LA ESTRELLA DEL NORTE

¡Holitas todos denuevo! Muchas gracias a los que me han dejado reviews y han leido esta historia que recién comienza. Bueno, quiero disculparme por el retraso, y porque cometí una estupidez hace un tiempo: no sé cómo fue, pero pasé a borrar mi historia, y con ella se fueron los reviews. Pero bueno...

Ahora, agradecimientos:

Earwen Eresseâ: Muchas gracias por tus palabras. Que bueno que te haya gustado la forma de humanizar a Hasym. ¡Que rico que te guste Legolas, porque así tenemos otra cosa en comun! (De las millones ya). Y bueno, este capitulo va dedicado a ti. Chau!

Elenawen¡Tienes toda la razón! Mislif les demostrará a todos los hombres de la Tierra Media de lo que son capaces las mujeres. Muchas gracias por tus palabras.

Carmenchu: Gracias por tu review. A mi tambien me gustaría que Legolas me llamara "Joven dama". Que rico que te guste Hasym, aunque no aparecera mucho.

Legolas Mirkwood: Gracias por tus palabras y espero que este capitulo te guste.

Lórien Potter: Amiga, muchas gracias por tu review, me alegro que te haya gustado e intentaré no abandonar mi fic de Harry Potter.

Y ahora, sin más...

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

CAPÍTULO 3

"EL BOSQUE NEGRO"

- ¡Cuidado, joven dama!- exclamó Legolas, al ver que Mislif pisaba una frágil rama sobre un árbol, al cual se había subido por diversión. De pronto, su pie resbaló y cayó; pero Legolas fue más rápido y, ágilmente, la atrapó entre sus brazos.- Debería cuidarse en este bosque, pues no todos los árboles son amistosos, y menos con quienes no conocen.

- Ya me di cuenta; gracias.- gruñó Mislif, mirando iracunda al viejo árbol. Entonces, se dio cuenta de que estaba aún en los brazos de Legolas.- ¿Me podrías bajar? Por favor.- dijo ligeramente sonrojada.

- ¡Oh, claro, lo siento!- se disculpó él y la dejó, suavemente, en el suelo.

Hasym, que estaba un poco más atrás, sonrió al ver aquella escena, pero nada dijo; limitóse sólo a mirar a su alrededor. Era cierto, muchos de los árboles de aquel lugar eran, posiblemente, peligrosos. Legolas se lo había dicho: el Bosque Negro se había trasformado en un lugar nefasto. Aunque, tal vez no en el sitio en que se hallaban en aquel momento.

- Legolas, amigo¿tienes idea de cuánto nos falta por recorrer hasta tu tierra?- preguntó, algo malhumorado.

- Alrededor de tres días más de viaje y ya estaremos en mi hogar.- respondió el Elfo, mirando a su alrededor.- Llevamos un buen tiempo, así que no creo que tengamos que ver más orcos, como hace unos días.

Los tres viajeros llevaban dos días de viaje, dentro del Bosque Negro, y éste parecía hacerse cada vez más peligroso y hostil. Mislif estaba un poco aburrida, porque ahora le impedían subirse a los árboles, pero, de todas maneras, parecía disfrutar mucho de su nueva libertad. En menos de una semana ya había tenido su primera batalla con orcos, había conocido a un hermoso y gentil Elfo, y ahora iba a visitar un auténtico reino de Elfos.

- Este sitio debió de ser increíble hace tiempo¿verdad?- preguntó la joven.

- Completamente; pero ha sido transformado por la maldad.- contestó Legolas, quien iba a su lado. Ellos dos parecían llevarse bastante bien; aunque, Mislif seguía algo sentida por el hecho de que Legolas fuera mucho más hábil que ella luchando, y porque le haya lanzado aquella flecha, en el hombro, cuando se conocieron. Aún así, conversaban mucho y reían de anécdotas que les habían acontecido. Pero, Mislif seguía sintiendo que la diferencia de edades entre los dos causaba cierta tirantez en sus pláticas; Legolas también lo había sentido, y parecía conversar muchísimo más, sobre temas serios y actuales, con Hasym.

- No cambiará nunca esta situación.- suspiró la joven, con pesadumbre.

- ¿Qué situación?- preguntó Legolas, más atrás. Mislif quedó sorprendida que él hubiera escuchado, puesto que no había hablado en voz alta.

Hasym pareció comprender y, riendo, dijo:

- Los Elfos tienen un oído muy fino, joven Mislif. Casi nada les pasa desapercibido.

- Oh, ya veo.- contestó la joven, comprendiendo.- No era nada importante lo que dije, descuiden.- y suspiró denuevo, pensando que aquella era una nueva diferencia entre los dos.

Al día siguiente, el clima pareció cambiar considerablemente: comenzó a llover, pero las gotas de lluvia raramente pasaban por entre medio de las densas ramas de los árboles; además, el frío iba en aumento, y las noches, cada vez más heladas, requerían más ropas para dormir. Era evidente que el otoño ya estaba mostrando, mucho más, su fría cara, y ya no tenía compasión con quienes viajaban. Muchas hojas caían de los árboles, como una especie de lluvia seca, que era realmente bella.

Los dos días que faltaban pasaron casi sin incidentes dignos de mencionarse, aunque, cabe señalar, que el clima era cada vez más frío y los árboles era más oscuros a medida que avanzaban en aquel enorme reino.

Cierta madrugada (la del cuarto día), comenzaron a oírse, incesantemente, el canto de muchas aves; lo cual fue entendido por Hasym, porque anunció:

- ¡Radagast está cerca¡Nos espera un poco más allá!

- Debe de tener demasiada prisa.- comentó, sombríamente, Legolas.

- ¿Es decir, que ya quiere partir?- preguntó Mislif.

- Así parece.

- Legolas¿qué hay más adelante? Yo no lo recuerdo bien.- dijo ceñudo, el viejo mago.

- Un puesto de vigilancia.- contestó el Elfo.- ¿Acaso Radagast está ahí?

- Así parece ser.- murmuró Hasym.

Reanudaron la marcha y, al cabo de unas horas, se hallaban siendo recibidos, aunque celosamente, por unos elfos que estaban de guardia. Sin embargo, al ver a Legolas dejaron su hostilidad de lado, para luego hacer unas pequeñas reverencias a los recién llegados. Legolas les preguntó si Radagast el Pardo estaba junto a ellos, y los elfos contestaron que, efectivamente, el mago se hallaba ahí, y que esperaba, impacientemente, a alguien.

- Muy bien, entonces entraremos.- dijo Legolas, mirando a Mislif y a Hasym.

- Sí, señor. Adelante.- contestó uno de los elfos, haciéndose a un lado para abrirle paso hacia unas plataformas de madera, sobre los árboles; a las cuales se subían por escaleras, hechas de cuerdas, y para entrar a ellas había que pasar por un agujero. "A esto se le llama flet, Mislif." le explicó, al oído, Hasym. Una vez adentro, se encontraron con un hombre, de aspecto cansado, con unas ropas de color pardas, con una barba, no muy larga, y una vara sencilla. A primera vista, podía verse que era bastante huraño, pero, al cabo de una conversación, se descubría a un hombre bastante alegre, y a quien se le formaban unas margaritas en las mejillas, al sonreír.

- ¡Amigo, Radagast!- saludó Hasym, adelantándose hacia el otro mago.- ¡Celebro mucho verte, pues quería hablar contigo, lenta y pausadamente!

- Yo también celebro verte, amigo Hasym.- contestó Radagast, con una pequeña sonrisa, algo nerviosa.- Pero, me temo, que nuestra conversación no será lenta ni pausada, pues el tiempo apremia y debo viajar lo más pronto posible.

- Sí, lo sé.- murmuró Hasym, sumido en sus pensamientos. Luego, miró hacia donde estaba Mislif, y la presentó.- Esta joven, que ha venido conmigo, es Mislif, la hija de Musolf. ¿Recuerdas a Musolf?

- Claro que sí.- sonrió Radagast.- Era un hombre muy alegre, pero, tal vez, demasiado impulsivo. ¡Oh, encantado de conocerte, pequeña!- se apresuró a decir, con cierto sobresalto.

- El gusto es mío, señor.- contestó Mislif, sonriendo a su vez. Los dos magos, pidieron las correspondientes disculpas, por tener que separarse, y se fueron a otro flet a conversar tranquilamente. Entonces, Mislif tuvo que quedarse sentada un rato, sólo en compañía de uno de los elfos guardianes, ya que Legolas había ido, con el otro, a buscar provisiones para desayunar.

La joven se sentía algo incómoda, con un sujeto, extraño para ella, y que sólo la miraba de reojo algunas veces, para luego seguir mirando hacia afuera, por una ventana.

- ¿Hay mucho que hacer en este puesto de vigilancia?- preguntó Mislif, tratando de quebrar aquel molesto silencio.

- A decir verdad...- titubeó el elfo. ¿Debía responderle? Al menos no perdía nada, ya que venía con su señor, Legolas.- Bueno, hasta ahora ha estado tranquilo, pero hay días en que, pues..., necesitamos refuerzos.

- ¿Se refiere a que han bajado muchos orcos de las montañas, últimamente?- preguntó Mislif, con cierta preocupación. Recordaba a los orcos de aquella noche, en que seguían viajando; y el recuerdo no era muy agradable.

- Así es.- contestó el elfo, mirándola con cierto recelo.- Han bajado demasiado a menudo, para provocar que este lugar ya no sea el sitio tranquilo de antaño.

- Me imagino.- asintió la joven, a la vez que entraban Legolas y el otro elfo.

- Mislif, supongo que tendrás hambre.- dijo el primero.- ¿Quisieras venir a desayunar conmigo?

- Claro.- aceptó, gustosa, la joven; sintiendo, nueva y estúpidamente, que las mejillas se le coloreaban un poco. Se levantó y siguió a Legolas por un pequeño puente de madera, que conectaba varios flets de distintos árboles. Éstos últimos eran enormes, muy frondosos y de troncos bastante anchos. Tenían muchas ramas, la mayoría gruesas, pero que iban haciéndose más delgadas a medida que estaban más arriba. Era un sitio increíble, donde parecía haberse detenido, por un poco, el tiempo. Se sentía que había demasiada historia en aquel lugar; muchos recuerdos, tal vez la mayoría de tiempos mejores, pero, de todas maneras, con una ligera nota de oscuros pensamientos, los cuales eran sentidos en el aire, que se hacía más pesado, de vez en cuando.

- Aquí es. Pasa.- anunció Legolas, dejando pasar a Mislif dentro de un flet, bastante más amplio que el anterior, y que estaba más acondicionado de muebles para descanso. Había una pequeña especie de cama, con fundas delgadas, algunas almohadas; también, había una mesa redonda y unas cuantas sillas. Sin contar, algunas cajas con grabados, donde, parecía ser, se guardaban los alimentos.- Si quieres, puedes dormir luego.- continuó el Elfo, entrando detrás de ella.

- Muchas gracias.- contestó Mislif, sintiendo que tenía un poco de sueño.

- Siéntate, mientras yo saco algunos víveres.- dijo Legolas, acercándose a la caja con los grabados.- Espero que no te moleste comer algunos alimentos élficos.- dijo.- Pero es lo único que tenemos.

- ¡Oh, no es problema, en absoluto!- se apresuró a decir Mislif, quien estaba muy emocionada al poder probar comida de elfos; y, en vez de que le molestara, se sentía halagada, al poder, luego, comentarlo en su pueblo. Su pueblo... ¿Cómo estaría su madre¿Preocupada o feliz de verse libre de su hija un tiempo? Tal vez lo primero, pero...

Sus pensamientos, algo preocupados y nostálgicos, se vieron interrumpidos por la voz de Legolas, quien la llamaba.

- Mislif... ¿joven dama?

- ¡Oh, lo siento!- exclamó, dando un respingo.- ¿Me decías?

- Pues..., es sólo que ya tienes servido.- sonrió Legolas con dulzura.

- ¡Ah¡Muchas gracias!- contestó la joven, sintiéndose bastante tonta. Legolas debía de verla como una jovencita bastante despistada y extraña. Bueno, ella sabía que no era igual a todas las chicas, puesto que siempre le habían dicho que no era muy femenina; pero Mislif estaba segura de lo contrario: que ella no demostrara lo que sentía, no significaba que no fuera femenina. Tal vez..., tal vez tenía un concepto de feminidad bastante diferentes que los demás. ¿Acaso ser una señorita implicaba sonrojarse por todo, llorar por cualquier cosa y sentir asco de los insectos? No, definitivamente no. "Creo que debo de replantearme algunos pensamientos." se dijo con determinación. "Bueno, pero puedo demostrar que..."

- Joven dama. ¿No tiene hambre?- se oyó, nuevamente, la voz de Legolas, cortando el chorro de pensamientos de la joven.

- ¡Oh, lo siento!- repitió Mislif, esta vez sonrojándose.- Estoy bastante despistada últimamente.- comentó, probando los bocados que tenía en frente; y que, afortunadamente, eran bastante sabrosos, como se los había imaginado.

- Debe ser porque extrañas tu hogar¿verdad?- sonrió Legolas.- Bueno, es comprensible.

- ¿Extrañarlo!- exclamó, asombrada, Mislif.- No, a decir verdad no lo extraño. Lo único que quería era salir de ahí, y lo conseguí. Sólo..., sólo me pregunto cómo estará mi madre. Es que... ¿sabes...?

- Dime.- incentivó el Elfo, inspirando cierta confianza.

- Bueno..., yo no fui muy buena con ella antes de irme; a decir verdad, me porté muy mal.- contestó Mislif, sintiendo una punzada de arrepentimiento.- Sólo le dejé una nota, que decía "Voy y vuelvo"; nada más...

- Mmm. No me parece muy bueno. Pero, no soy quien para juzgarte.- dijo Legolas, con seriedad.- Yo he salido de casa bastantes veces, sin avisar, y he recibido un enorme sermón sobre las responsabilidades que implica el ser príncipe y..., bueno, todo eso...

Mislif rió, ya que no se hubiera imaginado que alguien como él, había tenido problemas con sus responsabilidades, igual que... que todo el mundo. Sonrió, un poco más tranquila, al saber que podía conversar con Legolas, sin sentirse cohibida.

- ¿No comerás, Legolas?- le preguntó, al cabo de unos momentos, viendo que él no había probado nada.

- No; no tengo apetito.- contestó, sumido en sus pensamientos.

- ¿Estás preocupado por...?- la joven no alcanzó a terminar la pregunta, ya que entró en la estancia uno de los elfos en guardia y dijo, luego de hacer una reverencia:

- Señor, su primo, el señor Tharen, ha solicitado permiso para hablar con Usted. Dice que es muy importante y, como el tiempo apremia, es urgente.

- Bien. Dile que iré a su encuentro ahora mismo.- contestó Legolas, mirando rápidamente a Mislif.- Joven dama- dijo, una vez que salió el guardia -, lamento tener que dejarte sola, pero puedes aprovechar para descansar. Nos vemos; volveré pronto.- añadió levantándose y saliendo de la estancia. Mislif se quedó sola, lo que la ayudó a dormir un rato. Se acostó en la cama que ahí había y tuvo un sueño tranquilo, excepto cuando un sueño que tuvo, la interrumpió en su descanso.

En su sueño, se vio, de noche, rodeada por un centenar de orcos, todos muertos; y, en medio de los cadáveres y a unos pasos de ella, había una figura, alta, que parecía meditar y no prestarle atención; pero, al parecer, era un elfo, y Mislif supuso que sería Legolas, pues el parecido era grande.

Entonces, despertó. Aunque fue con un sobresalto, ya que, al abrir los ojos, se encontró con el rostro de Hasym, que, con las sombras, parecía tenebroso y con las arrugas mucho más marcadas.

- ¡ Por Elendil¡Viejo loco!- exclamó algo molesta.- ¡Esa no es manera de despertarme!

- ¿Y quién, acaso, venía a despertarte, chiquilla histérica?- replicó, enojándose, el mago.- Sólo venía a comer algo. Acabo de terminar mi conversación con Radagast.

- ¿Acabas de...?- la joven miró, asombrada, hacia el exterior y vio que ya estaba oscuro.- Pensé que, cuando se referían a hablar rápidamente, sería rápido, no de horas.

- Bueno, hubo muchas cosas que hacer y que requerían nuestra atención, jovencita.- dijo Hasym, sentándose en una silla y comiendo un poco de pan.- Partiremos mañana.- anunció, al cabo de unos instantes.- Tú volverás a casa¿entendiste?

- ¿Mañana!- exclamó Mislif molesta.- ¡Acabamos de llegar, Hasym! No puede ser que ya mañana tengamos que partir.

- ¡El tiempo apremia, joven Mislif, y no se puede perder ni un solo segundo! Aunque..., me temo que ya se han perdido bastantes...

- ¿A dónde irás tú?- preguntó la joven, bastante decepcionada.

- A Orthanc, la morada de Saruman el Blanco, es el más importante de mi Orden.- contestó Hasym, algo sombrío.- Radagast también irá y debemos apurarnos.

- Bien...

- No te desanimes, pequeña.- sonrió el mago, al ver que Mislif estaba cabizbaja y triste.- Esta no será la última vez que salgas. Haz dado el primer paso, lo que seguirá será sólo una jugada del Destino y de la suerte que tienes, pequeña.

Mislif sonrió, pensando que Hasym tenía mucha razón y que debía volver. Al cabo de unos minutos, entró Legolas, con el rostro sombrío, pero, al ver a la chica y al mago, sonrió levemente.

- Me han comunicado que debo partir.- anunció.- Elrond, Señor de Rivendel, ha convocado a un Concilio y mi padre, Thranduil, me ha dicho que debo ir y dar las noticias que aquí han ocurrido.

- ¿Elrond¿Rivendel?- preguntó curiosa Mislif.

- Así es.- contestó Legolas, mirándola.- Elrond, poderoso entre los Elfos, es el Señor de Rivendel, la Última Casa Simple al Este del Mar. Debo ir hacia allá, muy cerca está de las Montañas Nubladas.

- Nosotros partiremos mañana mismo.- dijo Hasym.- Mislif volverá a Pueblo Gris y yo iré con Radagast el Pardo a Orthanc, en Isengard.

- Muy bien, entonces partiremos juntos.- dijo Legolas.- ¡Ay! Casi olvidaba a la joven dama.- Mislif lo miró extrañada.- No puede irse sola hasta su pueblo.

- ¿Por qué no?- replicó Mislif, más extrañada que antes.- Lejos no está para que tenga alguien que ir conmigo.

- Legolas tiene razón.- dijo Hasym serio.- El tiempo no es favorable para los viajes solitarios, menos si son hechos por jovencitas.

- Pero...

- ¡Que no se diga más!- interrumpió Legolas.- Yo la acompañaré, Hasym.

Ambos miraron al Elfo, el viejo mago lo hizo con agradecimiento y tranquilidad, mientras que Mislif lo hizo con vergüenza y una especie de alegría idiota. Sin contar el hecho de que le molestaba profundamente que la vieran como la niñita indefensa y propensa a cualquier problema.

- Muy bien; está decidido.- sonrió Hasym, con cierta burla.- Dado que Mislif no se queja de tu compañía, Legolas, tú irás con ella, como amablemente lo has dicho.

- Descansa, joven dama.- dijo Legolas a la joven.- El recorrido será largo, pero debemos llevar un paso rápido, y sé que puedes hacerlo, Mislif. Sólo te acompañaré hasta donde crea conveniente, pues sé que puedes valerte por ti misma.

Eso animó de cierta manera a Mislif: el hecho de que alguien se hubiera dado cuenta de que podía cuidarse y defenderse sola, así que aceptó gustosa la compañía de Legolas. Se acostó a dormir y, a la mañana siguiente, cuando era aún muy temprano y los rayos del sol entraban delicadamente por entre las ramas y hojas de los frondosos árboles, se despertó algo somnolienta.

Legolas ya estaba en pie cuando Mislif se levantó y salió del flet, en que había pasado la noche, y la joven estuvo segura de que el Elfo no había dormido o que, si lo había hecho, había sido muy poco.

- Buenos días, joven dama.- saludó Legolas, acercándose a ella.- ¿Lista para partir?

- Sí.- limitóse a contestar Mislif, reprimiendo un bostezo.- ¿Dónde está Hasym?- preguntó una vez que se hubo lavado y arreglado.

- Se ha ido.- contestó Legolas, mirándola dulcemente.- Antes del alba se subió a un veloz caballo y partió rápidamente, en compañía de Radagast el Pardo, hacia Isengard, allá muy lejos en el Sur. Pero, te ha dejado una nota conmigo. Tómala.- dijo, tendiéndole una carta.

Dentro, y con letra rápida y casi ininteligible, decía:

Bosque Negro. Año 3018.

"Querida Mislif: "No todas la estrellas están quietas en el vasto Universo, sino que hay algunas que deciden salir a recorrer lo que la vida les promete, para luego mostrar a los demás cuán luminosas y bellas pueden ser.

"Pequeña Estrella del Norte, sé lo que anhelas y harás, así que te deseo la mejor de las suertes, y que los Cielos te cuiden, como lo desea tu viejo y gruñón amigo. Haz que esa luz, que dentro de ti está, ilumine el camino de muchos que se han dejado cegar por la maldad del Este.

"Cuídate mucho,

Hasym."

- ¡Oh, Hasym!- exclamó Mislif, una vez que terminó de leer la carta. Sintió un pequeño nudo en la garganta, pero luchó con todas sus fuerzas para no derramar unas tiernas y solitarias lágrimas que deseaban deslizarse por sus mejillas.

- ¿Todo bien?- preguntó Legolas.- Vamos a comer algo y luego partiremos.

Dicho y hecho. Ambos comieron un agradable y reconfortante desayuno, para luego partir casi enseguida. Mislif se despidió en Lengua Común de los elfos que hacían guardia, mientras que Legolas lo hizo de su propia manera, y con el lenguaje de los de su raza.

Al cabo de unas horas, estaban en pleno recorrido y ya pasaban cerca de los límites del Bosque. Avanzaban a un paso bastante rápido, pero no se cansaban, ya que el punto fuerte de ambos era la agilidad de sus piernas. Durante el trayecto, hablaron muy poco, sólo cuando comieron algo al anochecer conversaron.

- ¿Estás muy cansada, joven dama?- preguntó Legolas, sentándose frente a ella, en una suave hierba.- Pareces estarlo, además de mostrar que muchos pensamientos ocupan tu mente.

- Así es.- contestó Mislif, mirándolo a los bellos ojos élficos.- Pero cansada no estoy, eso te lo puedo asegurar. Te he seguido a un buen ritmo y mis piernas pueden mucho más.

- No lo dudo.- sonrió él. Legolas no durmió esa noche, aunque Mislif tampoco permaneció sumida en sus sueños durante todo el tiempo de oscuridad. Casi no conversaron, ya que la joven no quería interrumpir los pensamientos del Elfo, que creía, eran bastante importantes. A la mañana siguiente, ya retomaban el paso nuevamente y comenzaban a salir del Bosque Negro, puesto que los árboles eran menos frondosos y, a través de ellos, comenzaba a verse la luz del día que nacía con mayor intensidad que en el lugar en que habían estado el día antes.- Falta muy poco, joven dama. Apurémonos.- dijo Legolas, comenzando a avanzar más rápido por entre los árboles.

Al cabo de unas horas, ya casi habían salido completamente del Bosque Negro y, a lo lejos, comenzaba a verse las vastas praderas, que precedían a los campos de Pueblo Gris, muy cerca de las Montañas Grises o Ered Mithrin, como también se les conocía. Otro día pasó, mostrando, a lo lejos, cómo el enorme Sol escondía sus rojos rayos, tras unas frías nubes en las altas colinas y montañas, para dar paso a una noche, una fría noche que traería consigo un extraño aire denso, lleno de preocupación, temor, y, sobre todo, la tensión de una guerra que se aproximaba cada días más.

Esa noche, Mislif estaba sentada, en una roca bastante alta, mirando hacia el Sur. Y, mientras lo hacía, pensaba en Hasym, en sus palabras. El sabía que ella no pretendía, si se le permitía, quedarse mucho tiempo en Pueblo Gris. Con quien fuera, o incluso sola, saldría. Además..., Hasym había dicho algo de iluminar a quienes hubieran sido cegados por la maldad... del Este; lo que significaba que él estaba, por así decirlo, consintiendo que ella viajara, lo cual le daba ciertas esperanzas y alegrías.

La joven seguía sentada, sumida en sus pensamientos jóvenes, cuando Legolas se le acercó, subiendo, luego, la roca y sentándose a su lado. Mislif se sintió algo cohibida, pero supo mantenerse en una posición algo indiferente a la belleza del joven Elfo.

- Mañana deberé dejarte, joven dama.- anunció Legolas, mirando en la misma dirección.- Sé que te cuidarás por ti misma hasta llegar a tu hogar... Y eso me tranquiliza mucho.- agregó mirándola de reojo. Por eso, sonrió con dulzura al ver que a ella se le habían coloreado ligeramente las mejillas.

- Muy bien.- contestó Mislif, poniéndose de pie.- Buenas noches, amigo Legolas.- añadió, bajando ágilmente la elevada roca. Al llegar al suelo, sintió que, extrañamente, el corazón le latía rápidamente. "¿Por qué?", se preguntó sorprendida. "No tengo miedo alguno y tampoco estoy agitada por el cansancio." "¿Será qué... me estaré enfermando por el clima?" "Sí, eso debe ser."- Esta noche deberé dormir abrigada para que se me pase.- dijo en voz baja, casi sin darse cuenta.

- Será lo mejor.- contestó Legolas, aún sobre la roca. Evidentemente, había oído lo que la joven había dicho.- Esta noche será fría y traicionera, incluso para quien esté acostumbrado al clima de esta zona.

Mislif durmió tranquilamente unas cuantas horas; durante las demás repasaba en su cabeza todo lo que, en poco tiempo, había vivido. ¿Había sacado o ganado algo con todo aquello? Sí, había podido conocer el famoso Bosque Negro, había visto los árboles enormes que tenía, había podido matar a sus primeros orcos enemigos, pero, sobre todo, había conocido a Legolas. Mislif no sabía porqué, pero cada vez que recordaba su hermoso rostro se sentía algo nerviosa y notaba que, en el estómago, le pasaba algo curioso. "Son los nervios que me dan el volver a mi hogar."- se decía, algo confundida.- "¿Qué más puede ser? Nada más, puesto que... él es un Elfo y yo una joven humana. Además¡¿cómo es posible que yo¡yo, sienta algo por una persona que no conozco!

A la mañana siguiente, Legolas y Mislif caminaron rápidamente por un pequeño bosque, el mismo, en el cual, lucharon con los orcos días antes. Cuando lo pasaron, Legolas dijo:

- Sólo hasta aquí puedo acompañarte, joven dama. Tú podrás seguir lo que te resta de camino. Me alegró mucho conocerte, fue todo un gusto.

- Para mi también, Legolas.- sonrió Mislif, sintiendo una pequeña nostalgia al separarse de su nuevo amigo.- Muchas gracias por todo. Espero que verte muy pronto.

- También yo, joven dama.- contestó el Elfo. Se giró, murmuró una despedida cortés y se fue a un paso tan rápido, que Mislif no tardó en verlo desaparecer por entre los árboles, que ya tenían el característico color de aquel lugar.

- Nos vemos.- suspiró la joven y siguió su camino por las vastas, y nuevamente grises, praderas. Aunque su viaje a casa no sería por mucho tiempo.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Bueno, espero que les haya gustado este tercer capítulo, que fue hecho con cariño. Ojalá me dejen su opinión, en un review, o, si quieren, escribiendo un mail. Perdón por si me demoré mucho en bajarlo. ¡Nos vemos !