Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, todo es propiedad de J. K. Rowling. La canción que veréis más abajo es "Éblouie par la nuit" de ZAZ y le pertenece totalmente. Este fic participa en el Amigo Invisible 2013-14, y ha sido creado para mi AI, ScAr-PotterMaLfoy, a quien espero que le siga gustando. Muchos besos, guapa.

N/A: He tenido unos problemas horribles con FF, que se negaba a dejarme subir un nuevo capítulo así que hoy subiré bastantes, uno detrás de otro, porque me da miedo que se vuelva a tomar unas vacaciones. Todos te queremos, FF, pero eres un poco fieftero, eh.


"Reencuentros"

Éblouie par la nuit à coups de lumières mortelles (Deslumbrada por la noche, por destellos mortales de luz)

À shooter les canettes, aussi paumée qu'un navire. (Pateando latas, tan perdida como un barco)

Si j'en ai perdu la tête, je t'ai aimé et même pire (Sí, perdí la cabeza, te amé y todavía peor...)

Tu es venu en sifflant (...has llegado silbando)

Ginny resopló cuando vio una manta de hojas frente a la puerta del portal. Los barrenderos tenían la mala costumbre de arrastrarlas hasta los bordes y después recogerlas, dejando restos que se acumulaban y acumulaban. Al de una semana tenía una buena cantidad adornando la entrada.

Abrió la puerta con cierta dificultad, haciendo malabares con las bolsas que tenía en las manos. Maldijo cuando vio que el ascensor estaba averiado. Parecía que nada podía salirle a derechas ese día. Se había dormido esa mañana, por lo que había llegado tarde a trabajar, había tenido que soportar las miradas insidiosas de Betty Grahem cuando se dio cuenta de que su jefe no le había llamado la atención (Grahem estaba convencida de que era una enchufada), había tenido un altercado con un periodista especialmente irritante, lo cual saldría al día siguiente en la portada de Corazón de Bruja o El Profeta, si no en ambos...¡Y ahora el ascensor! ¿Qué más le tenía preparado el mundo?

Recogió el correo, que consistían en unas facturas y una postal de Ron y Hermione desde Australia. Después de cinco meses, por fin se habían decidido a ir a buscar a los padres de su amiga. Ginny sonrió cuando vio una foto de ellos en un sobre. Parecían algo más relajados que en los mejores días de esos últimos meses. Aunque podía imaginarse a Hermione loca de preocupación por la de clases que se estaban perdiendo, siendo ya octubre. Nadie sabía lo que le había pasado a Hermione por la cabeza, pero Ginny suponía que se levantó un día, y decidió que ya había soportado suficiente la pena de otros y era el momento de buscar a sus padres. Ginny aplaudía esa decisión, al igual que el resto de la familia Weasley.

Estaba colocando la compra, cuando el timbre sonó. Al fin se había acostumbrado al sonido, de hecho, ya no le parecía tan molesto. Caminó tranquilamente hasta la puerta, ligeramente sorprendida, pero había aprendido a no molestarse porque alguno de sus hermanos o sus padres decidiesen ir a hacerle una visita sin avisar. Aunque, viendo el estado en el que tenía el salón, deseó que no fuesen estos últimos.

Bueno, deseo concedido...

No estaba muy segura de cuál era su expresión exacta. Seguramente su cara era un poema. Sus ojos castaños le recorrieron desde las zapatillas desgastadas, hasta el pelo negro y, de forma increíble, domado. Harry estaba parado en su puerta, con una sonrisa pequeña y tímida, los ojos verdes llenos de miedo y el pelo corto, como muestra de que había encontrado la fórmula mágica para mantenerlo en su sitio. Ginny no pudo evitar pensar que le gustaba más de la manera habitual.

—Hola—dijo, ampliando un poco la sonrisa.

Ginny abrió la boca una y otra vez, inútilmente. No era capaz de emitir ni un sonido, y mucho menos de formar una frase coherente. Estaba alucinada. Desde que Ron le había dicho lo de la carta, no habían tenido más noticias de Harry. Ginny se había convencido de que pasaría mucho tiempo antes de que volvieran a verse. Que podrían ser incluso años. Había sido un proceso lento y doloroso. Primero había guardado esperanzas, después había empezado a cambiar, progresivamente, de parecer. Un día, se había despertado pensando que jamás volvería a verle. Primero lo había negado pero tras semanas de afanosa resistencia, había aceptado el doloroso hecho de que no le vería en mucho tiempo y que, quizá, para ese entonces cada uno tuviese una vida distinta. Y ahora se presentaba ahí, sonriendo, incluso confiado.

Frunció el ceño.

—¿Qué haces aquí?—vaya, eso sí que le había borrado la sonrisa de la cara—. ¿Qué quieres?

—Yo sólo...—comenzó, esta vez pareciéndose más al chico que ella había conocido—. Lo siento, no quería...Sólo quería verte.

Ginny se apartó, dejándole el paso libre para entrar en el apartamento. Le invitó a sentarse en sofá, no sin cierta sequedad en el tono. Sirvió dos vasos de whisky de fuego, consciente de que iban a necesitarlo.

—¿Y bien, qué has estado haciendo estos meses?

—He viajado, mucho—comenzó él, reculando inmediatamente al ver su expresión—. También he pensado mucho. En todo. La guerra, Voldemort, Fred—añadió dudoso.

Ginny cerró los ojos, tratando de encajar el golpe. El nombre de su hermano todavía dolía cuando lo pronunciaba o escuchaba. Sólo habían pasado algo más de seis meses desde la muerte de Fred y no se sentía preparada para hablar de ello. ¿Qué había pensado en él? Bueno, estaba claro que no era el único.

Ginny se tomó todo el whisky de un trago, preparándose para lo que estaba a punto de decir. Había pasado por muchas cosas. Y había tenido que soportarlo sola. Le daba igual lo que fuese que Harry hubiese estado haciendo, le daba igual si se había ido por la necesidad de alejarse de todo. Se sentía abandonada.

—Vete—susurró.

—Pero Ginny, déjame explicarte...

—No—dijo—. No quiero escucharlo, Harry. ¡No tienes ni idea de lo que ha sido!¡Seis meses sin ti!¡Seis meses completamente sola, lidiando con la muerte de mi hermano!¡Tuve que ir a su entierro, y enfrentarme a la visión de su cuerpo siendo sepultado bajo tierra!¿¡Y dónde estabas tú!?

—Ginny...—intentó de nuevo, para ser interrumpido inmediatamente.

—¡No!—siguió gritando. Había perdido el control. Estaba dolida, decepcionada y muy enfadada—. ¡Lo único que sé, es que no estabas a mi lado!¡Se suponía que estaríamos juntos al terminar la jodida guerra!¡Se suponía que todo iba a estar bien! Pero se ve que una vez más fui la ingenua de la historia. Nuevamente creí en cuentos de hadas.

Caminó hasta la puerta, y la abrió con fiereza, instándole a salir. Harry caminó lentamente hasta ella. Se paró justo cuando estaba por salir, mirándola a los ojos. Separó varias veces los labios tratando de decir algo, finalmente, susurró:

—Espero que puedas perdonarme.

Ginny desvió la mirada, esperó a que saliera, cerró la puerta y se echó a llorar.


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