ALEMANIA ¿quien lo diría?...

(Henrietta)

Henrietta una joven por cuya sangre corrían dos tipos de nacionalidades, la Alemana y la "latina" a partes iguales, quien fue nacida y crecida en los brazos de la mafia, pues su padre era uno de los peces gordos, mientras que su madre una prestigiosa mujer dedicada a la política, claro como infiltrada, ya que secretamente le debía fidelidad a la organización quien la metió a ese cargo por ser la que mejor cumplía con los requisitos.

Por más que los padres hicieron todo lo posible, ella siempre veía cosas que no debería ver a su edad, se colaba en reuniones donde no debería estar, escuchaba a sus padres hablando cuando pensaban que ella dormía. Cuatro año tenía cuando presenció el primer asesinato, fueron atacados en un paseo familia, así que mamá y papá tuvieron que actuar sin remedio o morirían, intentaron explicarle a la nena que era un juego, mal hecho, a la nena le gusto aquel juego... Fue cuando comenzaron a sentirse los brotes de la enfermedad.

- ¿Mami podemos jugar a ese juego de la otro noche? - sonrió la niña angelical aplastando la muñeca contra su pecho mientras se movía de una lado al otro sobre su eje.

- ¿cual juego mi pequeña? - pregunto la madre peinándole un fleco que se le había escapado a la cara.

- Ese juego donde papá mato a aquel hombre malo - sonríe la pequeña pensando que eso era algo bueno, mientras la madre palidecía y se ponía sería, su mano cayendo a un costado.

- Cariño ese juego no se jugará jamás, vale, no vuelvas a mencionar el tema - dijo en un tono autoritario, la nena cerro la boca de inmediato, pero la curiosidad quedo rebotando en su pequeña mente.

Sus padres movieron cielo y tierra para que la pequeña y dulce beba no tuviera nada que ver con aquel mundo, pero lo único que lograron fue crear un trastorno psicológico en ella que detono por completo a la temprana edad de 6 años. Los padres pensaban que la pequeña tenía una amiga imaginaría con la que hablaba, algo muy común y nada dañino, pero no, la nena hablaba con ella misma.

- Que hermosa muñeca - comento feliz sentada en la cama jugando con su regalo nuevo.

- ¿Hermosa? le falta algo para ser hermosa - la misma voz se escucho en la habitación, la pequeña camino hasta la cocina y saco un gran cuchillo para volver a su habitación y cortarle la cabeza en dos a la muñeca - Ahora si esta perfecta - rió de una forma fría y cruel.

-¡NO! mi muñeca - lloriqueo la misma voz.

Quien escuchará eso pensaría que se trataba de dos hermanas peleando por un juguete, pero no solo era la misma niña que mostraba sus dos lados.

- Como le digas esto a mami y a papi sufrirán mucho por tu culpa, de una forma muy, muy fea - canturreo en un susurro, mientras caminaba y tiraba la muñeca en el basurero de fuera para que no la vean.

- ¿¡por que?! son mami y papi - lloriqueo la nena desconsolada.

- Tú mami y papi - el tonó frío atacando la dulce y melodiosa voz de la pequeña.

Así fue como aquella aprendió a crecer con esta enfermedad, siendo dominada por el lado malo, utilizando el lado bueno por conveniencia cuando fuese necesario. Todo sentimiento de piedad y bondad fueron quedando enterrados en algún lugar de su cerebro y corazón, este último volviéndose cada vez más frío al ir perdiendo su lado bueno, ya que solo lo utilizaba a su conveniencia. Tenía un inteligencia única, torturaba a niños en el colegio para conseguir lo que quería, una muñeca nueva, un chocolate, un lápiz, lo que fuere, sin que nadie la pillará jamás, había sembrado el pánico en algunos de sus pares, prohibiéndoles que hablaran con alguien al respecto, al igual que lo había hecho con ella misma. Sus padres estaban orgullosos por las cosas que traía a casa, ella decía que sus amigos se lo regalaban o los profesores por ser buena alumna, por que así era, una de las mejores, una mente realmente brillante y perversa. Ellos eran ajenos a lo que realmente ocurría.

Pasaron los años la nena se convirtió en adolescente, ya sabía a que se dedicaban sus padres y quería meterse en ello, rogó que la metieran pero solo recibió castigos para alejarla de la organización así como estímulos por llevarla por el buen camino. Pero nada logro que al cumplir los 16 años se presentará con el jefe de su padre directamente para solicitar ingresar, rápidamente se lo ganó y recibió su primera misión. Como con cada miembro que ingresaba a la mafia, nadie más que el cabecilla sabía de la identidad de estos, hasta el día de la ceremonia donde se presentaban a los novatos al resto, junto con la prueba que los hacía ingresar, claro solo aquellos que pasaron la prueba... Entonces se mostraba un video donde estaban cumpliendo el acometido que se les había enviado, como ayudantes de algún veterano.

Henrierra entró ganando la confianza del jefe y convirtiéndose en la favorita pronto, pues para su misión fue ella quien sugirió la forma de tortura a aquel de un bando rival para buscar información fundamental y lo lograron, tuvieron la información y la víctima, a pesar que rogó la muerte, solo termino en el hospital gravemente herido.

Los padres presenciaron y se enteraron de todo aquel día de la ceremonia, la madre desecha en lágrimas, sintiéndose morir en vida, mientras que la chica se regocijaba con aquel sufrimiento considerándolo un premio. El padre sin embargo no podía dejar de sentir un orgullo por su hija, veía el trasfondo del asunto, además de ser un asesino con varios cargos en sus hombros, una familia un poco a típica.

Desde ese entonces ha sido la regalona del manda mas, estudió abogacía en la universidad saliendo con honores, consiguiendo rápidamente apoyo de los juzgados, todo un trabajo oculto para liberar a los cuales había jurado fidelidad. Con su madre no volvió a hablar desde aquel entonces, ella le rogó, imploro, suplico de rodillas que no hiciera eso, que se alejara o la perdería para siempre. Ya saben que decisión tomo Etta...

Pero las cosas luego de un tiempo se complicaron, la CIA metió las narices en los casos que había resuelto la chica, con sospechas, entonces para despistar, la mafia siempre iba un paso adelante de ellos, todo gracias a los infiltrados en distintas organizaciones. Aquella vez Etta metió a uno de los cargos importantes pero no relevantes a la cárcel, ella fue la encargada de fallar en contra de aquel por ordenes. Al finalizar ese caso luego de un par de semanas salió en un vuelo rumbo a Inglaterra, de "vacaciones" cuando se le había mandado a seguir un caso de cuidado, solo a vigilar y obtener información. No tenía que hacer nada solo por si aún la CIA tenía un ojo en ella, no se vería involucrada en nada criminal por un par de años.

En Inglaterra...

Cada noche visitaba distintos bares que tuvieran un privado, sin un patrón por si acaso la seguían, llevaba el portátil para seguir la pista del narco que andaban buscando, hace año y poco que había salido de Alemania, a la edad de 23 años faltando poco para los 24. Ya le había encontrado, tenía un patrón del tipo en el ordenador, sabía que hacia cada día, donde almorzaba, que desayunaba todo, solo esperaba ordenes para planificar la tortura y que otros se encarguen de llevar a cabo el trabajo sucio, esta vez ella solo era la mente maestra de la misión, la cual no debía de llevarse a cabo en Inglaterra, si no volvería los ojos de la policía a ella otra vez, y no, eso no debía suceder. Así que la misión se llevaría a cabo en dos meses, justo cuando el narco tiene planificado un viaje a Italia con el fin de "vacaciones" cuando en verdad iba a cerrar negocios.

Como cada noche que repetía algún bar, no eran tantos como para que en aquel tiempo no pasara más de dos veces ya por todos, citaba a un chico que le llamará la atención y la entretuviera un rato, la mayor parte del tiempo eran solo patanes, pero tenía buen ojo así que su necesidad sexual quedaba satisfecha, luego los despachaba como perros, solo uno le había llamado la atención, solo uno en todo este tiempo, uno que no hablaba muy bien él idioma y que tenía algo oscuro en la mirada, eso era lo que más le llamaba la atención, ese chico tenía potencial, lo leía en sus rasgos, quizá podría conseguir un nuevo y por sobre todo buena pieza, que ya habían bastantes que eliminar, que se convertían en solo un estorbo, esos, terminaban siendo entregados a la cárcel, no en bandeja claro, y siendo vigilados para que no hablen o simplemente terminaban muertos.

Aquella noche con aquel chico no terminaron en la "cama", cosa que le frustro un poco, pero si le intereso todo lo que hablaba, no era como que hablasen mucho tampoco, pero se dio cuenta que algo le llamaba la atención en aquel hombre. Había tenido un montón de no relaciones a los largo de su vida, experiencia de sobra, solo se manejaba por el placer y la necesidad, jamás repetía, solo los desechaba, considerando a los hombres solo una maquina de satisfacción personal, sin otra utilidad, tampoco tenía amigos, era una chica totalmente solitaria y eso le venía bastante bien. Aun no llegaba ninguna persona con el nivel necesario como para compartir más de un solo encuentro.

En aquel encuentro se dedico a combinar su lado buen y malo, a su antojo probando un tira y afloja luego de percatarse del comportamiento del muchacho de casaca de cuero negra. Aquel estaba dañado, lo podía ver en sus ojos, estaba totalmente dañado y eso solo aumentaba su curiosidad, además de sentir que estaba en lo correcto, a un ser así se le podía manipular a la perfección, no sabía cuando sería el próximo encuentro, pero sería cuando ella quisiera y en la situación que se le plazca, desde ese día comenzó una nueva investigación, luego de aquella casi escasa plática, donde su portátil estuvo todo el tiempo en su bolso, no tenía porque saber que nada al respecto la más mínima sospecha de algo turbio podría significar su salida rápida del lugar y lo peor que podía ocurrirle justo ahora era que la hicieran desaparecer del mapa. En este oficio nadie tenía el piso asegurado.

Se burlaba internamente del joven sentado frente a ella, al principio pensó que era un patán de buen cuero como otros.

- En que puedo servirte - llegando y sentándose en el espacio libre al frente a Etta. Con una sonrisa triunfante pero en un ingles espantoso.

- puedo notar que no eres de aquí - comento sin despegar la vista del chico con gesto analítico - Hablas pésimo - añadió sin importarle lo que aquel pensará, pero para su sorpresa se puso en pie dispuesto a irse, fue el primer indicio que llamo su atención

- Nena no estoy aquí para que te eches en cara lo que se o no - le guiño un ojo apoyando sus manos en la mesa acercando su rostro al de ella para alejarse y dar la vuelta

- Y así es como pierdes las oportunidades - comento en tonó aburrido, sabiendo que picaría el anzuelo, pero no, él siguió caminando a la salida del privado - ¿No te interesa saber que es lo que quiero proponer? - su tonó era lejos algo sugerente, si no que más bien negociador.

- Te escucho - dijo sereno dando la vuelta y la encaro apoyándose en el marco de la puerta cruzando los brazos sobre su pecho.

- Te piensas quedar allí de pie - alzo una ceja mientras ponía los codos sobre la mesa y apoyaba su mentón en sus puños en un gesto leve de interés.

- Aquí estoy bien - su tonó era frío y su posición no cambio, era una negación anticipada.

- Si no quieres escuchar lo que quiero decir, puedes irte - señala la puerta como tirando a un empleado a la basura para sacar su labial y retocar su maquillaje un poco, observando de reojo como él chico mirar atento a sus movimientos - ¿no te ibas? - termino por hablar la morena guardando su maquillaje en su bolsa.

- ¿De que se trata esto? - el chico termino por ceder al fin y luego de un bufido camino a la mesa sentándose donde antes había estado, peor se volvió a cruzar de brazos en un gesto arrogante.

Todo aquello fue el primer indicio de que las cosas se volverían interesantes en aquella platica, por que si, parecía que sería más platica que otra cosa...


¡Hola! aquí el primer capitulo de esta historia, paso contando como es esta misteriosa mujer, y como comenzó en encuentro con nuestros H.

Espero que les guste y ya veremos que es lo que piensa H de todo esto.

¡Saludos! y un abrazo psicológico a todos los "reviewteros" ^^