Wonderful party
Resumen: Los chicos nuevos, que quieren entrar a la preparatoria Arcángel, son invitados a una hermosa recepción, pero cinco de esos chicos no tienen pareja… y el director tiene una brillante idea.
Feliz cumpleaños, Melanie… o Fidio Aldena, como se le conoce por estos lares.
Categoría: Inazuma Eleven
Personaje: Chae Chan-Soo, Kiyama Midorikawa, Ichirōta Kazemaru, RyuujiSakuma, Kiyama Midorikawa, Mamoru Endo, Ryūgo Someoka, Ryuuji Midorikawa, Shirō Fubuki,
Terumi Afuro.
Géneros: Romance.
Clasificación: NC-17
Advertencias: AU=Universos Alternos, Lemon, Mpreg=Embarazo Masculino.
Capitulo: 4
Disclaimers: Los personajes de este fic no me perteneces, los utilizo sólo por mera diversión.
Capítulo 4: Desenlace de relaciones y reacciones II
Fubuki miraba para los lados esperando a su cita, no podía creer que las cosas hubieran salido tan bien con Someoka.
Cuando llegaron a la fuente que estaba a unos metros de donde ellos se encontraban, notaron que esta estaba prendida a su mínima potencia, pero aun así se veía hermoso.
-Este lugar no es muy concurrido, por lo menos no en días normales.
-¿Conoces muchos lugares como este? –le preguntó Someoka, mientras lo tomaba de la mano y lo llevaba a uno de los banquillos.
-Llevo en ésta preparatoria dos años, además de pertenecer al consejo de alumnos, por lo que usualmente estoy recorriendo estos lugares para que los alumnos no hagan mal uso de ellos.
-Entonces eres así como una guardiana de las buenas costumbres.
-Algo por el estilo –dijo sonriendo.
-¿Puedo hacerte una pregunta Shi-chan? –le dijo un tanto serio.
-Si puedo responderte…
-¿Cuál es tu nombre completo? –preguntó atento a las reacciones de su pareja- Bien… -dijo riendo nervioso y rascándose la nuca- creo que no estoy acostumbrado a referirme a alguien sin saber su nombre.
-Yo, bien… -no quería mentirle, no más. Someoka le había hablado de su vida desde hace horas y él no podía compartirle parte de su vida porque ¡No era la chica que el otro creía!
-¿Qué pasa, Shi-chan? –le preguntó mirando a la muchacha, que se había trastornado con su pedido.
-Yo no… no quiero mentirte más –dijo bajando la cabeza y hablando muy bajo.
-¿Mentirme?-preguntó intrigado, no se imaginó que una niña como ella pudiera mentirle.
-No sabes nada de mí, no sabes lo más importante –dijo mientras el cielo se iba oscureciendo y una gota caía en su mejilla-. Es mejor que nos vayamos, se pondrá a llover.
-No, espera –dijo sosteniéndola de a mano, antes de que escapara, sin importarle las gotas que se iban agolpando en el suelo- ¿Por qué dices que me mentiste?
-Me tengo que ir –dijo tratando de alejarse-, suéltame, Someoka-san.
-No –dijo serio-¿En qué me mentiste?
-Es mejor que no lo sepa…
-Shi-chan…
-No me digas así –le pidió al borde de un colapso-. No me llames como a una chica –dijo bajando la cabeza.
-¿Qué? ¿Qué pasa? –preguntó preocupado por la actitud que estaba tomando su acompañante -¿Por qué no quieres que te trate como a una chica?
-Por qué no lo soy.
El silencio entre los dos fue rotundo, mientras las gotas de la sutil lluvia comenzaban a cubrirlos, no podía creer que le hubiera dicho, que le hubiera dicho la verdad así de golpe.
-¿No eres una chica? –preguntó confundido, viéndole por todas partes. No podía decir que era la figurar de una chica o no, porque el vestido ocultabas las curvas que debería tener o no, pero su rostro dulce o suave, si lo miraba fijamente, no le decía nada, no le demostraba si era o no una chica- ¿Eres un chico.
-Sí –dijo Shiro bajando la cabeza, no quería que Someoka le viera llorar, ya le había mentido, no le haría sentir mal además.
-¿Por qué? –preguntó serio, sin soltar la mano del muchacho.
Shiro le contó todo, lo que había pasado en el consejo estudiantil y que sin quererlo había despertado sentimientos para él en sólo unas horas. No iba a decirle que estaba enamorado, eso no era así, pero sí era esa clase de sentimiento que nacen de la nada y se van haciendo cada vez más fuertes.
-Y por eso no podía mentirte más. Eres un gran chico, Someoka-san.
-Gracias –dijo un tanto confundido por todo, pero el estornudo de su acompañante le hizo darse cuenta que estaban en medio de una lluvia que amenazaba con hacerse cada vez más fuerte-. Será mejor que te vaya a dejar.
-No es necesario, de verdad. Ya sabes que no soy…
-Eres un muchacho, que es menor que yo y no te dejaré ir a casa solo en medio de la lluvia –dijo tajante.
Shiro agradeció que esa noche las cosas hubieran salido bien, por que la amistad de Someoka le interesaba mucho.
-Fubuki –le llamaron desde atrás-. Estabas concentrado en algo y no me escuchabas.
-Lo siento –dijo apenado.
Someoka sonrió de lado mientras iban de camino a casa. Puede que Shiro no fuera una chica, pero había veces en que le costaba mucho ver la diferencia. Era tierno, inocente y delicado. Una mescla mortal si te estas enamorando.
Tropezaron con la mochila de Midorikawa que estaba en el suelo y con la mesa de noche antes de caer en la cama, envolviendo sus brazos en el cuerpo del otro.
-Eres un bruto inconsciente –dijo Midorikawa dentro del beso, mientras le iba quitando la camisa a Hiroto, que no ponía las cosas más fáciles.
-No escuché que te quejaras la otra noche –dijo mordiendo el cuello de su amante-. Ah, no espera –dijo apoyando las manos a los lados de la cara de Ryuuji que le miraba interrogante-, te quejaste demasiado, mi madre me preguntó quién era la zorra escandalosa que llevé a casa –dijo sonriendo de lado.
-Desgraciado –dijo pellizcando su costado antes de atraerlo por el cuello para besarlo otra vez-. Por eso me dijiste que hoy viniéramos a casa.
-Deja de hablar y a lo que vamos, por favor- dijo moliendo ambas caderas, sacando deliciosos gemidos de su amante, mientras él aguantaba los de él.
No recordaba muy bien cómo fue que pasaron las cosas la noche de la fiesta, pero de un momento al otro se encontró en su casa, besando a Midorikawa de manera desesperada, mientras le sacaba la excusa de vestido que llevaba y terminaba penetrándolo contra la pared de su habitación, dejando marcas en toda su espalda y rasguñando sus caderas al ritmo de las embestidas. Tal como lo hacía ahora, como lo penetraba con fuerza contra el colchó, bebiendo de sus labios, sintiendo su espalda arañada por las delgadas manos de Ryuuji.
No tardaron mucho antes de llegar al orgasmo, se habían estado aguantando por horas, con ellos constantes coqueteos de Midorikawa, que le hacía señas obscenas desde el campo de deporte y Hiroto lo veía desde su salón en el tercer piso, ansioso por bajar y quitarle la ropa a ese insolente que tenía por amigo y penetrarlo en frente de todos, para que nadie más le mirara, porque Ryuuji era un imán para las miradas, tanto femeninas como masculinas y Kiyama tenía que marcar su territorio.
-Deja de morder… mi cuello, bastardo –le dijo mientras se agarraba de las sabanas para no salir eyectado de la cama por la potencia de las envestidas.
-Eres mío, Ryuuji Midorikawa y todos se deben enterar de eso –dijo al momento en que eyaculaba en su interior.
Midorikawa no dijo nada, no tenía las fuerzas de todos modos, así que sólo se quedó ahí, son los brazos extendidos mientras disfrutaba de una mamada, lo necesariamente fuerte como para hacerlo correrse. Kiyama era un gran amante, eso no podía negarlo.
Diez años después
Terumi se había dedicado a la música, una pasión escondida de todos que sólo conocía su representante, Chae Chan-soo.
Chae le dio el nombre de Aphrodi para que se transformara en el Idol de todas las chiquillas que disfrutaba de su música, mientras él se encargaba tras bambalinas de arreglar todo.
Se habían casado hace seis años, cuando Chae, en un arranque de romanticismo máximo le había pedido que se casara con él subiendo al escenario, lo que dejó a muchas con corazones en los ojos, y otras tantas con el corazón roto en la mano cuando el rubio afeminado había saltado a los brazos de su representante y había dicho que sí.
Ahora estaban de gira por el mundo y Chae sabía que el éxito de su esposo estaba sólo en la parte más baja, llegaría a la sima y más allá.
Shiro Fubuki era el profesor de ciencias del instituto Arcángel, luego de que el antiguo profesor jubilara, él se quedó en el puesto encantado. Ese lugar había sido muy importante para su vida. Ahí había conocido a los que eran sus mejores amigos y al hombre con el que se casó en cuanto cumplió los diecisiete años. No podían esperar más, así que en cuanto Shiro cumplió la mayoría de edad se había casado con su novio desde los quince.
Someoka era un gran entrenador de atletismo y dividía perfectamente su tiempo entren su trabajo y sus dos amores. Shiro y la pequeño Kirino, su hijo de tres años. Ese maravilloso ser que Shiro trajo al mundo para ser amado por sus padres, que se desvivían por hacerlo feliz.
A sus cuatro años Kirino era el niño más afortunado y mimado del mundo.
Las cosas entre Mamoru e Ichirota no fueron muy bien en el principio, estuvieron de novios por un año y luego, por estúpidas peleas, habían terminado su relación de manera abrupta, haciendo que Kazemaru se fuera del país.
Mamoru se había desesperado, había pedido permiso a sus padrinos para seguir a su ex hasta el fin del mundo si era necesario, pero eso no fue necesario.
Era un día normal, Mamoru estaba en su computadora tratando mandándole un nuevo mensaje a Ichirota, diciéndole cuanto lo amaba, cuanto lo extrañaba y cuanto se lamentaba el haberle dejado ir. Cuando la puerta de su habitación fue abierta, le iba a decir a su madrina que le dejara solo, pero grande fue su sorpresa al ver a su amor parado en la puerta. Le había abrazado, le había pedido perdón y ambos lloraron. Fue entonces que Ichirota le contó la verdad de su huida, le dijo que estaba embarazado y que se había aterrado en un principio y que por eso había escapado, pero no podía más con ese amor que se desbordaba de su pecho y que si volvían a discutir lo solucionarían, porque todas las parejas tenían sus discusiones, no por eso iban a dejar de amarse.
Se habían casado dos años después, cuando ambos habían terminado la preparatoria y su hijo Kira les acompañó. Su madrina lo cuidaba y vivían en la casa de Mamoru, mientras terminaban la universidad y encontraran un trabajo para sostenerse.
Hoy en día Mamoru era entrenador de futbol y preparaba a las nuevas generaciones, su pequeño Tenma era su orgullo y el mejor jugador de su equipo, mientras que Ichirota se dedicaba a escribir, era el mejor escritor de su tiempo y eso los tenía más que satisfechos.
Kiyama era un gran empresario, el más emprendedor y sanguinario que había en el mercado y hacía temblar al que se le pasaba por delante, no dejaba que nadie se le escapara, no dejaba que el negocio de su familia se fuera a pique y obviamente, no dejaba que nadie mirara de más a su amante.
Se casaron cuando la madre de Hiroto se enteró del inminente embarazo de Midorikawa, lo que desencadeno en protestas por parte de ambos jóvenes, que no querían atarse a un compromiso como ese, pero la madre de Hiroto los sentó a los dos y mirándolos con rabia les dejó las ecografías de Midorikawa enfrente, diciéndoles que ese era su más grande compromiso y que por el bien de ese bebé le iban a dar una buena familia, cosa que ella sabía que pasaría, de todas formas había sido testigo presencial de ese amor que se tenían.
Ahora Midorikawa era el asistente de Hiroto y no podía dar un paso sin que sus dos hombres no dijeran algo al respecto, porque si algo había sacado Kariya de sus padres y en especial de Hiroto, había sido esos celos posesivos por Midorikawa, que a veces le hacían competir con su propio padre.
Los que se la pasaron muy bien en su vida fueron Sakuma y Genda, los dos se dedicaron a viajar por el mundo, Genda era portero de la selección de Japón y se llevaba a su pequeña familia para todos lados.
Seis años atrás la madre de Genda había muerto inevitablemente y su padre se quedó en Japón, ya jubilado del futbol y enseñando a chicos pequeños el arte de futbol. Genda había acarreado a toda su familia a donde fuera, no quería que ellos vivieran lo que él vivió de pequeño. Mucho menos su pequeño Kita.
Habían peleado mucho por él, Kita era el hijo de la hermana de Genda quien había muerto en el parto y quisieron quedárselo inmediatamente, pero la familia del padre del bebé quería lo mismo, por lo que recurrieron a su gran amigo para que los ayudara a ganar la custodia de Kita, Hiroto, quien contrató a los mejores abogados para que ayudaran en el caso, en el que salieron victoriosos y ahora el hermoso muchacho era hijo adoptivo de Genda y Sakuma, quienes desgraciadamente no podían tener hijos propios, pero eso no les importaba, su familia estaba por sobre todo y seguiría así hasta el día en que murieran, como se lo prometiera Sakuma a su suegra en las puertas de la muerte.
Fin
