Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, todo es propiedad de J. K. Rowling. La canción que encontraréis más abajo es "Every Teardrop is a Waterfall" de Coldplay y les pertenece totalmente. Este fic ha sido creado para el Amigo Invisible 2013-14 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. Escribo fics sin ánimos de lucro.
"Un despertar tenso y esclarecedor"
Maybe I'm in the black, maybe I'm on my knees(Quizás estoy de luto, quizás estoy de rodillas)
Maybe I'm in the gap between the two trapezes(Quizá estoy en la brecha entre dos trapecios)
But my heart is beating and my pulses start(Pero mi corazón está latiendo y mi pulso comienza...)
Cathedrals in my heart(...catedrales en mi corazón)
A Ginny le dolía todo el cuerpo pero sobre todo la cabeza. Parecía que alguien le estuviese dando martillazos desde dentro del cráneo a la vez que licuaba su cerebro, pero por alguna magia oscura la mantenían consciente mientras lo hacía. Lo único bueno que podía sentir era un ligero calorcillo que contrastaba con el frío que sentía en la nariz. Notaba un colchón bajo el cuerpo, así que supuso que estaba en la cama.
Se estiró como pudo, encontrándose casi inmediatamente con un obstáculo. No había abierto los ojos, no se sentía capaz de hacerlo, así que tanteó con las manos. Parecía un cuerpo, un cuerpo masculino. Decenas de imágenes desfilaron por su mente. Las luces de la discoteca, un vaso de whisky detrás de otro, varios tíos rechazados y Harry. Harry riendo, Harry hablando, Harry rodeado de mujeres y Harry acompañándola a casa. Finalmente, Ginny abrió los ojos.
Harry Potter dormía en ese momento, con el rostro relajado y los labios entreabiertos. Respiraba con tranquilidad y los ojos verdes se movían por debajo de los párpados de largas pestañas. Parecía estar soñando. Una parte de Ginny estaba poniendo el grito en el cielo porque notaba el vestido por encima de las caderas y el brazo de Harry rodeándola, pero otra, mucho más fuerte que la primera, clamaba con fiereza que no se atreviera a mover ni un solo músculo, ni perturbar el sueño de Harry. Y así lo hizo. No se movió en varios minutos, simplemente observándole y respirando al compás. Harry tuvo que abrir los ojos para hacerla reaccionar.
Por un segundo era como si nada hubiese cambiado, pero Ginny no necesitó más de dos para caer en la cuenta de lo que estaban haciendo. Se levantó todo lo rápido que su cuerpo le permitió, alejándose de él.
—Ginny, no es...—intentó Harry, pero Ginny negó con la cabeza.
Sabía perfectamente que no era lo que parecía. Bueno, en realidad era exactamente lo que parecía y ni siquiera podía echarle la culpa a Harry. Ella le había pedido que se quedara y le conocía lo suficiente como para saber que jamás se negaría ni a la súplica de un mortífago. Sin saber muy bien cómo actuar, corrió hasta el baño contiguo a su habitación, el único de todo el piso, y se encerró en él. Trató de normalizar su respiración a la vez que abría el grifo de la ducha y se desnudaba. Necesitaba aclarar las ideas.
Tardó mucho más tiempo en salir de lo que tenía acostumbrado, de hecho, se había quedado sin agua caliente desde hacía rato. Suspiró con alivio cuando no vio a Harry en la cama. Eso sí habría sido incómodo. Se quitó la toalla y se puso el pijama, luchando contra esa parte de su mente que aún la instaba a arreglarse para Harry. Había pasado más de año y medio desde que dejaron de ser novios, y no había conseguido olvidarle. Ni siquiera después de la guerra.
—Harry—comenzó, cuando le vio sentado en el sofá de la sala—, esto...¿quieres un té?
—Claro.
Ginny asintió y se dirigió a la cocina. Harry se levantó del sofá, para volver a sentarse en la barra de desayuno. Sentía sus ojos verdes en la nuca mientras hacía el té de forma muggle. Ginny abrió un par de cajones hasta encontrar una cajita blanca y roja llena de pastillas. Se tomó una y sacó una bolsa con hielo del congelador. Se había hecho con una gran cantidad de cosas muggles, entre ellas los electrodomésticos.
—¿No tienes poción anti resaca?
—No, no tengo—respondió Ginny, sirviendo el té en dos tazas.
—Yo tengo en casa, si quieres...
—Déjate de tonterías—le interrumpió Ginny, dejando una taza frente a él con mucha más fuerza de la necesaria. La resaca trastocaba sus modales notablemente—. ¿Sabes qué? Cuéntame lo que sea que quieras decirme y acabemos con esto.
—Está bien, ¿qué quieres que te diga?
—No es lo que yo quiero oír, Harry, es lo que tú tienes que decirme para justificar tu ausencia durante seis largos meses, después de la muerte de mi hermano y otras muchas personas.
—No puedo justificarlo, Ginny.
—Entonces estamos perdiendo el tiempo—sentenció Ginny, a la vez que le quitaba la taza de las manos sin que él hubiese dado ni un sorbo.
Ginny caminó hasta la puerta con la inevitable sensación de déjà vu, pero mucho antes de tocar el pomo, la mano de Harry se había envuelto alrededor de su brazo. Ginny luchó contra él durante unos segundos hasta darse por vencida. Sin embargo, nada evitó que le lanzase una mirada de puro enfado a Harry.
—Lo entiendo, Ginny. Comprendo perfectamente que estés enfadada, pero han sido dos meses en los que he intentado que me escucharas y no voy a dejar pasar la oportunidad—proclamó Harry, con fuego en los ojos—. Necesitaba irme. Sabía que no era lo correcto pero por una vez en la vida, hice lo que yo quería. Así que sí, os abandoné. No podía quedarme aquí. Necesitaba pensar, llorar por todo lo que había perdido. Estaba seguro de que moriría en la guerra y de repente todo resultó diferente. No sabía qué hacer con mi vida, no sabía cómo manejar todo lo que me había pasado.
—No me interesa...
—¡Escúchame!—gritó Harry—. No podía miraros a la cara. ¿Cómo hacerlo cuando Fred había muerto por mi culpa? No podía enfrentarme a todo eso y huí. Me permití ser un cobarde. Puedes perdonarme o puedes odiarme por el resto de tu vida, Ginny, pero yo sigo queriéndote igual que hace dos años.
—Aún no han pasado dos años—susurró Ginny, soltando lo primero que se le había venido a la cabeza.
—Lo sé, sólo era una aproximación—Harry sonrió suavemente y la soltó—. Espero que algún día pueda probar tu té antes de que me eches—se atrevió a bromear antes de irse, dejándola sola.
Ginny se apoyó contra la puerta cerrada, pensando que Harry jamás había soltado un comentario más significativo en todo lo que llevaba de vida.
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