Cada segundo que pasaba era una eternidad para mí. Si no contestaba lo que fuese ya, juraría que explotaría.

-No. – Dijo al fin.

¿Todo ese sin fin de esperar para un simple y asqueroso no?

-¿Estás bien? – Le pregunté.

-Sí. – Ahora ya directamente me contestaba sin mirarme.

-¿Piensas parar de contestarme con monosílabos? – Me estaba poniendo nerviosa.

Ahora simplemente movió sus hombros. Qué chica más complicada. Me acerqué y me puse delante de ella. La miraba a los ojos pero ella no me dejaba, no para de mirar al suelo. Miré mi reloj.

-Faltan unos cuatro minutos para que terminen los fuegos artificiales, tú decides, nos quedamos aquí y te obligo a que me digas que te pasa o vamos rápido y vemos el final que siempre es lo mejor. – Dicho esto me miró a los ojos.

Ese afán de mirarle los ojos que siempre he tenido porque siempre he pensado que eran únicos además de preciosos estaba desapareciendo, esos no eran sus ojos. Sus ojos me brindaban siempre una calidez y una seguridad que me obligaban a mudarme en ellos, pero ahora no encontraba nada de aquellos ojos.

-No es necesario que hagas esto.

-No lo hago por necesidad, lo hago porque quiero.

-¿Por el mismo motivo que has pasado de mi todo este año? – Oh Dios, sabía que este momento iba a llegar, aunque nunca pensé que con esa intensidad.

Me dolió tanto la forma en que lo dijo que noté como mis ojos empezaban a arder. Y es que tenía toda la razón del mundo.

-Lo siento, no pretendía… - Dijo de la nada.

-Tienes razón, yo… - Me cortó.

-Vamos a ver el final, ¿vale? Solo, olvídalo.

Lo que más me dolía era con la frialdad que me hablaba, eso fue la gota que colmó el vaso para que mis ojos se convirtiesen en dos cascadas.

-No me hagas esto Lea…

-Lo siento…

Los fuegos artificiales dejaron de sonar.

-Creo que es un poco tonto que volvamos ya. – Dijo mirando al cielo.

-Sí… - Yo seguía intentado secar todas las lágrimas que me salían, pero no había manera de parar ese sin fin. Me di la vuelta y de mi bolsillo saqué las llaves del coche de Darren que no le había devuelto. Me senté en asiento del copiloto buscando en la guantera algún paquete de pañuelos, pero nada, ahí había de todo menos pañuelos, un bote de gomina, tres pares de gafas de sol e incluso un paquete de galletas oreo. De repente noté como Dianna abría la puerta del piloto y se sentaba cerrando la puerta a su vez.

-Toma. – Dijo dándome un pañuelo.

-Gracias. – Dije en susurro.

-Lo que has visto antes no era… - Le corté.

-¿Lo que parecía? – Reí sarcásticamente. – Yo creo que sí.

-No tienes derecho hablarme así.

- ¿Así, cómo?

-Como si hubiera hecho algo malo.

-Lo que has hecho, ha sido una irresponsabilidad por tu parte, os podrían haber visto.

-En todo caso ese habría sido mi problema.

-Solo me he preocupado.

-Es que eres muy egoísta.

-¿Egoísta? – Yo egoísta, que risa.

-Sí, egoísta. Desapareces de un día para para otro, pasas de mí, ni si quiera me diriges la palabra, pero yo aun así te sigo saludando y diciéndote de quedar pero tu nada, te dedicas a poner excusas absurdas, hasta que al final te vas New York a rodar, pasan cuatro meses de los cuales no tengo ni una sola noticia de ti, y ahora vienes como si nada y encima me dices que he sido una irresponsable por haberme liado con Chord. ¿A ti de que te parece eso?

Simplemente me dediqué a no contestarle, pero porque sabía que en el fondo tenía razón.

-¿Qué pasa, que otra vez piensas dejar de hablarme? ¿No has tenido suficiente con cuatro meses? - Su tono iba subiendo. – Que fuerte me parece Lea. Pensé que eras más madura…

-¿Y tú? ¿Qué te crees que estas consiguiendo con todo esto? ¿Eh? – Menos mal que estábamos dentro del coche sino yo creo que ya habrían llamado a la policía por los gritos.

- Qué te des cuenta de lo que me has hecho.

-¿Quieres verme sufrir? ¿Es eso lo que quieres?

-Verte sufrir dice… - Dijo riendo irónicamente. – No sabes las cosas que tendría que hacer para que sufrieses tan solo la mitad de lo que he sufrido yo.

Era inútil, no servía de nada el seguir discutiendo, además de que ya no podía, mis lágrima se apoderaban de mí.

-¿Quieres que me sienta mal al verte llorar?

-Cállate… - Dije de manera casi inaudible.

-No sabes la cantidad de lágrimas que es desperdiciado en ti. - ¿Desperdiciado?

-¡Cállate! – Exploté, no podía seguir oyéndola.

Noté que ahora ya no era la única que lloraba, pude ver un par de lágrimas que se precipitaban de sus ojos.

-Sólo dime… Dime porque lo hiciste. – Dijo en un tono más calmado.

No podía contestar, no se merecía la contestación que le iba a dar. No se lo merecía, y preferiría que pensase cualquier cosa de mí, ya me daba igual todo.

-Genial… - Dijo mientras salía y daba un portazo con la puerta.

Los demás ya venían y vi como Cory paraba a Dianna y le preguntaba que le pasaba. Después de secarme las lágrimas y aparentar que nada pasaba salí.

-Ey cariño, ¿Por qué no has vuelto? – Me pregunta Cory.

-Es que, he- he aprovechado y he llamado a mi madre y después me he quedado hablando con Dianna.

-¿Pasa algo?

-No, claro que no. – Le sonreí y me metí en el coche de Cory.

Mientras que esperaba a que los demás subiesen vi como Naya venía con cara de odio y tristeza a la vez, me preguntaba que le pasaría… Se subió al coche pero como también estaba Cory no me pareció oportuno preguntarle. Después vi como venía Mark y con su brazo por encima de los hombros de Heather. Subían también al coche.

-Paso, me voy al coche de Darren. – Dijo Naya.

¿Qué me he perdido?

-Ey, ¿Qué te pasa? – Le preguntó Heather a Naya antes de que saliese del coche.

-Nada, que prefiero el otro coche.

-Pero yo quiero que te quedes. – Dijo Heather con cara de cachorrito abandonado.

-No, que ya estás muy bien acompañada. – Dicho esto se bajó y otro portazo que sonaba.

Aquí estábamos todos geniales. Y se suponía que estas vacaciones eran para descansar y olvidarse de todo… al final va resultar peor el remedio que la enfermedad.

Después de un interminable camino de vuelta bastante incomodo llegamos cada uno a su habitación y terminado el día. Después de que Cory me preguntase otra vez que me pasaba me fui a dormir. Me fui con algo seguro, si quería que Dianna me perdonase o al menos me hablase me iba a costar lo suyo, y otra, este mes en Irlanda iba a marcar un antes y un después en mi vida, lo sabía.

Apenas había podido dormir, estuve toda la noche pensando en lo ocurrido. Cada vez que cerraba los ojos se me venía en mente toda la conversación que había tenido con Dianna y eso me estaba matando por dentro. Que ella pensase que si me había distanciado de ella había sido porque me había apetecido y no porque lo necesitaba me destrozaba poco a poco el corazón.
Me levanté varias veces a mojarme la cara a ver si me despejaba y al fin poder dormir, pero mis intentos eran en vano.

El reloj marcaba las diez de la mañana cuando desperté. A penas había dormido cuatro horas.
Miré a mi lado y vi que me encontraba sola, Cory no estaba. Después de gritar su nombre por si estaba en el baño encontré una notita encima de la mesilla de dormir.

"He bajado a desayunar, me daba pena despertarte, sé que has pasado mala noche. Si quieres cuando despiertes baja. Te quiero."

Me encantaba cuando Cory se preocupaba de mí y me cuidaba. Pensándolo bien, Cory era un buen partido. Era buen chico, cariñoso, simpático, te comprendía, te mimaba cuando más lo necesitabas, y sobretodo te quería y sabías que jamás te engañaría.

Me duche, me maquillé y por último me vestí, pantalones vaqueros cortos, sandalias y una camiseta de tirantes negra.

Bajé y después de saludar a las diferentes mujeres de la limpieza y recepcionistas fui al comedor.

Estaban todos sentados en una larga mesa, unos levantados cogiendo algo más de desayuno y otros desayunando con el móvil o charlando con los de su alrededor. Pero no estaban todos faltaban dos personas, Naya y Dianna. Nadie me había visto aun así que me escapé y me fui a la habitación de Naya.

Después de preguntar en que habitación se alojaba y si le habían visto bajar, subí. Llamé a la puerta un par de veces, pero nada, nadie contestaba. Insistí de nuevo, pero nada, finalmente, después de insistir veinte veces más abrió. Conocía a Naya, sabía que algo le pasaba y que por eso no había bajado, y aunque no me abriese la puerta sabía que estaba ahí y que finalmente me iba a abrir.

-Mira que eres pesada. – Dijo mientras que abría la puerta.

-Lo sé. ¿Por qué no has bajado? – Le pregunté entrando a la habitación sin tan si quiera esperar a que ella me dejase.

-Adelante eh… No tenía ganas. – Dijo mientras que cerraba la puerta.

-Naya, te conozco, sino no me habría quedado diez minutos tocando a la puerta.

-Me alegra mucho que me conozcas, pero esta vez estas equivocada, no me pasa nada.

-¿Pasa algo con Heather? – Pregunté.

-¿Sabes que odio mucho que me conozcas tanto?

-Vale, ahora cuenta. – Dije.

-No, no hasta que no me cuentes tu qué pasa con Dianna.

-¿Y por qué lo tengo que contar yo primero?

-Pues porque yo descubrí antes que tú que te pasaba algo con Dianna y porque lo tuyo seguro que es mucho menos fuerte que lo mío.

-Pues no sé yo que decirte… - Dije pensando en cómo contárselo.

Iba a empezar a contarlo cuando llamaron a la puerta, Naya fue a abrir y se encontró con Cory.

-Hola, eh… ¿Por qué no has bajado? – Preguntó.

-Otro… No tenía ganas, no, no me encontraba bien.

-Ah, vale, esto… ¿Está aquí Lea?

-Sí, ahí tienes a tu querida. – Dijo abriendo la puerta para que pasase y me fuese.

-Hola cariño. – Dije dándole un beso en los labios.

-Hola. – Respondió después de darme un beso.

-Bueno, a vivir vuestra fantástica historia de amor a vuestra a habitación. – Dijo empujándome para que saliese.

-Espera, espera, Cory ves yendo a la habitación, ahora voy, ¿vale?

-Vale. – Dijo marchándose.

-No creas que te vas a librar de contármelo. –Dije.

-Ni tu tampoco.

-Vale, pues esta tarde como no salimos quedamos tú y yo, ¿vale?

-Vale, a las siete en la recepción.

-Vale. Adiós simpática. – Dije mientras bajaba las escaleras.

-Adiós pesada. – Dicho esto cerró la puerta.

Mientras iba a la habitación pensé en que no solo Naya había faltado al desayuno, Dianna también. Seguramente no quiera verme. No sé cómo comportarme después de nuestra conversación. Si ya quería saber poco de mí antes, ahora no querrá ni verme en pintura. Definitivamente, el hablar con ella como personas civilizadas iba a ser muy difícil y no hablemos de volver a ser amigas.

Llegué a la habitación y vi que Amber y Jenna estaban hablando con Cory.

-Ey, desaparecida, ¿por dónde andabas? Te hemos estado buscando. – Dijo Amber.

-Estaba con Naya, me ha preocupado que no bajase a desayunar.

-Bueno, habíamos pensado en quedar esta tarde noche en la piscina a tomar algo y darnos un baño. – Dijo Jenna.

-Por mí bien, ¿a qué hora? – Pregunté.

-¿Qué os parece sobre las ocho?

-Bien. - Dijo Cory mirándome para ver que a mí también me parecía bien.

Perfecto, quedaba a las siete con Naya, le contaba todo y ella a mí y después a la piscina.

Después de comer, sobre las tres de la tarde Cory se fue con Mark, Chord y los demás chicos a la sala de juegos del hotel, eran todos como niños pequeños.

Aproveché ese tiempo para aclararme un poco las ideas y pensar en cómo le iba a decir a Naya que el distanciamiento que tengo con Dianna desde hace un año es porque creí estar enamorándome de ella y no podía dejar que eso pasase, pero eso era muy fácil pensarlo, pero a la hora de decirlo…