Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, todo es propiedad de J. K. Rowling. La canción que encontraréis más abajo es "My Heart is Broken" de Evanescence y les pertenece totalmente. Este fic participa en el Amigo Invisible 2013-2014 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


"Treinta días"

I can't go on living this way(No puedo seguir viviendo de esta forma)

And I can't go back the way I came(No puedo volver por el camino que he recorrido)

Shamed of this fear that I will never find(Avergonzada por el miedo a no encontrar...)

A way to heal my soul(...una forma de curar mi alma)

Había sido un mes largo.

Ginny no hizo caso de los súplicas de su madre que la instaban a quedarse en casa. Tras el funeral de Fred, que había sido triste y rápido, fue apareciéndose cada día en el de las decenas de conocidos que habían perecido en la Batalla. Fueron muchos los caídos: Colin, Tonks, Remus, Lavender...A algunos no había llegado a conocerlos pero sí a sus familiares así que asistió de todas formas.

En todos y cada uno de ellos, miraba alrededor, entre las personas, buscándole. Pero él no apareció. Al menos no de manera visible. Ginny no estaba enfadada con él, ni sus sentimientos habían cambiado. Simplemente no acababa de entender qué podría estar pasando por su cabeza. Había desaparecido, sin más. Ni siquiera Ron y Hermione sabían dónde estaba.

—Harry—susurró, con los ojos cerrados.

Estaba sentada en mitad del jardín, rodeada de altas briznas de trigo y gnomos, con un manto de estrellas brillantes sobre su cabeza. Se sentía como cuando era niña, y se escondía entre los árboles porque sus hermanos habían hecho algo especialmente cruel. Esas cosas pasaban a veces entre hermanos. Entonces, escapaba de casa y se sentaba entre el trigo, a descargar toda su frustración. A veces lloraba ahí, para que nadie más pudiera verla. Había utilizado ese lugar con más frecuencia de la habitual durante el último mes.

No podía creer que hubieran pasado sólo treinta días.

Cada hora que pasaba era un tormento. Ya no era capaz de estar mucho tiempo dentro de la Madriguera porque cada esquina le recordaba un comentario, una broma o una trastada de Fred. Tampoco podía soportar ver a George embobado, mirándose en el espejo. Era desgarrador y, siendo honesta, la aterraba. Todos decían que llevaría mucho tiempo, pero Ginny no estaba segura de que George no decidiera reunirse con su hermano en cualquier momento. Eso acabaría por destruirlos a todos.

—Ginny—era Hermione.

Su amiga había estado soportando la carga de una familia destruida durante ese mes. Ginny sabía que también lloraba por Fred, pero ambas eran conscientes de que su dolor no era comparable al de cualquiera de los Weasley. Ginny creyó que a esas alturas estaría en Australia, buscando a sus padres, pero seguía con ellos, sin emitir ni una queja. El pensamiento desató una extraña y fría ira contra Harry.

Él debería estar ahí, con ellos. Debería estar ayudando a su mejor amiga a lidiar con el panorama, debería estar apoyando a Ron en esos momentos. Debería estar aquí, con aquellos que eran su familia. En el fondo, Ginny era capaz de entender su necesidad de estar solo, de poner en orden sus pensamientos y decidir su camino pero eso no lograba consolarla. Le quería ahí, con ella.

—¿Por qué crees que se ha ido?—preguntó, incapaz de contener sus dudas.

Hermione entendió sin necesidad de más palabras que lo que Ginny temía era que fuese culpa suya que Harry no estuviese con ellos. Sabía que no tenía una base real para pensar eso, que no había razones por las que Harry pudiera estar enfadado con ella, a menos...A menos que ya no la quisiera. Y era eso lo que la carcomía por dentro.

—No deberías agobiarte con eso, Ginny—aseguró Hermione en voz baja. Había cierta solemnidad en el paisaje, en el momento, que ninguna de las dos deseaba romper con sus voces—. Creo que sólo necesita pensar en todo lo que ha pasado. Nunca he creído que tuviese el tiempo suficiente como para asimilar todo lo que le pasaba.

—Supongo que no—admitió Ginny, pensando en la cantidad de cosas en las que Harry se había visto envuelto a lo largo de los años—. Antes de terminar con un problema ya se estaba metiendo en otro.

Hermione asintió, a la vez que se sentaba a su lado. Llevaba un enorme libro en las manos que dejó sobre la hierba, no sin cierta dificultad. El gesto le hizo sonreír. Por un momento, era como si las cosas fueran como antes, con Hermione dando vueltas con sus libros, haciendo de enciclopedia humana. Fue una sonrisa tirante pero menos es nada.

—Tú madre está algo preocupada—comentó Hermione. Ginny torció la cara y la sonrisa se borró definitivamente de su rostro—. Cree que no deberías pasar tanto tiempo aquí sola.

—¿Entonces te ha mandado ella a buscarme?—había sido brusca pero estaba cansada de que siguieran tratándola como a una niña.

—Simplemente...

—Ahórratelo—replicó, a la vez que se levantaba.

¿Es que no podían dejarla en paz?¿Es que acaso no tenía derecho a alejarse del mundo?¿No podía estar enfadada con todos?¿No podía, si quería, maldecir a Harry por no estar ahí?¿Por qué eran incapaces de entenderlo?¿No se daban cuenta de que acababa de perder a su hermano sólo un mes antes?

Se quedó quieta, justo a la entrada de la Madriguera. Miró la puerta de madera. Estaba prácticamente nueva, apenas tenía dos años, ya que la vieja habían tenido que reemplazarla. Fred había prendido fuego a la madera con un hechizo experimental, o quizás lo había hecho adrede, sólo él lo sabía.

Fue en ese momento cuando tomó una decisión.

La idea había rondado por su cabeza desde el funeral de Fred, incapaz de concebir la Madriguera como su hogar nuevamente. No quería seguir allí, recordando todos los días a su hermano. Simplemente no podía. Iba a mudarse aunque eso le rompiera el corazón a su madre. Era algo que necesitaba hacer, y cuanto antes mucho mejor.

Entró dentro, preparándose para enfrentar a su madre y al resto de la familia que, sabía, lucharían con uñas y dientes por retenerla.


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