasábamos a ver como estábamos. Han sido mi gran consuelo muchas de las veces.
-¿En serio cariño? – Asintió. – No me lo puedo creer, va a ser… va a ser perfecto. – Iba a ser perfecto, estaba segura.
-Pues yo de ti me iría haciendo la maleta ya por que en menos de… - Miró su reloj. – De quince horas nos vamos al aeropuerto. – Dijo mientras recogía la mesa.
-¿Qué? ¿Pero ya está todo preparado? ¿Ya… ya está todo? – Dije siguiéndole a la cocina.
-Pues claro, llevo un mes preparando todo, desde que me dijiste que necesitabas descansar.
Rectifico, es perfecto, el novio perfecto.
Creo que pasaron milésimas de segundo desde que dijo eso y me lancé a sus brazos. Estaba realmente feliz, y él sabía cómo hacerlo. Esta noche le iba a recompensar por todo lo que había hecho por mí, pero no solo está, sino todas las que pasásemos allí.
Seis de la mañana y yo ya estaba más que preparada. El avión salía a las diez así que desperté a Cory y a las nueve ya estábamos allí para facturar.
Habíamos tenido mucha cautela con que nadie se percatara de nuestra presencia y mucho menos de que íbamos a ir a Irlanda, quería descansar, no tener que soportar a más paparazis pero en un lugar diferente.
El viaje se me hizo realmente largo, quería llegar ya, por lo que me había contado Cory, no alojaríamos todos en un mismo edificio, bueno, realmente era un hotel de tres pisos, todo reservado para nosotros y en medio de un gran campo de flores y alguna granja que otra. Estábamos a unos quince kilómetros del pueblo y aunque estaba lejos no nos importaba, íbamos allí para descansar y alejarnos de toda la sociedad, así que en el fondo nos hacía bien.
Escuchando a Barbra en el coche llegábamos. Era lo más bonito que había visto, todo era verde, animales correteando por sus libres anchas, algún que otro ciudadano paseando, andando o en bicicleta, esto, esto era lo que necesitaba y lo sabía.
Aparcamos y vimos que ya había varios coches, y eso solo quería decir una cosa, los chicosya habían llegado.
Cory saco las dos grandes maletas que llevamos y nos dirigimos hacia la entrada principal.
-Hola – Dijo un Cory sonriente a la recepcionista.
-Buenos días, ustedes son… - Consulto unos papeles. – Cory Monteith y la señorita Lea Michele, ¿verdad?
-Sí.
-Pues es la habitación setenta y cinco. – Dijo entregando una tarjeta. – Los demás chicos están en la terraza, por si quieren reunirse con ellos.
-Oh, claro, muchísimas gracias. –Dije.
-A ustedes. – Dijo retirándose.
-Dios Cory, esto me encanta, era lo que necesitaba, gracias cariño.- Dije dándole un beso.
-Vamos a dejar las maletas y los saludamos, ¿vale?
-Sí.
Subimos, dejamos las maletas, me arregle un poco el pelo y después de las varias insistencias de Cory diciéndome que estaba preciosa y que bajásemos ya, bajamos.
Después de preguntar dónde se encontraba la terraza fuimos y desde lejos ya se podía ver a Darren haciendo el tonto junto a Naya y sinceramente me alegre de verlos, hacía ya un mes que no los veía ya que yo me encontraba en New York rodando y ellos en Los Ángeles.
-No maduráis eh. – Dije apartando la cortina semitransparente.
-Por fin estáis aquí, ya pensábamos que no llegaríais. – Dijo Naya acercándose a nosotros muy sonriente.
-Yo faltar a estar todo un mes con vosotros… Vaya tontería. – Dije dándole un abrazo a Naya y después a Darren.
-Bueno, ¿Qué tal estáis? – Dijo Amber acercándose a saludarnos.
-Pues genial, y estando aquí mejor todavía.
Fui saludando a todos uno por uno preguntándoles un poco a todos que tal estaban y contándoles un poco de mi vida. La terraza era bastante grande y en el final tenía unas pequeñas escaleras las cuales te llevaban a una gran piscina y después al mismo prado.
De repente oí una voz que conocía de sobra venida de unos metros más lejos, en el prado. Tenía miedo de mirar hacia allí, me había bloqueado, esto no estaba dentro de mis planes, ni si quiera sabía que ella estaba dentro de el plan. Después de unos segundos inconscientemente miré hacia donde se encontraba y al parecer estaba hablando por el móvil. Llevaba un vestido blanco el cual no dejaba mucho a la imaginación ya que su corte terminaba en la rodilla. Esa era una de las cosas que la caracterizaba, a pesar de tener un cuerpo de escándalo y poder presumir de el todo lo que quisiese y más, ella jamás lo hizo.
Mientras que los demás hablaban animadamente yo no le quitaba ojo, hacía tiempo que no veía, además de que sus salidas en glee cada vez eran más escasas debido a sus otros proyectos, yo estaba en New York y ella en Los Ángeles. Hacia unos tres o cuatro meses que no la veía, que no sabía nada de ella, que no hablaba con ella, que ni si quiera me percataba de su presencia en el mundo, y como siempre, estaba increíblemente guapa, ahora su pelirrojo pelo el cual le quedaba mejor todavía.
Había desaparecido del mundo real y me había metido en otro en el cual solo existía ella. Cuando me quise dar cuenta, ya había colgado y su mirada se clavaba en la mía. ¿Qué hacer en casos como este? La vida no te ensaña estas cosas, simplemente te jodes cuando pasan. Después de unos minutos así simplemente me dedicó una pequeña y forzada sonrisa para dirigirse hacia aquí. Para cuando ella llegó ya me pude meter en la conversación de los chicos para disimular un poco aunque ya se hubiese dado cuenta de todo.
