Los graves retumbaban y se podían oír hasta fuera del local. No digo que el local no estuviese bien, pero no me apetecía nada estar ahí. Cogimos una mesa la cual estaba rodeada de sillones y pedimos.
-Hola, ¿qué queréis de beber guapas? – Preguntaba un chico aparentemente bastante guapo.
N: Hola guapo, a ver, a mí me pones un mojito.
-A ese te invito yo. – Dijo el camarero.
N: Lo siento chico, pero no lo intentes, estoy pillada.
-Oh, vaya… Bueno te invito igualmente, soy un caballero.
N: No lo dudo…
-¿Y vosotras?
L: A mí me vas a poner un San Francisco sin alcohol.
-¿Y tú rubia?
Di: No sé, sorpréndeme.
¿Perdón? ¿Qué le sorprenda? Estoy flipando…
-No te defraudaré.
Dicho esto se fue dejando un silencio incomodo en toda la mesa.
N: Está un poco desesperado el chico eh…
Di: Hombre, es mono, no tiene por qué estar desesperado, tal vez es así…
Lo que me faltaba, ¿ahora le gusta el armario ese? Si solo tiene músculos, no creo que ni tenga cerebro.
-Aquí traigo las copas… - Dijo mientras que las servía. – ¿Me permitirían estas preciosas damas que tomara unas copas con ustedes?
Di y N: Claro.
L: ¿No trabajas?
-Salgo ya.
N: Pues perfecto.
Dicho esto, no sé cómo, pero se las arregló para sentarse al lado de Dianna posando el brazo por el respaldo de esta. Respira Lea, este no es el tipo de Dianna… ¿No?
Di: ¿Cómo te llamas?
M: Mike, ¿y tú?
Di: Yo soy Dianna, ella es Naya y ella Lea.
M: Bonito nombre. – Dijo pasando de las demás.
Solo deseaba que esta noche pasase rápido y este sopla gaitas se fuese por donde hubiera venido.
Las copas rodaban y rodaban y yo no sabía dónde meterme, Naya se había ido a bailar con un chico que había conocido y Dianna seguía con el imbécil este. No la dejaba sola ni un segundo, y lo peor es que parecía que a Dianna le gustaba. Estaba completamente apartada, estaba por irme, pero pensé que tenía que llevarlas de vuelta, bueno, tenía que llevar de vuelta Naya, Dianna se podía ir con el armario de Ikea. Si pensaba que no podía ser más patético el chico, va y se quita la camiseta para hacer una demostración de sus musculitos… Y Dianna va y toca.
Di: Wow, vaya… - Dijo tocando el bíceps del chico.
-¡Hey Mike, ven un momento! – Grito otro camarero.
M: Si me disculpas… Ahora vuelvo.
Era la primera vez que la dejaba sola desde que habíamos entrado en esta mierda de local.
Di: Cuando lleguemos le diré a Mark que no es el chico con el mejor cuerpo que he visto. – Dijo riendo.
Yo seguía con la mirada perdida mirando a mis pies con la copa en mis manos y simplemente le conteste con una pequeña sonrisa.
Di: ¿Estas bien?
L: Sí, tranquila…
Di: ¿Por qué es que no te creo?
L: No sé, pero estoy bien…
Di: No has dicho nada desde que estamos aquí.
L: Es que no me llama mucho la atención la conversación que está dando… Mike, sobre sus músculos o aceites corporales.
Di: Es un poco chulo, pero es majo.
L: Pues todo para ti. – Dijo en tono borde y molesto.
Di: ¿Te cae mal?
L: No, que cosas… - Ironizó. – Estoy pensando en invitarlo a mi cumple.
Dianna río el comentario de Lea.
M: Ya estoy aquí chicas…
L: Genial… - Dijo de forma inaudible para Mike, pero no para Dianna que río.
M: Mirar, este es Luís, Luís Dianna, Dianna Luís, Luía Lea, Lea Luís.
Lu: Hola. – Dijo sentándose al lado de Lea.
Era la copia de Mike, era igual, con músculos, pringado de aceite para que resaltaran los músculos y con las cejas súper depiladas, ¿pero de donde salían estos tíos?
L: Hola.
Conversaciones absurdas surgían entre Luís y yo y me estaba desesperando, una porque era lo más asqueroso que había visto en mi vida y dos porque notaba como Mike se iba acercando poco a poco a Dianna y ella no se apartaba, aparte de que los ojos de Mike habían mudado al escote de Dianna. El espacio entre Dianna y Mike era casi inexistente y yo me empezaba a enervar. Dos milímetros y el gilipollas estaría teniendo el placer de besar aquellos perfectos y carnosos labios.
L: Me voy. – Espetó de la nada levantándose de la mesa.
Lu: ¿Eh? ¿A dónde vas?
L: Lo siento, no me encuentro bien, ya, ya nos veremos. – Dijo cogiendo el bolso y saliendo del local a tomar una bocanada de aire.
Sentía que me ahogaba, no sabía si al final había besado a Mike, pero el simple hecho de imaginarlo me ponía enferma y el aire iba siendo escaso en mis pulmones.
N: Hey… - Dijo llamando a Lea pero esta hizo caso omiso. - ¡Lea!
L: ¿Qué?
N: ¿Qué te pasa?
L: ¡El gilipollas ese es lo que me pasa!
N: ¿Te gusta?
L: ¡Uy sí, me pone un montón! – Ironizó.
N: ¿Entonces? No te entiendo…
L: ¡Se iban a besar, iba a besar al sin cerebro ese!
N: ¿Dianna?
L: Sí… - Dijo Lea en susurro porque sus lágrimas empezaban a hacer acto de presencia.
N: Tranquila, ¿vale? – Dijo abrazándole por los hombros.
L: Quiero irme Naya… - Dijo con su cara enterrada en el cuello de Naya.
N: No te preocu c… - No pudo continuar.
Di: Lea…
Dianna hizo signos para que Naya la dejara sola con Lea.
N: Eh… Yo voy a despedirme de John. – Dijo haciendo referencia al chico con el que había estado bailando.
L: ¿Quieres algo con él?
N: Que va, es gay. – Dicho esto volvió a ingresar en el local.
¿Y ahora que quiere? ¿Qué le pregunte que qué tal besa?
Di: Lea…
L: ¿Qué? – Pregunto cortante.
Di: Os he oído a Naya y a ti…
Lea soltó un suspiro con una risa irónica.
L: ¿Qué pasa? ¿Qué ahora también te gusta cotillear aparte de coquetear con gilipollas?
Di: No me hables así…
L: También es verdad, no sé ni porque te estoy hablando, corre, vete con míster musculitos.
Di: ¿Por qué dices eso?
L: Oh, no sé, tal vez porque os estabais morreando…
Di: No nos hemos besado.
L: Me da igual, aun así estabas muy bien con él, tanto que has pasado de mí olímpicamente…
Di: Perdona pero has sido tú la que estabas súper rara conmigo, así que pensé que tal vez no querías saber nada de mí… - Dijo lo último en susurro.
L: ¿Por qué no iba a querer saber nada de ti?
Di: Por como reaccioné en la habitación, lo hiciste por mi bien y yo pues…
Esto es absurdo, he estado intentando mantener el mínimo contacto con ella porque pensaba que estaba molesta conmigo y ahora resulta que ella también pensaba lo mismo…
L: Da igual, eso no tiene nada que ver para que hallas estado tonteando con ese toda la puta noche.
Di: De primeras, es mi vida, tonteo con quien a mí me da la gana, y de segundas, ¿Te echo a ti algo en cara porque estés con Cory?
L: Yo no digo nada, pero entre lo de Chord y ahora esto… Tal vez te estas volviendo un poquito pu… - No pudo continuar porque Dianna colisionaba su mano en la mejilla de Lea.
Los ojos de Dianna se empezaban a inundar por las lágrimas y se empezaba arrepentir de todo. Mientras tanto Lea dejaba caer alguna lágrima de sus ojos mientras que mantenía su mano en la mejilla en la cual le había golpeado.
Di: Lo siento, lo siento… - Dijo intentando abrazar a Lea, pero esta lo más rápido que pudo se apartó.
L: Qué te follen Dianna… - Dicho esto se metió en el coche a esperar a Naya.
Mientras tanto Dianna se había apoyado en una de los coches enfrente de la entrada al local mientras que lloraba y lloraba sin consuelo alguno.
N: Dios mío, ¿qué te pasa Di? – Dijo Naya corriendo hacia la rubia.
Di: Le… le he pegado una hostia. – Naya abrió los ojos a más no poder, no entendía nada.
N: ¿Qué? ¿A quién?
Dianna le empezó a contar lo ocurrido.
N: Dios… Esta tensión sexual no resuelta que hay entre vosotras no es normal… - Dijo recibiendo una mirada asesina por parte de Dianna. – Mira, por una vez en tu vida me vas hacer caso, y puede que me arrepienta de lo que voy a decir, pero hazme caso… - Dijo separándose de los brazos de la rubia. – Ahora te vas a subir en el coche, nos vamos a ir y cuando lleguemos fingiré estar súper cansada y me iré dejándote a solas con ella, le dirás que quieres hablar con ella un momento y con lo cabezota que es te dirá que no o simplemente te ignorará, pero tu insistirás y usarás un poco tus armas de mujer…
Di: ¿Mis armas de mujer…?
N: Sí, ya sabes… - Dijo viendo la cara de desconcierto de la rubia. – Joder Dianna, enseña un poquito, ya sabes… Conozco a Lea y sé que al menos, físicamente le vuelves loquita, así que ya sabes.
Di: Estas sacando las cosas de quicio.
N: No, tú hazme caso… Después te la llevaras al patio exterior que tiene unas visitas alucinantes, hablaras con ella, lo arreglareis y… le besarás.
Di: ¿Tú estás mal Naya? ¿Cómo le voy a besar?
N: ¿Quieres que te haga una demostración? – Dijo en broma recibiendo un pequeño golpe en el hombro.
Di: Me refiero, ¿por qué la iba a besar? No tiene sentido…
N: Dianna, a mí no me engañas. Eres la primera persona que conozco la cual se pasa meses y meses llorando porque una amiga no le habla ya… He perdido un montón de amigas por tonterías y sí, me ha dado pena, pero no he estado en depresión como tú. Me has confesado muchas cosas, pero solo te falta esta, lo que pasa es que tienes miedo, y te entiendo, pero tienes que ser fuerte… - Dianna iba cambiando su cara, ahora su cara decía "Hostia, me ha pillado" – Vamos Dianna, sé perfectamente que quieres a Lea y no solo como amiga… Desde antes de que Lea se separara de ti ya se notaba, en las dos. Erais como uña y carne, no podíais estar sin la otra, os necesitabais como respirar.
Di: No sé de qué me estás hablando…
N: Vamos Di, atrévete a negármelo. No me sorprende que te hayas enamorado de ella, yo me he enamorado de la última persona que esperaba, ¿y qué te crees que no he tenido miedo? Pues claro, como todo el mundo, pero me arriesgué y sí, salí perdiendo, pero al menos puedo decir que lo intenté… Así que ya sabes…
Di: No va a funcionar…
N: ¡Ajá! Me lo has confirmado con eso.
Di: ¡Naya, te lo digo enserio!
N: Vale, vale, yo solo te puedo decir que si lo haces, Lea no se echará atrás… - Dijo mientras que se dirigía al coche en el cual esperaba Lea.
Di: ¿Cómo? ¿Cómo lo sabes?
N: Tú hazlo y mañana me cuentas… - Dijo abriendo la puerta del copiloto. – Hola morena.
Lea simplemente contesto con un movimiento de cabeza. Durante ese tiempo había aprovechado para secarse todas las lágrimas y aparentar normalidad, cosa que no aparentaba para nada. Agradeció que la marca de la mano de Dianna estuviese en la parte izquierda y así Naya no la vería y no tendría que aguantar una manada de preguntas.
El camino como bien se esperaba fue incomodo al cien por cien. Nadie dijo una palabra hasta que llegaron al hotel, donde solo se encontraba la recepcionista del turno de noche.
N: Buenas noches. – Dijo a la recepcionista recibiendo por ella lo mismo y una sonrisa. – Bueno, yo estoy reventada, mañana ya hablamos chicas.
Dicho esto le dio dos besos a cada una y para Dianna también un guiño el cual significaba que siguiese con el plan que le había dicho.
Dianna dudaba, no sabía qué hacer, quería pedirle disculpas, pero no sabía cómo iba a responder la morena y eso le estaba aterrando.
Naya ya se había perdido por el pasillo el cual llevaba a su habitación, mientras tanto las otras dos chicas estaban paradas, una al lado de la otra, sin decir nada, simplemente pensando en que hacer y cómo reaccionará la otra.
Tal vez me haya pasado, no debía haberle dicho eso, es normal que me diese tal hostia, bastante flojo me la dio para lo que dije… Me gustaría pedirle disculpas, pero seguro que está molesta…
Di: ¿Po-podemos hablar un momento? – Dijo sin levantar la vista.
L: Eh… Sí. – Dijo en susurro.
Di: Vamos a fuera. – Dijo tomando la iniciativa siendo la primera en avanzar.
Lea simplemente se dedicó a seguirla y a pensar en lo fácil que se lo había puesto la rubia para poder pedirle disculpas. Mientras tanto la otra pensaba en cómo se iba a expresar… La charla que había tenido con Naya le había puesto muy nerviosa. ¿Qué habrá querido decir Naya con lo último? ¿Le gustaré? Estas eran las preguntas que rondaban por la mente de la rubia, que por ahora no tenía nada claro, solo que no iba a llevar a cabo el plan tal y como Naya lo había relatado, no la iba a besar, eso eran palabras mayores.
Di: Bueno, yo te quería pedir disculpas por… - Lea le cortó.
L: No, la que se tiene que disculpar soy yo, me pasé tres pueblos diciendo lo que dije… Estaba furiosa y fuera de mí, no sabía lo que decía, es más, tenías razón, yo no soy nadie para decirte con quien te lías o lo que sea…
Di: Lea, tú nunca has dejado de ser nada para mí… - El corazón de Lea bombeaba deprisa. – Yo también tengo que pedirte disculpas, me he comportado como una niñata tonteando con el imbécil ese, tenías razón, solo tiene músculos, por no tener no creo que ni tenga cerebro, además, sabes que ese no es mi tipo.
Lo sabía.
Di: Y también por… por el golpe.
L: Tranquila, soy como Rachel, yo también le doy más importancia al dramatismo. – Dijo intentando quitándole hierro al asunto.
Di: Aún lo tienes un poco rojo. – Dijo acercándose y posando su mano en la mejilla dañada de la chica.
Tal vez no la besaba, pero sí que le sacaría provecho a las armas de mujer que poseía…
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