Gracias a todos por vuestros ánimos para que siga con esta historia y por la muerte de Cory, he de decir que ya estoy mucho mejor. Siento haber tardado más en actualizar, como ya he dicho no tengo Internet. Gracias de nuevo y que disfrutéis de este nuevo capítulo.
Había salido de mi trance y me di cuenta de que Dianna ya había salido de la ducha y que no tardaría mucho en salir del cuarto de baño. Si antes ya tenía poco sentido lo que estaba haciendo, ahora menos toda vía. No sabía qué hacía ahí, debería haber ido a visitar a Naya y no colarme en la habitación de Dianna. Definitivamente, debo pensar las consecuencias de mis actos antes de llevarlos a cabo.
Podían oírse los pasos de la rubia dentro del baño y eso lo único que hacía era poner más nerviosa a Lea. Su cuerpo no reaccionaba, ni corría, ni se iba, ni nada, absolutamente nada, a lo único que aspiraba era a quedarse completamente quieta y con los ojos bien abiertos.
Lea piensa, va a salir y te va a ver ahí como un pasmarote. ¿Y si sale desnuda? Sería lógico, es su habitación y acaba de salir de la ducha… ¿Y si se enfada…? Pues claro que se va enfadar. ¿Qué confianzas son esas? Y con más razón si encima soy yo… Me quiero morir.
El picaporte de la puerta empezaba a girarse y la cabeza de Lea a echar humo.
¿Y si me escondo en un armario…? Claro, y que lo habrá y te vea… Sería más humillante. ¿Y debajo de la cama…? Claro, que se agache y que te vea… Humillante no, desastroso.
La cabeza de Lea era un auténtico debate. Sus piernas solo le daban para andar sin rumbo alguno, hasta que se vio acorralada y se escondió detrás de una columna.
Si ya era patético que te pillase en el armario o debajo de la cama, que te pille detrás de una columna iba a ser el acabose.
Dianna salió tarareando la misma canción de antes mientras observaba la pequeña pantallita que portaba la cámara, divisando así si la foto había quedado bien. La rubia dejó la cámara en el tocador y se dispuso a vestirse. La toalla calló al suelo mientras que ahora Dianna removía varias perchas. En ese momento Lea dio gracias por no cometer semejante estupidez de meterse en el armario.
¡Madre del amor hermoso! Señor, si me sacas de esta te juro que hago el camino de Santiago a gatas. Haz que se meta otra vez en el baño o que… o que me vuelva invisible, no sé, ya me da igual, solo quiero salir de aquí.
Por mucho que Lea rezase no le iba poner las cosas pero que nada fácil…
La rubia ya había terminado de vestirse y ahora se disponía a maquillarse. Se sentó en frete del tocador, o sea, de espaldas a donde se encontraba la morena, y empezó a pintarse la raya del ojo.
Vale, es mi momento, está de espaldas, salgamos de aquí, solo falta que deje de mirar el espejo y… ¡Largarme!
De repente un botecillo pequeño de pintauñas calló al suelo.
Di: Mierda… - Susurró la rubia mientras se agachaba a por el bote.
Ahora, este es mi momento.
Flash. Lea se quedó quieta en mitad de la habitación al ver y oír aquel flash tan potente. Al parecer la rubia había presionado sin querer el botón de la cámara y una foto se había hecho.
Lea solo pudo volver a su sitio antes de que la rubia volviese a su posición inicial.
Me cago en la puta cámara de mierda. Se va a dar cuenta, se va a dar cuenta, se va a dar cuenta…
La rubia agarró la cámara para ver qué había pasado y lo que más temía Lea estaba pasando.
Di: ¿Lea…? – Susurró de nuevo.
Dios, no, no, no, no, no, no puede ser, se ha dado cuenta. No vuelvo a colaborar con la Iglesia en mi vida.
La rubia, antes de girarse para mirar de nuevo donde Lea había aparecido en la foto se metió en el baño.
Vale, ahora sí, salgo y todos felices y si luego me dice algo le digo que esa no soy yo y que habrá sido algún reflejo o un fantasma mismo.
De nuevo el flash salía pero ahora Lea sabía que no había sido sin querer, sabía que había sido la rubia. Le habían pillado.
Definitivamente no vuelvo a pisar un Iglesia en mi vida.
Di: Vete pensando una excusa para cuando te pregunte qué estás haciendo aquí. – Dijo la rubia que se encontraba en las espaldas de la morena.
Lea se giró poco a poco temiendo que Dianna fuese y le pegase una paliza. Su cara lo decía todo, estaba furiosa, podría decir que hasta de sus orejas salía humo.
L: Eh… A ver… Hay, hay un… Un, un motivo… Lo… - Lea no podía decir ninguna frase con coherencia.
Di: Deja de hacer el gilipollas y dime que estás haciendo en mí habitación. – Dijo cruzándose de brazos.
L: Te llamé a la puerta pero no me contestabas, me esperé y nada y me estaba empezando a preocupar, así que fui a recepción y pedí una tarjeta para entrar, entonces abrí y vi que te estabas duchando y que estabas bien, fui a salir de la habitación cuando vi que no pasaba nada y… bueno, vi que ibas a salir así que me entró el pánico y me escondí detrás… detrás de esa columna. – La cara de Dianna pareció cambiar. – Lo… lo siento.
Creo que esto no podía haber salido peor, ¿en que estaba pensando?
Lea empezó andar hacia la puerta con la cabeza gacha, ahora se había dado cuenta del error que había cometido.
Como siempre yo cegándola, ¿no haré nunca nada bien? Creo que lo mejor es que me olvide de ella de nuevo, es lo mejor para todos, pero sobre todo para ella, está claro que lo único que le causo son problemas.
N: Hey Lea, que yo ya estoy lista, ¿sabes algo de la rubia? – Aparecía Naya de su habitación. - ¿Estas… estas bien? – Le preguntó al verla con lágrimas en los ojos.
N: Anda ven aquí. – Dijo cogiéndola del brazo atrayéndola a dentro de su habitación. - ¿Otra vez con Dianna?
L: Si es que no va a salir nada bien. – Dijo tirándose en la cama.
N: A ver, ¿qué ha pasado ahora?
Dicho esto Lea empezó a contarle toda la historia. Realmente parecía un culebrón malo así que Naya no puedo contenerse una pequeña risilla por la torpeza de la morena.
L: ¿Y de que te ríes si se puede saber?
N: Hija de mi vida, es que no haces más que el tonto, céntrate de una vez Lea. – Dijo sentándose en la cama junto a Lea. – A ver, ¿tú que cojones quieres?
L: Eh…
N: Bien, vamos bien. ¿Quieres acostarte con ella?
L: ¡Ala! ¿Dónde vas? Que bestia eres Naya…
N: ¿Entonces?
L: No sé…
N: Joder Lea… A ver, creo que sé lo que pretendes… Quieres tontear con Dianna para ver si eres capaz de estar con una chica porque aún sientes cosas por ella… Yo hice lo mismo con Heather y mira…
L: No, no y no… Yo no tonteo con nadie, yo, yo tengo novio y lo sabes, simplemente quiero volver a ser su amiga, me arrepiento de lo que hice…
N: Sí, sí, lo que tú digas, pero si sigues así sabes lo que va a pasar.
L: ¿Qué, qué va a pasar? – Preguntó temiéndose la respuesta
N: Pues que te vas a enamorar otra vez.
L: No, no te equivoques, yo nunca me he enamorado de ella. – Dijo levantándose de golpe de la cama. – Y tampoco me voy a enamorar porque… porque no.
N: Lea lo único que estás haciendo es engañarte a ti misma, tu decides…
¿Pero en qué momento le conté nada a Naya? Menuda amiga, que manera de meterme pájaros en la cabeza.
L: Eh… Da igual, vámonos que ya son las nueve. - Dijo estirándola del brazo por el pasillo del hotel.
N: ¿Tú crees que va a querer quedar contigo después de lo de antes?
L: De primeras no va a quedar conmigo solo, quedamos las tres y de segundas, ha sido un caso aislado, no ha pasado nada…
N: Ya veremos… - Dijo en susurro para que no le oyera la rubia que ya estaba esperándolas.
Dios mío, ¿pero de donde ha salido tal mujer? No Lea, no la mires así que se va a dar cuenta y ya lo que te faltaba, además de allanar propiedades privadas también psicópata. ¿Pero por qué se ha puesto tan guapa? Ya veras, todos los tíos detrás de ella… Que procuren.
N: Wow, tú vas a por todas. – Dijo dándole dos besos.
¿Qué hago? ¿Le doy dos besos? No, no querrá ni verme en pintura, una sonrisa y listo.
N: Eh… ¿Nos vamos? – Dijo notando la incomodidad de las chicas.
Di: Sí, claro... ¿En qué coche vamos?
L: En el mío, no creo que beba.
N: Bien, pues venga.
Di: ¿Tú no eras la deprimida? – Preguntó con tono gracioso.
N: No sé de qué me hablas. – Dijo haciéndose la despistada.
Pensé que el camino al restaurante que me indicó Dianna iba a ser bastante incomodo, pero todo lo contrario, Naya y Dianna no pararon de reír, contar anécdotas y alguna que otra intimidad, pero ninguna que yo no supiera. En todo el camino fui callada, no quería entrometerme, di por hecho que Dianna después de aquel incidente, al cual intenté quitarle importancia, no querría saber nada de mí, así que durante el camino fui maldiciéndome de trescientas maneras posibles por haber hecho la estupidez de colarme en su casa, mejor dicho, en su habitación.
El restaurante no estaba en el centro del pueblo, estaba apartado en un lugar más privado rodeado de cuatro o cinco casas. Las chicas entraron y vieron que el lugar era perfecto, había gente cenando, pero ninguna de ellas se percató de quienes eran las chicas, y si lo hicieron no quisieron molestarlas.
-Bienvenidas a Calvin's cabin, ¿tienen reserva?
Di: Sí, una mesa para tres personas a nombre de Quinn Agron.
-Sí, espere un segundo.
N: ¿Por qué has dicho ese nombre?
Di: Para qué no me reconozcan tal vez… - Dijo con evidencia.
N: Oh sí, perdone usted primera dama.
-Su mesa ya está lista, síganme por favor. – Dijo el camarero guiándolas a la mesa.
N: Oye, ¿estás bien? – Pregunto a Lea en susurro.
L: Sí, claro. – Dijo fingiendo una falsa sonrisa.
N: A mí no me engañas, no has dicho nada en todo el camino.
L: No es nada, solo… - Dijo mientras buscaba una excusa creíble.- Me duele un poco la cabeza.
N: Sí, ya… No me mientas Lea, tú sabrás que te pasa, pero a mí no me cuentes tonterías que no soy una niña. – Dijo sentándose al lado de Dianna que miraba su móvil.
No es que no quiera contárselo, solo que no creo que sea el mejor momento y creí que tal vez lo mejor era inventarme una excusa, pero no conté con que a Naya es imposible mentirle, y menos yo. Vi como Naya hacía amago de sentarse en frente de la Dianna pero se lo pensó dos veces y se sentó a su lado. Es la mejor amiga del mundo, sabe que algo me pasa y supongo que habrá deducido que es con Dianna así que me ha dejado el sitio más alejado de Dianna para mí.
-¿Qué desean de beber? – Preguntó el camarero.
Di: Traiga la mejor botella de vino que tenga.
L: Para mí agua.
-Perfecto, aquí les dejo la carta para que miren que desean cenar, en seguida vuelvo.
N: ¿De veras piensas beber agua?
L: ¿Vas a conducir tú?
N: Yo soy la depresiva, no puedo.
L: Pues ya está, me toca a mí, además no me apetece beber.
Di: ¿Qué vais a pedir? – Dijo sin desviar la mirada de la carta.
N: No sé… Estoy entre una ensalada de boletus con miel o lasaña de vegetales.
-¿Saben ya que desean? – Dijo el camarero sirviendo la botella de vino y a Lea el agua que había pedido.
N: Sí, a mí me pones la ensalada de boletus con miel.
L: A mí una ensalada de frutas tropicales…
Di: Para mí lo mismo. – Dijo devolviendo la carta al camarero.
-Perfecto, en seguida estará.
La noche transcurría entre risas y algún que otro sollozo de Naya cuando se acordaba de Heather pero en seguida se volvía animar y otra copa de vino volvía a caer.
Ya habían traído los platos y comenzamos a cenar. Sin duda no me arrepentí para nada de pedir aquella ensalada, realmente estaba buenísima y además me aliviaba. El curso de la noche seguía y con ello las copas de vino entre Naya y Dianna. Se podía decir que ya iban bastante "contentillas".
En toda la noche no intercambié ni una sola palabra con Dianna, pero es que ni una, ni tan si quiera un "¿qué hora es?" o "que buena está la ensalada".
-¿Desean algo de postre?
N: A mí me vas a traer la copa de tres chocolates diferentes y para mí rubia también. – Dijo entrelazando sus dedos con los de Dianna.
El camarero miró sorprendido a las chicas y como pudo siguió.
-¿Y… y para usted?
L: Un café cortado.
-Perfecto, en-enseguida. – Dijo viendo las carantoñas que se hacían Dianna y Naya.
¿Pero a que cojones está jugando Naya? ¿Qué coño están haciendo? Se cogen de la mano, se dicen cosas al oído…
N: Oye, podíamos ir luego a algún pub o algo.
L: Sí, estas tu como…
Di: Sí, vamos a algún sitio. –Dijo cortando a Lea, cosa que no pasó desapercibida para la morena.
N: Pues mira a ver si convences aquí a la aguafiestas esta, yo mientras me voy al baño. – Dijo levantándose de la mesa. – Disculpe, ¿el baño?- Preguntó al camarero que ya llegaba con los postres.
-Siga ese pasillo y cuando llegue al final, a la derecha.
N: Gracias. – Dicho esto fue lo más recta que podía.
-Aquí tienen los postres.
L: Gracias.
Di: Disculpe. – Dijo parando al camarero. – ¿Sabe si hay algún pub o algo parecido por aquí?
Ah, que iba enserio lo de ir a un pub. Madre mía, en que momento acepte venir a cenar…
-Eh… Sí, dos calles más adelante hay un puf/discoteca que está muy bien, se llama… House Night.
Di: Perfecto, muchas gracias. – Dicho esto el camarero se marchó.
¿Y ahora qué? ¿Digo algo o espero a que ella hable? Mejor me callo no vaya a ser que la cague de nuevo… Odio los silencios incomodos, no sé si voy a poder soportar mucho más esto. ¿Pero qué cojones está haciendo Naya en el baño? ¿El puente de Brooklyn? Seguro que lo está haciendo adrede…
Di: ¿Quieres? Está buenísimo. – Dijo ofreciendo el helado.
¿Me dice a mí?
L: Eh… No, no gracias.
Mierda, le tenía que a ver dicho que sí.
N: Hey Lea, ¿qué haces? ¿Ya estas ligando con mi chica? – Dijo sentándose en la mesa de nuevo.
Respira Lea, respira, lleva cuatro copas de vino en sangre, no se lo tomes en cuenta… Aunque mañana va a flipar.
L: No, no, toda para ti. – Dijo con media sonrisa… falsa.
Di: ¿Quién te ha dicho a ti que sea tu chica? – Pregunto a Naya alzando una ceja.
N: ¿Con quién vas a estar mejor que conmigo?
Di: Pues tengo una chica en mente…
¡¿Qué?!
Lea casi se ahoga con el café.
N: ¿Estas bien? – Dijo dándole pequeños golpes en la espalda.
L: Sí, sí… - Dijo tomando un pequeño sorbo a la copa de agua.
Di: Bueno, venga, vámonos que ya he encontrado un pub.
N: ¿Así? – Dijo mientras se levantaba de la mesa junto a las demás chicas.
L: Esperarme en el coche, yo voy a pagar.
Di: No, ya pago yo.
L: No, me apetece pagar a mí.
Di: Pero si tú no has bebido vino y la botella solo costaba 560 euros.
L: Da igual, yo invito y punto.
N: Que manera de pelear, nunca entenderé eso de pegarse por pagar…
L: ¿A qué al final pagas tú?
N: Si quieres…
L: Anda esperadme en el coche, ahora voy.
Total de la cuenta, 1.208 euros, no es que a mí me suponga un bache económico alto, pero… Después de pagar me dirigí de nuevo al coche donde estaban hablando por lo que a mí me pareció oír, de Chord, lo que faltaba… Y para colmo querían ir a ese pub y a mí no me apetecía nada.
N: Venga, vámonos, tengo el presentimiento de que está noche va ser única, va a marcar un antes y un después en nuestras vidas. – Dicho esto Dianna empezó a reír y yo también.
L: Di que sí…
Miedo me da está noche…
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