Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, todo es propiedad de J. K. Rowling. La canción que veréis más abajo es "Belive" de The Bravery y les pertenece totalmente. Este fic participa en el Amigo Invisible 2013-14 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. Escribo fics sin ánimos de lucro.
"De vestidos cortos y caballeros"
The drinking never stops (Nunca paramos de beber...)
because the drinks (...porque la bebida...)
absolve our sins (...absuelve nuestros pecados).
Ginny no estaba muy segura de lo que hacía vestida así. El vestido negro de gasa se le pegaba al cuerpo, realzando todos los sitios correctos, y los tacones de color azul eléctrico seguramente provocarían más de una caída a lo largo de la noche.
Iba a matar a Audrey.
La buena de Audrey Blue era la recién presentada novia de Percy. Cuando su hermano mayor había anunciado que estaba en una relación, todos se habían imaginado a la chica como a una persona tan sosa y rígida como el mismo Percy, pero debía ser verdad eso de que los polos opuestos se atraen.
Audrey era todo alegría y jolgorio. Había llegado a la Madriguera con muchísimas ganas de conocer a todo el mundo, haciéndoles sentir muy cómodos y contando alocadas historias que la solían incluir a ella y una botella de whisky. Aunque siempre se cuidaba de que sus suegros no estuvieran cerca cuando lo hacía. Audrey era la brisa fresca que todos parecían haber estado necesitando, volviendo a llenar la casa de los Weasley con todo el ruido que la caracterizaba hacía menos de un año.
—Ginny, ¿has acabado ya? Todavía tengo que maquillarte.
Audrey entró en la habitación, seguida de una Hermione nada cómoda enfundada en un vestido azul cortísimo. Ginny se volvió a mirar en el espejo, juzgando si el suyo no sería aún más corto.
—Estoy vestida, sí—dijo, señalando lo obvio—. Continúa con tu tortura.
—¿Todas las brujas sois así de dramáticas?—la mujer puso los ojos en blanco, a la vez que blandía un lápiz de ojos. Ginny odiaba el maquillaje, sentía como si se estuviese escondiendo—. No entiendo por qué ponéis esa cara. Estáis preciosas y deberíais coincidir conmigo en que necesitamos una noche de fiesta. Todos.
—Supongo que tienes razón—admitió Ginny—. Creo que no bailo desde que estaba en tercero.
—Oh, cariño, un baile de instituto no es bailar.
Hermione hizo una mueca. Ella no acababa de congeniar con Audrey, pero Ginny sabía que era sólo cuestión de tiempo que Hermione rompiera la coraza. Todos se habían convertido en unos escépticos para las cosas nuevas.
Salieron poco después hacia el lugar en el que habían quedado con los chicos. Ginny se bajaba el vestido cada pocos segundos, nerviosa y molesta. Harry iba a ir con ellos, y aún no había decidido cómo manejarlo. Bill, Percy, George, Ron y Harry estaban charlando mientras las esperaban y no se dieron cuenta de su presencia hasta que no estuvieron a su lado.
Hubo un segundo de silencio, mientras los hombres miraban a las tres chicas. Ginny se removió incómoda hasta que George silbó, enganchando un brazo con el suyo. Ambos se dieron cuenta de que faltaba otro brazo ahí, pero trataron de no hacerle caso al sentimiento. Interiormente, Ginny se alegró de que Fleur y Angelina no hubiesen podido ir, porque eso habría convertido la noche en una salida de parejas (aunque lo de George y Angelina aún no fuese oficial). Lo cual la dejaba sola con Harry. Dio gracias a Merlín de nuevo, y comenzó a caminar con George.
—¿Has pensado en lo que te dije?—comenzó el pelirrojo, con una pequeña sonrisa socarrona.
Tras mucho tiempo, parecía que todo comenzaba a volver a su sitio. George sonreía y bromeaba más que antes, aunque cada momento tenía cierto tinte de nostalgia que nunca le abandonaría. Que George pareciera continuar con su vida, había dado un enorme empujón a toda la familia.
—George, por favor—se quejó Ginny—, esta noche quiero divertirme todo lo posible.
—Entonces, ¿ese vestido no tiene nada que ver con Harry? Hace demasiado frío como para que no haya una razón detrás de tan poca tela.
Ginny utilizó su mano libre para propinarle un fuerte puñetazo a George, que se reía de la cara que había puesto. Bueno, una cosa era innegable, hacía un frío de cojones. El aire agitaba su pelo y le producía escalofríos. El encantamiento de calor sólo calentaría su ropa así que no le quitaría el frío de las piernas. Al menos podía taparse un poco con la americana azul que Audrey había tenido a bien prestarle. Era lo menos que podía hacer después de haber quemado los vaqueros que le hubiese gustado ponerse. La maldijo por quinta o sexta vez.
—¡Ginny, no acapares a ese maravilloso hombre!—Ginny se giró lo suficiente como para ver la mueca de Percy, quien inmediatamente después sonrió, negando con la cabeza. Él también había cambiado en cierto modo.
Audrey se puso al otro lado de George y él no dudó en echarle un brazo por encima del hombro. La odiaba en ese momento, pero Ginny tuvo que elogiar la manera tan natural con la que sobrellevaba el frío. No era magia, sólo talento natural. Caminaron los tres juntos hasta la discoteca muggle a la que Audrey les había llevado. La mujer se perdió entre la gente de la mano de Percy, al igual que Ron y Hermione. Así, Ginny comenzó a beber y charlar con Bill, George y Harry. Intentó comportarse civilizadamente con Harry y habló con él cuando la situación lo ameritaba sin ser fría o distante.
Pasaron un par de horas hasta que se dio cuenta de que había terminado sola. También se percató de que debía haber bebido más de la cuenta. Miró a su alrededor, buscando a alguien que pudiera llevarla a casa, ya que no se sentía capaz de desaparecerse. George y Bill hablaban con otros dos hombres y una mujer, con la que parecían estar llevándose muy bien y Ginny no quiso interrumpirles, y mucho menos a Ron y Hermione, y a Audrey y Percy, que bailaban acaramelados. Sólo quedaba una posibilidad.
Harry estaba rodeado por un grupito de chicas, que le miraban como lobas hambrientas. Ginny frunció el ceño, molesta. Se acercó hasta ellas y tomó la mano de Harry. Tiró de él sin decir palabra, hasta sacarlo del pub.
—¿Ginny?¿Qué haces?
—Llévame a casa, por favor—susurró, temblando como un pajarillo ante el aire helado—. Eres el único que no estaba ocupado—remarcó la última palabra, dejando claro que para ella estar en mitad de un círculo de chicas no era demasiado importante. Ni siquiera aunque Harry fuese un hombre soltero y joven.
—Está bien—aceptó Harry, comportándose como el caballero que era—. Toma mi brazo.
La desaparición terminó por trastocar su estómago, revuelto de por sí. Mientras vomitaba en el baño, juró a Merlín que jamás volvería a beber, al igual que había jurado mil veces antes aquellos primeros meses tras la muerte de Fred.
Harry entró en el baño cuando Ginny le dio permiso para hacerlo. La cogió en brazos y se la llevó hasta la cama. El vestido se le subió mucho más allá de los muslos, pero Harry apartó la mirada rápidamente y Ginny no se sintió verdaderamente avergonzada.
—Harry—le llamó, atontada por el cansancio y el alcohol—, quédate.
El chico dudó un poco pero después se metió con ella en la cama y la abrazó. Le costó un par de minutos relajarse, pero lo consiguió. Cuando Ginny notó que destensaba los músculos, se decidió a soltar la pregunta que le había rondado en la cabeza durante toda la noche:
—Harry, ¿tú también te sientes culpable de divertirte cuando Fred ya no puede hacerlo?
Se durmió antes de escuchar la respuesta.
Muchas gracias por leer :)
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