Deciros que esta historia es principalmente Achele, Heya esta añadida porque sinceramente me parece que harían una preciosa y perfecta pareja, pero es secundaria, ahora si que va haber más Heya porque es imprescindible para el seguimiento de la historia, pero no siempre será así, aunque prometo traeros siempre un poco de ellas en cada capítulo.

No sabéis lo mucho que me ha costado hacer este capítulo. Me ha tocado mucho la repentina muerte de Cory y estoy bastante baja de ánimo, era mi favorito de Glee y siempre lo será. He de decir, que sin querer, esto va influenciar en la historia, no puedo portarme mal con Cory en esta historia, es demasiado, así que las que esperáis Achele deciros que llegará, pero todo a su debido tiempo. Que nos haya dejado tan pronto duele mucho, y quería mostrar todos mis respetos aquellos que son fans de Cory, espero que esteis bien. También desde aquí darle ánimo a todos sus familiares, amigos y cercanos a él, no me hago ni una pequeña idea de lo que puede ser perder a alguien así. Este capítulo y todos a partir de ahora se los quiero dedicar a ese chico que nos ha hecho reír con su personaje y con él mismo, por ser tan cariñoso con sus fans, por ser tan jodidamente perfecto y que ahora nos deja, pero siempre va estar para mí por la cantidad de cosas que me ha enseñado y una de ella ha sido perseguir mis sueños. Ha hecho que no decaiga a la hora de luchar por ellos aunque obtenga malos resultados, lucharé y lucharé, principalmente por mí y por aquellos que confiarn en mí, pero sobretodo por él, por que él siempre lo hizo, porque el jamás desistió y llegó a lo más alto. Pienso llegar a los más alto y cuando llegué daré las gracias por todo lo que me ha enseñado, a mí y a miles de personas. Por él y por millones de personas que lucharon y que murieron de manera injusta, lucharé.

Always my drummer.

Y recordad, "La vida es muy corta para ser serio"

Te quiero, Cory Allan Michael Monteith.


Una de las pocas cosas que más odiaba de estar junto a Dianna era el que estando con ella, se me olvidaba todo lo demás, no había mundo, no había tiempo, ni personas, ni la noche, ni el día, solo existíamos nosotras dos. A pesar del tiempo que había pasado sin ella, jamás se me olvidó su olor y mucho menos la sensación que causaba en mí. Ese olor a caramelo me envolvía y hacía que miles de mariposas migraran a mi estómago. Era increíble lo rápido que podía cambiar de parecer simplemente con su presencia a mi lado.

¿Una de las mejores sensaciones en el mundo? Dormir a su lado. Dianna sabía hacerme sentir bien cuando toda parecía irme mal, seguramente sea un don que posea. Cuando las cosas iban mal, mi humor era odioso, hasta yo misma me habría mandado más de una vez a freír espárragos por lo cargante que a veces resultaba…

28 de noviembre del 2009, Los Ángeles.

El día había sido realmente espantoso, es más, la palabra espantoso se le quedaba corta, desastroso, horrible, odioso y millones de adjetivos similares a ellos. Para empezar, he llegado tarde, no me ha dado tiempo a desayunar nada, así que mi hambre hacía querer comerme hasta las piedras. Para colmo creo que he cogido un catarro importante por culpa de Cory, el muy estúpido no dijo que estaba malo y me besó en una de las escenas de Glee. Tampoco he tenido tiempo de comer porque tenía que recuperar horas perdidas así que me he tenido se sostener todo el día con un café y un par de galletas saladas de la máquina expendedora. Después de todo el santo día trabajando, cuando estaba toda decidida a irme, una manada de fotógrafos se avalancha contra mí denegándome el paso hacia mi coche. "¿Es verdad que mantienes algo más que una simple amistad con la señorita Agron? ¿El amor que siente Rachel hacia Finn ha atravesado las pantallas?" y como estas tropecientas más. Al fin, después de ser socorrida por varios miembros del equipo consigo meterme en el coche. Por aquel entonces mi humor andaba por los suelos y ¿con quién lo page? Con quien no debía, con Dianna.

L: ¿Dónde coño las habré metido? – Decía mientras buscaba las llaves en su bolso.

Di: ¡Holaaa! – Gritaba desde el sofá mientras que jugaba con Sheila.

En ese momento me maldije por vivir con alguien.

L: Hola. – Dije pasando por al lado del sofá. Ni si quiera me detuve a darle un mísero beso en la mejilla, ni si quiera le miré. – Me voy a la cama. – Eran las diez de la noche, y apenas había podido descansar, tan solo los diez minutos los cuales aproveché para tomarme el café.

Di: ¿No quieres cenar? He preparado lasaña vegetal. – Dijo poniéndose de rodillas en sofá. Cuando estaba de mal humor no podía evitar que el estómago se me cerrase, así que preferí dormir y descansar.

L: Dianna no tengo hambre, ¿vale? – Espeté de forma borde.

Di: Apuesto que no has comido nada en todo el día, deberías comer algo.

L: Dianna he tenido un día de mierda, no quiero nada. – Dije intentando no sobrepasar con mi mal humor.

Di: Sé que no te gusta comer cuando estas mal, pero tal vez deberías…

L: ¡Dianna, que no, me sé cuidar yo sola! – Grité de manera brusca y borde.

Di: Lo siento… solo intentaba… da igual. – Dicho esto cogió a Sheila en brazos y la llevó con ella a su habitación.

Puede ser que en ese momento justo no me arrepintiese pero no se iba a quedar así. Después de lo ocurrido fui al baño, me desmaquillé y me di una pequeña ducha. Tras pasar por enfrente de la puerta de Dianna que ahora yacía cerrada me empecé a sentirme mal, me había pasado bastante con mi comportamiento. Aun así intente olvidarlo pero eso no iba a poder ser. No iba a poder dormir con este sentimiento de culpabilidad que me invadía, no paraba de dar vueltas intentando encontrar la postura adecuada para poder dormir, pero no era la postura, era el subconsciente. Después de casi media hora dando vueltas decidí levantarme para colarme en su habitación. Vi que la luz estaba encendida por lo que se dejaba ver por debajo de la puerta así que llamé, nadie me contestaba así que supuse que no quería saber nada de mí y volví a mi habitación. Media hora más y ahí estaba, dando vueltas como si de una noria me tratase.

L: A la mierda. – Susurro.

Me levante de nuevo pero ahora con una cosa clara, iba a entrar quisiera o no.
Después de esta imagen creí que podría escupir arcoíris de la ternura que desprendía aquella imagen. Se había quedado totalmente dormida con un libro encima de su pecho y con Sheila a un costado. Me acerqué quitándole el libro del pecho y tapándole para que no cogiese frio, después de unos segundos observándola con una sonrisa de… ¿Enamorada? Apagué la pequeña lámpara que había en la mesilla de noche.

Di: ¿Ya se te ha pasado el mal humor? – Espetó de la nada.

Sinceramente agradecí haber apagado la luz y estar totalmente a oscuras porque había sido para verme, el susto que me pegó fue tal que estuve a punto de aterrizar de cabeza en el suelo.

L: Joder Di, que susto me has pegado. – Dije recobrando el aliento. - ¿Qué haces despierta?

Di: Lo mismo que tú. – Dijo encendiendo la lamparilla que segundos antes había apagado yo.

L: No creo que sea o mismo…

Di: Te sientes culpable por cómo me has hablado.

L: Ves, no es lo mismo.

Di: Yo no me puedo dormir por cómo me has hablado, es lo mismo.

L: Lo siento Di, de verdad, es que…

Di: No me tienes que dar explicaciones.

L: Sí, sí que te las tengo que dar y quiero que aceptes mis perdones.

Di: Tranquila, estas perdonada.

L: ¿De verdad?

Di: Sí, duérmete.

Estaba claro que no me había perdonado, como si no la conociese… Pero nada podía hacer, así que me fui a mi habitación, y como me temía, seguía sin poder dormir. Podía enfadarme con mucha gente, podía estar mal con mis amigos y seguramente no me importaría tanto, pero con Dianna… No, no y no, con ella no podía estar mal.

De repente oí como la puerta de mi habitación se habría, rápidamente me giré para poder ver de quien se trataba.

Di: ¿Puedes dormir? – Susurró.

L: No… -Dije más tranquila al ver que se trataba de ella.

Di: Yo tampoco… -De repente noté como la cama se hundía cada vez que se acercaba a mí. - ¿Puedo… puedo dormir aquí? – Eso sonó como música para mis oídos.

L: Eh… Claro, claro…

Volví a tumbarme dándole la espalda y pasó algo que jamás pensé que pasaría. Poco a poco noté como se pegaba a mi espalda y pasaba su brazo por mi cintura para poder pegarse más a mí. Empezaba a notar el calor de su cuerpo y me empezaba a marear. Se empezaba a inundar la habitación de su aroma, de su olor, un olor que me hacía enloquecer, el mejor de los olores. Entre nuestros cuerpos no había ni un centímetro por el cual no pasaba un poco de aire.

Di: Duérmete, de verdad que no estoy enfadada, te conozco y sé que no puedes dormir porque crees que no te he perdonado, pero tranquila, ¿vale? Sé que has tenido un mal día...

L: Gracias. – Dije girándome poniéndome enfrente de ella.

Di: ¿Por qué?

L: Por todo… por ser así. –Dicho esto me acurruqué entre sus brazos y así es como dormí aquella noche.

Abrazada a ella, sintiendo los latidos de su corazón y oliendo a su olor. Jamás dormí así de bien en mi vida y dudo que lo vuelva hacer…

Terminé de ducharme y lo primero que hice fue maquillarme mientras que el pelo se me sacaba con la toalla que había enrollado en él. Hora de elegir vestimenta; saqué varios vestidos pero ninguno me convencía, así que después de casi media hora probándome vestidos, blusas y pantalones me decanté por unos vaqueros con algún roto, tacones negros y una blusa blanca con la cual se trasparentaba el sujetador negro de encaje que llevaba.

Las ocho y cuarto y ya estaba lista, miré que llevase todo en el bolso, y por último me retoqué el maquillaje y el pelo. Tal vez había sido muy rápida pero mi rapidez iba a servir de algo.

L: Buenas noches. – Saludó a una de las recepcionistas.

-Buenas noches, ¿en qué puedo ayudarle? – Espetó amable.

L: ¿Me podría dar una tarjeta para entrar en la puerta 86? – Pregunté.

Sí, pretendía entrar en la habitación de Dianna.

-Lo siento, pero debe haber un motivo por el cual deba dársela.

L: Eh… Es que me he mudado a su habitación y no tengo tarjeta propia, la única que hay la tiene ella y está dentro duchandose y no me oye, así que si no le importa… Si lo desea puede hablar luego con la dueña de la habitación…

-No, no hará falta, no se preocupe, espere un momento… - Dijo mientras buscaba la tarjeta en uno de los armarios. – Aquí tiene.

L: Muchas gracias.

Había pensado en llamar a la puerta y esperarla en la habitación como haría una persona normal, pero me parecía mucho más tentador colarme en ella… ¿Qué escusa iba a poner? Pues no lo sabía, ni si quiera sabía porque lo hacía.

Puerta 84, 85, 86… ¡Aquí está! Vamos allá. Introduje la tarjeta y una luz verde se encendió, estaba abierta. Entré con cautela y sigilo para que no me oyese, pero ahí no parecía haber rastro ninguno de Dianna. Cerré la puerta y seguí en busca de Dianna, pero como bien había dicho antes, ahí no parecía haber nadie. De repente un ruido me distrajo, miré al lugar de procedencia del ruido y era el baño, el sonido del agua cayendo sonaba.

Woke up in London yesterday
found myself in the city near Piccadilly
don't really know how I got here
I got some pictures on my phone

Mi corazón dejó de latir, dejé de respirar para escuchar perfectamente aquella voz, detuve mis pasos en frente de la puerta que separaba el salón del baño para poder escucharla con claridad, su voz te transportaba a otro mundo.

Oh, this has gotta be the good life
This is gotta be the good life
This could really be a good life, good life

No era la primera vez que la escuchaba cantar, pero hacía tanto tiempo que no disfrutaba de su voz que casi se me había olvidado lo dulce que era. Una de las cosas que más me gustaban de la convivencia con Dianna era eso, en cualquier momento se ponía cantar y para mí era como un concierto de tu banda favorita en asientos vip.

To my friends in New York, I say Hello
My friends in L.A. they don't know
Where I've been for the past few years or so
Paris to China to Colorado

Sometimes there's airplanes I can't jump out
Sometimes there's bullshit that don't work now
We are God of stories, but please tell me
What there is to complain about?

Esto me hizo recordar los viejos tiempos y un par de lágrimas rebeldes brotaron de mis ojos. Echaba de menos a Dianna, era un hecho y no podía cambiarlo ni negarlo. Había cometido muchos errores y pensaba corregirlos y recompensarle por todo el sufrimiento que le he causado.

Mientras, al otro lado de la puerta la rubia se disponía a salir de aquella ducha que tanto necesitaba. Cogió una pequeña toalla color beige y se la enrollo en el cuerpo, tapándole lo justo. Se escurrió el pelo y se dispuso a hacer un pequeño garabato en el espejo, era una costumbre que tenía desde pequeña, siempre que salía de un baño dibujaba algún animal o algo por el estilo gracias al vaho que se formaba en el baño.
Desde hacía ya bastante tiempo, lo que dibujaba eran letras de canciones o lo que le había hecho feliz y reír desde la última vez que se duchó, después le hacía una foto y la guardaba en un archivo del ordenador poniéndole la fecha y un título. A simple vista podía parecer una tontería, pero a ella le hacía feliz el ver de nuevo imágenes de diferentes baños del mundo entero y ver lo que realmente le había hecho feliz en aquel momento. Aunque hacía ya bastante tiempo que no se paraba a verlas, y como todo, había una razón de por medio.

Lea Michele Sarfati, esa era la razón por la que la rubia ya no visualizaba aquellas imágenes. Todas ellas tenían algo que ver con la morena y le recordaban al pasado, un pasado en el cual estaba a su lado.

Cogió su cámara y como siempre le hizo una foto. Esta vez lo que dibujo era la letra de la canción que estaba cantando, Good Life de OneRepublic, también el nombre de Naya que significaba lo buena amiga que había sido siempre y lo feliz que estaba por salir con ella esa noche, el nombre de su hermano, Jason, que le había llamado para contarle lo feliz que estaba con su nueva novia y por último un nombre que hacía mucho tiempo que no aparecía en ninguna de las fotografías y que estaba feliz por añadirlo de nuevo, Lea Michele.

Canción: OneRepublic – Good life.

R.I.P Cory Monteith.