Disclaimer: nada de lo que reconozcáis me pertenece, todo es propiedad de J. K. Rowling. La canción que veréis más abajo es "Because I want you" de Placebo y le pertenece totalmente. Este fic participa en el Amigo Invisible 2013-14 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black y ha sido creado para mi AI: ScAr-PotterMaLfoy. Un beso, guapa.


"Un vacío entre nosotros"

Tear us in two is all it seems to do (Destruirnos es todo lo que parece que hacemos)

As the anger fades (A medida que la ira se desvanece...)

This house is no longer a home (...esta casa deja de ser un hogar)

Ginny estaba incómoda. Y eso no era nada justo. Era su casa, por mucho que se hubiese mudado. Ella había vivido durante años allí, ella tenía recuerdos entre esas paredes. Esa casa la había visto llorar, gritar, reír, soñar, jugar, bromear...Y millones de cosas más. Debería ser él el que se sintiera incómodo, no ella. Y sin embargo, Ginny era la única que parecía tensa como una tabla.

Eso la cabreó.

Él les había abandonado, y todos parecían aceptarle como si nada hubiese pasado. Hasta George había sonreído un poco al verle llegar. Nadie había conseguido arrancarle una sonrisa en seis meses, y él sólo tenía que poner un pie en la Madriguera para hacerlo. Ginny sabía que su actitud estaba siendo infantil, que quizá debería escucharle antes de juzgar y que debería estar contenta de que tuviese ese efecto sobre la familia, pero entonces rememoraba esos seis meses sin él, y era demasiado.

Bufó, cuando vio una distraída caricia de su madre al pelo de Harry. Se miraron un momento, antes de que él desviase la mirada. Era increíble el cambio que había dado. No era algo físico, a parte del pelo, todo él seguía como lo recordaba. Quizá mejor alimentado, pero eso no era lo realmente importante. No, lo importante era aquello que no se podía ver desde fuera, pero que se escuchaba y sentía. Estaba más confiado, hablaba mucho más, y la fina capa de incertidumbre que siempre le había acompañado parecía haberse evaporado. Era como si hubiese empezado a vivir ese mismo día. Y eso era tan malditamente lógico que fastidiaba a Ginny hasta el límite.

Incapaz de seguir viéndolo, dejó la mesa en la que estaban charlando, y salió al jardín tratando de respirar con tranquilidad. Quería estar enfadada con su familia, pero se sentía incapaz de hacerlo. De hecho, no podía reprocharles nada. Ella misma había estado nerviosa desde que Ron le dijo que Harry iba a comer el domingo a la Madriguera. Esa mañana se había encontrado ante el espejo, buscando la ropa adecuada, queriendo sentirse guapa y especial. Para él. Siempre para él. Finalmente había terminado enfadándose consigo misma y cogiendo unos vaqueros cualquiera y una camiseta de quidditch.

Al igual que cinco meses atrás, se sentó entre las briznas de trigo, mirando el cielo gris. Octubre. Desde luego que tenía que hacer frío. Ginny sonrió, agradecida por el ambiente familiar. Hacía frío pero un simple encantamiento calentador sobre su ropa la protegía del tiempo.

—Ginny—la chica levantó la cabeza, y sonrió al ver a George—. He tenido que dar varias vueltas para encontrarte.

—¿Y para qué querías verme?—preguntó Ginny, invitándole a sentarse a su lado.

—Nada especial—dijo, con una pequeña sonrisa. Hacía alrededor de dos semanas que no se veían y Ginny se alegró de ver que su hermano estaba mejorando poco a poco—. ¿Cómo te va en la revista?

—Me gusta mucho, la verdad—admitió Ginny—. Aunque estoy harta de Grahem. Sigue convencida de que me contrataron por ser una Weasley, a pesar de que las ventas han subido desde que salió mi columna.

—"Los grandes acontecimientos del quidditch, por Ginevra Weasley para El Quidditch Internacional"—anunció George, con tono grandilocuente y extendiendo una frase imaginaria en el aire.

—Exacto—dijo, riendo—. Ese reportaje ha sido de los mejores de la revista en varios años y me ha costado meses conseguir una oportunidad, pringando como becaria. Me lo merezco.

—Ya, ya—dijo, en tono condescendiente—. Entonces, ¿estás cabreada con Harry?—soltó, a traición.

Ginny abrió los ojos desmesuradamente, pillada por sorpresa.

—¿Por qué lo preguntas?—terminó diciendo, controlando la expresión.

—Oh, porque me tienes un poco confuso—contestó, sonriendo burlonamente—. En ocasiones le miras como si quisieras arrancarle la cabeza pero otras veces es como si lo que quisieras arrancarle fuera la ropa y...

—Vale, vale—Ginny levantó las manos, tratando de parar las palabras de George. Él sonrió. Había sonreído más en esos últimos cinco minutos que en medio año, lo cual era genial, aunque a Ginny le hubiese gustado que no fuese a su costa—. Lo he entendido, pero tengo que contradecirte. Yo no quiero arrancarle la ropa y...ya me entiendes.

—Sé que estás dolida—siguió, poniéndose serio repentinamente—. Yo también lo estaba pero hablé con él, le escuché y traté de comprenderlo. A diferencia de lo que puedas pensar, no es la primera vez que nos vemos. Fue a buscarme el día en que volvió, no le traté muy bien al principio pero dejé que se explicara. Después le eché, por supuesto.

—¿Por qué?—preguntó Ginny, sin entender cómo había pasado de echarle de su casa a comer con él amistosamente.

—No lo entendía, estaba enfadado y dolido. Fue después de tomarme una botella de whisky, llorar durante dos horas y pensar muchísimo, que pude llegar a comprenderle.

—¿Qué fue lo que te dijo?

—Eso, sólo él te lo puede decir—George se levantó, sacudiéndose el trasero de hojas y suciedad—. Por cierto, desde luego que quieres arrancarle la ropa.

—¡George!—gritó, viendo cómo se marchaba riendo.

Ginny sonrió, alegre de verle tan animado, incluso aunque fuese sólo algo pasajero. Esperaba que eso fuera señal de que empezaba a recuperarse. Ginny pensó en las palabras de George pero no quiso dejarse convencer. Harry se había equivocado y ahora había un vacío demasiado grande entre ellos. Un vacío demasiado grande como para llenarlo.


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